<?xml version="1.0"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://cmnd.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>CMND</title><description>circulomnd@yahoo.es</description><link>https://cmnd.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>Cristianismo primitivo e Individualismo</title><link>https://cmnd.blogia.com/2006/112301-cristianismo-primitivo-e-individualismo.php</link><guid isPermaLink="true">https://cmnd.blogia.com/2006/112301-cristianismo-primitivo-e-individualismo.php</guid><description><![CDATA[<strong>  <p align="center">James George Frazer</p> </strong>  <p>&nbsp;</p>  <p>"La religi&oacute;n del Cristianismo, con su curiosa mezcla de crudo salvajismo con aspiraciones espirituales, fue solo una de las muchas religiones orientales que en los &uacute;ltimos d&iacute;as del paganismo se difundieron en el Imperio Romano, que saturaron a los pueblos europeos con ideales extra&ntilde;os de la vida que gradualmente desmontaron las bases de la civilizaci&oacute;n antigua. La sociedad grecorromana estaba construida bajo la concepci&oacute;n de la subordinaci&oacute;n del individuo a la comunidad, del ciudadano al Estado; se consideraba a la b&uacute;squeda de la seguridad y el bienestar de la comunidad como el objetivo supremo de la conducta, por encima del bienestar del individuo en este mundo o en el otro mundo. Educados desde la infancia en este ideal comunitarista, los ciudadanos dedicaban sus vidas al servicio publico y al bien com&uacute;n; nunca se les ocurri&oacute; anteponer sus existencia e intereses particulares al bienestar y a los intereses de su naci&oacute;n." </p>  <p>"Todo esto cambio con la difusi&oacute;n de las religiones orientales como el Cristianismo que inculcaban que la b&uacute;squeda de la salvaci&oacute;n del alma individual era el &uacute;nico motivo por el cual hab&iacute;a que vivir, un objetivo que era superior a la prosperidad e incluso la existencia de la naci&oacute;n, la cual era relegada a la insignificancia. El resultado inevitable de esta doctrina ego&iacute;sta e inmoral era la separaci&oacute;n del devoto de su comunidad y de la esfera publica, la concentraci&oacute;n en sus propios pensamientos y preocupaciones espirituales individuales, la introspecci&oacute;n individualista, y el rechazo hacia la vida presente y el mundo terrenal que desde ahora eran vistos como&nbsp;un estado transitorio de prueba hacia otro mundo mejor y eterno (El Reino de los Cielos). El santo y el monje, que rechazaban al mundo y contemplaban est&aacute;ticamente el cielo, se convirtieron para las masas en el mas alto ideal al que aspiraba la humanidad, sustituyendo al viejo ideal del patriota y del h&eacute;roe, que viv&iacute;a y mor&iacute;a por el bien de su naci&oacute;n. La ciudad terrena parec&iacute;a pobre y rechazable para los hombres asombrados por la Ciudad de Dios en el cielo. As&iacute; el centro de gravedad, se movi&oacute; del presente hacia una vida futura fuera de este mundo, y sin importar lo mucho que se hab&iacute;a logrado en este mundo, esto era incomparable e incluso inferior a lo que hab&iacute;a en el otro mundo. Esto tuvo como consecuencia la desintegraci&oacute;n del cuerpo pol&iacute;tico. Los lazos del Estado y de la familia se debilitaron; la estructura de la sociedad se atomizo en individuos preocupados solo por su salvaci&oacute;n espiritual y por consiguiente la sociedad cayo en el barbarismo, &nbsp;porque la civilizaci&oacute;n solo es posible a trav&eacute;s de la cooperaci&oacute;n activa de los ciudadanos y de su voluntad a subordinar sus intereses privados al bien com&uacute;n." </p>  <p>"Como consecuencia de las ense&ntilde;anzas cristianas, los hombres se rehusaban a defender su pa&iacute;s e incluso a procrear. En su ansiedad por salvar sus almas y las de los dem&aacute;s, estaban contentos y listos para abandonar el mundo material, que ellos identificaban con el principio del mal. Esta obsesi&oacute;n se extendi&oacute; por mil a&ntilde;os.&nbsp; El retorno al derecho romano, de la filosof&iacute;a aristot&eacute;lica, del arte y la literatura antiguas al fin de la Edad Media, marcaron el retorno de Europa a sus ideales aut&oacute;ctonos de la vida y de la conducta, y a puntos de vista m&aacute;s positivos sobre el mundo."</p>  <p>&nbsp;</p> <strong>  </strong><p><strong>[Extra&iacute;do de "La rama dorada: Magia y religi&oacute;n" 1922, Cap&iacute;tulo 37. Ed. Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico]&nbsp;</strong>&nbsp;&nbsp; </p>]]></description><pubDate>Thu, 23 Nov 2006 05:25:00 +0000</pubDate></item><item><title>Thorstein Veblen. M&#xE1;s all&#xE1; de la lucha de clases. [Guillaume Faye]</title><link>https://cmnd.blogia.com/2006/111101-thorstein-veblen-mas-alla-de-la-lucha-de-clases-guillaume-faye-.php</link><guid isPermaLink="true">https://cmnd.blogia.com/2006/111101-thorstein-veblen-mas-alla-de-la-lucha-de-clases-guillaume-faye-.php</guid><description><![CDATA[Raymond Aron ha escrito sobre &eacute;l: "Entre todos los soci&oacute;logos, Veblen es el m&aacute;s famoso de los desconocidos (...) T&iacute;picamente americano, siempre con un irreductible optimismo a pesar de la crudeza de los an&aacute;lisis (...) Veblen no ofrece argumentos f&aacute;ciles a escuela de pensamiento o partido pol&iacute;tico alguno. La nueva izquierda encontrar&iacute;a en &eacute;l, quiz&aacute;s, un talante coincidente con el suyo. [Veblen es] una personalidad fuera de lo com&uacute;n, un viandante solitario, perdido en medio del cuerpo docente, un descendiente de emigrantes escandinavos que se siente perdido en la &eacute;poca de los barones de la industria, un nost&aacute;lgico de la vida simple y libre".<br /><br />Hijo de campesinos noruegos que emigraron a los Estados Unidos, Veblen estaba marcado por el ideal rural y artesanal de sus ancestros. Despreciaba la arficiosidad burguesa y rechazaba la sociedad &mdash;y su sistema econ&oacute;mico&mdash; dominado tanto por la finanza como por la t&eacute;cnica creativa. Sus experiencias, aquellas que orientaron sus tesis, no tuvieron un car&aacute;cter intelectual, como hab&iacute;a sucedido con Marx o Proudhon, sino emp&iacute;rico: Veblen pudo comprobar el contraste existente entre el trabajador que se ensucia las manos y el burgu&eacute;s de manos blancas, enriquecido como consecuencia no de su trabajo sino de la manipulaci&oacute;n de los s&iacute;mbolos sociales y financieros. Veblen ofrece como fundamento de su obra una cr&iacute;tica de la sociedad mercantil y del capitalismo occidental muy distinta de la aportada por el marxismo, m&aacute;s moderna, aunque menos rigurosa. Su estilo de pensamiento est&aacute; muy pr&oacute;ximo a Proudhon, Sombart, Feder, Wagemann o Perroux.<br /><br />Nacido en 1857, Veblen public&oacute; su obra fundamental en 1899: The Theory of the Leisure Class (Teor&iacute;a de la clase ociosa) (1). Autor de numerosos art&iacute;culos cient&iacute;ficos, conferencias y de traducciones de leyendas escandinavas, public&oacute; en 1923 otro libro importante: Absentee Ownership and Bussiness Enterprise in Recent Times: the case of America, en el que desarrollar&aacute; conceptos socio-econ&oacute;micos alejados tanto del liberalismo como del marxismo, y en el que se ha inspirado Baudrillard para su ensayo Para una cr&iacute;tica de la econom&iacute;a pol&iacute;tica del signo.<br /><br />El pensamiento de Veblen, radical y anticapitalista &mdash;aunque incompatible con el marxismo, repito&mdash;, tiene como objeto la econom&iacute;a aunque huye de todo economicismo, se inspira en el evolucionismo biol&oacute;gico en su an&aacute;lisis hist&oacute;rico, rechaza el determinismo social y concede un amplio espacio al irracionalismo, para ofrecer un estilo y un haz de conceptos de gran utilidad. Lo &uacute;nico que no podemos aceptar, desde nuestro punto de vista, es su sentido pol&iacute;tico e ideol&oacute;gico marcado por un ingenuo optimismo y un irenismo infantil propio de la Am&eacute;rica luterana, no exento de un cierto idilismo agrario germano-escandinavo.<br /><br />EL TRABAJO Y EL OCIO<br /><br />El punto de partida del an&aacute;lisis de Thorstein Veblen es la cr&iacute;tica de la t&eacute;cnica y de la propiedad mobiliaria &mdash;en particular de las acciones y los t&iacute;tulos&mdash; del capitalismo americano: el propietario an&oacute;nimo, la riqueza amasada sin trabajo, la especulaci&oacute;n inmobiliaria y el reino social de la abstracci&oacute;n monetarista. Al contrario que el burgu&eacute;s Marx, Veblen no desprecia al campesino y no se deja seducir por el determinismo proletario, y rechaza la oposici&oacute;n entre alta burgues&iacute;a industrial y asalariados industriales, que constituye la base del esquema marxista constru&iacute;do a partir del an&aacute;lisis de la primera revoluci&oacute;n industrial, teor&iacute;a que se revelar&aacute; falsa en el caso de los Estados Unidos de los a&ntilde;os 1900 a 1920. La lucha de clases, para &eacute;l, no se desencadenaba entre el capitalismo &mdash;como sistema de detentaci&oacute;n de los medios productivos&mdash; y el conjunto de los asalariados industriales (el "proletariado"), sino entre una clase ociosa, en parte compuesta por especuladores financieros (los "capitalistas"), y las categor&iacute;as productivas de la poblaci&oacute;n, los asalariados.<br /><br />Esta distinci&oacute;n, que ha sido consustancial una cierta derecha revolucionaria (de Sorel a J&uuml;nger), se adapta mucho mejor a la realidad que la tradicional explicaci&oacute;n marxista sobre la sociedad moderna, ya sea de corte liberal o socialista. Para Veblen, Marx era un "neohegeliano rom&aacute;ntico" cuya teor&iacute;a de la lucha de clases, como proceso hist&oacute;rico consciente, est&aacute; influida por los mecanicistas e igualitaristas ingleses, por Bentham y Ricardo fundamentalmente. A pesar de todo, Veblen no dejar&aacute; de subrayar aquellos elementos positivos, aunque mal formulados seg&uacute;n &eacute;l, de la teor&iacute;a marxista del valor-trabajo. Al contemplar incorporado en el valor real de las mercanc&iacute;as el valor del trabajo humano necesario para fabricarlas (valor=costo en trabajo), el marxismo opera ciertamente sobre una simplificaci&oacute;n &mdash;que desemboca en el error econ&oacute;mico de la teor&iacute;a de la plusval&iacute;a&mdash;, pero provee al an&aacute;lisis de la sociedad de una &eacute;tica y de un instrumento conceptual m&aacute;s interesante que las interpretaciones liberales del trabajo.<br /><br />Generalmente, para los liberales, desde Ricardo, el trabajo es una carga desagradable (irksomeness), una acci&oacute;n ingrata desconectada de cualquier valor. El liberalismo cl&aacute;sico &mdash;y m&aacute;s tarde los marginalistas&mdash; se basaron en par&aacute;metros mercantiles sobre la base de un esquema de placeres y penas, infravalorando el trabajo al contemplarlo como un instrumento para la obtenci&oacute;n de placer y de enriquecimiento, sin concederle otro valor intr&iacute;nseco. A&uacute;n m&aacute;s mecanicista y economicista que el marxismo, la corriente liberal omite los descubrimientos de la biolog&iacute;a &mdash;por los que Veblen s&iacute; se interesaba&mdash; que reconoc&iacute;an al trabajo un papel biol&oacute;gico y cultural. La sociedad con una econom&iacute;a liberal, erigida sobre el hedonismo, no puede sino desembocar en una gigantesca crisis de trabajo. El futuro de la sociedad mercantil dar&aacute; la raz&oacute;n a este an&aacute;lisis, que considera al hombre como un ser m&aacute;s de acci&oacute;n que de c&aacute;lculo econ&oacute;mico de placeres y penas (el homo oeconomicus).<br /><br />El marxismo, en su tendencia a glorificar el trabajo, no molestaba ciertamente a Veblen, puesto que el producto de aqu&eacute;l "es el que se produce como consecuencia del despliegue de la vida humana" y es parte "del poderoso proceso vital", as&iacute; el rechazo marxista del hedonismo y del materialismo burgueses entrar&iacute;a dentro del &aacute;mbito de la metaf&iacute;sica: cuestiones como la de la pauperizaci&oacute;n, la desaparici&oacute;n de las clases y del Estado, el milenarismo de la raz&oacute;n dial&eacute;ctica, etc.<br /><br />Adem&aacute;s de criticar al homo oeconomicus en nombre de la naturaleza biol&oacute;gica del ser humano, Veblen sent&oacute; las bases de una cr&iacute;tica de la econom&iacute;a pol&iacute;tica de la sociedad industrial seg&uacute;n un punto de vista "socialista" mucho m&aacute;s incisivo que el de los marxismos contempor&aacute;neos. Desde el punto de vista de Veblen, los trabajadores de todas clases y sean cuales fueren sus funciones, propietarios o no, padecen el dominio de los financieros, de los especuladores, ya sean &eacute;stos personas privadas o de las clases funcionariales. Este an&aacute;lisis es, desde luego, aplicable a nuestra civilizaci&oacute;n, superando el concepto de "finanza" por el de "especulaci&oacute;n" ociosa e improductiva, v&aacute;lido tanto para el mundo americano, como para Francia, Suecia o el r&eacute;gimen sovi&eacute;tico. Este discurso conforma una cr&iacute;tica sociol&oacute;gica y &eacute;tica de la burgues&iacute;a americana, de sus costumbres y de sus ideolog&iacute;as y, por extensi&oacute;n, de la burgues&iacute;a occidental, como portadora de decadencia y de muerte cultural. Para Veblen, la naturaleza del hombre est&aacute; sujeta al evolucionismo biol&oacute;gico y a una pluralidad de instintos confrontados. El contraste entre el mundo rural y el mundo yankee ilustra la oposici&oacute;n entre el instinto artesano (workmanship) del "hombre trabajador" y el instinto predatorio de quien se aprovecha de lo que otros producen y nunca ha sido capaz de producir. La oposici&oacute;n parece tanto m&aacute;s v&aacute;lida si corregimos la filiaci&oacute;n pacifista de Veblen, que confund&iacute;a al "depredador" con el guerrero, el financiero o el jefe industrial, en quienes ve&iacute;a la versi&oacute;n moderna del combatiente &aacute;vido de botines. Corrigiendo los conceptos veblianos con las tesis de Ernst J&uuml;nger, podr&iacute;amos fructuosamente contraponer un tipo trabajador conformado por elementos artesanos y guerreros a un tipo depredador de esencia mercantil.<br /><br />LAS NUEVAS CLASES: ARTISTAS CONTRA UTILITARISTAS<br /><br />Al criticar a la sociedad americana y la explotaci&oacute;n de las fuerzas productivas por parte de la ociosa "clase rica" de los financieros, Veblen contrapone dos tipos psicol&oacute;gicos en el seno de la econom&iacute;a occidental. Un primer tipo ser&iacute;a el que sostiene una conciencia utilitaria que reproducir&iacute;a el sistema y su ideolog&iacute;a materialista y hedonista. El segundo tipo, ajeno a la din&aacute;mica mercantil y objeto de su desastroso dominio, ser&iacute;a el de los que apuestan por la libre curiosidad (idle curiosity), esto es, los artistas, los inventores, los que arriesgan su propio capital, las personalidades aventureras. Solo la curiosidad libre camina en el sentido de la evoluci&oacute;n biol&oacute;gica; por contra, la civilizaci&oacute;n liberal, como consecuencia del "despotismo del dinero", la esclerotiza.<br /><br />Adelant&aacute;ndose a Gehlen, Veblen defini&oacute; al hombre como un ser de acci&oacute;n m&aacute;s que de c&aacute;lculo o de goce. El utilitarismo de los financieros o de los educadores modernos constituye, como a&ntilde;os m&aacute;s tarde demostrar&aacute; Lorenz, un factor de bloqueo biol&oacute;gico de la cultura. El pensamiento cient&iacute;fico es fruto de la curiosidad libre en mayor medida que la racionalidad. Ese instinto artesanal &mdash;muy pr&oacute;ximo a lo que Heidegger consideraba como "poes&iacute;a"&mdash;, es el m&aacute;s necesario para la evoluci&oacute;n de una cultura, para que aquella curiosidad libre se despliegue. Veblen define as&iacute; este instinto en su ensayo Teor&iacute;a de la clase ociosa: "El hombre se convierte en un agente activo ante la presencia de una necesidad selectiva. Se considera el centro de un despliegue de actividad impulsiva, de actividad &lsquo;teleol&oacute;gica&rsquo;". El objeto de este despliegue no es el hedonismo, sino el altruismo y la impersonalidad, din&aacute;mica que dota al hombre de un gusto por el esfuerzo eficaz y de un instinto por el trabajo bien hecho.<br /><br />El aspecto m&aacute;s interesante del pensamiento de Veblen est&aacute; en el hecho de sustituir la lucha de clases por antagonismos globales que dividen todas las clases. El proletariado no es considerado como "trabajador", en la medida en que Veblen denuncia a los sindicatos como instituciones mercantiles y predadoras. Desde esta misma perspectiva, los propietarios y los creadores de industrias o de actividad son poseedores del instinto artesanal, mientras que no pocos funcionarios bien pueden ser englobados dentro de la misma categor&iacute;a que la de los especuladores: par&aacute;sitos que tan s&oacute;lo piensan en sus ventajas, frenando con sus manipulaciones el trabajo de los dem&aacute;s, y la fuerza de creaci&oacute;n y de inventiva de la colectividad. En la econom&iacute;a occidental, esta oposici&oacute;n entre el "mundo de los negocios", entendido en su sentido m&aacute;s amplio, y el "mundo de la industria" se nos antoja actual&iacute;sima. Veblen fue uno de los primeros en denunciar el riesgo de esclerosis como consecuencia del nepotismo introducido en la sociedad industrial, as&iacute; como en haber advertido seriamente contra el peligro de una econom&iacute;a sometida a las instituciones y a los mecanismos financieros.<br /><br />El an&aacute;lisis de Veblen guarda un cierto parecido en algunas de sus propuestas con pensamiento del te&oacute;rico alem&aacute;n Feder, al considerar que la verdadera explotaci&oacute;n provocada por el capitalismo liberal era de naturaleza financiera ("capital prestamista") al operar sobre un capital t&eacute;cnico-productivo "creativo" (agricultura, industria, comercio y transporte). Veblen, adem&aacute;s, sosten&iacute;a que esta oposici&oacute;n ten&iacute;a m&aacute;s visos de realidad que el abstracto antagonismo entre "capital" y "trabajo" al denunciar los beneficios monetarios del mundo financiero como "enriquecimiento sin motivo" y cuestionar el inter&eacute;s de la estructura bancaria de la econom&iacute;a liberal. Los financieros, desde el peque&ntilde;o jugador en bolsa hasta los dictadores de los mercados econ&oacute;micos, "se adue&ntilde;an de lo que no es suyo". &iquest;Un an&aacute;lisis sumario? La actualidad nos ofrece, por contra, suficientes ilustraciones: los bancos invierten en funci&oacute;n de sus particulares criterios de rentabilidad, las compa&ntilde;&iacute;as petrol&iacute;feras consensuan el aumento de los precios del crudo en un mercado aparentemente libre con objeto de maximizar sus dividendos, los especuladores inmobiliarios sit&uacute;an al alza el precio del suelo y de bienes inmuebles provocando crisis en el sector de la construcci&oacute;n, etc. Abundan los ejemplos que confirman la hip&oacute;tesis seg&uacute;n la cual el capital financiero sabotea la producci&oacute;n y restringe la ocupaci&oacute;n, con el objetivo de llegar a un nivel marginal m&aacute;s all&aacute; del cual los m&aacute;rgenes de decisi&oacute;n est&aacute;n constre&ntilde;idos al m&aacute;ximo. El capital financiero &mdash;que puede ser "nacionalizado", aspecto que Veblen no pudo prever&mdash; prevalece sobre la econom&iacute;a nacional provocando la entrada de la sociedad en una era de "cultura del dinero" (pecuniary culture) en la que no cabe ninguna actividad que no haya sido previa y pecuniariamente medida, sometida al control y a la reglamentaci&oacute;n dictatorial de la l&oacute;gica pseudo-racional del beneficio financiero como &uacute;nica alternativa.<br /><br />CUANDO LA PROPIEDAD S&Iacute; es un robo<br /><br />En su an&aacute;lisis econ&oacute;mico, Veblen est&aacute; muy cerca de las corrientes del socialismo no-marxista. Al igual que Proudhon, consideraba que la propiedad (en su forma de detentaci&oacute;n de los t&iacute;tulos financieros de propiedad de los medios de producci&oacute;n) constitu&iacute;a efectivamente un robo, no en el sentido metaf&iacute;sico y absolutista en el que el liberalismo ha querido est&uacute;pidamente interpretar esta c&eacute;lebre expresi&oacute;n (toda propiedad, incluso un objeto: Proudhon nunca sostuvo nada parecido), sino en un sentido que podr&iacute;amos argumentar de esta otra manera: en la econom&iacute;a mercantil (no necesariamente en cualquier econom&iacute;a) la propiedad, en cuanto detentaci&oacute;n jur&iacute;dica de los derechos financieros de uso de los medios de producci&oacute;n y de servicio (y no como detentaci&oacute;n de bienes improductivos), tiene la funci&oacute;n hist&oacute;rica de permitir a sus beneficiarios enriquecerse, atribuirse los beneficios fruto de los conocimientos t&eacute;cnicos y del trabajo de la comunidad. En este sentido, una propiedad de tal g&eacute;nero constituye, efectivamente, una expoliaci&oacute;n de la comunidad popular. N&oacute;tese que incluso si el "Estado" es el propietario jur&iacute;dico (caso de los reg&iacute;menes socialistas o de los sectores nacionalizados en los pa&iacute;ses occidentales, como por ejemplo la banca), esta expoliaci&oacute;n sigue teniendo lugar, cosa que ni Proudhon, ni Veblen, ni a fortiori Marx, hab&iacute;an previsto: los sectores estatalizados expolian a la comunidad exactamente igual que lo hace el sector privado. Lo que no quiere decir, obviamente &mdash;como han considerado quienes han pretendido marginar las tesis de Proudhon o del mismo Veblen&mdash;, que toda propiedad industrial (o econ&oacute;mica) sea un robo. Dicho de otra forma, y para utilizar las f&oacute;rmulas de ambos autores, la oficina de un patr&oacute;n-trabajador no ser&iacute;a una expoliaci&oacute;n, mientras que a menudo el puesto de direcci&oacute;n y las prebendas que se atribuye un alto funcionario nombrado como cabeza de un grupo financiero o industrial "nacionalizado", en r&eacute;gimen liberal o comunista, son propiedades expoliadoras, a&uacute;n si no existe t&iacute;tulo jur&iacute;dico de propiedad.<br /><br />La tesis central de Veblen, resumiendo, es que la econom&iacute;a mercantil debe ser condenada por haber dado el "usufructo de las artes industriales" no a la comunidad popular que, con el conjunto de sus clases, produce el trabajo y la ciencia, sino a la funci&oacute;n financiera de la econom&iacute;a que determina las estrategias y, en definitiva, obtiene las ganancias. Una econom&iacute;a comunitaria como la perfilada por Veblen, por el contrario, no autorizar&iacute;a a una minor&iacute;a a "obtener algo de nada" (get something from nothing). Mientras que la versi&oacute;n marxista del socialismo, fundada sobre la superada imagen del propietario privado usufructador, pierde fuerza en la medida en que el dirigente no se confunde nunca con el industrial privado y el trabajador no es tampoco el proletario-tipo, la versi&oacute;n vebliana o proudhoniana del socialismo se nos muestra muy actual: el conjunto de los productores es "expoliado" (m&aacute;s que "explotado") por los especuladores: poseedores de capital, banqueros, publicistas, funcionarios ligados al mundo econ&oacute;mico, etc. La lucha de clases &mdash;ya que es de esta realidad fundamental de lo que se trata&mdash; no opone verticalmente a patrones frente a trabajadores, a ricos frente a pobres, sino, de una manera horizontal, a trabajadores (o "productores") frente a par&aacute;sitos; y de esta &uacute;ltima categor&iacute;a forman parte, tanto los funcionarios corruptos como los falsos desocupados; tanto intermediarios in&uacute;tiles, como especuladores p&uacute;blicos o privados. Trabajadores los encontramos en todas las clases sociales y en todas las funciones, desde el obrero al artista, desde empresarios a militares.<br /><br />LA CLASE OCIOSA<br /><br />La cr&iacute;tica social de Veblen va indisolublemente unida a su cr&iacute;tica de las instituciones econ&oacute;micas. &Eacute;sta destapa en la sociedad americana y occidental la interdependencia de factores econ&oacute;micos y culturales, sobrepasando el esquema causal de infraestructura/superestructura; habla de una leisure class (que podr&iacute;amos traducir por "clase ociosa") para designar a aquella franja de la burgues&iacute;a para la que la actividad social no significa otra cosa que su objetivo de conquistar, por medio de la posesi&oacute;n cualitativa del s&iacute;mbolo del dinero, una posici&oacute;n de referencia, al tiempo que una superioridad social (sazonada, a t&iacute;tulo de compensaci&oacute;n, con una ideolog&iacute;a igualitaria) y de b&uacute;squeda del bienestar entendida como un no-trabajo, como hedonismo individualista absoluto. La importancia num&eacute;rica de esta clase acomodada que conquista espacios a la burgues&iacute;a media, conformar&iacute;a el factor social que pondr&iacute;a en peligro a las naciones.<br /><br />El an&aacute;lisis de Veblen pone el acento sobre la inautenticidad existencial de esta clase. El dinero y el consumo le sirven como s&iacute;mbolos sociales que tienden a camuflar la riqueza acumulada, al tiempo que significan un espect&aacute;culo orlado de una superioridad que en absoluto tiene que ver con los m&eacute;ritos obtenidos por servicios a la colectividad, sino a la manipulaci&oacute;n social, a maniobras de tipo especulativo, al parasitismo. Veblen habla en este sentido de leyes de disipaci&oacute;n ostentosa que "tienen bajo control al consumo", y a&ntilde;ade: "se trata de una serie de reglas que mantienen a los consumidores en un determinado nivel de consumo de alto costo y derroche. (...) La regla del derroche ostentoso puede influir, en mayor o menor medida, en el sentido del deber, en el sentimiento de la belleza, en el sentido de utilidad, en el sentido de devoci&oacute;n y de la convivencia ritual, y en el esp&iacute;ritu de la verdad cient&iacute;fica". Veblen fija as&iacute; los mecanismos de influencia del estilo econ&oacute;mico sobre la cultura: gastando, consumiendo, es la forma en que los individuos y los grupos muestran sus valores. Esta disipaci&oacute;n &mdash;o despilfarro&mdash; ostentoso (conspicuous waste) constituye para Veblen un hecho criticable en s&iacute;. La clase ociosa se empe&ntilde;a en sobrevalorar la importancia de los gastos de &iacute;ndole religiosa. Los gastos ostentosos se convierten en patol&oacute;gicos en el preciso instante en que se individualizan y acaban por confundirse, como sucede en la actualidad, con los objetivos &uacute;ltimos de la existencia individual, sobre todo entre las clases medias. El fin de la existencia se convierte as&iacute; en una exhibici&oacute;n social, en una exhibici&oacute;n en calidad de "clase ociosa", a trav&eacute;s de la medici&oacute;n del valor simb&oacute;lico de las mercanc&iacute;as y de la posibilidad de compra en funci&oacute;n del standing. En este proceso, la peque&ntilde;a burgues&iacute;a pone su mirada en la aut&eacute;ntica clase ociosa, que a trav&eacute;s de mecanismos de mimetismo alienta y reproduce el sistema econ&oacute;mico y social de la sociedad mercantil, gracias a la cual obtiene sus beneficios. En esta perspectiva, las modas, m&aacute;s all&aacute; de su aparente superficialidad, asumir&iacute;an en nuestra sociedad una funci&oacute;n pol&iacute;tica e ideol&oacute;gica m&aacute;s importante que los discursos o la propaganda.<br /><br />La "disipaci&oacute;n ostentosa" conduce incluso a la liquidaci&oacute;n de cualquier &eacute;tica social. "El ladr&oacute;n que se ha enriquecido de una manera desbocada gracias a la rapi&ntilde;a", escribe Veblen, "tiene muchas probabilidades de saltar por encima de las leyes que se aplican a los peque&ntilde;os estafadores, de gozar de su bot&iacute;n de hombre bien educado". El estilo burgu&eacute;s de vida, vale decir el significado del dinero, es suficiente muy a menudo para formar parte de la sociedad de los par&aacute;sitos y los bribones. "Esta riqueza, considerada sagrada, extrae su primordial valor de la buena fama que procura cuando se consume con ostentaci&oacute;n". Para mantener su superioridad, las categor&iacute;as sociales dominantes recurren al simbolismo del consumo y del estilo de vida. Las clases medias, fascinadas, tratan de imitarlas y se ven incapacitadas para contestar el sistema, y as&iacute;, de esa manera, el consumo masificado, fundamento de la econom&iacute;a mercantil, puede perpetuarse aunque no se ajuste a necesidad fisiol&oacute;gica alguna. De ah&iacute; la incesante sucesi&oacute;n de modas y las metamorfosis de estilos de vida que se operan en las clases dominantes, que a penas si dan tiempo a las clases medias a imitarlas.<br /><br />Jean Baudrillard se ha inspirado de una manera sustantiva en el an&aacute;lisis de Veblen en su notable ensayo Para una cr&iacute;tica de la econom&iacute;a pol&iacute;tica del signo, donde podemos leer: "Veblen muestra que, a pesar de la tarea que se han impuesto de trabajar y producir, las clases subalternas tienen al mismo tiempo la funci&oacute;n de lustrar el estatus del patr&oacute;n". Esa es, en concreto, la condici&oacute;n de las mujeres burguesas: las "fascinantes cretinas" est&aacute;n ah&iacute;, como una mercanc&iacute;a dom&eacute;stica, para dar testimonio del acontecimiento de su macho &mdash;&iquest;o ser&iacute;a mejor decir de su "propietario"?&mdash;. Se trata de un "consumo vicario" (vicarious consumption). Baudrillard subraya: "El teorema fundamental del consumo es que no tiene nada que ver con el disfrute personal, sino que es una instituci&oacute;n social constrictiva, que determina los comportamientos incluso por encima de la conciencia que de ella puedan tener los actores sociales".<br /><br />Veblen fue el primero en arrojar luz sobre el car&aacute;cter superficial de la econom&iacute;a de consumo de masas. Por medio de la dilapidaci&oacute;n (wasteful expenditure) que comporta y la tendencia colectiva al ocio (waste of time) que instituye, la econom&iacute;a de consumo mercantil consagra una moral de derroche del tiempo y de las cosas. La "disipaci&oacute;n ostentosa", que por un tiempo estuvo limitada a las joyas, a los objetos religiosos o a la decoraci&oacute;n urbana, se ha extendido a los objetos cotidianos y a las mujeres "de profesi&oacute;n sus labores", con el resultado de excitar el anhelo de "rango social" sobre la base de signos materiales. La sociedad se hace hipermaterialista y queda penetrada por incesantes conflictos sociales ligados a un acatamiento general de los standing of living (tipolog&iacute;a material de vida). El confort no se mide a partir de condiciones racionales de higiene y libertad necesarias para la salud de la poblaci&oacute;n o como meta para la mejora de las condiciones de vida del proletariado, sino que coincide con un determinado estatus identificado con la posesi&oacute;n de mercanc&iacute;as-signos y con la realizaci&oacute;n de las fantas&iacute;as desbocadas por los condicionamientos de la publicidad comercial. En la econom&iacute;a mercantil son compatibles condiciones y ritmos de vida o de nutrici&oacute;n insalubres y la posesi&oacute;n de signos de riqueza: autom&oacute;vil, electrodom&eacute;sticos de todo tipo, etc.<br /><br />LA TIRAN&Iacute;A DEL CONSUMO<br /><br />Gracias al profundo an&aacute;lisis desarrollado por Veblen sobre la sociedad industrial americana de principios de siglo, que en realidad fue el laboratorio y el modelo de las sociedades occidentales "de consumo" del siglo XX, es posible correr el velo de las contradicciones fundamentales que socavan nuestra sociedad actual. &Eacute;sta opone, seg&uacute;n la f&oacute;rmula de Baudrillard, "una moral aristocr&aacute;tica del otium y una &eacute;tica puritana del trabajo", o, seg&uacute;n la formulaci&oacute;n de Daniel Bell (en su ensayo Las contradicciones culturales del capitalismo), una cultura "contestataria" fundada sobre el no-trabajo y una organizaci&oacute;n social y econ&oacute;mica fundada sobre el trabajo racional. Nosotros, por nuestra parte, afirmamos que la sociedad mercantil, fundada sobre la productividad del trabajo y su racionalizaci&oacute;n, genera, como consecuencia de la misma abundancia que engendra la productividad, una ideolog&iacute;a y una "fisiolog&iacute;a" del lucro y del rechazo de la actividad. Dicho con otras palabras, la prosperidad individual, fruto del trabajo colectivo, mina las bases de este &uacute;ltimo.<br /><br />Sin embargo, el car&aacute;cter dram&aacute;tico de la sociedad occidental no consiste, en el fondo, en esta ostentaci&oacute;n social en s&iacute; (dada en este caso por el consumo de mercanc&iacute;as). Una ostentaci&oacute;n de tal guisa &mdash;y Veblen lo puso en evidencia cuando hablaba de las pr&aacute;cticas religiosas&mdash; ha existido siempre; la posesi&oacute;n de riquezas puede tranquilamente jugar el papel de s&iacute;mbolo cultural. El drama consiste en el hecho de que la ostentaci&oacute;n, por medio del consumo, trata de llegar a convertirse en el &uacute;nico juego social, la &uacute;nica pr&aacute;ctica de la existencia individual. En consecuencia, no solo los individuos se despersonalizan como consecuencia de convertirse en meros vectores de los signos, sino que la sociedad pierde su historicidad, se convierte en una pura representaci&oacute;n y concluye su misi&oacute;n "transmisora". &iquest;Por qu&eacute; hablar de drama? Porque en el drama, a diferencia de la tragedia, los actores ignoran la desgracia que los embarga.<br /><br />La sociedad occidental, replegada, a pesar de su aparente gigantismo, sobre el fanatismo individual del sistema simb&oacute;lico de consumo, camina hipnotizada en pos de sus propias mercanc&iacute;as, hacia pruebas que la historia prepara continuamente a los pueblos. Se trata de la marcha de un son&aacute;mbulo. Pero la lecci&oacute;n de Veblen, m&aacute;s que para esta sociedad "del sue&ntilde;o" &mdash;para emplear un t&eacute;rmino caro a Guy Debord&mdash; va dirigida a los pueblos cuyos instintos vitales, creativos o combativos, no esperan otra cosa que la desaparici&oacute;n de la propia posibilidad de "ocio" y "consumo" para desplegar su grandeza y, frente a cualesquiera adversidades, retomar la historia.<br /><br />NOTA<br /><br />(1) Primera edici&oacute;n en espa&ntilde;ol: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 1944. Otras ediciones: Orbis, Barcelona, 1987 (con pr&oacute;logo de Jorge Luis Borges).<br /><br />[Art&iacute;culo extra&iacute;do de la revista "Hesp&eacute;rides", 8, noviembre de 1995]]]></description><pubDate>Sat, 11 Nov 2006 18:51:00 +0000</pubDate></item><item><title>Etnonacionalismo contra multiculturalismo</title><link>https://cmnd.blogia.com/2006/110801-etnonacionalismo-contra-multiculturalismo.php</link><guid isPermaLink="true">https://cmnd.blogia.com/2006/110801-etnonacionalismo-contra-multiculturalismo.php</guid><description><![CDATA[<p style="text-align: center" align="left"><span style="font-size: 18pt"></span><strong>El debate entre Alain de Benoist y Guillaume Faye sobre el multiculturalismo</strong></p>      <p>La entrevista con Alain de Benoist y el texto de Guillaume Faye que presentamos a continuaci&oacute;n, representan las corrientes&nbsp; multiculturalistas y etnonacionalistas de la Nueva Derecha europea, las posiciones ideol&oacute;gicas que de Benoist y Faye defienden en esos dos textos no solo son emblem&aacute;ticas de las diferentes estrategias que actualmente dividen a los intelectuales nacionalistas europeos, y de sus luchas contra los problemas del pluralismo, del culturalismo y el mundialismo, sino tambi&eacute;n de las dificultades inherentes en la lucha pol&iacute;tica a favor del renacimiento europeo. </p>  <p>Como parte de la reciente pol&eacute;mica sobre la decisi&oacute;n de Jacques Chirac de prohibir la utilizaci&oacute;n del velo isl&aacute;mico en las escuelas publicas francesas, estos textos aparecieron en la revista de la asociaci&oacute;n Terre et Peuple, una de los muchas escisiones del Groupement de Recherche et d&#39;Etudes pour la Civilisation Europ&eacute;enne (GRECE). Fundado en 1968, los nacionalistas anti-liberales del GRECE cre&iacute;an que el orden americanoc&eacute;ntrico impuesto sobre Europa en 1945 -- con sus practicas sociales etnocidas y su totalitarismo capitalista del <em>homo dollaris uniformis</em>&#39; -- &nbsp; nunca seria superado si sus oponentes segu&iacute;an utilizando los planteamientos ideol&oacute;gicos desacreditados de Vichy, del nacionalcatolicismo, del monarquismo o del neofascismo, que no tuvieron ni el mas m&iacute;nimo impacto sobre el entorno pol&iacute;tico de posguerra. Tomando algunas ideas de la Izquierda, los j&oacute;venes fundadores del GRECE abandonaron esas formas antiguas de anti-liberalismo por un "Gramscismo de derechas", que pretend&iacute;a subvertir metapoliticamente el orden liberal en el mundo de la cultura y las ideas. </p>  <p>Debido a los principios igualitarios que fundamentan la cosmovisi&oacute;n anti-nacionalista del liberalismo, los "realistas biol&oacute;gicos" del primer GRECE intentaron popularizar lo qu&eacute; la ciencia contempor&aacute;nea tenia que decir en contra de esos principios. Sin embargo, su metapol&iacute;tica anti-igualitaria fracaso en influenciar el discurso dominante, que no se movi&oacute; ni un &aacute;pice de sus principios cardinales. Una vez que esto fue evidente, los gr&eacute;cistas comenzaron a re-pensar su estrategia cultural y a utilizar un m&eacute;todo menos agresivo. Cuando lo utilizaron, gradualmente descartaron y abandonaron su realismo biol&oacute;gico por un "etnopluralismo" que permitir&iacute;a legitimar la identidad biocultural europea en el nombre de la defensa de la heterogeneidad cultural. Esta nueva estrategia se baso en la creencia de que el etnopluralismo, cuyo principio de autodeterminaci&oacute;n hab&iacute;a ganado prominencia en los movimientos de descolonizaci&oacute;n y anti-imperialistas de las d&eacute;cadas previas, podr&iacute;a ser utilizado para defender la integridad racial/cultural de los pueblos europeos ("si los pueblos del Tercer Mundo tienen derecho a la autodeterminaci&oacute;n, tambi&eacute;n lo tienen los europeos"). </p>  <p>El etnopluralismo del GRECE tomo forma en dos slogans: la causa de los pueblos y el derecho a la diferencia, ambos de dif&iacute;cil traducci&oacute;n al ingl&eacute;s, pero que implican que la humanidad "solo permanecer&aacute; saludable s&iacute; su diversidad cultural es defendida" del ataque de las fuerzas homogeneizantes del mercado mundial (el derecho a la diferencia) y s&iacute; se le permite a cada pueblo retener su distinta identidad cultural" (la causa de los pueblos). Luego, esas ideas se difundieron entre los movimientos nacionalistas del continente, Le Pen, Haider, Fini y numerosos partidos parlamentarios y grup&uacute;sculos nacionalistas a lo largo del continente comenzaron a emplear alguna variante de ellas para justificar su defensa de la herencia biocultural europea. El ex&iacute;to de esos slogans parec&iacute;a sugerir que era mas sabio promover la supervivencia de la cultura europea en base al acuerdo que en el conflicto, utilizando eslogans congruentes con ideas liberales, aun cuando no concordaran con los objetivos liberales, los nacionalistas anti-liberales podr&iacute;an dirigir el discurso dominante contra s&iacute; mismo. </p>  <p>Esta "estrategia de persuasi&oacute;n", sin embargo, fue demasiado lejos para el GRECE, en el proceso de la defensa de heterogeneidad humana y de la causa europea, algo comenz&oacute; a cambiar en su pol&iacute;tica cultural, el etnopluralismo evoluciono hacia algo mas que una estrategia. Eventualmente, se convirti&oacute; en el centro de su metapol&iacute;tica, preparo la v&iacute;a para la aceptaci&oacute;n posterior del Multiculturalismo, la inmigraci&oacute;n tercermundista y esos principios comunitaristas norteamericanos justificatorios de las sociedades multirraciales balcanizadas. En vez, de librar una batalla contra las medidas anti-europeas del orden de posguerra, el etnopluralismo del GRECE, acepto la idea liberal de que todos los pueblos son de igual valor y luego el actual discurso multiculturalista. </p>  <p>Esto nos introduce a Guillaume Faye. Con una pluma tan poderosa como la de su antiguo camarada, &eacute;l ahora desaf&iacute;a la idea de Benoist de que la inmigraci&oacute;n tercermundista se ha convertido en una faceta innegable, y por ende incontestable de la existencia europea y que debe ser tratada en formas que la reconozcan como tal. Como un numero importante de ex-gr&eacute;cistas (tales como Robert Steuckers, Pierre Vial, Pierre Krebs, etc.), Faye continua escribiendo, hablando y agitando no solo en defensa de la herencia cultural y comunitaria europea, sino tambi&eacute;n de la tradicional homogeneidad racial de sus tierras. &Eacute;l rechaza cualquier compromiso con el igualitarismo liberal, lo que le ha llevado a enfrentarse al discurso "diferencialista" del GRECE. Al asumir los postulados liberales que ahora constituyen la doctrina del etnopluralismo, Faye dice que el GRECE se convertido en c&oacute;mplice de las elites gobernantes, cuya propia variante del etnopluralismo justifica la des-europeizaci&oacute;n que ocurre actualmente a trav&eacute;s de la inmigraci&oacute;n masiva y el libre mercado. </p>  <p>He aqu&iacute;, en estos textos que reflejan el multiculturalismo de Benoist y el etnonacionalismo de Faye, los dos antagonistas anti-liberales mas prominentes de la Nueva Clase europea y sus diferencias en su com&uacute;n oposici&oacute;n al mundo hibridizado del Nuevo orden liberal. </p>  <p>&nbsp;</p>  <p style="text-align: center" align="center">* * *<br /> <br /> <br /> <span style="font-size: 13.5pt">Entrevista con Alain de Benoist</span></p>  <p>&nbsp;</p>  <p><strong><span style="color: black">Terre et Peuple</span></strong><span style="font-size: 13.5pt; color: black">:</span><strong><span style="color: black"> </span>La presente discusi&oacute;n sobre si se le debe permitir a las mujeres musulmanas llevar el velo en la escuela ha revivido el debate sobre el comunitarismo. En numerosos libros y ensayos publicados durante a&ntilde;os, particularmente en las columnas de El&eacute;ments, frecuentemente has tomado posiciones ideol&oacute;gicas contrarias a las sostenidas por la mayor&iacute;a de tus lectores. Quiero comenzar esta entrevista pregunt&aacute;ndote si han habido cambios fundamentales en nuestra sociedad [desde el fin de la Guerra Fr&iacute;a, cuando fue la &uacute;ltima vez que tomaste una posici&oacute;n en publico sobre este tema], y si el movimiento identitario puede o no dar una respuesta correcta a esta problem&aacute;tica pero crucial discusi&oacute;n. </strong><br /> <br /> <br /> <strong><span style="color: red">Alain de Benoist:</span></strong>Yo siempre he tomado posiciones contrarias a las de aquellos que no conocen o no entienden las m&iacute;as. Pero admito que he cabreado a algunos al decir que la inmigraci&oacute;n es un hecho, que ya no es una opci&oacute;n, y que al comprometernos en una batalla, debemos pelearla en su terreno especifico, no en el que nosotros preferir&iacute;amos pelear. . . </p>  <p>&iquest;Qu&eacute; ha sucedido en los &uacute;ltimos 14 a&ntilde;os? Han empeorado las patolog&iacute;as engendradas por una inmigraci&oacute;n masiva e incontrolada. Esas patolog&iacute;as le han hecho la vida mas dif&iacute;cil a millones de personas, que no ven soluci&oacute;n a esos problemas. Una consecuencia de esto es que ha ocurrido un cierto cambio de perspectiva. La idea indulgente de una Reconquista futura [en la que los europeos recuperar&iacute;an militarmente las tierras y los espacios que han perdido a manos de los inmigrantes tercermundistas] ya no es cre&iacute;ble, excepto para unos pocos esp&iacute;ritus que no tienen idea del mundo en el que viven. Al mismo tiempo, nadie (con la excepci&oacute;n de la patronal) propone una mayor apertura de nuestras fronteras - las cuales, en ning&uacute;n caso, detienen o garantizan nada. Si la cuesti&oacute;n del velo ha despertado una discusi&oacute;n tan acalorada, es solo porque le proporciona a la clase pol&iacute;tica una forma conveniente de tratar con un problema que no ha querido tomar en cuenta. No obstante, es probable que esta discusi&oacute;n no finalice. Por mi parte, la posici&oacute;n que tome sobre el tema en Le Monde en 1989, cuando todav&iacute;a era posible escribir al respecto, no ha cambiado. </p>  <p>Tienes raz&oacute;n al describir el tema como uno crucial. Pero porque es as&iacute;, es importante no tratarlo con eslogans o fantas&iacute;as. Para que el movimiento identitario este capacitado para responder a este desafi&oacute;, necesitar&iacute;a dejar de confundir la apariencia con la verdad y dejar de atribuir a factores &eacute;tnicos lo que Karl Marx atribuy&oacute; a factores econ&oacute;micos. Sobretodo, el movimiento necesita repensar la noci&oacute;n de identidad, reconociendo que no es una esencia eterna que permite a sus portadores evitar el cambio, sino una sustancia narrativa que les permite permanecer fieles a si mismos, mientras que a la vez es una entidad cambiante. <br /> <br /> <br /> <strong><span style="color: black">T&amp;P: </span>El fen&oacute;meno comunitarista abarca muchas realidades diversas (o al menos en su apariencia): comunidades formadas por inmigrantes extraeuropeos, comunidades basadas en la religi&oacute;n, preferencia sexual, o en identidades regionales, que ahora est&aacute;n experimentando un renacimiento. . . &iquest;Esas comunidades son de un valor comparable? Para un comunitarista, &iquest;es necesario aceptar a cada comunidad en el nombre del derecho a la diferencia?</strong><br /> <br /> <br /> <strong><span style="color: red">AdB:</span></strong> Empecemos clarificando nuestros t&eacute;rminos. Primero, hay una noci&oacute;n de comunidad, que Ferdinand T&ouml;nnies desarrollo en oposici&oacute;n a su concepto de sociedad. En distinci&oacute;n a las relaciones mec&aacute;nicas [o funcionales] de una sociedad, en la que la organizaci&oacute;n social esta basada en la individualidad y los intereses individuales, la comunidad define un modo de socialidad org&aacute;nica. En t&eacute;rminos de Max Weber, esta noci&oacute;n es un tipo ideal, porque cada colectividad, posee rasgos que pertenecen a la comunidad o a la sociedad, en diferentes proporciones, por supuesto. Basado en el trabajo de T&ouml;nnies, pero haciendo referencia tambi&eacute;n a Arist&oacute;teles, ha nacido una escuela comunitarista de pensamiento, cuyos principales representantes son Alasdair McIntyre, Charles Taylor, y Michael Sandal. Esta escuela se&ntilde;ala el car&aacute;cter ficticio de la antropolog&iacute;a liberal, en el sentido de que el liberalismo postula un individuo atomizado cuya existencia es anterior a sus fines, es decir, un individuo cuyas elecciones racionales y conductas son realizadas y motivadas fuera de un contexto sociohist&oacute;rico especifico. Para el comunitarista, al contrario, son las fuerzas extra-individuales del entorno social o comunal&nbsp; las que constituyen y motivan al individuo. La identidad, es pues, lo que nosotros escogemos ser antes de reconocer quienes somos, es ese z&oacute;calo heredado que define el horizonte de nuestros valores comunes y le da significado a las cosas de nuestro mundo. Como un valor moral espec&iacute;fico, entonces, la identidad es anterior a cualquier concepci&oacute;n universal de justicia--aunque el liberal cree que tal concepci&oacute;n debe triunfar sobre cada sentido particularista del bien</p>  <p>El comunitarismo, entonces, responde la disoluci&oacute;n de las comunidades org&aacute;nicas y a la crisis del estado-nacion provocadas por el liberalismo, la sociedad liberal ya no es capaz de generar formas sustentables de socialidad. En reacci&oacute;n, comunidades de todos los tipos, heredadas o escogidas, ahora buscan reafirmarse en la vida p&uacute;blica y salir de la esfera privada, e individualista en la que el liberalismo hab&iacute;a intentado confinarlas. . . </p>  <p><br /> <strong><span style="color: black">T&amp;P:</span></strong> <strong>&iquest;La legitimaci&oacute;n sistem&aacute;tica de la diferencia realizada por el comunitarismo no lleva a un callej&oacute;n sin salida? De hecho, &iquest;ciertas comunidades no rechazan la diferencia de las otras o buscan imponer su voluntad sobre las otras una vez que se vuelvan dominantes? &iquest;en el nombre de la diferencia, uno no se arriesga &uacute;ltimamente a negar su propia diferencia? </strong><br /> <br /> <strong><span style="color: red">AdB:</span></strong> El reconocimiento de la diferencia no es necesariamente ang&eacute;lical en sus efectos. Tampoco elimina el conflicto. El derecho a la diferencia o a la identidad es muy similar al derecho a la libertad: su abuso simplemente desacredita su uso, pero no su principio. En esto yo me opongo a [a la filosofa feminista] Elisabeth Badinter, que, al justificar "el derecho a la indiferencia", asume que cada vez que nosotros enfatizamos "nuestras diferencias a expensas de nuestros lazos comunes, creamos conflicto." Las identidades comunes pueden, de hecho, ser tan conflictivas como las diferencias: pensemos en la "rivalidad mim&eacute;tica" que el antrop&oacute;logo Ren&eacute; Girard ha analizado. El reconocimiento de la diferencia no descarta la necesidad de un cuerpo com&uacute;n de leyes (que, de hecho, es un pre-requisito para su existencia), tampoco es necesariamente incompatible con las nociones de ciudadan&iacute;a o con el bien com&uacute;n. El deber del estado es asegurar el orden publico, no incitar al odio. Similarmente, una pol&iacute;tica que reconozca las diferencias demanda la reciprocidad. Aquel que me designa como su enemigo se convierte en mi enemigo. Quien promueva su diferencia negando la m&iacute;a, abroga la generalidad del principio. Por esto es necesario crear un entorno en el que nuestras diferencias reciprocas sean reconocidas, lo que no ser&aacute; posible mientras la inmigraci&oacute;n, el Islam, el fundamentalismo y el terrorismo sean considerados como lo mismo. </p>  <p>Para entender qu&eacute; es "el derecho a la diferencia", es necesario superar ciertos equ&iacute;vocos. En primer lugar, se trata de un derecho, no de una obligaci&oacute;n. Al reconocer la diferencia, creamos la posibilidad de vivir de acuerdo a aquellos rasgos identitarios que consideramos esenciales, no para aislarnos en ellos o utilizarlos para mantenernos a distancia del resto. La diferencia no es un absoluto. Por definici&oacute;n, s&oacute;lo existe en relaci&oacute;n a otras diferencias, porque s&oacute;lo nos distinguimos frente a aquellos que son diferentes. Lo mismo ocurre con la identidad: m&aacute;s que un individuo, un grupo no tiene una sola identidad. Cada identidad se constituye en relaci&oacute;n a otra. Esto tambi&eacute;n sucede en la cultura: para crear su propio mundo de significados, no obstante, lo hace en relaci&oacute;n a otras culturas. Las diferentes culturas no son especies incomparables, solo diferentes modalidades de la naturaleza humana. No confundamos lo universal con el universalismo. <br /> <br /> <br /> <strong><span style="color: black">T&amp;P: En tu opini&oacute;n, &iquest;el comunitarismo es una respuesta efectiva al problema creado por la introducci&oacute;n de millones de extra-europeos a Europa? &iquest;la comunidad no es de hecho importante debido a que es funci&oacute;n de un lugar y un tiempo espec&iacute;ficos? Por ejemplo hay comunidades que son mas o menos din&aacute;micas, especialmente en t&eacute;rminos de natalidad. Dado el fracaso de la integraci&oacute;n de los extra-europeos, la utop&iacute;a de una Reconquista, y un comunitarismo que no podr&aacute; detener la bomba de tiempo demogr&aacute;fica, &iquest;no es esto suficiente para volvernos pesimistas?</span></strong></p>  <p style="margin-bottom: 12pt"><br /> <strong><span style="color: red">AdB:</span></strong> Primero, perm&iacute;teme decir que si los hombres no encuentran una soluci&oacute;n a sus problemas, la historia encuentra una para ellos. Segundo, la historia siempre esta abierta (lo que tampoco significa que todo es posible). Finalmente, al proponer un problema en un modo en el que pareciera no tener soluci&oacute;n, no debe ser sorprendente que uno este condenado al pesimismo. Hoy, en Europa hay 52.2 [sic] millones de musulmanes (25 millones en Rusia y 13.5 en Europa Occidental), la mayor&iacute;a de ellos de ascendencia europea [este argumento no me parece cre&iacute;ble - N. del. T]. El resto, hasta donde yo se, no son ni negros ni asi&aacute;ticos. Si los europeos son menos din&aacute;micos demogr&aacute;ficamente, no es culpa de aquellos que no lo son. Si ellos ya no saben cual es su identidad, tampoco es culpa de aquellos que si. Frente a pueblos con identidades fuertes, aquellos que no tienen identidad podr&iacute;an reflexionar sobre porque han perdido su identidad. As&iacute;, ellos podr&iacute;an observar c&oacute;mo la expansi&oacute;n planetaria de los valores del mercado o de la naturaleza del nihilismo Occidental son causas de esa perdida de identidad. En una &eacute;poca de desterritorializacion general, tambi&eacute;n podr&iacute;a ser &uacute;til pensar la identidad en modos que ya no dependan del lugar. Personalmente, yo concedo m&aacute;s importancia a lo qu&eacute; los hombres hacen, que a aquello que presumen ser. . . <br /> <br /> <br /> </p>  <p style="text-align: center" align="center"><br /> * * *</p>  <p style="text-align: center" align="center">&nbsp;</p>  <p style="margin-bottom: 12pt; text-align: center" align="center"><span style="font-size: 13.5pt">&iquest;La causa de los pueblos?</span><br /> <br /> <strong>Guillaume Faye </strong></p>  <p>La causa de los pueblos [del GRECE] es un eslogan ambicioso. Fue concebido inicialmente en un esp&iacute;ritu polite&iacute;sta para defender la heterogeneidad etnocultural humana. Pero ha sido reclamado por ideolog&iacute;as igualitarias y por la doctrina de los derechos humanos, que, exaltando un mundo ut&oacute;pico multicolor, intentan inculpar a los europeos por haber "victimizado" al Tercer Mundo. </p>  <p><br /> <span style="font-size: 13.5pt">El fracaso de una estrategia</span></p>  <p>Cuando los identitarios [del GRECE] tomaron el concepto de la causa de los pueblos a principios de 1980, fue en el nombre del etnopluralismo. Esta "causa", sin embargo, fue poco mas que una artima&ntilde;a ret&oacute;rica para justificar el derecho de los pueblos europeos a retener su identidad frente a un sistema mundial que deseaba hacer americano a todo el mundo. Para resistir las fuerzas de la desculturacion, se esperaba que los europeos, como los pueblos del Tercer Mundo, retuvieran el derecho a sus diferencias [le droit &agrave;la diff&eacute;rence] -- y sin tener que sufrir la acusaci&oacute;n de racismo. As&iacute;, el slogan asum&iacute;a que todos los pueblos, incluso los europeos, pose&iacute;an ese derecho. Pero pronto el cosmopolita Pierre -A. Taguieff [uno de los principales estudiosos antifascistas sobre la Nueva Derecha] argumento que era un "racismo diferencialista" [en el que la diferencia cultural, al contrario que el color de piel, se convert&iacute;a en el criterio para la exclusi&oacute;n]. </p>  <p>En retrospectiva, la estrategia de la Nueva Derecha que parec&iacute;a completamente centrada en la causa de los pueblos, el derecho a la diferencia y el "etnopluralismo", se ha vuelto en contra de los identitarios. Es mas, es irrelevante a la condici&oacute;n actual de Europa, que esta amenazada por una masiva invasi&oacute;n extra-europea y por un Islam conquistador alentado por nuestras elites etnomasoquistas.</p>  <p>Reclamada por la ideolog&iacute;a dominante, utilizada contra los identitarios, y tangencial a los problemas actuales, la estrategia etnopluralista del GRECE es un desastre metapol&iacute;tico. Tambi&eacute;n retiene parte del viejo prejuicio Marxista y cristiano de izquierda sobre la "explotaci&oacute;n" europea del Tercer Mundo. Como ha mostrado el africanista frances Bernard Lugan respecto al Africa negra, este prejuicio esta basado en poco mas que ignorancia econ&oacute;mica. La causa de los pueblos esta asociada con un altruismo para-cristiano que demoniza nuestra civilizaci&oacute;n, acus&aacute;ndola de haber destruido todas las otras, y lo hace en el mismo momento en que esas otras civilizaciones est&aacute;n ocupadas preparando la destrucci&oacute;n de nuestra civilizaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp; </p>  <p>Sobre el "derecho a la diferencia". . . &iquest;Que derecho? &iquest;No hemos tenido suficiente lloriqueo kantiano [sobre derechos abstractos] durante los &uacute;ltimos dos siglos? Lo &uacute;nico que existe es la <em>capacidad</em> para ser diferente. En el proceso selectivo de la Historia y de la Vida, todos tienen que hacer lo suyo por si mismos. No hay protectores benevolentes. Este derecho a la diferencia, es reservado para todos menos para los europeos, que [en el nombre del multiculturalismo o cualquier otra ideolog&iacute;a cosmopolita] son invitados a abandonar su identidad biol&oacute;gica y cultural.&nbsp; </p>  <p>Este eslogan implica otro peligro: puede degenerar en una doctrina --&nbsp; multiculturalismo -- que legitima la existencia de enclaves extra-europeos en nuestras tierras. Visualiza una Europa con comunidades de extranjeros, particularmente musulmanes, que, por obvias razones demogr&aacute;ficas, jugaran un rol cada vez mas importante en nuestras vidas. Esta amenaza a nuestra identidad es acompa&ntilde;ada por argumentos sofistas que ridiculizan la "fantas&iacute;a" de una posible reconquista. En este esp&iacute;ritu, se nos dice que tenemos que adaptarnos a una Europa multirracial. Yo, por mi parte, me rehuso a hacerlo. Tampoco estoy preparado para retroceder frente a un supuesto determinismo hist&oacute;rico [cuya meta es convertir a Europa en una colonia del Tercer Mundo].</p>  <p><br /> <br /> <span style="font-size: 13.5pt">La vida es una lucha perpetua</span></p>  <p>La causa de los pueblos se ha vuelto parte de la Vulgata de los "derechos humanos." Al contrario, la tesis neo-darwiniana del conflicto y la competici&oacute;n, que asume que solo los mas aptos sobreviven, le parece un vestigio de barbarismo a nuestros comunitaristas, pese a que este vestigio se corresponde con las leyes org&aacute;nicas de la vida. Esta tesis, que reconoce la acci&oacute;n de las fuerzas de la selecci&oacute;n y la competici&oacute;n, es la &uacute;nica capaz de garantizar la diversidad de las varias formas de vida.&nbsp; </p>  <p>La causa de los pueblos es colectivista, homogen&eacute;izante e igualitaria, mientras que el "combate de los pueblos" es subjetivista, diferencialista y heterog&eacute;neo, concordante con las propiedades entropicas de la vida. En este sentido, solo el nacionalismo y las voluntades de poder en conflicto son capaces de sostener el principio afirmativo de la subjetividad de la vida. Por su noci&oacute;n igualitaria de que cada pueblo tiene "derecho a vivir", la causa de los pueblos prefiere ignorar las obvias realidades hist&oacute;ricas por un objetivismo que desea transformar a los pueblos del mundo en objetos de una exposici&oacute;n de museo. Adem&aacute;s, implica la equivalencia entre todos los pueblos y civilizaciones.&nbsp;&nbsp; </p>  <p>Este tipo de igualitarismo toma dos formas b&aacute;sicas: una que es expresada en un concepto homogen&eacute;izante pero mestizo de lo que significa ser humano (la "raza humana"), la otra intenta preservar a los pueblos y las culturas en la forma en la que un curador lo har&iacute;a. Ambas rehusan a aceptar que los pueblos y las civilizaciones son <em>cualitativamente</em> diferentes. De all&iacute;, proviene la idea absurda de que uno tiene que salvar a pueblos y civilizaciones amenazadas (al menos si son del Tercer Mundo) en la misma forma en la que uno tiene que salvar una foca en peligro de extinci&oacute;n. En los procesos turbulentos de la selecci&oacute;n en la historia, no hay espacio para la preservaci&oacute;n --- solo lo hay para las subjetividades en competencia. En su tribunal, las doctrinas salvacionistas son simplemente inadmisibles.&nbsp;&nbsp; </p>  <p>La causa de los pueblos asume una solidaridad subyacente entre los pueblos europeos y los del Tercer Mundo. Una vez mas, esto no es sino una dudosa construcci&oacute;n ideol&oacute;gica, que los gr&eacute;cistas inventaron a principios de los a&ntilde;os 80 para evitar la acusaci&oacute;n de racismo. No tengo espacio aqu&iacute; para refutar el mito de la "explotaci&oacute;n" del Tercer mundo. Sin embargo, la explicaci&oacute;n de sus miserias en crudos t&eacute;rminos neo-marxistas, como si fueran debido a las maquinaciones del FMI, las trilaterales, el grupo Bilderberg, o alg&uacute;n otro Belceb&uacute;, no merece contestaci&oacute;n. </p>  <p>Seg&uacute;n los medios o los catedr&aacute;ticos, la "cultura del otro" esta siendo atacada en Francia --- pese a que la "Afromania" esta en su momento mas &aacute;lgido. Por otro lado, yo creo que no es exagerado decir que las influencias desculturizadoras de Estados Unidos ya no amenazan a Europa, sus peligros han sido superados por otros. </p>  <p><br /> <br /> <span style="font-size: 13.5pt">Europa Primero!</span></p>  <p>Yo respeto el destino de los Inuits, Tibetanos, ind&iacute;genas del Amazonas, Pigmeos, Kanaks, Abor&iacute;genes, Ber&eacute;beres, Saharianos, Indios, Nubios, los inevitables Palestinos, y de los peque&ntilde;os hombres verdes del espacio exterior. Pero no esper&eacute;is lagrimas de cocodrilo de mi parte. Cuando la marea amenaza mi casa, solo puedo pensar en como resolver mi problema y no tengo tiempo para ayudar a los otros. Adem&aacute;s &iquest;Cuando esos otros se han preocupado o han cuidado de nosotros? En cualquier caso, los peligros que amenazan su existencia son a menudo exagerados, especialmente en vista de su vigor demogr&aacute;fico, que, incidentalmente es debido a la medicina y a la ayuda econ&oacute;mica europea -- y las mismas fuerzas europeas que supuestamente les han explotado tambi&eacute;n parecen haberles hecho prosperar (o, al menos reproducirse en cantidades imprecedentes). </p>  <p>Si nuestros comunitaristas realmente quieren defender la causa de los pueblos, podr&iacute;an empezar con los europeos, que ahora est&aacute;n bajo ataque de las fuerzas demogr&aacute;ficas, migratorias y culturales de un Tercer Mundo sobrepoblado. Frente a esas amenazas, no nos encontrareis lament&aacute;ndonos (como un cura) o simpatizando (como un intelectual) hacia la causa del "otro". "Nosotros solos" nos bastamos.</p>  <p><em><strong>Michael O&#39;Meara, Ph.D., el introductor y traductor de esos textos, estudio sociolog&iacute;a en la Ecole des Etudes Sociales en Sciences Sociales en Par&iacute;s e Historia europea moderna en la Universidad de California. Su libro mas reciente es New Culture, New Right: Anti-Liberalism in Postmodern Europe.</strong></em></p>  <p>&nbsp;</p>  <p><strong><span style="color: red">[Terre et Peuple 18 (Solticio de Invierno, 2003) / National Vanguard (11 de Mayo de 2004)] </span></strong></p>]]></description><pubDate>Wed, 08 Nov 2006 01:42:00 +0000</pubDate></item><item><title>Europa: ni USA ni Islam. Enrique Ripoll</title><link>https://cmnd.blogia.com/2006/110606-europa-ni-usa-ni-islam-enrique-ripoll.php</link><guid isPermaLink="true">https://cmnd.blogia.com/2006/110606-europa-ni-usa-ni-islam-enrique-ripoll.php</guid><description><![CDATA[<p>&iquest;Comunismo o Capitalismo?, &iquest;Estados Unidos o Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica? La b&uacute;squeda de una tercera v&iacute;a entre estas dos opciones pol&iacute;tico-econ&oacute;micas o la construcci&oacute;n de un espacio geopol&iacute;tico frente a las dos potencia ajenas, fue la caracter&iacute;stica que defini&oacute; la pol&iacute;tica europea de la segunda post-guerra (1945-1991). Caracter&iacute;stica que se convirti&oacute; en desaf&iacute;o, y que se sald&oacute; con un gran fracaso. Despu&eacute;s del derrumbe del bloque comunista, una &uacute;nica potencia intenta ejercer el control planetario: los Estados Unidos de Am&eacute;rica, pero en su paseo triunfal por todo el orbe parece que encuentra escollos, realidades culturales que resisten ante la apisonadora mundialista, de entre ellas la que con m&aacute;s fuerza lo hace, la que quiz&aacute;s &ndash;lo dudamos seriamente&ndash; puede convertirse en un polo independiente de poder es el mundo &aacute;rabe y musulm&aacute;n, lo que aqu&iacute; vamos a llamar el Islam. Y en Europa de nuevo las dudas, de nuevo las incertidumbres, nuestra clase pol&iacute;tica se muestra absolutamente incapaz a la hora de encauzar la voluntad de sus gobernados para que nuestro viejo continente vuelva a ser una potencia mundial de primer orden, el des&aacute;nimo se extiende con fuerza entre los que apuestan por una alternativa propiamente europea y, frustrados ante la dificultad de fortalecer la idea de una Europa aut&oacute;noma, ven en los dos nuevos dos polos &ndash;uno de ellos, el Islam, m&aacute;s imaginario que real&ndash; posibles aliados a la hora de su proyecto de construcci&oacute;n nacional, o simplemente un aliado ante la amenaza que supone el otro. De nuevo el mismo error: ninguno de ellos va a jugar la carta de la liberta europea, ambos son enemigos de esta posibilidad, una vez m&aacute;s la pregunta est&aacute; mal planteada, o mejor dicho, est&aacute; mal desde el momento que nos planteamos la pregunta; antes era &ldquo;ni EE. UU. ni URSS&rdquo;, &iquest;USA o Islam? La respuesta debe seguir siendo la misma: &ldquo;Ni USA ni Islam por una Europa unida, grande y... armada&rdquo;.<br /><br /><br />El problema de fondo es que tanto EE.UU. como el Islam tiene un doble conflicto con Europa: el puramente pol&iacute;tico, de voluntad de expansi&oacute;n y dominio; y el ideol&oacute;gico, pues en ambos subyace una concepci&oacute;n del mundo profundamente diferente, e incluso antit&eacute;tica con la de los pueblos de nuestra Europa.<br /><br /><br />En los EE.UU. a pesar de lo que nos quieran hacer ver los productores de esa gran maquina de propaganda que es Hollywood, a pesar del tan cacareado melting-pot y del &ldquo;sue&ntilde;o americano&rdquo; salpicado de lentejuelas y cancioncitas de Broodway, no existe una cultura com&uacute;n, en nada se parecen los granjeros de Minesota a los urbanitas de Harlem, o de Little Italy, ni a los chinos de California, ni tampoco a los hispanos de Florida. El American Way of Live es una &ldquo;cultura-entelequia&rdquo; son los m&iacute;nimos comunes que comparten los anglo-americanos, irlandeses-americanos, italo-americanos, judeo-americanos, germano-americanos (aunque muy poca gente lo sepa, el grupo &eacute;tnico m&aacute;s numeroso de ese pa&iacute;s), con los escandinavo-americanos, los haitiano-americanos, los chino-americanos..., etc, unos rasgos comunes que hacen que la convivencia entre estos grupos sea soportable y no estalle en conflictos diarios y continuos, esos m&iacute;nimos, la esencia del American Way of Live es poco m&aacute;s que base-ball, hamburguesas, un determinado concepto de la libertad individual, combinado con fuertes dosis de infantilismo sensiblero, puritanismo moralizante, intolerancia de ra&iacute;z b&iacute;blica ante lo ajeno y fundamentalismo liberal-democr&aacute;tico. Una sociedad simple, con planteamientos elementales y manique&iacute;stas que necesita tambi&eacute;n explicaciones simples y respuestas contundentes ante todo lo que concibe como amenaza a su &ldquo;American Dream&rdquo;.<br />En cuanto al Islam, es dif&iacute;cil, por no decir falso, referirse a &eacute;ste como una unidad, o pensar que un &uacute;nico y compacto bloque &aacute;rabe-isl&aacute;mico pueda actuar en la escena pol&iacute;tica internacional. Aparte de la tradicional divisi&oacute;n entre sunitas y chiitas, en el recorrido que nos lleva de Marruecos a Indonesia nos podemos encontrar con realidades pol&iacute;tico-culturales absolutamente diferenciadas e incluso enfrentadas: desde los alauitas de Marruecos y del ej&eacute;rcito sirio a los wahhabitas de Arabia Saudita, desde reg&iacute;menes religiosos como el del chi&iacute;ta Ir&aacute;n &ndash;que apoya la lucha de la minor&iacute;a chiita del sur de Irak contra Sadam Hussein&ndash; hasta el r&eacute;gimen dif&iacute;cil de catalogar del coronel Gadafi en Libia, donde se ha pasado de un entusiasta panarabismo a un desconcertante panafricanismo, despu&eacute;s de sus varios fracasos a la hora de liderar una unidad del Magreb &aacute;rabe; siguiendo por el laico r&eacute;gimen egipcio hasta los dos pa&iacute;ses herederos del socialismo nacionalista y pan&aacute;rabe de Nasser, gobernados por un mismo partido, el Baas, pero por dos facciones diferentes y mortalmente enemigas entre s&iacute;: Siria e Irak, por no seguir con los tabil&aacute;n &ndash;o lo que quede de ellos&ndash; en Afganist&aacute;n, las corruptas democracias petrol&iacute;feras del Golfo, el integrismo de inspiraci&oacute;n saudita de Pakist&aacute;n, los guerrilleros chechenos o el Frente Moro de Liberaci&oacute;n de Filipinas, realmente &iquest;de qui&eacute;n de ellos espera ayuda y apoyo los europeos que ven en el Islam un potencial aliado en su proyecto de construcci&oacute;n nacional? Esta pregunta parece tener respuestas cambiantes seg&uacute;n los acontecimientos de la pol&iacute;tica internacional van variando: en un momento pareci&oacute; el Ir&aacute;n de Jomeini, luego la Libia de Gadafi, m&aacute;s tarde el Irak de Hussein y, lo m&aacute;s lamentable de todo, hoy incluso hay quien se ha atrevido a se&ntilde;alar a Bin Laden y su banda de forajidos internacionales para cumplir este papel.<br />Los Estados Unidos no han dudado en usar repetidas veces a su ahora te&oacute;rico enemigo como pieza clave en su estrategia de dominio mundial. As&iacute; ha convertido a Arabia Saudita, el pa&iacute;s musulm&aacute;n m&aacute;s integrista en su gendarme del P&eacute;rsico, ha financiado la guerrilla separatista chechena en su lucha con los restos de Rusia, y se ha aliado con el Islam en Albania y Bosnia (1) para justificar permanentemente su presencia militar en los Balcanes y terminar con cualquier entendimiento entre las potencias europeas, en especial el entendimiento que m&aacute;s temen que es el de Alemania y Rusia.<br /><br /><br />Tambi&eacute;n durante la era sovi&eacute;tica usaron a los radicales isl&aacute;micos a su antojo y la CIA fue la encargada de crear y dar forma a Bin Laden, Al-Qaeda y los talib&aacute;n. M&aacute;s all&aacute; de sus fantasmag&oacute;ricas amenazas terrorista,&nbsp; &ndash;son muchos los comentarios que apuntan los dedos acusadores de la barbaridad del 11S en diferente sentido al que lo hace la CNN&ndash;, Bin Laden y sus amigos talib&aacute;n representan todo lo opuesto al alma europea: el hecho de destruir las milenarias estatuas de Buda por los mismos motivos que dinamitar&iacute;an el Parten&oacute;n, la catedral de Burgos o la Capilla Sixtina si tuvieren la ocasi&oacute;n, es m&aacute;s que suficiente para saber de qu&eacute; tipo de gente estamos hablando. Es m&aacute;s, el islamismo de inspiraci&oacute;n wahhabita que practica Bin Laden y compa&ntilde;&iacute;a no tiene nada que ver con el Islam tradicional, si no que es precisamente una suerte de islamismo despose&iacute;do de ritos, de doctrina esot&eacute;rica, de su herencia tradicional a la que se considera &ldquo;pagana&rdquo;, para imponer una particular interpretaci&oacute;n de la primigenia doctrina del Profeta, hay que tener claro que el integrismo wahhabita es tambi&eacute;n enemigo del Islam tradicional, de ah&iacute; parte de la explicaci&oacute;n a la terrible oposici&oacute;n entre Ir&aacute;n por un lado y Pakist&aacute;n &ndash;Arabia Saudita- Bin Laden por el otro. Si tuvi&eacute;ramos que hacer un paralelismo con el cristianismo ser&iacute;a la misma diferencia que existe entre un catolicismo ancestral y un protestantismo puritano y exaltado, por cierto algo parecido a lo que se est&aacute; extendiendo con fuerza por los Estados Unidos.<br /><br /><br />Si Europa quiere buscar los pilares sobre los que construir una potencia para el milenio que acaba de empezar, debe dejar de mirar en la direcci&oacute;n que le marcan los acontecimientos, y volver la mirada sobre s&iacute; misma: una Rusia todav&iacute;a potente desde le punto de vista militar, una Alemania que aparte definitivamente sus complejos de enano pol&iacute;tico y adem&aacute;s de ser una locomotora econ&oacute;mica se convierte en el eje del continente, una Francia que desde el 45 ha sido el &uacute;nico estado europeo que se ha opuesto firmemente a convertirse una colonia yankee, una Italia fuertemente ideologizada, una Espa&ntilde;a consciente de su enorme potencia pol&iacute;tico y estrat&eacute;gico son las que podr&aacute;n dar nacimiento a Europa como potencia mundial. Y no nos olvidamos de los pueblos brit&aacute;nicos (ingleses, galeses, escoceses, y escoto-ulsterianos) e irland&eacute;s herederos de las mejores tradiciones europeas: celtas, romanos, germanos, vikingos, y parte esencial e irrenunciable de Europa, que deben dejar de considerarse la costa occidental de Norteam&eacute;rica, para participar en la misi&oacute;n a la que por historia, herencia y naturaleza est&aacute;n llamados, l&oacute;gicamente siempre deber&aacute;n mantener una relaci&oacute;n especial con sus primos del otro lado del Atl&aacute;ntico, como Europa en su conjunto deber&aacute; hacerlo con todos los euro-americanos tanto del Norte como del Sur (2), pero siempre teniendo claro que son Europa y que Europa sin ellos nunca podr&aacute; estar completa.<br /><br /><br />Cuando le hablaban a Stalin del poder del Papa, siempre respond&iacute;a con una pregunta, &iquest;pero cu&aacute;ntas divisiones tiene el Papa? &Eacute;sa es la realidad de la pol&iacute;tica mundial, para que Europa sea una verdadera potencia, deber&aacute; unir su desarrollo econ&oacute;mico a una unidad pol&iacute;tica y a un ej&eacute;rcito potente, s&oacute;lo as&iacute; su poder podr&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a ser una unidad real, por eso hemos iniciado nuestro art&iacute;culo expresando la necesidad de una Europa armada, por eso desde aqu&iacute; lanzamos la idea de un la creaci&oacute;n de un gran y &uacute;nico ej&eacute;rcito europeo, del que adem&aacute;s exigiremos que sea capaz de enfrentarse con &eacute;xito a cualquier amenaza que afecte a nuestras tierras, ya sea por la frontera Sur ya sea por la prepotente presencia americana en suelo europeo.<br />La crisis internacional provocada por los atentados del 11S parece entrar en fase de resoluci&oacute;n, la incursi&oacute;n en Afganist&aacute;n llega a su fin, y entre otras conclusiones podemos sacar que son evidentes las contradicciones en las que cae el Nuevo Orden Mundial a la hora de imponer su domino en este complejo mundo de principios del tercer milenio, aparentan actuar con planes infalibles pero tambi&eacute;n son patentes sus fallos y las situaciones que provocan no dan siempre el resultado que ellos esperan. Al principio era claro el apoyo de los EE. UU a la Alianza del Norte: ya que ellos no se atrev&iacute;an a una invasi&oacute;n terrestre en Afganist&aacute;n, los muyahidines les har&iacute;an el trabajo sucio, y sufrir&iacute;an las bajas que tanto teme el ejercito imperialista, m&aacute;s dado a devorar hot-dogs, frecuentar night-clubs y visitar al psicoanalista que al duro combate cuerpo a cuerpo. Conforme avanzaba la situaci&oacute;n surgi&oacute; el escepticismo sobre la naturaleza de la Alianza del Norte por sus posturas ideol&oacute;gicas, por su sed de revancha, y por sus apoyos exteriores. Finalmente se ha visto que el precio del miedo estadounidense al enfrentamiento terrestre y su apoyo a los islamistas del norte ha producido unos resultados desastrosos para los EE. UU en el terreno de las relaciones internacionales:<br /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Se ha destruido un r&eacute;gimen creado por ellos para frenar la influencia sovi&eacute;tica (y luego rusa) e iran&iacute; en la zona.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Se han enfrentado a su m&aacute;s fiel aliado entre los musulmanes no-&aacute;rabes: Pakist&aacute;n, debilitando interna y externamente su r&eacute;gimen.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Ha empeorado su situaci&oacute;n con su mejor aliado &aacute;rabe: Arabia Saudita.<br />&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Los dos grandes beneficiados del la nuevo situaci&oacute;n y el nuevo gobierno de Kabul son las dos bestias negras de la diplomacia norteamericana y posibles aliados de Europa: Ir&aacute;n, que pese a los intentos de Jatami por introducir &ldquo;reformas&rdquo; sigue siendo un baluarte de resistencia al mundialismo, y la India, tradicional enemigo de EE.UU., y de Pakist&aacute;n y hoy gobernada por los tradicionalistas hind&uacute;es del Bharatiya Janata.<br /><br />El Nuevo Orden Mundial es vulnerable, la hegemon&iacute;a yankee muestra demasiadas debilidades, a Europa s&oacute;lo le falta voluntad para convertirse en el gran protagonista de la pol&iacute;tica mundial, como siempre lo ha sido, frente a EE.UU., frente al Islam y frente a quien quiera que se le ponga enfrente. Esa voluntad hay que hacerla despertar gritando en sus calles, en sus revistas, en sus foros de opini&oacute;n, en sus bosques y en sus lagos, en sus catedrales y en sus museos, en las tumbas de sus h&eacute;roes y de sus artistas, en Galway, en Mosc&uacute;, en Stonehenge, en las ruinas de&nbsp; Delfos, en el teatro romano de Sagunto, en la catedral de Estrasburgo, y frente a Notre Dame de Par&iacute;s, en Poitiers, en Lepanto y en Covadonga. Tambi&eacute;n este art&iacute;culo es un grito desesperado.<br /><br />Notas<br /><br />(1) Lamentamos que los bosnios hayan tomado como referente de su identidad como naci&oacute;n, de entre los varios posibles, al Islam, algo casi anecd&oacute;tico para ellos que ha propiciado una nueva divisi&oacute;n ideol&oacute;gica en una parte tan sensible de Europa, am&eacute;n de una divisi&oacute;n interna en la propia Bosnia-Herzegovina al rechazar los croato-bosnios y los serbio-bosnios, cat&oacute;licos y ortodoxos respectivamente, el proyecto de ese&nbsp; &ldquo;estado-aborto&rdquo; isl&aacute;mico que pretend&iacute;a ser una Bosnia unificada y mirando a La Meca.<br />(2) Evitamos usar los confusos t&eacute;rminos &ldquo;hispano-americanos&rdquo; y &ldquo;latino-americanos&rdquo; en los que se engloba adem&aacute;s de los &ldquo;euro-americanos&rdquo; de origen verdaderamente latino a ind&iacute;genas, afro-americanos, y todo tipo de simbiosis racial y cultural que compone la Am&eacute;rica que habla castellano y portugu&eacute;s. Asistimos tambi&eacute;n at&oacute;nitos a la actual moda de la mal llamada &ldquo;m&uacute;sica latina&rdquo; bautizada as&iacute; fundamentalmente por los semi-analfabetos medios de comunicaci&oacute;n estadounidenses: salsa, merengue y dem&aacute;s que no son otra cosa que ritmos afro-caribe&ntilde;os adaptados, eso s&iacute; cantados en espa&ntilde;ol; siguiendo el mismo razonamiento, &iquest;acaso deber&iacute;amos nosotros referirnos a las bandas de rap neoyorkinas como &ldquo;autores anglogerm&aacute;nicos&rdquo;?</p><p>Enrique Ripoll <br /></p>]]></description><pubDate>Mon, 06 Nov 2006 17:27:00 +0000</pubDate></item><item><title>Los Fundamentos Filos&#xF3;ficos de la Nueva Derecha Francesa</title><link>https://cmnd.blogia.com/2006/110605-los-fundamentos-filosoficos-de-la-nueva-derecha-francesa.php</link><guid isPermaLink="true">https://cmnd.blogia.com/2006/110605-los-fundamentos-filosoficos-de-la-nueva-derecha-francesa.php</guid><description><![CDATA[Los Fundamentos Filos&oacute;ficos de la Nueva Derecha Francesa<br /> <br /> <strong>Michael Torigian </strong><br /> <br /> <strong>[Traducci&oacute;n de C. G]</strong>&nbsp;<br /><p> "El futuro pertenece a aquellos con la mas larga memoria."<br /> -- <strong>Friedrich Nietzsche</strong>&gt;<br /> <br /> La Tercera Posici&oacute;n<br /> <br /> En primer lugar es necesario comenzar a entender la filosof&iacute;a de la historia de la Nueva Derecha Francesa para comprenderla. La Nueva Derecha Francesa es, como el conservadurismo revolucionario, el nacional bolchevismo, y varias expresiones de populismo y sindicalismo, un movimiento revolucionario que supera la dicotom&iacute;a entre derechas e izquierdas; y es comparada injustamente, como sucede con otras tendencias terceristas, con los movimientos mas notorios de Tercera Posici&oacute;n: el Fascismo y Nacional Socialismo.[1] Mientras que el liberalismo, la socialdemocracia, y el comunismo, como diferentes expresiones de la Izquierda, no son igualados (y demonizados), hay una cierta l&oacute;gica perversa en la comparaci&oacute;n de todas las tendencias terceristas que se oponen al orden moderno. Es muy evidente el motivo inquisitorial de esas comparaciones.[2] Las acciones del GRECE (Groupement de Recherche et d&#39;Etudes pour la Civilisation Europeenne)[3] de Alain de Benoist, el principal proponente franc&eacute;s de la Tercera Posici&oacute;n, tales como su oposici&oacute;n al paradigma liberal o su evocaci&oacute;n de la herencia Indoeuropea como medio de regeneraci&oacute;n cultural han producido numerosas acusaciones de "Nazismo" y "supremac&iacute;a aria" en su contra [4] (ignorando que durante los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os, de Benoist y los grecistas han denunciado al Nazismo como un "Jacobinismo pardo" y han caracterizado al racismo como un producto mas de la modernidad totalizante a la que ellos se oponen). Sin embargo, el mayor obst&aacute;culo para comprender ese movimiento podr&iacute;a venir del hecho de que esas comparaciones asumen erradamente que la ideolog&iacute;a, un "producto de la modernidad" que reduce el mundo a si misma, y la filosof&iacute;a, que es una apertura al mundo, son an&aacute;logas, y que, en consecuencia, la filosof&iacute;a de una escuela de pensamiento, como la del GRECE, puede ser deducida de sus planteamientos pol&iacute;ticos.[5] En tanto que todas esas comparaciones estigmatizantes desean deslegitimar mas que comprender esas tendencias no-conformistas, es poco sorprendente que hayan tenido &eacute;xito su marginaci&oacute;n. [6] <br /> <br /> &nbsp;<br /> <br /> La crisis de la identidad europea<br /> <br /> El inter&eacute;s en el pasado siempre es motivado por un inter&eacute;s en el futuro. El GRECE, como sugiere su apelativo, esta interesado en el porvenir de la civilizaci&oacute;n europea. Frente a los mundialistas y los atlantistas, que subrayan su riqueza y prominencia econ&oacute;mica, los grecistas sostienen que Europa esta en decadencia.[7] Argumentan que las naciones del continente ya no son gobernadas seg&uacute;n criterios europeos. Ahora tecnocracias indulgentes guiadas por los imperativos del liberalismo gerencial gobiernan sus tierras y materializan una concepci&oacute;n gen&eacute;rica del Hombre que es fatal para las particularidades culturales y las continuidades hist&oacute;ricas.[8] Este proceso de debilitamiento progresivo de las identidades colectivas ha sido avanzado por un sistema de socializaci&oacute;n, por numerosas medidas educativas que denigran los valores tradicionales, por la proliferaci&oacute;n de patolog&iacute;as sociales y espect&aacute;culos cretinizantes, y por una vasta oleada de inmigrantes afroasi&aacute;ticos inasimilables.[9] Esas tecnocracias que se dedican exclusivamente a "la batalla por las exportaciones" y a la satisfacci&oacute;n de los dictados de la globalizaci&oacute;n, son, por ello indiferentes al debilitamiento de las solidaridades socioculturales y<strong> estan apoyadas por la "derecha" liberal y la izquierda socialdem&oacute;crata europeas, que coinciden en su com&uacute;n exaltaci&oacute;n de las "virtudes" del mercado mundial.</strong> [10] La perdida de la soberan&iacute;a como consecuencia de la "Guerra de los Treinta a&ntilde;os" (1914-1945) (cuando Europa fue ocupada y dividida por los dos poderes extra-europeos) ha sido un fenomeno mucho mas amenazador para la identidad europea que la acci&oacute;n de las tecnocracias. La ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n y el fin de la Guerra Fr&iacute;a solo alteraron superficialmente el car&aacute;cter de esta heteronomia. Los grecistas, aunque aceptaban la idea de Heidegger de que las civilizaciones tecno-economicas de la Rusia comunista y la Am&eacute;rica capitalista eran "metaf&iacute;sicamente lo mismo", fruto de filosof&iacute;as materialistas de la historia, subrayaban que <strong>la ocupaci&oacute;n americana era la mas perniciosa</strong>: cuando los sovi&eacute;ticos destru&iacute;an cualquier atisbo de independencia pol&iacute;tica en sus estados sat&eacute;lites del Este de Europa, los EE.UU. no solo ocupaban militarmente Europa Occidental con la excusa de su defensa, <strong>sino que tambi&eacute;n la colonizaban culturalmente imponiendo la Americanizaci&oacute;n de la vida europea</strong>. [11] Como escribe Raymond Ruyer: "a menudo un pueblo perece mas perdiendo su alma que sus recursos." [12]<br /> <br /> <strong>Los EE.UU. representan la manifestaci&oacute;n mas pura de la modernidad liberal, y la principal fuerza mundial que impulsa la homogeneizaci&oacute;n cultural</strong> para los grecistas. Que tambi&eacute;n remarcan que en ning&uacute;n otro lugar los principios modernos nacidos en la Ilustraci&oacute;n del siglo XVIII (es decir, los principios de igualdad, racionalismo, universalismo, individualismo, economicismo y desarrollismo) han sido realizados de forma tan completa como en la<strong><em> nueva rep&uacute;blica</em></strong>: "liberada de la herencia del pasado europeo."[13] En este esp&iacute;ritu, <strong>los Estados Unidos fueron fundados sobre un concepto de la ciudadan&iacute;a que reconoce &uacute;nicamente a seres aut&oacute;nomos ego&iacute;stas,<em> homo oeconomicus</em>, orientados a intercambios mercantiles y a relaciones contractuales, pero desprovistos de cultura o de identidad &eacute;tnica</strong>. Como consecuencia, los promotores de esta "empresa" modernista (constituida por un <em>d&eacute;mos</em>, y no por un <em>ethnos</em>) han tendido a substituir la tradici&oacute;n con convenciones mercantiles, a definirse seg&uacute;n un estilo materialista de vida, y a privilegiar la "vida, libertad, y la prosecuci&oacute;n de la felicidad" individual, es decir, la concepci&oacute;n monadica o negativa de la libertad, al pin&aacute;culo de sus valores y conductas. Cualquier noci&oacute;n de "pueblo" o de organismos culturales particulares con destinos influenciados por la historia, ha sido enteramente ajeno a su proyecto de construcci&oacute;n "nacional".[14] Por esta raz&oacute;n, en su papel de elegidos de la modernidad, la "elite culturalmente primitiva" (Oswald Spengler) de esta antigua colonia ha estado ocupada casi exclusivamente en la promoci&oacute;n de la libertad de consumo en mercados libres y en&nbsp;reforzar la "racionalidad" de esta libertad en los individuos <strong>separ&aacute;ndoles de sus comunidades y lazos ascripctivos</strong>. El poder americano no se habr&iacute;a impuesto en Europa s&iacute; el continente, no solo Estados Unidos, no estuviese enfocado en un eterno presente, preocupado solamente por el bienestar econ&oacute;mico. La Americanizaci&oacute;n de la Europa de postguerra impulsada por el marketing y el poder de unos medios integrados en la estructura de las elites y facilitada por los impulsos libidinosos del gusto de las masas, ha logrado sustituir y desacreditar mucha de la herencia milenaria del continente. Los grecistas consideran a EE.UU. como un "asesino" de la cultura y la historia, y una tierra de nadie civilizacional que <strong>esta convirtiendo al mundo en un solo mercado mundial donde es todo intercambiable e igual.</strong> [15] Como escribe de Benoist: EE.UU. "no es como otras naciones. Es un pa&iacute;s que desea destruir a todos los otros." [16] Esta concepci&oacute;n grecista del Nuevo Mundo como una amenaza cultural para la supervivencia del Viejo Mundo es especialmente relevante, porque muchos europeos han sucumbido a los designios hegem&oacute;nicos norteamericanos y han abandonado no pocas de sus particularidades. Como ha escrito John Gray [17] Europa "confronta hoy&nbsp;el fen&oacute;meno de una cultura permeada por el odio hacia su propia identidad."<br /> <br /> &nbsp;<br /> <br /> La mas larga Memoria<br /> <br /> Despojar a un pueblo de su cultura e historia, como hace el proyecto universalista homogeneizante de EE.UU, es equivalente a destruir las ra&iacute;ces del pueblo, y un pueblo no puede vivir sin ra&iacute;ces en la misma manera en que un &aacute;rbol tampoco. Sin memoria de su pasado colectivo y de sus mitos fundadores que le definen y distinguen de otros (es decir, sin las fuerzas que vinculan a una multitud de individuos relacionados a una comunidad) un pueblo deja de existir como tal.[18] Por esta raz&oacute;n, los grecistas consideran que<strong> la erosi&oacute;n de las bases culturales de Europa es la principal amenaza que enfrenta su civilizaci&oacute;n.</strong> El frente cultural ha devenido en el principal teatro de operaciones como consecuencia de ello.[19]&nbsp; Su lucha ha comenzado con un asalto metapol&iacute;tico contra las bases filos&oacute;ficas de las fuerzas cosmopolitas de la modernidad en defensa del patrimonio europeo. Ellos sostienen, como Antonio Gramsci, que la conquista del poder pol&iacute;tico es conseguida despues de la conquista del poder cultural, y que Europa continua traicion&aacute;ndose a si misma en tanto que su cultura permanece infundida con influencias anti-europeas. Asi, han tomado una praxis metapol&iacute;tica gramsciana que trata la cultura como si fuese un campo estrat&eacute;gico de batalla a ser conquistado por "intelectuales org&aacute;nicos" que discuten diferentes concepciones sobre lo que significa ser europeo, para combatir la hegemon&iacute;a cultural de la modernidad americanocentrica e insistir en su pueblo la voluntad de ser lo que es. [20] Luchan, en ese esp&iacute;ritu, por la re-europeizaci&oacute;n del continente.&nbsp; <br /> <br /> La metapol&iacute;tica de los grecistas ataca, marcando as&iacute; una diferencia tajante con las criticas conservadoras y tradicionalistas de la modernidad liberal, lo que muchos consideran el principal componente religioso de la identidad europea.[21] Desde tal perspectiva, <strong>la herencia religiosa cristiana constituye no solo</strong> <strong>la base espiritual de la modernidad</strong>, sino tambi&eacute;n<strong> una ideolog&iacute;a hostil a todas las formas de cultura y valores</strong> <strong>indigenas</strong>.[22] Ellos remarcan que el Cristianismo naci&oacute; en un entorno multicultural caracterizado por la anomia y el desarraigo, que <strong>siempre fue multi-&eacute;tnico e internacional en convicci&oacute;n y que despreci&oacute; todos los particularismos &eacute;tnicos, considerando las diferencias etnoculturales como aspectos "de este mundo, y no del otro."</strong> [23] Los cristianos abandonaron su identidad original desde el primer momento que en el seno de la Iglesia&nbsp; primitiva, se identificaron con un pueblo y una historia (aquella de la Biblia) que no les eran propias. En este esp&iacute;ritu, la "nueva alianza" de la Iglesia fue hecha entre Dios y toda la humanidad, lo cual le dio una misi&oacute;n universal y no nacional. <strong>Desde entonces, la historia, la cultura y la etnicidad, en tanto que frutos de las complejidades de la experiencia terrenal, han sido irrelevantes a sus adherentes, que se consideran como hijos de un Dios universal, indiferentes frente a las diferenciaciones etnoculturales que contradicen el dogma de la igualdad de todas las almas e impiden la difusi&oacute;n de Su verbo. </strong>"Los cristianos no tienen patria, solo la tierra prometida de Dios" escribe Louis Pauwels. [24] <strong> Su b&uacute;squeda de la salvaci&oacute;n individual</strong>, en tanto que<strong> </strong>fruto de su preocupaci&oacute;n por el porvenir en el m&aacute;s alla,<strong> les lleva a desmarcarse de sus v&iacute;nculos con la comunidad &eacute;tnica</strong> (a la que pertenecen) que era sacralizada por las religiones paganas y com como consecuencia, legitima un ideal social opuesto radicalmente a la idea cl&aacute;sica de la tradici&oacute;n, la jerarqu&iacute;a y el coraz&oacute;n.[25] <strong> El Cristianismo, por privilegiar la salvaci&oacute;n individual y despreciar el arraigo a todo aquello no relacionado con la redenci&oacute;n, preparo el terreno para la existencia de un tipo de sociedad ego&iacute;sta, individualista y &uacute;ltimamente, anti-europea.</strong> [26] <br /> <br /> En opini&oacute;n de los grecistas, la <strong>cosmolog&iacute;a dualista</strong> es un aspecto a&uacute;n mas perjudicial de esa religion. Los cristianos, a diferencia de los paganos, no consideran al mundo como el cuerpo de los dioses, sino como una creaci&oacute;n <em>ex nihilo</em> de un dios Creador transcendente que es superior y est&aacute; separado de ella. Los cristianos, diferenciando de forma tajante a la creaci&oacute;n y a su Creador (haciendo al ultimo el origen, mas no el resultado de la primera como los paganos afirmaban), resaltaban la primac&iacute;a de un Dios que creaba, gobernaba, y eventualmente presid&iacute;a hasta el final de los tiempos. Sometido a este Ser Supremo, el mundo del hombre solo se hacia comprensible seg&uacute;n Su logos: es decir, seg&uacute;n la racionalidad divina que ordenaba la creaci&oacute;n. Seg&uacute;n esto, todos los eventos mundiales y todas las acciones humanas, mas all&aacute; de su incoherencia y antagonismo aparentes, se entend&iacute;an dentro de la universalidad del logos. Esta creencia en un prop&oacute;sito del mundo hace del Cristianismo una religi&oacute;n ultra-racionalista como el Juda&iacute;smo, donde "todos los aspectos de la vida humana est&aacute;n [sujetos] a numerosas prescripciones, leyes e interdicciones."[27] Es m&aacute;s, <strong>el cosmos fue desacralizado, la naturaleza fue considerada simple materia, y la creaci&oacute;n fue devaluada</strong> cuando se sustituy&oacute; a los relatos m&iacute;ticos y sagrados de la Europa pre-cristiana con el logos ultraracional, y se concibio una divinidad separada del mundo.[28] Entonces, apartado de Dios, el mundo cristiano es vaciado de sentido sagrado, sufriendo lo que Max Weber llamaba el <em><strong><u>"desencantamiento"</u></strong></em>, que para los grecistas,<strong> no es una innovaci&oacute;n del racionalismo moderno, sino de una cosmolog&iacute;a que separa a un Creador totalmente perfecto de una creaci&oacute;n que imperfectamente es su reflejo</strong>.[29]&nbsp; <br /> <br /> <strong>Del dualismo cristiano ha emergido un nuevo concepto del tiempo</strong>. Porque el hombre (en la forma de "Ad&aacute;n y Eva") ha manchado la creaci&oacute;n al desobedecer a Dios, los cristianos ven la historia como el relato de su estado ca&iacute;do.[30] El hombre dentro de este concepto "logocentrico" de la historia pasa del estado transitorio del "valle de lagrimas" (el mundo terrenal) al final de los tiempos, cuando el hombre, o al menos los salvos entre los hombres, ser&aacute;n retornados a la gracia de Dios.[31] "En vez de ser una religi&oacute;n de la vida, del aqu&iacute; y del ahora," el cristianismo, como lo ha caracterizado uno de los paganos mas grandes, es una "religi&oacute;n de un destino pospuesto, de la muerte y de la recompensa despu&eacute;s de la vida "si sois bueno".[32] Esta visi&oacute;n finalista (o escatol&oacute;gica) de la historia, cuya culminaci&oacute;n es el Juicio Final, la ant&iacute;poda del G&eacute;nesis, le da al cristianismo un <strong><u>concepto lineal del tiempo</u></strong>, en el que el presente es producto de una determinaci&oacute;n anterior y el futuro sigue el "esp&iacute;ritu de los tiempos" hacia algo mejor. Dentro del marco de esta progresi&oacute;n irreversible (<strong>de la ca&iacute;da a la salvaci&oacute;n, de lo particular a la redenci&oacute;n universal</strong>) el tiempo deja de funcionar como un circulo repetitivo de la naturaleza y deviene en un vector cuya&nbsp; temporalidad <strong>progresa</strong> desde la creaci&oacute;n (que ocurre solo una vez), a Mois&eacute;s, Jes&uacute;s, la Resurrecci&oacute;n, y ultimamente, al final de los tiempos.&nbsp;<u><strong>La historia es vista como una secuencia de hechos sucesivos, donde los eventos son percibidos como diferentes etapas en el progreso hacia la salvaci&oacute;n en la que en su ascenso, cada etapa representa un presente ("el ahora") distinto de un pasado ("lo que ya no es el ahora") y de un futuro ("lo que a&uacute;n no es el ahora")</strong></u>.[33] Entonces, con la llegada del Cristianismo la naturaleza del estudio de la historia sufre un cambio radical, porque el concepto m&iacute;tico que tiene cada tradici&oacute;n cultural es transformado en el estudio de una creaci&oacute;n que irreversiblemente progresa como un ser definido esencialistamente que pasa por un proceso de devenir del Ser fijado <em>a priori</em>.[34] <br /> <br /> Los grecistas piensan, en respuesta a los muchos que creen que el "progreso" de la historia es fruto de un prop&oacute;sito racional,&nbsp; que <strong>el concepto cristiano de la historia ha tenido como efecto cultural-ontol&oacute;gico el rechazo del pasado y el encerramiento del hombre en un estado abstracto temporal cuyo &uacute;nico posible resultado corrompe "la inocencia en el devenir del Ser"</strong> (Nietzsche). Ellos apuntan que la modernidad le da a este estado un contenido no menos determinista, por ello, la progenie la&iacute;ca del Cristianismo: el liberalismo y el marxismo, ha abrazado un "telos de redenci&oacute;n" parecido (enmarcado en t&eacute;rminos materiales que en t&eacute;rminos espirituales, donde el PIB ha sustituido a Jes&uacute;s como el &iacute;dolo principal, la felicidad ha sustituido a la salvaci&oacute;n, y la raz&oacute;n a la fe) que es entendido como el desarrollo progresivo de una teleolog&iacute;a determinada que supera el legado errado del pasado.[35] En otras palabras, <strong>los modernistas rechazan la noci&oacute;n cristiana de la transcendencia de los valores universales <u>solo para restablecerlos como valores inmanentes</u></strong>.[36] Ellos podr&iacute;an haber vaciado al cielo de dioses, pero su noci&oacute;n racionalista de la historia a&uacute;n representa otra expresi&oacute;n de la concepci&oacute;n de ella como un proceso supra-hist&oacute;rico no gobernado por la vida, sino por una metaf&iacute;sica que privilegia lo que nos deparar&aacute; el futuro, en este caso: "el triunfo global de un sistema econ&oacute;mico." [37] Es mas, en la forma de las ahora desacreditadas pero a&uacute;n dominantes interpretaciones marxistas y liberales, la historiograf&iacute;a modernista no solo da un <strong>nuevo &iacute;mpetu al impulso teleol&oacute;gico de la concepci&oacute;n lineal</strong> devaluando el pasado y privilegiando la Gran Narrativa cuyo proposito es universal y ahist&oacute;rico, que desprecia todos los particularismos, preocupada solo con el &uacute;nico objetivo evolutivo al cual el progreso o la lucha de clases (los equivalentes la&iacute;cos de la Providencia divina) nos esta llevara y con la soluci&oacute;n universal que este logos ofrece mesi&aacute;nicamente para todos los problemas morales, sociales y pol&iacute;ticos. Como consecuencia, el impulso desarrollista de esta historiograf&iacute;a asume un movimiento direccional, uniforme y causal de la historia que anticipa optimisticamente un futuro mas racional y perfecto.[38]<br /> <br /> Los grecistas adoptan, frente al concepto cristiano/modernista de la historia que "dialecticamente" rechaza un pasado lleno de errores en nombre de un futuro de expiaci&oacute;n, <strong>la perspectiva de lo duradero, invocando de los or&iacute;genes primordiales del continente su memoria mas larga</strong> que "se manifiesta cada vez que nos volvemos &#39;serios&#39;.[39] Esta perspectiva milenaria que privilegia el pasado inmemorial de Europa, presupone una tradici&oacute;n comunitaria cuyas referencias org&aacute;nicas, culturales y m&iacute;ticas abarcan a todos los pueblos europeos y trazan su origen al tiempo mas lejano.[40] Los grecistas desean diferenciar dentro de esa herencia, lo que es propiamente europeo de lo que ha sido impuesto desde afuera como aportaci&oacute;n de origen externo. El problema que aparece inmediatamente es &iquest;Es valido es pensar en Europa como una comunidad tal? El consenso acad&eacute;mico ha mantenido desde hace mucho tiempo que el antiguo Oriente Medio preparo la semilla de lo que seria la cultura europea, y que la misma existencia de Europa no vendr&iacute;a de si misma, sino de otra civilizaci&oacute;n. Sin embargo, los grecistas cuestionan esta tesis del <em>ex oriente lux</em>, se&ntilde;alando que <strong>refleja tanto</strong> <strong>el impulso desarraigante del universalismo cristiano/modernista como una incomprensi&oacute;n de la cultura ind&iacute;gena</strong>.[41] En consecuencia, cuestionan las teor&iacute;as dominantes que quieren situar las ra&iacute;ces de Europa en el valle del R&iacute;o Eufrates ("Nosotros descendemos del pueblo de la Iliada y las Eddas, no del de la Biblia") y argumentan sobre la integridad de los or&iacute;genes europeos.[42] En esa&nbsp;apostas&iacute;a historiograf&iacute;ca han sido especialmente afortunados por no tener que esperar la vindicaci&oacute;n de otro Schliemann o Evans, sino remitiendose a los descubrimientos arqueol&oacute;gicos mas recientes, especialmente la dataci&oacute;n en radiocarbono de Colin Renfrew y su equipo de la Universidad de Cambridge, que ya han dado evidencia de los or&iacute;genes aut&oacute;ctonos de la civilizaci&oacute;n europea. Esto ha provocado como consecuencia, una importante revisi&oacute;n en los estudios prehist&oacute;ricos, modific&aacute;ndolos en una direcci&oacute;n mas af&iacute;n al "Eurocentrismo" del GRECE.[43] Los grecistas argumentan que pese a que esta revisi&oacute;n no deval&uacute;a los componentes provenientes de Oriente Medio, si altera la idea convencional sobre el car&aacute;cter "barbaro" de los or&iacute;genes culturales del continente y de su "deuda" a culturas extra-europeas.[44]<br /> <br /> Los grecistas, adem&aacute;s, afirman que el desprecio de la historiograf&iacute;a dominante a la Europa arcaica, con sus implicaciones culturales negativas, palidece en comparaci&oacute;n con la indiferencia u hostilidad mostrada a sus fundadores Indoeuropeos. Su estudio es ignorado en la mayor&iacute;a de las universidades donde se ignora su importante papel en la prehistoria europea y el inter&eacute;s popular que suscitan. Los Indoeuropeos, estigmatizados por el culto ario de los nazis, solo son estudiados en unas pocas universidades, y en los m&aacute;rgenes de lo que ya eran unas disciplinas marginadas.&nbsp; Ignorando, que ellos, especialmente las familias c&eacute;lticas, germ&aacute;nicas, eslavas, latinas y hel&eacute;nicas constituyen la base de la cultura europea. Este &eacute;nfasis en la base "aria" de las sensibilidades europeas, ha armado a sus cr&iacute;ticos, adeptos a las t&aacute;cticas del reductio ad Hitlerum, con argumentos potencialmente explosivos. Pero el &eacute;nfasis de la ND es cultural y no biol&oacute;gico, y no es hecho por que los grecistas consideren a los Indoeuropeos "superiores" a otros pueblos o porque les consideren como los progenitores de una pretendida "pureza" racial blanca, como hiciera Hitler, sino porque, como Lutero, no puede hacerse otra cosa.[45] <strong>Para bien o mal, las ra&iacute;ces de la identidad europea son aquellas de los pueblos que conquistaron sus tierras en el 2&deg; milenio a.C., estableciendo los fundamentos de sus lenguajes, cultura e historia. Como tal, los Indoeuropeos testifican la existencia de la especificidad hist&oacute;rica de Europa y presentan un desaf&iacute;o a las pretensiones cosmopolitas de los cristianos y los modernistas. </strong>Entonces, retomando su estudio los grecistas no solo han desactivado las asociaciones comprometidas que los nazis les dieron, sino que han dado aliento a una empresa intelectual desafiante. Los estudios Indoeuropeos eran virtualmente desconocidos por la&nbsp; intelectualidad francesa, cuando los grecistas empezaron a formular su aventura metapol&iacute;tica a finales de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 60, pese a que Francia es la cuna de uno de los mas grandes indoeurope&iacute;stas.[46] Quizas porque los estudios indoeurope&iacute;stas eran principalmente filol&oacute;gicos, poco &uacute;tiles al proyecto cultural que los grecistas esperaban avanzar. Solo con el trabajo de <strong>Georges Dum&eacute;zil </strong>a finales de los a&ntilde;os 30 (largamente ignorado hasta que el GRECE lo divulg&oacute;) fue posible la comprensi&oacute;n del car&aacute;cter sociocultural de los pueblos de la Europa arcaica y la retufaci&oacute;n de la tesis del <em>ex oriente lux</em>.[47]<br /> <br /> Dum&eacute;zil, trabajando con un conocimiento de veinte lenguas indoeuropeas y empleando los m&eacute;todos que hasta entonces estaban reservados para la Histor&iacute;a de la ling&uuml;&iacute;stica, emple&oacute; su vida en la comparaci&oacute;n de los registros mitol&oacute;gicos y literarios de los diferentes pueblos indoeuropeos. En esos estudios comparativos, que incluyen sesenta libros y varios cientos de art&iacute;culos,&nbsp; relacion&oacute; numerosos detalles presentes en el Rig Veda, las &eacute;picas hom&eacute;ricas, los cuentos irlandeses de Cuchulainn, las sagas n&oacute;rdicas, y otras literaturas indoeuropeas a pautas y configuraciones culturales que parec&iacute;an constituir aspectos compartidos y que apuntaban un origen com&uacute;n (o a lo que Claude Levi-Strauss llamo "estructuras" en su adaptaci&oacute;n descontextualizada y deshistorizada del m&eacute;todo de Dum&eacute;zil).[48] El logro mas significativo de esos estudios fue <strong>el descubrimiento de la</strong> "<em><strong>ideolog&iacute;a tripartita</strong></em>", [49], que, seg&uacute;n Dum&eacute;zil, influenci&oacute; la forma de la organizaci&oacute;n de la sociedad indoeuropea, orden&oacute; sus valores y construy&oacute; sus panteones religiosos. El descubrimiento de la tripartici&oacute;n constituy&oacute; el evento principal en los estudios indoeuropeos modernos: fue la presencia de una cosmovisi&oacute;n que prueba que esos pueblos no solo pertenec&iacute;an a un grupo ling&uuml;&iacute;stico, sino tambi&eacute;n a una cultura en com&uacute;n.[50]&nbsp; El descubrimiento de Dum&eacute;zil, derivado de registros ling&uuml;&iacute;sticos y literarios, descansa emp&iacute;ricamente en la evidencia historica de la organizaci&oacute;n de la sociedad indoeuropea en tres castas de hombres (sabios, guerreros y productores) que representaron las tres "funciones" u ordenes responsables de la regulaci&oacute;n de tal sociedad. Esas funciones le dieron a los indoeuropeos su estilo cultural particular, e influenciaron luego a las diferentes familias nacionales que nacieron de su tronco.[51]&nbsp; Dum&eacute;zil sostuv&oacute; que, aunque aspectos de esta ideolog&iacute;a han sido encontrados entre algunos otros pueblos, su institucionalizaci&oacute;n, y su articulaci&oacute;n consciente fueron exclusivas de los Indoeuropeos, lo que le hizo tanto el elemento definitivo de su cultura como la esencia de su "pasado viviente."[52] <br /> <br /> En la lectura grecista de Dum&eacute;zil la ideolog&iacute;a tripartita sancion&oacute; principios que no solo coincidian con las sensibilidades indoeuropeas, sino que permit&iacute;an a los mas altos representantes del pueblo gobernar, es decir: los sabios y los sacerdotes que realizaban los rituales sagrados y recordaban las viejas historias, y los guerreros arist&oacute;cratas de cuyo coraje y sacrificio depend&iacute;a la supervivencia de la comunidad. Que eran seguidos en el orden por los agricultores, pastores, artesanos, comerciantes (los productores) relegados ideol&oacute;gicamente a los estamentos mas bajos del orden social (la tercera casta). <strong>La tripartici&oacute;n privilegiaba a la sabidur&iacute;a y al coraje frente las funciones economicas-reproductivas</strong>. Tambi&eacute;n le dio a la cultura sus s&iacute;mbolos mas altos y el poder de sus ideales definitivos y privilegi&oacute; al orgullo frente a los otros prop&oacute;sitos, a diferencia de la situaci&oacute;n actual, donde ha ocurrido la inversi&oacute;n de esos valores.[53] <br /> <br /> La ideolog&iacute;a tripartita, mas alla de su papel crucial en la constituci&oacute;n de la civilizaci&oacute;n europea, representa solo un aspecto de la herencia indoeuropea que sirve como argumento de la ND contra el orden liberal. Los valores "etnocentrados y afirmativos del mundo" que animaban las tradiciones vedicas, hom&eacute;ricas, romanas, c&eacute;lticas y germ&aacute;nicas de la paganidad pre-cristiana, cuyos panteones reflejan la influencia de la ideolog&iacute;a tripartita, han jugado un papel no menos importante. Los grecistas asumen esos valores paganos y la religiosidad inspirada en ellos que repudian <strong>el monote&iacute;smo "negador del mundo"</strong> del Cristianismo, para "retornar a si mismos" y encontrar una espiritualidad apropiada para los europeos desorientados por el conflicto entre su identidad y los dictados universalistas del proyecto cristiano/modernista. Sin embargo, esa afirmaci&oacute;n de los valores paganos no significa que los grecistas adoran literalmente a Zeus y a Odin. Mas bien, sus actividades metapol&iacute;ticas se esfuerzan <strong>por recuperar la valorizaci&oacute;n nominalista de la diferencia realizada por el paganismo, as&iacute; como su teofania del mundo natural, su concepto heroico y aristocr&aacute;tico del Hombre, su sintesis entre la est&eacute;tica y la moralidad, y, sobretodo, su rechazo pluralista del dualismo b&iacute;blico</strong> para enfrentar las ideas liberales anti-identitarias de sus adversarios.[54] Su rechazo del concepto lineal de la historia y la cosmovisi&oacute;n unidimensional fruto de aquel, tambi&eacute;n proviene de esta adhesi&oacute;n a los valores paganos.<br /> <br /> &nbsp;&nbsp; <br /> <br /> El origen del Ser<br /> <br /> La diferencia entre el mito y el logos ilustra la divisi&oacute;n espiritual que separa al dualismo judeo-cristiano, con su visi&oacute;n hist&oacute;rica lineal, del holismo c&iacute;clico del paganismo indoeuropeo.[55] Los grecistas se adhieren a lo que consideran como la tradici&oacute;n mas poderosa cuando favorecen al mito, cuyas im&aacute;genes metaf&oacute;ricas evocan "verdades" perspectivistas insondables por el m&eacute;todo anal&iacute;tico.&nbsp; El cristianismo fue exitoso, en sus inicios, en la supresi&oacute;n del mito pagano, que se desmarcaba de sus fundamentos hist&oacute;ricos, consider&aacute;ndole inherentemente ficticio y representativo de los miedos y la irracionalidad del hombre antiguo, ignorando que la verdad expuesta por el mito (que no debe ser confundida con la mitolog&iacute;a) no es menos cierta que aqu&eacute;lla del logos, cuyos procedimientos racionalistas (es decir, la l&oacute;gica) del pensamiento son "una invenci&oacute;n de maestros de escuela, no de fil&oacute;sofos."[56] La ND sostiene que todo el pensamiento es m&iacute;tico en forma, porque el pensamiento es conceptual, basado en im&aacute;genes que dan significado a objetos y procesos inconmensurables con su representaci&oacute;n, y por ello, sujetos a la interpretaci&oacute;n. Se afirma tambi&eacute;n que, en su origen, el logos fue una fase y otra de las expresiones del mito.[57] Esto no hace del mito el oponente de la raz&oacute;n, sino su expresi&oacute;n metaf&oacute;rica, que el logos luego traduce en la objetividad de un sujeto cuya concepci&oacute;n del mundo deriva de un intelectualismo abstracto. Finalmente, el logos como proposici&oacute;n l&oacute;gica que ignora la naturaleza perspectivista de la verdad, difiere del mito porque no dice nada sobre el significado del mundo, y por ello, de la historicidad del Hombre.&nbsp;<br /> <br /> Los grecistas sostienen, a diferencia de los cristianos y los modernistas, que el mito tiene poco que ver con una fe irracional en un pasado fantaseado. En ese sentido, el mito inmortaliza aquellos "precedentes ejemplares", que, a pesar a ser distorsionados por la leyenda y la poes&iacute;a, vuelven a ocurrir siempre que un pueblo imponga su orden en el mundo.[58] Ficticios o no, esos actos primordiales incluyen "verdades" sobre la naturaleza de la realidad que eluden la proposici&oacute;n anal&iacute;tica, basados en la interpretaci&oacute;n que hace la cultura de su encuentro con la realidad. Como tal, el mito trata al pasado como un rasgo viviente, y no transmite lo antiguo, sino lo permanente en una herencia, estableciendo un marco de continuidad que somete a la discontinuidad y la innovaci&oacute;n en el tiempo a la historia coherente de la tradici&oacute;n. Como explica Mircea Eliade el mito es "creativo y ejemplarizante", revela como son las cosas, define sus estructuras internas, y sugirie las m&uacute;ltiples modalidades del ser que ellas implican.[59] No describe la realidad "objetivamente", pero nos arraiga en una herencia de significados que prescribe y afirma como una manifestaci&oacute;n del ser original. <strong>La verdad m&iacute;tica permite al hombre comprometerse en su mundo y participar en su re-creaci&oacute;n</strong> cuando es sostenida mediante la intuici&oacute;n de sus creyentes. [60] As&iacute;, sus ense&ntilde;anzas son existencialistas, mas no esencialistas, porque no pueden ser refutadas, sino solo rechazadas o aceptadas.[61] De hecho, el mito tiene poco que ver con la noci&oacute;n racionalista de la verdad (<em>verum</em>), porque su poder no reside en su correspondencia con el<em> noumena</em> de un objeto, sino con su coincidencia est&eacute;tica con un estado del alma y su capacidad para inspirar el ser del hombre con el <em>certum</em> (certeza).[62]&nbsp; Puede argumentarse que las revelaciones m&iacute;ticas inscritas en el <em>Voluspa</em> o en el&nbsp;<em>Tain Bo Cuailnge</em> son tan poderosas como las verdades del Origen de las Especies o la <em>Principia Mathematica</em>.&nbsp; El mito, como postulado existencialista e "hijo de la imaginaci&oacute;n", aprehende esas certezas que la tradici&oacute;n acepta como ciertas. Esto es lo que justifica la existencia para de Benoist. [63]<br /> <br /> As&iacute; mismo, los principios elaborados en los relatos m&iacute;ticos de los or&iacute;genes <strong>generan los principios incuestionables que legitiman la vocaci&oacute;n hist&oacute;rica de un pueblo</strong>.[64] <strong>Sus certezas son convocadas siempre que un pueblo intente recrear su mundo y a si mismo</strong>. <strong>Si no hay mito que preserve la verdad particular de su ser original&nbsp;</strong> (la verdad particular - o ilusi&oacute;n -&nbsp; que supera el caos del mundo y crea los valores que sostienen su voluntad de poder) <strong>no puede haber una re-creaci&oacute;n. Y si no hay re-creaci&oacute;n, no puede haber destino, y tampoco pueblo alguno</strong>.[65] En otras palabras, <strong>el mito orienta a un pueblo en la regeneraci&oacute;n de su mundo mediante la afirmaci&oacute;n de su principio original. </strong>Sin el mito, "toda cultura pierde el saludable poder natural de su creatividad," porque unicamente la fuerza creativa y ejemplarizante del mito es lo &uacute;nico que puede impulsar a un pueblo a forjar sus valores comunes en un destino que presiona "en sus experiencias la estampa de lo eterno." [66] El tiempo m&iacute;tico es reversible porque los or&iacute;genes que describe son repetidos en cada acto de renovaci&oacute;n.[67] Sin embargo,<strong> el mito</strong>, en resumen, que no conoce una verdad inmutable, <strong>sirve como una fuente de significado y certezas en un mundo cada vez mas incierto y sin significado</strong>.[68]<br /> <br /> <strong>Nietzsche</strong> fue el primer gran pensador ligado al proyecto histor&iacute;ologico del GRECE, porque su rechazo de la tradici&oacute;n metaf&iacute;sica occidental y su abrazo de los viejos mitos griegos para contrarrestar el racionalismo de los "dial&eacute;cticos" (socr&aacute;ticos, cristianos o modernistas) anticip&oacute; muchas de las ideas de los grecistas. Mas importante, en su invitaci&oacute;n a "ser buenos europeos,"[69] su obra filos&oacute;fica se empapa en los aspectos historiologicos pertinentes a los problemas de la renovaci&oacute;n cultural y de la fatiga hist&oacute;rica. De esto ha emergido no solo la mas profunda y la menos entendida de sus ideas -- el pensamiento del Eterno Retorno -- sino tambi&eacute;n la inspiraci&oacute;n para la confrontaci&oacute;n de los grecistas contra las limitaciones y determinismos del proyecto cristiano/modernista.<br /> <br /> El Eterno Retorno, a diferencia de las interpretaciones usuales, no implica una repetici&oacute;n literal del pasado. Es un principio axiol&oacute;gico, no cosmol&oacute;gico, que representa la voluntad de metamorfosis en un mundo que esta inscrito en metamorfosis sin fin. De hecho, es un principio de devenir del ser que no conoce ni comienzo ni final, sino solo el proceso de la vida que retorna a si misma. As&iacute;, el Eterno Retorno afirma "la voluntad de poder" (caracter&iacute;stica del esp&iacute;ritu m&iacute;tico del paganismo Indoeuropeo) y no la negaci&oacute;n, sublimaci&oacute;n de los dial&eacute;cticos que se sostienen en un logos con un objetivo y una verdad fuera de este mundo. Nietzsche exalta los principios ascendentes de la vida y las viejas virtudes nobles que intentan forjar esos instintos en una cultura heroicamente subjetiva frente a la fijaci&oacute;n de los dial&eacute;cticos en la raz&oacute;n y la auto-preservaci&oacute;n. Los griegos de Homero est&aacute;n muertos y han desaparecido. Sin embargo, Nietzsche pens&oacute; que el esp&iacute;ritu &eacute;pico podr&iacute;a ser despertado, al regresar, y que podr&iacute;a ser logrado algo tan creativo con la condici&oacute;n de que "el reloj de arena eterno de la existencia sea retrocedido", "abriendo" as&iacute; el futuro al pasado.[70] Argument&oacute; que <strong>la vida no es una esencia predeterminada y ahist&oacute;rica con un telos (prop&oacute;sito) inscrito e imborrable. Ella es construida como el Ser&nbsp;y esta construcci&oacute;n lleva impl&iacute;cita una voluntad de poder particular.</strong> El Eterno Retorno representa la afirmaci&oacute;n del ser original del Hombre, la afirmaci&oacute;n de su diferencia respecto a los otros, y la anticipaci&oacute;n de su futuro en su infinito repertorio de acciones ejemplares pasadas. En ese sentido, ese pasado que retorna funciona como un "pensamiento selectivo"&nbsp;que pone el surtido interminable de experiencias memorables al servicio de la vida. El hombre s&oacute;lo tiene que mirar un futuro similar a alguna faceta selecta del pasado para comenzar su realizaci&oacute;n.[71] <strong>Entonces, el pasado no puede existir como un punto moment&aacute;neo en una l&iacute;nea, como una duraci&oacute;n mensurable en un reloj mec&aacute;nico del tiempo, comprendido simplemente como una sucesi&oacute;n avanzada de "ahoras" consecutivos</strong>. M&aacute;s bien, se repite como un diferencial "geneal&oacute;gico" cuyo origen influencia su afirmaci&oacute;n voluntarista y se hace recuperable para futuras re-promulgaciones que intenten continuar la aventura de la vida.[72] En el mundo, el pasado nunca termina. Regresa con cada afirmaci&oacute;n sucesiva de la voluntad, en cada ejercicio consciente de la memoria, en cada instante cuando la memoria y la voluntad se hacen intercambiables. Esto le hace reversible, repetible y recuperable. <br /> <br /> Es m&aacute;s, el pasado del Eterno Retorno de Nietzsche es de un todo con otras temporalidades. En el presente, esas temporalidades se encuentran. Como consecuencia, el sentido humano del tiempo agrupa una infinidad de temporalidades, en tanto que el pasado, el presente, y el futuro convergen en cada momento que pasa. Y como esta infinidad no es sino una pieza, que contiene todas las dimensiones del tiempo, as&iacute; como tambi&eacute;n todos los actos del hombre, afirmados en su integridad "siempre que afirmemos un solo momento de ello", <strong>los actos presentes son una intersecci&oacute;n, no una divisi&oacute;n, entre el pasado y futuro</strong>.[73] En funci&oacute;n de esta totalidad policromatica, la voluntad del hombre accede a la infinidad del tiempo, donde <strong>no hay un final prescrito</strong>. Para Nietzsche, toda teleolog&iacute;a o finalismo hist&oacute;rico es un derivado del nihilismo cristiano y modernista, una consecuencia de su com&uacute;n indiferencia al juego temporal de la vida. <strong>El hombre</strong> <strong>es el &uacute;nico que moldea su propio futuro</strong> (no alguna fuerza externa supra-humana llamada "Dios", "Progreso", o las leyes del Materialismo Hist&oacute;rico)&nbsp; cuando su voluntad es confrontada, lo que le hace participar en la eterna repetici&oacute;n de su afirmaci&oacute;n original e imponer el orden en el caos subyacente del mundo.[74] El Eterno Retorno de Nietzsche testifica la integridad del momento presente en el mismo esp&iacute;ritu de los antiguos helenos que trataron la transitoriedad de vida como la coyuntura de lo actual y lo eterno, de los hombres y los dioses. [75] <br /> <br /> La ruptura de Nietzsche con la temporalidad lineal, adem&aacute;s de afirmar la acci&oacute;n de la voluntad, introduce la idea de que el Hombre siempre tiene la opci&oacute;n de vivir el pensamiento del Eterno Retorno. As&iacute; como cada pasado fue alguna vez una prefiguraci&oacute;n de un futuro, <strong>cada futuro nace de una anticipaci&oacute;n pasada, <u>que puede ser anticipada de nuevo</u></strong>. En tanto que decretado teleol&oacute;gicamente "lo imposible no es posible". [76] De hecho, la voluntad de la vida se manifiesta&nbsp;intentando superar lo que se resiste. Solo la creencia en la unidad subyacente y en un prop&oacute;sito "inherente" de la "creaci&oacute;n" o el logos, subordina al hombre a unas propiedades escatol&oacute;gicas adscritas al tiempo por terceros. El Superhombre nietzscheano, la ant&iacute;tesis del hombre moderno,&nbsp;bebe de la memoria m&aacute;s larga, no porque lleve en s&iacute; la sabidur&iacute;a acumulada del pasado, sino porque&nbsp; rechaza el cansancio de aqu&eacute;llos sometidos a un proposito inherente imaginado y en cambio, &eacute;l impone su voluntad, como una afirmaci&oacute;n del ser original, por encima de las vacilaciones del tiempo.[77] No obstante, esta validaci&oacute;n de las afirmaciones antiguas que identifica al ser con el devenir del ser, <strong>no debe ser entendida</strong> como que el esp&iacute;ritu geneal&oacute;gico de los or&iacute;genes m&iacute;ticos (el esp&iacute;ritu de un mundo eternamente abierto y sin prop&oacute;sito sujeto solamente a la fuerza activa de la voluntad) <strong>da al hombre la libertad de hacer siempre lo que desee</strong>. Mas bien, <strong>&eacute;l se enfrenta a los limites puestos por las condiciones de su &eacute;poca, as&iacute; como tambi&eacute;n por su naturaleza</strong>. <strong>Nietzsche reconoce totalmente las limitaciones inevitables de las estructuras, fuerzas sistem&aacute;ticas</strong>, o de lo que Comte llamaba "la est&aacute;tica social." <strong>Sin embargo, dentro de esos limites, todo lo que es posible es posible, porque las actividades del hombre siempre est&aacute;n abiertas a las posibilidades inherentes en el momento, siempre que estas posibilidades sean apropiadas seg&uacute;n sus propias determinaciones: es decir, siempre que el hombre se comprometa en la lucha incesante que es la vida</strong>. Nietzsche argumenta que "la necesidad no es un hecho, sino una interpretaci&oacute;n". [78] Porque el Hombre "eval&uacute;a" las fuerzas que le afectan, entonces lo que &uacute;ltimamente condiciona su actividad hist&oacute;rica es menos lo que act&uacute;a en &eacute;l desde afuera ("objetividad") que lo que emana de adentro (la voluntad). La naturaleza, la historia y el mundo podr&iacute;an afectar la forma en que &eacute;l vive, pero no como una "necesidad mec&aacute;nica."<br /> <br /> <strong>El concepto nietzscheano de la historia no es una recapitulaci&oacute;n del concepto c&iacute;clico tradicional</strong> debido a su rechazo de los determinismos inmanentes y transcendentes. Seg&uacute;n Eliade, el pensamiento del Eterno Retorno encontrado en las sociedades arcaicas implica una repetici&oacute;n sin fin del tiempo, es decir, otro tipo de "l&iacute;nea" (un circulo) o prop&oacute;sito inherente en la historia.[79] Al contrario, Nietzsche evita la repetici&oacute;n autom&aacute;tica del tiempo describiendo al Eterno Retorno en t&eacute;rminos diferentes a aquellos c&iacute;clicos o lineales. La eternidad del pasado y la eternidad del futuro hacen necesaria la eternidad del presente, y la eternidad del presente no puede sino significar que sin importar lo que haya ocurrido o ocurra siempre &eacute;l est&aacute; a mano en el pensamiento, listo para ser repotenciado. [80] El pasado del Eterno Retorno es nost&aacute;lgico, no por el pasado, sino por el futuro.<br /> <br /> El concepto nietzscheano del tiempo hist&oacute;rico es esf&eacute;rico para los grecistas. En "el mediod&iacute;a que se repite eternamente" en el tiempo, las diferentes dimensiones temporales de la mente del hombre forman una "esfera" en la cual los pensamientos del pasado, presente y futuro se revuelven, tomando un nuevo significado porque cada uno de sus momentos se convierten en centros relacionados con los otros. Dentro de esta esfera policronomica, <strong>el pasado no ocurre una vez y entonces se aleja de nosotros, ni el futuro se rige seg&uacute;n determinantes situados a lo largo de una l&iacute;nea secuencial de desarrollo</strong>. M&aacute;s bien, <strong>el pasado, presente, y el futuro influencian cada momento</strong>, nunca son definitivamente reemplazados, nunca son superados enteramente.[82] &nbsp; Siempre que el presente bipolar altere su visi&oacute;n de estas temporalidades, su visi&oacute;n del pasado y el futuro simult&aacute;neamente cambia. La forma en que estemos situados en el presente determina c&oacute;mo todo se repite. [84] Y porque cada pasado ejemplar fue alguna vez la preconfiguraci&oacute;n de un futuro deseado, esas diferentes temporalidades tienen el potencial de llegar a una nueva alineaci&oacute;n, cuando fluyan fenomenologicamente entre si. <strong>Siendo recuperado de la memoria y anticipado por la voluntad, el pasado, como el futuro, estar&aacute; siempre a la mano, listo para ser realizado una vez mas</strong>.[85] Cuando esto sucede, y un pasado particular es "redimido" del flujo heracliteano para formar un futuro particular, lo "que fue" se convierte en "algo que yo legu&eacute;". [86] <strong>En este sentido, el tiempo funciona como una esfera que rueda hacia el futuro particular anticipado por nuestra imagen del pasado</strong>.[87] La existencia, por consiguiente, "comienza en cada instante,&nbsp; la esfera rueda All&iacute; alrededor de cada Aqu&iacute;. El medio [es decir, el presente]&nbsp;est&aacute; en todas partes.&nbsp; El camino hacia la eternidad es corvo." [88]&nbsp; Es m&aacute;s, <strong>este retorno es m&aacute;s que una mera repetici&oacute;n, porque la re-promulgaci&oacute;n de una configuraci&oacute;n arcaica invariablemente es transfigurada por su nuevo contexto.</strong> Igualmente, la oposici&oacute;n convencional entre el pasado y el futuro es superada porque el pasado deviene en un heraldo del futuro y el futuro en una repetici&oacute;n del pasado. <br /> <br /> Cuando el hombre del Eterno Retorno, que rechaza el resentimiento y la mala consciencia de los te&oacute;logos, se sit&uacute;a totalmente en su momento, Nietzsche aconseja: "Conviertet&eacute; en lo que eres! Va mas all&aacute; de la <em>aufhebung</em> marxista-hegeliana, el progreso liberal, o de la salvaci&oacute;n cristiana, invitando a la afirmaci&oacute;n heroica que libera al Hombre del agotamiento nihilista o determinista del presente y le imbuye con la confianza arcaica para formar un futuro mas acorde con sus instintos mas altos y afirmativos de la vida.<strong> Convertirse en lo que uno es implica tanto <u>un retorno como una superaci&oacute;n</u>. Retorno a las ense&ntilde;anzas de la memoria mas larga ("cuyo horizonte incluye miles de a&ntilde;os pasados y futuros") y la transformaci&oacute;n del esp&iacute;ritu de esos actos fundacionales que marcaron el triunfo de sus ancestros frente al caos del mundo</strong>; al mismo tiempo, esta memoria que moldea su sentido de la historia ayuda a superar el resentimiento que disipa su voluntad y la mala consciencia que le deja a merced del flujo aleatorio del devenir. En el proceso, la voluntad de poder impl&iacute;cita en el Eterno Retorno le compele a confrontar lo que el cree que es lo esencial y lo eterno en la vida, impartiendo, a su vez, parte de lo esencial y lo eterno a la "incertidumbre maravillosa" de su propia existencia finita, cuando se va mas all&aacute; de si mismo imitando a los dioses. En esa forma, la construcci&oacute;n voluntarista define el car&aacute;cter de su ser, como el retorno a lo esencial y lo eterno reafirma tanto sus or&iacute;genes y los valores (el modo de existencia) que &eacute;l propone para su futuro. Desde que tal disposici&oacute;n esta enmarcada en el contexto geneal&oacute;gico de un origen primordial, el Eterno Retorno no conlleva a una duraci&oacute;n atomizada, discontinua, en que el devenir del ser es separado del ser, sino una coherencia que une el destino individual y el destino colectivo en una creatividad superior -- a&uacute;n cuando esta "coherencia" es establecida como premisa bajo la creencia de que el mundo no tiene un significado o prop&oacute;sito inherente. Basado en una apropiaci&oacute;n selecta del pasado que sirve como un principio valorativo, cada acto individual se vuelve inseparable de su mundo hist&oacute;rico, porque el mundo hist&oacute;rico, producto de m&uacute;ltiples valoraciones individuales, llega a saturar cada acto individual. "Cada gran ser humano", escribe Nietzsche, "ejerce una fuerza retroactiva: por su bien toda la historia es puesta de nuevo en equilibrio." (89) Siempre que, entonces, el pensamiento de Retorno Eterno coloque al pasado y al futuro en equilibrio, y el presente proyecte su luz en ellos, se restablece "la inocencia del devenir del ser" que permite al hombre activo, heredar las ense&ntilde;anzas del pasado y decidir su propio destino -- a diferencia del hombre que denigra la vida en beneficio de un objetivo mec&aacute;nico o teleol&oacute;gico, que olvida su pasado y espera su futuro pasivamente como si el destino del mundo estuviese ya escrito. [90]<br /> <br /> El ultimo y mas importante componente de la filosof&iacute;a de la Historia del GRECE viene de Heidegger, cuyo pensamiento anti-moderno comenz&oacute; a influenciar su proyecto metapol&iacute;tico, y a suplantar aquel de Nietzsche a principios de los a&ntilde;os 80. [91] Como el autor de Zarathustra, Heidegger rechaza la metaf&iacute;sica cristiana/modernista y considera al Hombre y a la Historia, al ser y al devenir, como inseparables e incompletos. El pasado se ha ido y no regresara, pero su significado no es abandonado o mantenido permanentemente.&nbsp; M&aacute;s all&aacute;, cuando es experimentado como historicidad aut&eacute;ntica, "es algo diferente a lo que es el pasado. "Es algo a lo que yo puedo volver una y otra vez."[92] As&iacute;, mientras el pasado pertenece "irremediablemente a un tiempo anterior," a&uacute;n podr&iacute;a existir en la forma de una herencia o una identidad que es capaz de "determinar &#39;un futuro&#39; en el presente."[93] En ese esp&iacute;ritu Heidegger declara que "la esencia original del ser es el tiempo."[94] <br /> <br /> A diferencia de otras especies de la vida sensible, <strong>el</strong> <strong>Hombre heideggeriano no tiene una esencia predeterminada: solo &eacute;l es responsable de su ser y de su potencialidad</strong>. De hecho, &eacute;l es ese ser cuyo "ser es un desaf&iacute;o", porque su existencia no esta nunca fijada o completa, sino abierta y transitoria.[95] &Eacute;l solo gobierna su vida y es, ipso facto, en lo que se convierte. El hombre es impulsado a "hacer algo de si mismo," y esto trae consigo que &eacute;l "cuide" de su Dasein. Como ser-en-el-mundo, es decir, como algo especifico e inseparable de un contexto hist&oacute;rico-cultural, el Dasein ("ser-ah&iacute;") humano es experimentado como una posibilidad continua (mas interna que contingente) que se proyecta hacia un futuro que "a&uacute;n no es actual." La posibilidad que el hombre busca en el mundo en el que &eacute;l esta enmarcado esta condicionada por condiciones temporales, porque el tiempo no es solo el horizonte abierto en el que &eacute;l esta enmarcado, sino tambi&eacute;n es el campo donde &eacute;l se auto-realiza. Porque el tiempo "dibuja todo en su movimiento," la posibilidad que el hombre busca en el futuro (su proyecto) est&aacute; condicionada por el presente en que &eacute;l esta situado y el pasado que afecta su sentido de posibilidad. La proyecci&oacute;n del Dasein no puede, entonces, sino volverse "hacia s&iacute; misma de tal manera que regresa," anticipando su posibilidad como algo que "ha sido" y a&uacute;n esta presente a mano. [96] Las tres dimensiones temporales de la consciencia del hombre, por consiguiente, se eligen siempre que es perseguido un potencial latente o una posibilidad. [97] El nacimiento y la muerte, con todo lo intermedio,&nbsp; influencian todos sus momentos, porque el Dasein igualmente posee y temporaliza <strong>el pasado, el presente y el futuro,</strong> <strong>que no son concebidos como segmentos separados en una l&iacute;nea ascendente, sino <u>como dimensiones simultaneas de la existencia</u>.</strong> [98] Y el pensamiento ocurre en "el tiempo", la experiencia del tiempo del Dasein -- temporalidad -- es incomparable con el tiempo del reloj o del calendario ordinario, que se mueve progresivamente del pasado al presente y al futuro, como un flujo de "ahoras" que llegan y desaparecen. En cambio, su temporalidad procede del futuro anticipado (cuya ultima posibilidad es la muerte) por medio de un retorno a la herencia del pasado, al presente vivido. As&iacute;, el tiempo del Dasein no es durativo, en el sentido cuantitativo de la ciencia natural o del "sentido com&uacute;n", sino existencial, es decir, experimentado est&aacute;ticamente en tanto que el pensamiento presente de un futuro anticipado es "recolectado" y se le da significado seg&uacute;n las referencias al pasado. &nbsp;&nbsp; <br /> <br /> Porque lo "que ha sido, lo que esta a punto de ser, y el presente" (la uni&oacute;n "est&aacute;tica de la temporalidad") est&aacute;n relacionados unos con otros en cada momento consciente e influencian la forma en la que el hombre vive su vida, el Dasein est&aacute; necesariamente influido con lo hist&oacute;rico. La "historia", sin embargo, no deber&iacute;a ser confundida con la suma de las actualidades moment&aacute;neas que los historiadores agrupan en narrativas, sino m&aacute;s bien, es "un actuar y un ser actuado bajo el que pasa el presente, qu&eacute; est&aacute; determinado fuera del futuro, y qu&eacute; retoma el pasado".[99] Cuando el hombre escoge una posibilidad, &eacute;l hace al presente lo qu&eacute; &eacute;l habr&aacute; transformado en una apropiaci&oacute;n de lo que &eacute;l ha sido. [100] Esta decisi&oacute;n no tiene nada de arbitraria, sino que viene del proceso que le permite abrirse y "pertenecer a la verdad del ser," porque esa verdad esta manifestada en su unidad est&aacute;tica. Por la misma raz&oacute;n, esta decisi&oacute;n no implica que el pasado triunfa sobre el presente y el futuro, porque eso es hecho para liberar al pensamiento -- y a la vida -- de la inercia de lo que ya ha sido pensado y vivido.<br /> <br /> El proyecto del Hombre tiene poco que ver con factores causales que act&uacute;an en su existencia desde "fuera" (lo que en la historia convencional, que Heidegger llama Historie,[101] es el registro puramente factual o "cient&iacute;fico" de los eventos pasados) y mucho con la compleja consciencia est&aacute;tica que forma su punto de vista de la posibilidad (es decir, con la base ontol&oacute;gica de la temporalidad humana, <em>Geschichte</em>, que hace pasar al Dasein por el pasado, el presente y el futuro, porque el Dasein "esta constituido a priori). Porque esta consciencia est&aacute;tica le permite al hombre anticipar y autentificar su futuro, el Dasein permanece constantemente en juego, nunca helado en un mundo externo de esencias o ligado a la linearidad de las relaciones subjeto-objeto. Los eventos que le sit&uacute;an hist&oacute;ricamente no suceden "solo una vez por todas ni son algo universal", sino que representan posibilidades pasadas que son potencialmente recuperables para proyectos futuros. La noci&oacute;n de un pasado irrecuperable no tiene sentido para Heidegger, porque el pasado siempre esta a la mano. Su pensamiento y la realidad est&aacute;n irreparablemente relacionados: su significado es parte del hombre, parte del mundo y cambia como su proyecto y su perspectiva cambian. El pasado entonces, no es visto de la misma manera en la que un cient&iacute;fico observa sus datos. No es algo independiente de la creencia o la perspectiva que tengamos. Mas bien, su significado (e incluso su descripci&oacute;n "factual") esta mediado y sufre una revisi&oacute;n incesante en tanto que el hombre la viva y refleje en su condici&oacute;n vivida.[102] Esto enmarca la comprensi&oacute;n de la historia en t&eacute;rminos existenciales, con los "hechos" de los eventos pasados que solo se hacen significativos en el grado en que pertenezcan a su "historia", es decir, cuando el "ha sido" a&uacute;n "es" y "puede ser". En el lenguaje de Heidegger, la proyecci&oacute;n es pensada en ausencia de un tir&oacute;n hacia delante. Mientras que esa comprensi&oacute;n anti-sustancialista de la historia tiende a parecer ficticia a aquellos que la ven desde fuera "objetivamente", sin participar en las posibilidades que ella abre, Heidegger argumenta que toda la historia es "experimentada" en esta forma porque&nbsp; <strong>"lo que ha sido" es significativo solo en el grado en que pueda ser recuperable en el futuro</strong>. Como corolario, en tanto que la promesa del pasado permanezca algo que a&uacute;n vive, que a&uacute;n debe llegar, y no un aspecto desinteresado y apriori de algo que ya no esta presente. Ni es un mero prologo, ni una piedra m&oacute;vil que lidera la historia a un futuro m&aacute;s racional, sino algo con lo que podemos identificarnos si queremos resolver los desaf&iacute;os abiertos por nuestro proyecto, <strong>porque solo el conocimiento de lo que hemos sido nos permite ser lo que somos. </strong><br /> <br /> Como Nietzsche, Heidegger cre&iacute;a que siempre que el Dasein "se dirija al pasado", lo "no actual" abre las posibilidades inagotables de lo que "ha sido" y de lo que "puede ser." &Eacute;l tambi&eacute;n sigue a Nietzsche pensando que los impulsos regeneradores del tiempo m&iacute;tico son inherentes a la historia. En esa enfatizaci&oacute;n de la temporalidad inherente del Hombre, Heidegger y Nietzsche rechazan el universalismo abstracto de las concepciones mec&aacute;nicas y teleol&oacute;gicas del devenir (convenientes solo para medir la materia en movimiento o la progresi&oacute;n del Esp&iacute;ritu hacia el Absoluto),&nbsp; as&iacute; como las que despiden nociones descontextualizadas del Ser (ya sea en la forma de "alma" cristiana, <em>ego cogito</em> cartesiano, el "Hombre" de Marx, o del "individuo desencarnado" de Rawls). Sin embargo, Heidegger difiere de Nietzsche porque hace del Ser la clave de la temporalidad, y no a la voluntad. &Eacute;l penso que Nietzsche nunca rechaz&oacute; completamente la tradici&oacute;n metaf&iacute;sica a la que &eacute;l se opuso ni vio m&aacute;s all&aacute; de los seres al Ser.[103] Mientras que neg&oacute; la fe moderna en el progreso y la superaci&oacute;n perpetua (el <em>Aufhebung</em> que no s&oacute;lo implica transcendencia, sino un abandono), la voluntad de poder de Nietzsche perpetua el impulso trascendentalista de la modernidad postulando una subjetividad que no es "renombrada" por el Ser. Como posible correctivo a este error, Heidegger privilegio las nociones de <em>Andenken</em> (la recolecci&oacute;n que recupera y renueva la tradici&oacute;n) y <em>Verwendung</em> (qu&eacute; es un camino m&aacute;s all&aacute; de eso, al contrario de la <em>Aufhebung</em>, tambi&eacute;n es una aceptaci&oacute;n y un ahondamiento) -- nociones que implican no solo <strong>la inseparabilidad del ser y el devenir</strong>, sino tambi&eacute;n el papel del devenir en el desarrollo,&nbsp; mas que en la trascendencia del ser. [104]<br /> <br /> A pesar de esas diferencias, los objetivos anti-metaf&iacute;sicos y anti-modernos que Nietzsche y Heidegger compartieron les hizo a ambos aliados apropiados del proyecto filos&oacute;fico del GRECE. Esto es especialmente evidente en la importancia que ellos le atribuyen al devenir y a los or&iacute;genes. Por ejemplo, Heidegger argumenta que cuando el ser es separado del devenir y deprivado de temporalidad, como en el logos cristiano/modernista, el ser (en este caso, el ser abstracto, y no el ser-en-el-mundo) es identificado con el presente y sujeto a los determinismos que gobiernan a los objectos inorg&aacute;nicos de la f&iacute;sica Newtoniana.[105] Esta negaci&oacute;n impl&iacute;cita de la temporalidad est&aacute;tica causa que la tradici&oacute;n filos&oacute;fica dominante "olvide" que <strong>el ser existe en el tiempo, as&iacute; como en el espacio, y que no es una esencia determinada por Dios o las leyes de la naturaleza</strong>.[106] Al repensar el ser seg&uacute;n la temporalidad humana y restaur&aacute;ndolo al devenir, Heidegger, como Nietzsche, hace <strong>al tiempo el horizonte de la existencia</strong>, liberando as&iacute; lo existencial de las propiedades inorg&aacute;nicas del espacio y la materia.&nbsp; Es m&aacute;s, en tanto que es inseparable del devenir, y como el devenir ocurre en el mundo-con-los-otros,<strong> el ser esta necesariamente situado en un "contexto de significado" saturado de historia y tradici&oacute;n</strong>.&nbsp; Cuando el hombre sigue su proyecto seg&uacute;n las preocupaciones mundanas presentes, los varios modos existenciales de esas preocupaciones, as&iacute; como tambi&eacute;n el "mundo", son informados por las interpretaciones que provienen de una historia de la interpretaci&oacute;n.&nbsp; As&iacute; como "cada &eacute;poca debe escribir de nuevo su propia historia" (R. G. Collingwood), cada Hombre es impulsado a comprometer su existencia seg&uacute;n lo que le ha sido legado -- seg&uacute;n la totalidad de significado y prop&oacute;sito que define su mundo.[107] Su proyecto dirigido-al futuro solo es concebible seg&uacute;n el mundo en el que &eacute;l est&aacute; enmarcado. El hombre, por consiguiente, hace su historia, pero la hace como un "portador de significado", cuyas convicciones, creencias, y representaciones han sido dadas por el pasado. [108] Esta matriz llena-de-significado constituye el "all&iacute;/aqu&iacute;" [da] en el Dasein, sin el cual el ser (<em>qua</em> ser-en-el-mundo) es inconcebible.[109] Y porque no puede haber un Sein sin un <em>da</em>, es decir, ninguna existencia sin un marco especial de significado y prop&oacute;sito, el Hombre, en su propia naturaleza del ser, es inseparable de esta matriz que "hace posible lo que ha sido proyectado."[110] El ser es, de hecho, inherente solo en "el nombramiento de la profundizaci&oacute;n del all&iacute;/aqu&iacute;." [111]<br /> <br /> Frente al Dasein inautentico que "se temporaliza en el modo de un hacer del presente que no espera sino que olvida," aceptando lo que usualmente es tomado como los imperativos del ser (pero el que, situado como si estuviera en "el tiempo del ahora," es usualmente una transmisi&oacute;n corrupta o esclerotica que confunde la propia absorci&oacute;n en el presente con las or&iacute;genes primordiales de la vida), el Dasein autentico "draga" su herencia con el objetivo de<strong> "recordar" o recuperar la verdad de la posibilidad primordial y "hacerla nuestra productivamente."</strong>[112] Mientras que es retomado el potencial de esta "inagotable primavera del origen", el hombre se convierte en "lo que es" de forma m&aacute;s profunda.[113] En este sentido, la historicidad autentica "entiende la historia como la "repetici&oacute;n" de lo posible." [114] Aqu&iacute;, lo "posible" es lo "que no pasa," lo que permanece, lo que dura, lo que esta profundamente enraizado en uno mismo, en nuestro pueblo, en nuestro mundo; es la herencia del significado hist&oacute;rico que preserva lo que ha sido dado al inicio y que ser&aacute; cierto en el futuro.[115] "Yo s&eacute;," dijo Heidegger en 1966, "que todo lo esencial y todo lo grandioso se origino por el hecho de que el hombre.. estaba enraizado en una tradici&oacute;n." [116] Frente a eso, el hombre desarraigado y destemporalizado del pensamiento moderno esta privado no solo de los medios para superar su ser actualmente empobrecido, porque al ser un yo aislado, &eacute;l no tiene acceso a la fuerza creativa de su ser original y la "grandeza" -- la verdad --&nbsp; que&nbsp; pronostica. Cuando el Hombre Heideggeriano es "grande" y crece en las posibilidades latentes en su existencia, retorna invariablemente a su fuente aut&oacute;ctona, reasumiendo que hay una herencia que no debe ser confundida con los aspectos causales de su condici&oacute;n, sino con un ser cuya autenticidad es manifiesta en su devenir. "El ser proclama el destino y por ende, el control de la tradici&oacute;n."[117] Aqu&iacute; una vez m&aacute;s, Heidegger, coincide con Nietzsche, relacionando la existencia del hombre con el "esencial oscilar de significado" que ocurre de forma aborigen, cuando sus antepasados crearon las posibilidades que permanecen abiertas para ser realizadas por &eacute;l. De la presencia de este ser original, enmarcado en la tradici&oacute;n que constituye su verdad, el hombre esta sostenido y autentificado existencialmente, como cuando&nbsp;un &aacute;rbol crece cuando est&aacute; arraigado en su tierra nativa. [118]<br /> <br /> Aunque la apropiaci&oacute;n consciente de los or&iacute;genes no resuelve los problemas propuestos por la condici&oacute;n humana, si libera al hombre de las fijaciones presentes con lo inautentico, y le recuerda las posibilidades inherentes en su existencia. [119] El "origen primordial" tambi&eacute;n trae otros or&iacute;genes en juego, porque es el campo de todas las relaciones subsecuentes. [120] Sin una "reconquista" del principio original del Dasein (imposible en la concepci&oacute;n lineal de la historia, con sus progresiones irreversibles, desarraigantes y negadoras del pasado), no puede haber otro comienzo: <strong>solo reapropiandose de una herencia, cuyo comienzo ya es una realizaci&oacute;n, el hombre regresa a si mismo, logra la autenticidad, y se inscribe en el mundo de su tiempo</strong>. De hecho, solo de la posibilidad intr&iacute;nseca de su g&eacute;nesis originario, nunca de las abstracciones vac&iacute;as postuladas por la raz&oacute;n universal que transcienden la historicidad, &eacute;l aprende las tareas finitas, hist&oacute;ricamente situadas "demandadas" de &eacute;l y se abre a las posibilidades de su mundo. Consecuentemente el origen esta frente a &eacute;l, nunca detr&aacute;s, porque la revelaci&oacute;n inicial del ser es anticipada en cada nuevo comienzo, como cada nuevo comienzo utiliza su origen, accediendo a lo que ha sido preservado para la posteridad y redescubriendo las posibilidades superiores del ser. Porque la "verdad del ser" fundada en los or&iacute;genes informa el proyecto del Dasein y causa que "regrese a si mismo," hace que lo que es anterior invariablemente prefigure lo posterior. En este sentido, <strong>el pasado es el futuro. La historia no funciona como una progresi&oacute;n del comienzo a fin, sino, al contrario, como un retorno al origen, a las bases, donde la esencia del ser permanece&nbsp;m&aacute;s madura. Esto hace a los or&iacute;genes muy importantes. No son nunca meros antecedentes o causa prima, como la l&oacute;gica inorg&aacute;nica de la modernidad sostiene, sino "lo de lo que y por lo que algo es lo que es y es como es ..... [Ellos son] la fuente de su esencia" </strong>[es decir, su particularidad mas profunda] y la forma en la que la verdad" llega al ser... [y] est&eacute; se hace hist&oacute;rico. [121] Como de Benoist ha manifestado, lo "original" (al contrario de la novedad de la modernidad) no es lo que viene una sola vez, sino lo que viene y es repetido cada vez que el ser se despliega en su autenticidad.[122] En este sentido, los or&iacute;genes representan la unidad primordial de la existencia y la esencia afirmada en el mito. Y porque los or&iacute;genes, como ser "renombrado", denotan posibilidad, y el ambiente puramente "factual" o "moment&aacute;neo" no afecta su marco, el Dasein logra la constancia propia (autenticidad) siempre que este proyectado desde la base de su herencia original, porque el Dasein "se acerca a si mismo" solo cuando anticipa su fin como una extensi&oacute;n de su principio primordial.[123] As&iacute;, el origen designa la identidad y el destino, no la causaci&oacute;n (el "en qu&eacute;", no el "de donde"). El mundo hist&oacute;rico-espiritual en el que el Dasein se origina persiste a lo largo de la vida, preservando lo que "ha sido" y proporcionado la base de lo que "continua siendo," porque los or&iacute;genes no est&aacute;n "por fuera", sino que son parte de nosotros y de quienes somos. Porque los or&iacute;genes constituyen el campo de la existencia autentica, "introduciendo en el presente lo que siempre es esencial," lo que "ser&aacute;" una vez mas lo que "ha sido." [124] Esta confrontaci&oacute;n con "el origen de nuestro ser," como de Benoist reitera, es un requisito para "otras aventuras hist&oacute;ricas mas originales." [125] &nbsp; <br /> <br /> El reposo original del ser que salva al hombre del "bullicio de los meros eventos y maquinaciones" no es, sin embargo, &nbsp; accesible f&aacute;cilmente. Regresar al Dasein a su campo y "recapturar el origen de la existencia hist&oacute;rico-espiritual con el objetivo de transformarla en una nueva aventura historica" solo es posible por medio de "una acci&oacute;n anticipadora" que se rebele contra las rutinas est&uacute;pidas del presente. [126] Tal compromiso (y aqu&iacute; la oposici&oacute;n "revolucionario conservadora" de Heidegger a la tradici&oacute;n filos&oacute;fica establecida) vincula un cuestionamiento fundamental de "las libertades desarraigantes y ego&iacute;stas" que ocultan la verdad del ser ---- un cuestionamiento que extrae "su proposito de la historia mas profunda del hombre." [127] Por esta raz&oacute;n, Heidegger (como los grecistas) ve la historia como "un campo de elecci&oacute;n para h&eacute;roes," que demanda la voluntad mas fuerte y la b&uacute;squeda del riesgo mas grande, cuando el hombre, en ansiosa confrontaci&oacute;n con la herencia que le fue dada, por sus or&iacute;genes, busca realizar una posibilidad frente a una convencionalidad amn&eacute;sica u obscurantista.[128] Esta elecci&oacute;n heroica no ha de ser confundida con el subjetivismo del individualismo liberal. <strong>Una concepci&oacute;n heroica de la historia demanda la acci&oacute;n basada en lo que es verdadero y "original" en la tradici&oacute;n, no en la arbitrariedad</strong>. Similarmente, esta concepci&oacute;n no es reaccionaria, porque su apropiaci&oacute;n de los or&iacute;genes privilegia la apertura del ser mas radical.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <br /> <br /> Finalmente, esta herencia que se hace significativa cuando elige un proyecto, este alcanzar el futuro que alcanza lo pasado, valida lo que Heidegger llama el "destino." [129] El destino en esta definici&oacute;n,&nbsp; es el abrazo "reinterpretado", no la aceptaci&oacute;n fatalista de la causalidad, de la herencia de la cultura y la historia en la que el hombre esta enmarcado al nacer. Al abrazar esta herencia, es decir, tomando las circunstancias no elegidas de su comunidad y generaci&oacute;n, el hombre necesariamente se identifica con el destino colectivo de su pueblo, porque &eacute;l arraiga su Dasein en la verdad de su "factividad hist&oacute;rica mas particular." [130] Esto hace a la identidad individual <u><strong>inseparable</strong></u> de la identidad de la comunidad, como ser-en-el-mundo reconoce su ser-con-los-otros (Mitsein) y acepta su participaci&oacute;n en la existencia de su pueblo. Frente al individuo destemporalizado, desarraigado del pensamiento liberal, "liberado" de los lazos org&aacute;nicos y concebido como un fen&oacute;meno "interno" separado de un "afuera" desconocido, el Hombre Heideggeriano logra su autenticidad por medio de una apropiaci&oacute;n de los lazos multi-temporales e independientes que &eacute;l comparte con su comunidad. &Eacute;l se extiende de la inmediaci&oacute;n de su mundo, as&iacute; como tambi&eacute;n de lo que ha sido dejado a &eacute;l por sus antepasados y de lo que es legado a sus herederos. Haciendo eso, &eacute;l afirma su encarnaci&oacute;n en el tiempo y el espacio de su propia existencia destinada, junto al destino de la existencia de su pueblo. Nuestra comunidad popular (Mitsein) se convierte, entonces, "el en lo que, fuera de lo que, y por lo que la historia sucede." [131] Y porque el autentico Dasein es inevitablemente Mitsein, la existencia humana es quintaesencialmente social. La naturaleza social del Dasein tiene que poco con las convenciones irreflexivas de cada d&iacute;a, es mas bien aquello inherente en la textura del ser humano y en lo que es propio a un pueblo. Por esta raz&oacute;n, el objetivo de la posibilidad del Dasein, incluso al oponerse a las convenciones prevalentes por causa de la autenticidad individual, es necesariamente una "cohistorizacion" con una comunidad, una cohistorizacion que <strong>convierte el legado del pasado distante en la base de un futuro</strong>. [132] De hecho, la historia para Heidegger es posible solo porque el destino individual del Dasein -- su necesidad &uacute;nica -- conecta con una necesidad social-hist&oacute;rica superior que lucha contra las fuerzas perennes de la decadencia y la disoluci&oacute;n, en un pueblo busca "tomar la historia de regresar a si mismo." El destino que comparte con su pueblo es, de hecho, lo que arraiga al Dasein en la historicidad y le vincula a la herencia que le determina y que es determinada por &eacute;l. [133]<br /> <br /> &nbsp;<br /> <br /> El futuro del Pasado<br /> <br /> En el presente, coexisten el pasado y el futuro&nbsp; -- como memoria o tradici&oacute;n, anticipaci&oacute;n o proyecto. Es asunto del hombre determinar como relacionarse con esas diferentes temporalidades. Del mito pagano a los trabajos de Nietzsche y Heidegger, los grecistas proponen una filosof&iacute;a de la historia que libera a los europeos de los determinismos desculturalizantes del proyecto cristiano/modernista. Siguiendo a Guillaume Faye, esta filosof&iacute;a podr&iacute;a ser llamada "Arqueofuturismo", en tanto que propone que no puede haber un futuro sin el retorno de una pre-destinaci&oacute;n original.[134] S&iacute; los europeos retienen el esp&iacute;ritu creativo de su ser y juegan su papel hist&oacute;rico otra vez, no tienen otra alternativa que redescubrir "la esencia original de su identidad." Esto les obliga a reapropiarse su mas larga memoria y a enfrentar al futuro con la convicci&oacute;n de su linaje ancestral. Como la anammesis de Plat&oacute;n, este redescubrimiento busca liberarles de la irreversibilidad del tiempo, y hacer posible otra aventura hist&oacute;rica. S&iacute;, por otro lado, los europeos contin&uacute;an olvidando sus or&iacute;genes y rechazando "la idea europea" como su mito fundador, los arqueofuturistas temen que puedan sucumbir al "fin de la historia", donde el pasado deja de retornar y el futuro se convierte en un eterno "ahora".[135]<br /> <br /> El &eacute;nfasis del Arquefuturismo en los or&iacute;genes no debe ser entendido como que los europeos est&aacute;n determinados a repetir mecanicamente los actos fundacionales que definieron a sus antepasados, como ocurre en las "sociedades frias" (136) (es decir, esas sociedades primitivas cuyos principios sincr&oacute;nicos juegan un papel importante en el pensamiento de Levi-Strauss y otros pensadores anti-hist&oacute;ricos). <strong>En vez de perpetuar los vestigios identitarios de una antigua edad de oro, los arquefuturistas retoman solo al &iacute;mpetus original de las posibilidades y de los valores arcaicos <em><u>para crear nuevas posibilidades</u></em></strong>. De hecho, la identidad solo existe para ellos bajo un proceso de construcci&oacute;n, deconstrucci&oacute;n o reconstrucci&oacute;n. Escribe de Benoist: "Nosotros asumimos una herencia con el objetivo de continuarla o refundarla."[137]&nbsp; &Eacute;l argumenta que esto no es una justificaci&oacute;n de las condiciones presentes ni mucho menos de la nostalgia folkl&oacute;rica, sino simplemente un requisito necesario para realizar un futuro con sentido.[138] El Arqueofuturismo no es, entonces, un retorno o una repetici&oacute;n, sino el desarrollo de la identidad en la base de la historia y la cultura que donde esta situada. Frente a los promotores de las sociedades frias de Levi-Strauss, los europeos armonizaron las posibilidades fausticas de su mundo inventando, improvisando y haciendo nuevas elecciones que les permiten comenzar de nuevo -- "con toda la extra&ntilde;eza, oscuriddad e inseguridad que acompa&ntilde;a a un verdadero comienzo." [139] Por consiguiente, <strong>es el impulso regenerador de la herencia indoeuropea</strong> <strong>y no su regeneraci&oacute;n nost&aacute;lgica,</strong> <strong>lo que reconcilia al pasado y al futuro, al origen y al proyecto</strong>. [140] Los arquefuturistas sienten que los europeos solo se hacen a justicia cuando miran adelante, dandole a su herencia otra apertura al futuro. En la formula de Heidegger, "el recuerdo de [nuestro] origen no es un regreso literal al pasado, sino prontitud para lo que viene." [141] En este esp&iacute;ritu, la mas larga memoria del pasado europeo es una llamada, porque all&iacute; la posibilidad del futuro se descubre en su naturaleza primordial, y porque all&iacute; donde la causalidad cede al destino, el ser comienza de nuevo. Como enfatizan los grecistas, <strong>cada gran revoluci&oacute;n piensa su proyecto como "un retorno a los or&iacute;genes.</strong>" [142]<br /> <br /> &nbsp;<br /> <br /> Notas:<br /> <br /> 1. Zeev Sternhell es uno de los muchos te&oacute;ricos que caracterizan el rechazo de la divisi&oacute;n de derechas e izquierdas como algo inherente fascista. Ver su libro <em>Neither Right nor Left: Fascist Ideology in France</em>, trans. D. Maisel (Berkeley: University of California Press, 1986). Para una critica grecista, ver Gilbert Destrees, <em>Les Non&ndash;Conformistes des annees 30: entre doctrine et action</em> (Paris: GRECE Pamphlet, n.d.). Para una visi&oacute;n alternativa del mismo tema, ver Marc Crapez, <em>Naissance de la gauche</em> (Paris: Eds. Michalon, 1998). De los numerosos trabajos acerca de las diferentes tendencias de la Tercera v&iacute;a, el mas impresionante es el de Armin Molher, <em>Die konservative Revolution in Deutschland, 1918&ndash;1932</em>, 5th ed. (Graz: Leopold Stocker Verlag, 1999). Sobre la Tercera v&iacute;a per se, vease Arnaud Imatz, <em>Par dela droite et gauche. Permanence et &eacute;volution des ideaux et des valeurs non&ndash;conformistes</em> (Paris: Godefroy de Bouillon, 1996).&nbsp; <br /> <br /> 2. David Barney y otros., <em>La Nouvelle inquisition. Ses acteurs, ses methodes, ses victimes: Essai sur le terrorisme intellectuel et la police de la pense&eacute;</em> (Paris: Le Labyrinthe, 1993); tambi&eacute;n <em>De la police de la pense&eacute; et la nouvelle inquisition: Actes du XXXLe colloque national du GRECE</em> (Paris: GRECE, 1998). Sobre la naturaleza intolerante de la intelligentsia contemporanea, ver Reagis Debray, <em>Teachers, Writers, Celebrities: The Intellectuals of Modern France</em>, tr. by D. Macey (London: Verso, 1981); Jean Sevilla, <em>Le terrorisme intellectuel de 1945 a nos jours</em> (Paris: L&#39;Aencre, 2000); Klaus J. Groth, <em>Die Diktatur der Guten: Political Correctness</em> (Munich: Herbig, 1999).<br /> <br /> 3. Cuando fue descubierto por los medios franceses a finales de los 70 el movimiento cultural iniciado por GRECE fue llamado la "Nouvelle Droite" (Nueva Derecha). Este termino no solo es err&oacute;neo, sino que es usado en las formas mas contradictorias. Ver como ejemplo el libro de Jean&ndash;Christian Petitfils, <em>Le extreme droite en France</em> (Paris: PUF, 1983), p.119. Mientras que seria incorrecto traducir "Nouvelle Droite" como&nbsp;Nueva Derecha, porque este termino es reservado para la derecha angloamericana anti-sindical y neoliberal de las d&eacute;cadas de los 70 y 80, representada por los gobiernos de Thatcher y Reagan y las teor&iacute;as de Friedrich Hayek y Milton Friedman, no hay un termino mejor. La Nueva Derecha americana fue una tendencia neoliberal que deseaba disminuir la intervenci&oacute;n estatal en la econom&iacute;a, desmantelar el sistema keynesiano, y movilizar el apoyo popular electoral en torno a temas populistas y cristiano fundamentalistas. A diferencia, la Nouvelle Droite (es decir, el GRECE) es antiliberal y anticristiana, hostil a la derecha angloamericana, mas preocupada por la cultura que por la econom&iacute;a. El libro <em>The Ideology of the New Right </em>(Cambridge: Polity Press, 1986) de Ruth Levitas es otro ejemplo t&iacute;pico de la incapacidad de algunos para hacer esas distinciones. Para una critica grecista de la Nueva derecha angloamericana, ver Alain de Benoist, <a href="http://foster.20megsfree.com/554.htm"><em>Hayek: A Critique</em></a>, en Telos 110 (Oto&ntilde;o 1998); Alain de Benoist, <em>Le lib&eacute;ralisme contre les identit&eacute;s</em>, en <em>Aux sources de le erreur liberale</em>, ed. por B. Guillemaind y A. Guyot&ndash;Jeannin (Lausanne: Le Age d&#39;Homme, 1999); Guillaume Faye, <em>Le lib&eacute;ralisme, j&#39;a ne marche pas,</em>" en la revista <strong><em>&Eacute;lements pour la civilisation europenne</em> </strong>(luego solo Elements) 44 (Enero 1983). Sobre el proyecto del GRECE, ver Alain de Benoist y Charles Champetier, <em>The French New Right in the Year 2000</em>," en <strong>Telos</strong> 115 (Primavera 1999). Ver tambi&eacute;n Tomislav Sunic, <em>Against Democracy and Equality: The European New Right</em> (New York: Peter Lang, 1990); y <em>Telos</em> 98&ndash;99 (Invierno 1993&ndash;1994), n&uacute;mero especial dedicado la Nueva Derecha Francesa <em>New Right &ndash;&ndash; New Left &ndash;&ndash; New Paradigm? </em><br /> <br /> 4 . Los lepenistas y tradicionalistas cat&oacute;licos tienden a acusar a los grecistas de pro-comunismo y de cripto-izquierdismo. Desde un &aacute;ngulo distinto, la izquierda no conformista tambi&eacute;n rechaza las caracterizaciones prevalentes. Algunos miembros del PCF y de la corriente nacionalista de izquierdas del Partido Socialista (notablemente Reagis Debray y Jean&ndash;Pierre Chevennement), junto a izquierdistas independientes asociados a publicaciones como <strong><em>Esprit</em> </strong>y <em><strong>Le Idiot internationale</strong> </em>de&nbsp; Jean&ndash;Edern Hallier, y al Mouvement anti&ndash;utilitariste dans les sciences sociales (MAUSS) de Serge Latouche y Alain Caill&eacute;, y partes de la extrema izquierda italiana rechazan la acusaci&oacute;n de fascismo, y que a veces han colaborado con el GRECE. Ciertos intelectuales franco-judios prominentes, tales como Raymond Aron y Annie Kriegel, pese a no simpatizar con el proyecto del GRECE, han repudiado tambi&eacute;n la acusaci&oacute;n de "fascismo." <br /> <br /> 5. Martin Heidegger, <em>Contributions to Philosophy</em> (From Enowning), tr. de P. Emad y K. Maly (Bloomington: Indiana University Press, 1999)<br /> <br /> 6 .En varias ocasiones, Pierre&ndash;Andr&eacute; Taquieff ha denunciado la cobard&iacute;a extraordinaria de la intelligentsia reinante y las tacticas terroristas que utiliza para silenciar el debate. Ver, <em>Sur la Nouvelle Droite </em>(Paris: Descartes et Cie, 1994), pp. 314&ndash;36. La situaci&oacute;n, sin embargo, no es cualitativamente diferente en EE.UU. Luego de evaluar la reciente literatura sobre las derechas, Glen Jeansonne ha advertido que: "Estamos llegando a un punto en que la ense&ntilde;anza se vuelve propaganda, deja de liberar el esp&iacute;ritu del individuo, y simplemente sustituye los viejos dogmas con nuevos [es decir, aquellos del Establishment liberal-izquierdista actual]." Ver <em>Women of the Far Right: The Mothers Movement and World War Two</em> (Chicago: University of Chicago Press, 1996), p. 186.<br /> <br /> 7. Julien Freund, <em>La Decadence</em> (Paris: Sirey, 1984). Cf. Robert M. Adams, <em>Decadent Societies</em> (San Francisco: North Point Press, 1983), p. 36.<br /> <br /> 8. Guillaume Faye,<em> Le syst&eacute;me a tuer les peuples </em>(Paris: Copernic, 1981), p. 144.<br /> <br /> 9 .Alain de Benoist, <em>La Europe sous tutelle</em>, en <strong>El&eacute;ments</strong> 59 (Verano 1986); Philippe Malaud, <em>La r&eacute;volution lib&eacute;rale</em> (Paris: Masson, 1976).<br /> <br /> 10.Alain de Benoist, <em>Id&eacute;ologies: c&#39;est la lutte finale</em> (1984), en <em>La Ligne de mire</em>.<em> Discours aux citoyens europeens 1972&ndash;1987</em> (Paris: Le Labyrinthe, 1995); Pierre Joannon, <em>Pavane pour une Europe difunte</em>, en <strong>El&eacute;ments</strong> 19 (Diciembre 1976); Alain de Benoist, <em>Die Religion der Menschenrechte</em>, in <em>Mut zur Identitat</em>, ed. por Pierre Krebs (Struckum: Verlag f. Ganzheitl. Forschung u. Kultur, 1988). Ver tambi&eacute;n Pierre Thuillier, <em>La grande implosion: Rapport sur l&eacute; effrondrement de l&#39;Occident 1999&ndash;2002 </em>(Paris: Fayard, 1995); Benjamin R. Barber, <em>Jihad vs. McWorld: How Globalism and Tribalism Are Reshaping the World</em> (New York: Ballantine Books, 1996).<br /> <br /> 11 .Martin Heidegger, <em>An Introduction to Metaphysics</em>, tr. de R. Manheim (New Haven: Yale University Press, 1959), p. 37; Alain de Benoist, <em>Orientations pour les ann&eacute;es d&eacute;cisives </em>(Paris: Le Labyrinthe, 1982), pp. 29&ndash;31, y <em>L&#39;ennemi principal</em>, in El&eacute;ments (Marzo&ndash;Abril 1982); Guillaume Faye,<em> Pour en finir avec la civilisation occidentale</em> (<a href="http://es.geocities.com/sucellus23/1019-es.htm">Traducci&oacute;n espa&ntilde;ola</a>), <strong>El&eacute;ments </strong>34 (Abril 1980); Marco Tarchi, <em>La colonisation subtile: American way of life: dynamique sociale</em> (<a href="http://foster.20megsfree.com/96.htm">Traducci&oacute;n espa&ntilde;ola</a>), en <em>Le d&eacute;fi de Disneyland: Actes du XXe colloque national de la revue El&eacute;ments</em> (Paris: Le Labyrinthe, 1987); Jordis von Lohausen, <em>Main basse sur l&#39;Europe</em>, en <strong>El&eacute;ments </strong>84 (Febrero 1996). Cf. Julius Evola, <em>Americanisme et Bolchevisme (1929)</em>, en <em>Le visionnaire foudroye</em>, ed. por Jean Mabire (Paris: Copernic, 1977); Gerd Lundestad, <em>Empire by Integration: The United States and European Integration, 1945&ndash;1997</em> (Oxford:Oxford University Press, 1998); Jacques Thibau, <em>La France colonis&eacute; </em>(Paris: Flammarion, 1980).<br /> <br /> 12. Raymond Ruyer, <em>Les cent prochains si&eacute;cles: Le destin historique de l&#39;homme selon la Nouvelle Gnose am&eacute;ricaine</em> (Paris: Fayard, 1977), p. 320; Alain de Benoist, <em>Vers l&#39;ind&eacute;pendence! Pour une Europe souveraine et lib&eacute;re des blocs!</em>, en <em>La ligne de mire</em>, op. cit.; Guillaume Faye, <em>Nouveau discours a la nation europ&eacute;enne</em> (Paris: Eds. Albatros, 1985)<br /> <br /> 13. Aunque los grecistas reconocen las ra&iacute;ces europeas de la modernidad, sostienen que la modernidad europea no tuvo el impulso universalista que los americanos (antiguos colonos poco arraigados en la tradici&oacute;n europea y sin una herencia cultural homogenea) le han impartido -- en el mismo sentido en que el socialismo tambi&eacute;n es de origen europeo, pero no tuvo la forma totalizante/universalista de los sovi&eacute;ticos. Ver Guillaume Faye, <em>Les nouveaux enjeux id&eacute;ologiques </em>(Paris: Le Labyrinthe, 1985), p. 56. Cf. Jean Baudrillard, <em>America</em> ,tr. de C. Turner (London: Verso, 1988), p. 73; Eric Werner,<em> L&#39;avant&ndash;guerre civile</em> (Lausanne: L&#39;Age d&#39;Homme, 1998), pp. 27&ndash;29<br /> <br /> 14. Alain de Benoist remarca que la palabra inglesa <strong><em>people </em></strong>no es el equivalente de la palabra francesa peuple o de la palabra alemana <strong><em>Volk</em></strong> sino que esta cercana en significado a <em><strong>gens </strong></em>(gente) o <em>Leute</em> -- es decir, denota un agregado de indiividuos no necesariamente relacionados. No hay, adem&aacute;s, un equivalente angl&oacute;fono de <strong><em>patrie</em></strong>, y <strong><em>home</em></strong> (casa) es para el americano el lugar donde &eacute;l coloca su tienda. Ver, <em>D&eacute;mocraie: Le probl&eacute;me</em> (Paris: Le Labyrinthe, 1985), pp. 30 y 40; y Robert de Herte (Alain de Benoist) y Hans&ndash;J&uuml;rgen Nigra (Giorgio Locchi), <em>Il &eacute;tait une fois l&#39;Am&eacute;rique</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 27&ndash;28 (Enero 1976). Ver tambi&eacute;n, Herman Keyserling, <em>America Set Free</em> (New York: Harper and Bros., 1929), y Robert Aron y Arnaud Dandieu, <em>Le cancer am&eacute;ricain</em> (Paris: Rieder, 1931), dos trabajos que han influido en el anti-americanismo del GRECE. Cf. Jacob Burkhardt, <em>Reflections on History</em>, tr. por M. D. Hottinger (Indianapolis: Liberty Classics,1979), p. 39; <em>Stendhal et les Etats&ndash;Unis de Am&eacute;rique</em>, en <strong>Etudes et recherches</strong> 4&ndash;5 (Enero 1977); J. G. Jatras, <em>Rainbow Fascism at Home and Abroad</em>, en <strong>Chronicles </strong>(Junio 1998).<br /> <br /> 15. Los americanos creen que la vocaci&oacute;n de la especie humana, es ser americana. Ver Thomas Molnar, <em>The Emerging Atlantic Culture</em> (New York: Transaction Publishers, 1994), p. 22. En ese esp&iacute;ritu, Robert Kennedy hablo del derecho de Am&eacute;rica a la direcci&oacute;n espiritual del planeta; George H. W. Bush, al anunciar el Nuevo Orden Mundial, proclamo la inexorabilidad del liderazgo mundial de EE.UU.; y William J. Clinton, como &uacute;ltimo ejemplar de la presunta superioridad moral de su naci&oacute;n, designo a Am&eacute;rica como la "naci&oacute;n indispensable" del mundo. Ver Claude Julien, <em>America&#39;s Empire</em>, tr. de R. Bruce (New York: Pantheon Books, 1971), p. 31; Pierre&ndash;Marie Gallois, <em>Le soleil d&#39;Allah aveugle l&#39;Occident</em> (Lausanne: L&#39;Age d&#39;Homme, 1995), p. 25; y Zbigniew Brzezinski, <em>The Great Chessboard: American Primacy and Its Geostrategic Imperatives</em> (New York: Basic Books, 1997), p. 195. Ver tambi&eacute;n, Jean Cau, <em>Le triomphe de Mickey</em>, en <strong>Etats&ndash;Unis: Danger &ndash;&ndash; Actes du XXVe colloque national du GRECE</strong> (Paris: GRECE, 1992); Henri Gobard, <em>La guerre culturelle: logique du d&eacute;sastre</em> (Paris: Copernic, 1979), pp. 62&ndash;92. Respecto a la nueva man&iacute;a de EE.UU. por el multiculturalismo, aquello tiene poco que ver con la sensibilidad cultural y mas con los imperativos mundialistas y tecnocraticos ajenos a todas las formas de culturas ind&iacute;genas. Ver, Paul Edward Gottfried, <em>After Liberalism: Mass Democracy in the Managerial State</em> (Princeton: Princeton University Press, 1999), p. 103. El antiamericanismo del GRECE ha sido acompa&ntilde;ado de una frialdad hacia los ingleses. Los &uacute;nicos angl&oacute;fonos que han contribuido a su arsenal cultural han sido irlandeses, cuyos amantes y bailarines son diferentes de lo que W. B. Yeats llamo la panda de asesinos liderada por Cromwell --- es decir, las fuerzas mercantiles puritanas del mundo angloamericano.<br /> <br /> 16. Benoist, <em>Vers l&#39;ind&eacute;pendence</em>, op. cit. Ver tambi&eacute;n Alain de Benoist, <em>Europe, Tiers monde, m&eacute;me combat</em> (Paris: Robert Laffont, 1980); Pierre B&eacute;rard, <em>Ces cultures queon assassine</em> en <strong>La cause des peuples: Actes du XVe collogue national du GRECE</strong> (Paris: Le Labyrinthe, 1982) Porque se asemejan a los criticos rusos, indios y chinos de las pretensiones universalistas americanas, los grecistas son un buen ejemplo de lo que Samuel P. Huntington llamo "el principal enemigo" de Am&eacute;rica en <em>The Clash of Civilizations and the Remaking of the World Order</em> (New York: Simon and Schuster, 1996).<br /> <br /> 17. Citado en<em> The Nature of the Right: American and European Politics and Political Thought since 1789</em>, ed. por Roger Eatwell and No&eacute;l Sullivan (Boston: Twayne Publishers, 1989), p.181. Ver tambi&eacute;n Jean Cau, <em>Discours de la d&eacute;cadence</em> (Paris: Copernic, 1978), pp. 176 y 188; Alain de Benoist, <em>Quest&ndash;ce que l&#39;identit&eacute;: R&eacute;flexions sur un concept&ndash;clef</em>, en <strong>El&eacute;ments</strong> (n.d. [&iquest;Verano de 1993?]); Pierre Krebs,<em> Das Thule&ndash;Seminar: Geistesgegenwart der Zukunft </em>(Horn: Burkhart Weecke Verlag, 1994), pp. 23&ndash;24. Cf. Richard Bessel, <em>"European Society in the Twentieth Century,"</em> en The Oxford Illustrated History of Modern Europe, T. C. W. Blanning, ed. (Oxford: Oxford University Press, 1996), pp. 252<br /> <br /> 18. Jean Varenne, <em>Le h&eacute;ritage indo&ndash;europ&eacute;en</em>, en <strong>El&eacute;ments</strong> 40 (Invierno de 1982); Benoist, <em>Orientations pour les ann&eacute;es d&eacute;cisive</em>s, op. cit. pp. 52&ndash;53; Pierre Krebs, <em>Im Kampf um das Wesen</em> (Horn: Burkhart Weecke Verlag, 1997), pp. 16&ndash;20; Faye, <em>Le syst&eacute;me a tuer les peuples</em>, op. cit.,pp. 164&ndash;77; Friedrich Nietzsche, <em>Untimely Meditations</em>, tr. de R. J. Hollingdale (Cambridge: Cambridge University Press, 1983), p. 63. Cf. Hellmut Diwald, <em>Mut zur Geschichte</em> (Bergisch Gladbach: LoGbbe Verlag, 1983), p. 8.<br /> <br /> 19. Por su naturaleza, la cultura aspira la unidad autosuficiente en sus modos de representaci&oacute;n. La cultura es inherentemente exclusivista debido a su centripetalismo que tolera solo aspectos limitados de lo extranjero. Esto hace a sus miembros parte de un organismo viviente, distinto de otros. Ver Alain de Benoist, <em>Culture</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 25&ndash;26 (Invierno 1974&ndash;75); Richard M. Weaver, <em>Visions of Order: The Cultural Crisis of Our Time</em> (Bryn Mawr: Intercollegiate Studies, 1995), pp. 3&ndash;21; Claude L&eacute;vi&ndash;Strauss, <em>Le regard eloign&eacute;e</em> (Paris: Plon, 1983), pp. 24&ndash;30. Dada la inherente exclusividad de la cultura, los adversarios del GRECE consideran que su culturalismo es una forma sofisticada de racismo tradicional -- en tanto que presuntamente sustituye las nociones de inferioridad biol&oacute;gica con aquella de la diferencia cultural -- pese a que el culturalismo y el racismo parten de planteamientos radicalmente diferentes. Para un ejemplo t&iacute;pico de esta confusi&oacute;n, ver Alain Bihr, <em>Le Actualit&eacute; de un archa&iacute;sme: La pens&eacute;e de extr&eacute;me droite et la crise de la modernit&eacute;</em> (Paris: Eds. Page Deux, 1998), pp. 15&ndash;40; ver tambi&eacute;n Pierre&ndash;Andr&eacute; Taguieff, <em>Le n&eacute;o&ndash;racisme diff&eacute;rentialiste. Sur le ambiguit&eacute; de une evidence commune et ses effets pervers</em>, en<strong> Langage et Soci&eacute;t&eacute; </strong>34 (Diciembre 1985). Esos cr&iacute;ticos tambi&eacute;n rechazan la defensa del derecho a la diferencia y la causa de los pueblos realizada por el GRECE. Ver Alain de Benoist, <em>Le droit a la diff&eacute;rence</em>, y Gilbert Destr&eacute;es, <em>Diff&eacute;rentialisme contre racisme</em>, en <strong>El&eacute;ments </strong>77 (n.d. [Primavera de 1993?]). Ir&oacute;nicamente, el culturalismo del GRECE es profundamente igualitario y por consiguiente, modernista, porque parte de la afirmaci&oacute;n pragm&aacute;tica ilustrada de la igualdad de todos los pueblos y culturas -- una afirmaci&oacute;n a la que los grecistas filos&oacute;ficamente se oponen pero que tienden a aceptar en la practica cultural. Paul Piccone relaciona la critica del GRECE del antirracismo izquierdista-liberal con la critica del Antisemitismo realizada por Max Horkheimer y Theodor W. Adorno&nbsp;en <em>Dialectic of Enlightenment</em>, tr. de John Cumming (New York: Seabury Press, 1972 [1944]).&nbsp; Seg&uacute;n los valores hiper-liberales de hoy, tanto la defensa de la identidad jud&iacute;a realizada por Horkheimer y Adorno como el culturalismo de la Nueva Derecha Francesa, serian consideradas racistas porque ambas se oponen al universalismo homogeneizante que amenaza a los particularismos con la exterminaci&oacute;n. Ver <em>Confronting the French New Right</em>, en <strong>Telos </strong>98&ndash;99 (Invierno 1998-1999). <br /> <br /> 20. Extractos de <em>The Prison Notebooks of Antonio Gramsci</em>, ed. y tr. por Q. Hoare y G. N. Smith (New York: International Publishers, 1971), pp. 3&ndash;13; <em>Pour un Gramscisme de droite: Actes du XVIe colloque national du GRECE</em> (Paris: Le Labyrinthe, 1982); Pierre Vial, <em>Die Weltbewegende Kraft der Ideen</em>, en <strong>Elemente f&uuml;r de europaische Wiedergeburt </strong>2 (Enero 1987).<br /> <br /> 21. Sobre la ambigua relaci&oacute;n entre conservadurismo, tradicionalismo y Cristianismo, ver Gerd Klaus Kaltenbrunner, ed., <em>Antichristliche Konservative: Religionkritik von rechts</em> (Munich: Herderb Gecherei, 1982). <br /> <br /> 22. Alain de Benoist, <em>La religion de l&#39;Europe</em> (<a href="http://es.geocities.com/sucellus23/758.htm">Traduccion espa&ntilde;ola</a>), en <strong>El&eacute;ments</strong> 36 (Oto&ntilde;o1980); Louis Rougier, <em>Celse contre les chretiens</em>, con una introducci&oacute;n de Alain de Benoist (Paris: Le Labyrinthe, 1997). Cf. Prudence Jones y Nigel Pennick, <em>History of Pagan Europe</em> (New York: Barnes and Noble, 1999), pp. 59&ndash;77. Para una critica del anti-cristianismo del GRECE, ver Daniel Cologne, <em>Nouvelle droite et subversion</em> (Paris: Collection M&eacute;tapolitique et Tradition, 1979); Georges Hourdin, <em>Le nouvelle droite et les chr&eacute;tiens </em>(Paris: Eds. du Cerf, 1980).&nbsp; Los grecistas reconocen el car&aacute;cter sincretista del Cristianismo: ha absorbido muchos elementos paganos tradicionales y se ha adaptado parcialmente a la cosmovisi&oacute;n Indoeuropea. Sin embargo, ellos sostienen que no ha conquistado completamente a Europa, y que los logros europeos mas grandes, sea en la forma de las catedrales g&oacute;ticas o en la m&uacute;sica de Bach, son esencialmente paganos en inspiraci&oacute;n. Ver Patrick de Plunkett, <em>Analyses</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 27&ndash;28 (Enero 1976); Pierluigi Locchi, <em>La musique, le mythe, Wagner et moi</em>, en <strong>Etudes et recherches</strong> 3 (Junio 1976). A pesar de su reconocimiento de ese car&aacute;cter sincretista, el anti-cristianismo del GRECE enfatiza las ra&iacute;ces hebreas mas que los aspectos europeos superficiales y desconoce las poderosas influencias europeizantes ejercidas por el Catolicismo tradicional, que, a diferencia de su contraparte posterior al concilio Vaticano II y sus adversarios protestantes, tiene poco que ver con el Cristianismo primitivo oriental. Cf. James C. Russell, <em>The Germanization of Early Medieval Christianity: A Sociohistorical Approach to Religion</em> (New York: Oxford University Press, 1994). Dada la impl&iacute;cita islamofilia del GRECE, su estridente anti-cristianismo parece curiosamente inconsistente, si no dudoso, especialmente considerando que el Islam es la forma mas pura del monote&iacute;smo de Oriente Medio. Ver <em>Dossier: Les Arabes</em>, en <strong>El&eacute;ments </strong>53 (Primavera 1985); Alexander del Valle, <em>Islamisme et Etats&ndash;Unis: Une alliance contre Europe</em> , 2nd ed. (Lausanne: L&#39;Age d&#39;Homme, 1999), p. 53; y Guillaume Faye, <em>La colonisation de l&#39;Europe: Discours vrai sur le immigration et l&#39;Islam</em> (Paris: L&#39;Aencre, 2000), pp. 73&ndash;85, 329&ndash;36. <br /> <br /> 23. Alain de Benoist, <em>Les id&eacute;es a la endroit</em> (Paris: Hallier, 1979), pp.167&ndash;84. Cf. Burton L. Mack, <em>Who Wrote the New Testament? The Making of the Christian Myth </em>(San Francisco: Harper Collins, 1995), pp. 19&ndash;31; Mircea Eliade, <em>A History of Religious Ideas</em>, tr. por W. Trask (Chicago: University of Chicago Press, 1981), vol. 2, p. 413.<br /> <br /> 24. Louis Pauwels, <em>Comment devient&ndash;on ce que le on est?</em> (Paris: Stock, 1978), p. 145. Cf. Richard Fletcher, <em>The Barbarian Conversion: From Paganism to Christianity</em> (New York: Henry Holt, 1997), pp. 30&ndash;31; Egon Haffner, <em>Der Humanitaraismus und die Versuch seiner Faberwindung bei Nietzsche, Scheler und Gehlen</em> (Weigrzburg: Konigshausen u. Neumann, 1988), p. 75.<br /> <br /> 25. Guillaume Faye, <em>La probl&eacute;matique moderne de la raison ou la querelle de la rationalit&eacute;</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 41 (Noviembre 1984); Louis Rougier, <em>Du paradis a la utopie</em> (Paris: Copernic, 1979), p. 60. Cf. Rudolf Otto, <em>The Idea of the Holy</em>, 2nd ed. (Oxford: Oxford University Press, 1950).<br /> <br /> 26. Louis Dumont, <em>La gen&eacute;se chr&eacute;tienne de l&#39;individualisme moderne</em>, en <strong>Le D&eacute;bat</strong> 15 (Septiembre 1981); Pierre B&eacute;rard, <em>Louis Dumont: Anthropologie et modernit&eacute;</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 39 (Oto&ntilde;o1982). Tambi&eacute;n Friedrich Nietzsche, <em>Daybreak: Thoughts on the Prejudices of Morality</em>, tr. por R. J. Hollingdale (Cambridge: Cambridge University Press, 1997); Marcel Gauchet, Le d&eacute;senchantement du monde (Paris: Gallimard, 1985), p. 77.<br /> <br /> 27 . Tomislav Sunic,<em> Against Equality and Democracy </em>,op. cit.,&nbsp; p. 74.<br /> <br /> 28.Thomas Molnar y Alain de Benoist, <em>Le &eacute;clipse du sacr&eacute; : discours et r&eacute;ponses (</em>Paris: La Table Ronde, 1986), pp. 131&ndash;47; Sigrid Hunke, <em>Was Tresgt aber den Untergang des Zeitalters?</em>, en <strong>Elemente f&uuml;r die europaische Wiedergeburt</strong> 1 (July 1986).<br /> <br /> 29. H. H. Gerth and C. Wright Mills, eds., <em>From Max Weber: Essays in Sociology</em> (New York: Oxford University Press, 1946), pp. 51&ndash;52; Alain de Benoist, <em>Le empire int&eacute;rieur </em>(Paris: Fata Morgana, 1995), pp. 32&ndash;38; Guillaume Faye, <em>Heidegger et la question du depassement du Christianisme</em>, en <strong>Nouvelle Ecole </strong>39 (Oto&ntilde;o 1982).<br /> <br /> 30. Sigrid Henke, <em>Europas andere Religion: Die &Agrave;eberwindung der religiosen Krise</em> (Dusseldorf: Econ Verlag, 1969), pp. 27&ndash;39.<br /> <br /> 31. Benoist, <em>Le empire int&eacute;rieur</em>, op. cit., p. 31.<br /> <br /> 32. D. H. Lawrence, <em>Apocalypse </em>(New York: Viking, 1931), p. 59. (Enfasis en el original, como en todos los usos posteriores de &eacute;l).<br /> <br /> 33. Alain de Benoist, <em>Sacr&eacute; pa&iuml;en et d&eacute;scralisation jud&eacute;o&ndash;chr&eacute;tienne du Monde</em>, en <strong>Quelle religion pour le Europe</strong>, ed. por D&eacute;metre Theraios (Paris: Georg, 1990). En el Catolicismo, especialmente entre sus antiguos fieles campesinos, este sentido progresista de la historia fue mitigado por el tiempo lit&uacute;rgico (ciclico), cuyo calendario sagrado anualmente repet&iacute;a el tiempo hist&oacute;rico de Jes&uacute;s. El calendario lit&uacute;rgico, como otras incrustaciones paganas, ha sido eliminado en la Iglesia moderna. Ver Alain de Benoist, <em>Le nouvelle calendrier liturgique</em>, en <strong>Nouvelle Ecole </strong>12 (Marzo&ndash;Abril 1970).<br /> <br /> 34. Mircea Eliade, <em>Myth and Reality</em>, tr. por W. Trask (New York: Harper and Row, 1963), pp. 134&ndash;35. Cf. Karl Lewith, <em>Meaning in History </em>(Chicago: University of Chicago Press, 1949); Oscar Cullmann, <em>Christ and Time: The Primitive Christian Conception of Time and History</em>, tr. por F. V. Filson (New York: Harper and Row, 1967). El tiempo teleol&oacute;gico no era ajeno a los antiguos; por ejemplo, era central en el pensamiento de Arist&oacute;teles, que como Platon y Socrates antes que &eacute;l, anticipo la metaf&iacute;sica cristiana/moderna a la que se oponen los grecistas --- el Cristianismo, seria, seg&uacute;n una frase de Nietzsche, un "Platonismo para las masas." La cosmovisi&oacute;n Indoeuropea que es retomada por los grecistas, usando un ejemplo griego, se refiere a la de edad de Homero, de los pre-socraticos, y la tragedia griega. <br /> <br /> 35. Rougier, <em>Du paradis a la utopie</em>, op. cit.,p. 125; Pierre Chassard, <em>La philosophie de l&#39;histoire dans la philosophie de Nietzsche</em> (Paris: GRECE, 1975), pp. 26&ndash;40. Ver tambi&eacute;n Carl Schmitt, <em>Political Theology</em>, tr. por G. Schwab (Cambridge: MIT Press, 1985), pp. 36&ndash;52; Martin Heidegger, <em>Hegel&#39;s Phenomenology of Spirit</em>, tr. por P. Emard y K. Maly (Bloomington: Indiana University Press, 1994)<br /> <br /> 36. Heidegger,&nbsp; <em>Contributions to Philosophy</em>, op. cit.,<br /> <br /> 37. "La revoluci&oacute;n social. . . . no puede tomar su poes&iacute;a del pasado, sino solo del futuro" Karl Marx, <em>The Eighteenth Brumaire of Louis Bonaparte (1852)</em>, en <em>Selected Works </em>(Moscow: Progress Publishers, 1969), vol. 1, p. 400. Como aquellos que se adhieren a las tradiciones b&iacute;blicas secularizadas, liberales y freudianas, los marxistas conciben los or&iacute;genes en forma negativa: la gran ca&iacute;da que comenz&oacute; con el abandono del comunismo primitivo (an&aacute;logo a la expulsi&oacute;n del Jard&iacute;n del Ed&eacute;n/el estado natural/el acto parricida). De all&iacute; viene el esfuerzo marxista para escapar de la historia y ponerle "fin." <br /> <br /> 38. Alain de Benoist, "<em>Une br&eacute;ve histoire de l&#39;id&eacute;e de progr&eacute;s</em>," (<a href="http://es.geocities.com/sucellus23/764.htm">Traduccion espa&ntilde;ola</a>) en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 51 (2000).<br /> <br /> 39. Friedrich Nietzsche, <em>On the Genealogy of Morals</em>, tr. por W. Kaufmann y R. J. Hollingdale (New York: Vintage, 1967), Essay I, 3<br /> <br /> 40. Pierre Vial, <em>Servir la cause des peuples</em>, en <em>La cause des peuples</em>,op. cit.,p. 67; Guillaume Faye, <em>Warum Wir Kampfen</em>, en <strong>Elemente f&uuml;r die europaische Wiedergeburt</strong> 1(July 1986).<br /> <br /> 41. Pierre Vial, <em>Aux sources de l&#39;Europe</em>, en <strong>El&eacute;ments</strong> 50 (Verano 1984); Christian Lahalle, <em>Le peuplement de la Gr&eacute;ce et du basin &Agrave;egeen aux hautes &eacute;poques</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 43 (Diciembre 1985). Una variaci&oacute;n reciente, aunque diletantista de la tesis del "ex-oriente lux" aparece en Martin Bernal, <em>Black Athena: The Afroasiactic Roots of Classical Civilization</em>, 2 vols. (New Brunswick: Rutgers University Press, 1987&ndash;91). <br /> <br /> 42. <em>Th&eacute;me central</em>, en <strong>Nouvelle Ecole </strong>17 (Marzo&ndash;Abril 1972); Krebs, <em>Das Thule&ndash;Seminar</em>, op. cit., p. 88. <br /> <br /> 43. Vial, <em>Aux sources de l&#39;Europe</em>, in op. cit.; Andr&eacute; Cherpillod, <em>La &eacute;criture en Europe a la &eacute;poque pr&eacute;historique</em>, en <strong>Nouvelle Ecole </strong>50 (1998). Tambi&eacute;n Colin Renfrew, <em>Before Civilization: The Radiocarbon Revolution and Prehistoric Europe</em> (New York: Cambridge University Press, 1979); Marija Gimbutas, <em>The Goddesses and Gods of Old Europe, 6500&ndash;3500 B.C</em>. (London: Thames and Hudson, 1982); Richard Rudgley, <em>The Lost Civilization of the Stone Age</em> (New York: The Free Press, 1998); Chris Scarre, <em>Exploring Prehistoric Europe</em> (Oxford: Oxford University Press, 1998); Barry Cunliffe, ed., <em>Prehistoric Europe: An Illustrated History</em> (Oxford: Oxford University Press, 1994). Esos recientes descubrimientos han sido sospechados, ver Geoffrey Bibby, <em>The Testimony of the Spade</em> (New York: Merton, 1957).<br /> <br /> 44. La evidencia deber&iacute;a, pero no necesariamente desacreditaria el viejo punto de vista difusionista. Por ejemplo, J. M. Roberts, en una muestra tipica de la influencia del "ex-oriente lux" entre los historiadores anglosajones, reconoce la evidencia reciente que pone los origenes civilizacionales de Europa a par con aquellos de Oriente Medio, aunque vuelve a enrraizar la identidad de Europa en "Tierra Santa". Ver <em>A History of Europe</em> (New York: Allen Lane, 1996), pp. 12&ndash;20, 54<br /> <br /> 45. <em>Itin&eacute;raire</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 21&ndash;22 (Invierno 1972&ndash;73); Marco Tarchi, <em>Prol&eacute;gomones a la unification de l&#39;Europe</em>, en <strong>Crepuscule des blocs, aurore des peuples: XXIIIe colloque national du GRECE</strong> (Paris: GRECE, 1990); Charles Champetier, <em>Anti&ndash;utilitarisme: de nouveau clivages</em>, en <strong>El&eacute;ments</strong> 74 (Verano 1992); Alain de Benoist, L<em>es Indo&ndash;Europ&eacute;ens: A la recherche du foyer d&#39;origine</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 49 (1997). Los grecistas no ven a los Indoeuropeos como un grupo racial, sino como uno linguistico-cultural. La cuesti&oacute;n racial, a diferencia de lo que piensan sus criticos, es irrelevante aqu&iacute;, porque todos los pueblos de la Europa arcaica, fuesen indoeuropeos o no, eran europoides&nbsp; ("blancos") racialmente. Lo que es importante aqui es la identidad cultural, no la biolog&iacute;a, aunque los liberales universalistas (porque los grecistas consideran a la "humanidad" solo como un concepto zoologico abstracto) tienen problemas para seguir la logica de esta distinci&oacute;n. Ver Alain de Benoist, <em>Comment peut&ndash;on &eacute;tre pa&iuml;en?</em> (Paris: Albin Michel, 1981) p.174; Claude L&eacute;vi Strauss, <em>Race et historie</em> (Paris: Denoe, 1987 [1953]), p. 23. Adem&aacute;s, por la oposici&oacute;n del GRECE a la antigua Uni&oacute;n Sovietica y su actual oposici&oacute;n a los EE.UU., ellos rechazan todas las nociones de unidad racial transcontinental con el llamado "mundo blanco". Ver Guillaume Faye, <em>Il ne a pas de "Monde Blanc"</em> (<a href="http://es.geocities.com/sucellus23/1019-es.htm">Traducci&oacute;n espa&ntilde;ola</a>), en <strong>El&eacute;ments </strong>34 (Abril 1980). Esta distinci&oacute;n entre raza y cultura parece que concede demasiado respeto a algunos dogmas de la ideologia dominante. Para una critica profunda del igualitarismo implicito en el culturalismo del GRECE, ver Guillaume Faye, <em>La colonisation de l&#39;Europe</em>, op. cit.,pp. 74&ndash;84, un libro que no solo revisa la antigua posici&oacute;n ideologica de Faye, sino que tambien ha llevado a la represi&oacute;n judicial de uno de los mas eminentes ex-grecistas.<br /> <br /> 46. Benoist,&nbsp; <em>Les Indo&ndash;Europ&eacute;ens</em>, op. cit.<br /> <br /> 47. Sobre Georges Dum&eacute;zil, ver C. Scott Littleton, <em>The New Comparative Mythology: An Anthropological Assessment of the Theories of Georges Dum&eacute;zil</em>, 3rd ed. (Berkeley: University of California Press, 1982). Ver tambi&eacute;n Jean&ndash;Claude Riviere, ed., <em>Georges Dum&eacute;zil en la d&eacute;couverte des Indo&ndash;Europ&eacute;ens</em> (Paris: Copernic, 1979); Jean Varenne, <em>Le h&eacute;ritage de Georges Dum&eacute;zil</em>, en <strong>El&eacute;ments</strong> 62 (Verano 1987). Para una critica de este trabajo, ver Wouter W. Belier, D<em>ecayed Gods: Origin and Development of Georges Dum&eacute;zil&#39;s id&eacute;ologie Tripartite</em> (Leiden: Brill, 1991).<br /> <br /> 48. C. Scott Littleton, <em>Je ne suis pas . . . structuraliste: Some Fundamental Differences between Dum&eacute;zil and L&eacute;vi&ndash;Strauss</em>, en <strong>Journal of Asian Studies</strong> 34 (Noviembre 1974).<br /> <br /> 49. Sobre la ideologia tripartita, ver Georges Dum&eacute;zil, <em>La id&eacute;ologie tripartite des Indo&ndash;Europ&eacute;ens</em> (Brussels: Latomus, 1958); Jean Haudry, <em>La religion cosmique des Indo&ndash;Europ&eacute;ens</em> (Milan: Arch&eacute;, 1987); J. P. Mallory, <em>In Search of the Indo&ndash;Europeans: Language, Archaeology and Myth</em> (London: Thames and Hudson, 1989), pp. 130&ndash;34.<br /> <br /> 50. Jean&ndash;Claude Rivi&eacute;re, <em>Pour un lecture de Dum&eacute;zil</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 21&ndash;22 (Invierno 1972&ndash;1973); Jean Maibre, <em>Les dieux mandits: R&eacute;cits de mytholgie nordique</em> (Paris: Copernic, 1978), pp. 21&ndash;27.<br /> <br /> 51. J. H. Griswald, <em>Trois perspectives medievales</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 21&ndash;22 (Invierno 1972-1973). Cf. Georges Duby, <em>The Three Orders: Feudal Society Imagined</em>, tr. por A. Goldhammer (Chicago: University of Chicago Press, 1980).<br /> <br /> 52. <em>Georges Dum&eacute;zil r&eacute;pond aux questions de Nouvelle Ecole</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 10 (Septiembre 1969); <em>Itin&eacute;raire</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 21&ndash;22; Jean Haudry, <em>Die indoeuropaische Tradition als Wurzel unserer Identit&auml;t</em>, en <strong>Mut zur Identit&auml;t</strong>, op. cit El apolitico Dum&eacute;zil pronto pago caro por sus descubrimientos. En los a&ntilde;os 80, una campa&ntilde;a de difamaci&oacute;n fue lanzada contra &eacute;l, iniciada por el "historiador" de la UCLA Carlo Ginsburg, que, en <em>Mythologie germanique et nazisme. Sur un ancien livre de Georges Dum&eacute;zil</em>, en <strong>Annales ESC </strong>(Julio 1985) le acuso, en pocas palabras, de Nazi. El cargo fue entonces retomado por el diario franc&eacute;s de izquierdas Lib&eacute;ration y por otras revistas parisinas politicamente correctas. La falsedad de la acusaci&oacute;n y la facilidad con la que ciertos intelectuales la han utilizado para insultar a uno de los catedraticos mas importantes del siglo pasado, solo porque su trabajo da credencial a ideas no-conformistas, ha sido documentado por Didier Eribon en <em>Faut&ndash;il br&eacute;ler Dum&eacute;zil? Mythologie, science et politique</em> (Paris: Flammarion,1992). Sobre el epiteto de "fascista" como herramienta politica para descalificar a nuevas ideas, ver Hans Helmuth Knutter, <em>Die Faschismus Keule. Das letzte Aufgebot der deutschen Linken</em> (Frankfurt/M: Ullstein, 1993). Sobre el pasado viviente, ver&nbsp; R. G. Collingwood, <em>An Autobiography</em> (Oxford: Oxford University Press, 1978), pp. 96&ndash;98. <br /> <br /> 53. Alain de Benoist, <em>La ordre</em>, en <strong>Etudes et recherches</strong> 4&ndash;5 (Enero1977); Jean Haudry, <em>Linguistique et tradition indo&ndash;europ&eacute;enne</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 45 (Primavera 1988&ndash;89).<br /> <br /> 54. Ver Benoist, <em>La religion de l&#39;Europe</em>, op. cit.; Alain de Benoist y La Commission Traditions et Communaut&eacute;, <em>Les Traditions d&#39;Europe</em>, 2nd ed. (Paris: Le Labyrinthe, 1996). Mas generalmente, ver David L. Miller, <em>The New Polytheism: Rebirth of the Gods and Goddesses</em> (New York: Harper and Row, 1974); y R. Faber and R. Schlesier, eds., <em>Die Restauration de &Agrave;tter. Antike Religion und Neo&ndash;Paganismus</em> (W&uuml;rzburg: Konigshausen u. Neuman, 1986).<br /> <br /> 55. Benoist, <em>L&#39;empire int&eacute;rieur</em>, op. cit.,p. 9; Jacques Marlaud, <em>Le renouveau pa&iuml;en dans la pens&eacute;e francaise</em> (Paris: Le Labyrinthe, 1986), p. 24; Giogio Locchi, <em>Die Zeit der Geschichte</em>, en <strong>Elemente f&uuml;r die europaische Wiedergeburt</strong> 1 (Julio 1986). <br /> <br /> 56. Asi lo sostiene no solo la escuela de mitologia comparativa (Mircea Eliade, Walter F. Otto, Jean&ndash;Pierre Vernant y otros con los que el GRECE esta relacionado), sino tambien los estructuralistas en torno a Claude L&eacute;vi&ndash;Strauss y los neo-kantianos asociados con Ernst Cassirer. Ver Kurt Hubner, <em>La recherche sur le mythe: une r&eacute;volution encore m&eacute;connue</em>, en <strong>Krisis</strong> 6 (Octubre 1990). Sobre el caracter logico nofilosofico y su problematico principio de identidad, ver Heidegger,<em> Introduction to Metaphysics</em>, op. cit., pp. 21&ndash;36, 170&ndash;79, y 165&ndash;90; Friedrich Nietzsche, <em>The Gay Science</em>, tr. por W. Kaufmann (New York: Vintage, 1974), 111; y Alain de Benoist, <em>Les fausses alternatives</em>, en <em>La ligne de mire</em>, op. cit.<br /> <br /> 57. <em>Itin&eacute;raire</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 19 (Septiembre 1969); Paul Veyne, <em>Did the Greeks Believe in their Myths? An Essay on the Constitutive Imagination</em>, tr. por P. Wissing (Chicago: University of Chicago Press, 1988); Nietzsche, <em>The Gay Science</em>, op. cit., 344. Incluso la ciencia, cuyo conocimiento de la naturaleza es mediado, es una forma, aunque sofisticada, del pensamiento mitico. Ver Thomas Kuhn, <em>The Structure of Scientific Revolutions</em>, 2nd ed. (Chicago: University of Chicago Press, 1970), en el que el problema de la elecci&oacute;n entre paradigmas contradictorios solo es un problema de tipo estetico, fundamentado m&aacute;s en los valores de tipo cultural que en los procedimientos de la ciencia normal. Cf. J. McKim Malville, <em>The Fermenting Universe: Myths of Eternal Change</em> (New York: Seabury Press, 1981); Martin Heidegger, <em>What is Metaphysics?</em> (1929), en <em>Basic Writings,</em> tr. por D. F. Krell (New York: Harper and Row, 1977). De todos modos, originalmente el <strong><em>mythos</em></strong> y el <strong><em>logos</em></strong> eran terminos intercambiables. Ver Benoist, <em>L&#39;empire int&eacute;rieur</em>, op. cit.&nbsp; pp. 9, 54.<br /> <br /> 58. Roger Caillois,&nbsp; <em>Le homme et le sacr&eacute;</em>, 2&deg; ed. (Paris: Gallimard, 1950), pp. 132&ndash;36.<br /> <br /> 59. Mircea Eliade,<em> Myths, Dreams and Mysteries</em>, tr. por P. Mairet (New York: Harper and Row, 1960), pp. 14&ndash;15.<br /> <br /> 60. Kurt H&uuml;bner, <em>Die Wahrheit des Mythos</em> (Munich: Beck, 1985), pp. 257&ndash;70; Alain de Benoist,&nbsp; <em>Un mot en quatre lettres</em>,&nbsp; en <strong>El&eacute;ments</strong> 95 (Junio 1999).<br /> <br /> 61. Alain de Benoist, <em>Les mythes europ&eacute;ens </em>(1984), en <em>Le grain de sable: Jalons pour une fin de si&eacute;cle </em>(Paris: Le Labyrinthe, 1994); Benoist, <em>Les id&eacute;es a la endroit</em>, op. cit., pp. 115&ndash;21.<br /> <br /> 62. Gilbert Durand, <em>Les structures anthropologiques de l&#39;imaginnaire</em>, 10th ed.(Paris: Dunod,1984), pp. 323&ndash;24; Julien Freund, <em>Une interpr&eacute;tation de Georges Sorel</em>, en <strong>Nouvelle Ecole </strong>35 (Invierno 1979&ndash;1980).<br /> <br /> 63. Benoist, <em>Le empire int&eacute;rieur</em>, op. cit., pp. 14&ndash;15. Cf. Jos&eacute; Ortega y Gasset, <em>Historical Reason</em>,&nbsp; tr. por P. W. Silver (New York: Norton, 1984), pp. 17&ndash;21.<br /> <br /> 64. Alain de Benoist, <em>R&eacute;flexion sur l&#39;identit&eacute; nationale</em>, en <strong>Une certain id&eacute;e de la France: Actes du XIXe colloque national du GRECE</strong> (Paris: Le Labyrinthe, 1985).<br /> <br /> 65. Marlaud, <em>Le renouveau pa&iuml;en</em>, op. cit.,&nbsp; p. 30; Vial, <em>Servir la cause des peuples</em>, op. cit.<br /> <br /> 66. Friedrich Nietzsche, <em>The Birth of Tragedy</em>, tr. por W. Kaufmann (New York: Vintage Books, 1967),&nbsp; 23; Marlaud, <em>Le renouveau pa&iuml;en</em>, op. cit.,&nbsp; p. 29.<br /> <br /> 67. Mircea Eliade, <em>The Sacred and the Profane: The Nature of Religion</em>, tr. por W. Trask (San Diego: Harcourt Brace Javanovich, 1959), p. 68. Tambi&eacute;n Friedrich Nietzsche, <em>Human, All Too Human: A Book for Free Spirits</em>, tr. por M. Faber (Lincoln: University of Nebraska Press, 1984), 96.<br /> <br /> 68. Veyne, <em>Did the Greeks Believe in their Myths?</em>, op. cit.,pp. 3, 14&ndash;15; <em>Les Grecs croyaient " leurs mythes: entretien avec Jean&ndash;Pierre Vernant</em>, en <strong>Krisis</strong> 6 (Octubre 1990).<br /> <br /> 69. Friedrich Nietzsche, <em>Beyond Good and Evil</em>, tr. por W. Kaufmann (New York: Vintage, 1966), 56; <em>The Gay Science</em>, op. cit., 285 and 341; <em>Thus Spoke Zarathustra</em>, tr. por R. J. Hollingdale (London: Penguin, 1961), <em>The Vision and the Riddle and The Convalescent</em>. Y tambi&eacute;n Phillippe Granarolo, <em>le individu &eacute;ternal: La exp&eacute;rience nietzsch&eacute;enne de la &eacute;ternit&eacute;</em> (Paris: Vrin, 1993), p. 37. Cf. M. C. Sterling, <em>Recent Discussions of Eternal Recurrence: Some Critical Comments</em>, en <strong>Nietzsche Studien</strong> 6 (1977).<br /> <br /> 70. Nietzsche, Human, <em>All Too Human</em>, op. cit., 24; Benoist, <em>Les id&eacute;es a la endroit</em>, op. cit., p. 74; Armin Mohler,&nbsp; <em>Devant l&#39;histoire</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 27&ndash;28 (Invierno 1974&ndash;1975).<br /> <br /> 71. Paul Chassard, <em>Nietzsche: Finalisme et histoire</em> (Paris: Copernic, 1977), p. 174; Cl&eacute;ment Rosset, <em>La force majeure</em> (Paris: Minuit, 1983), pp. 87&ndash;89; Jean&ndash;Pierre Martin, <em>Myth et cosmologie</em>, en <strong>Krisis</strong> 6 (Octubre 1990).<br /> <br /> 72 . Granarolo,&nbsp; <em>L&#39;individu&eacute;l &eacute;ternal</em>, op. cit., pp. 34&ndash;52.<br /> <br /> 73. Friedrich Nietzsche, <em>The Will to Power</em>, tr. por W. Kaufmann and R. J. Hollingdale (New York: Vintage, 1967),&nbsp; 1032.<br /> <br /> 74. Nietzsche, <em>The Will to Power</em>, op. cit., 706; Chassard, <em>La philosophie de l&#39;histoire dans la philosophie de Nietzsch</em>e, op. cit., pp. 114&ndash;18<br /> <br /> 75. Eugene Fink, <em>Nietzsches Philosophie</em> (Stuttgard: Kohlhammer, 1960), pp. 75&ndash;92<br /> <br /> 76. Nietzsche, <em>The Will to Power</em>, op. cit., 639.<br /> <br /> 77. Nietzsche, <em>Thus Spoke Zarathustra</em>, <em>Of the Vision and the Riddle</em>, op. cit. Los or&iacute;genes para Nietzsche no llevan la esencia eterna de las cosas, sino la expresi&oacute;n saneada de su ser original, el "Herkunft"que sirve como "Erbschaft." Ver Nietzsche, <em>Genealogy of Morals</em>, <em>Essay II</em>, 12; <em>The Gay Science</em>, op. cit., 83. Cf. Michel Foucault, <em>Nietzsche, Genealogy, History</em>, en Language, <em>Counter&ndash;memory, Practice: Selected Essays and Interviews</em>, tr. por D. F. Boucard y S. Simon (Ithaca: Cornell University Press, 1977).<br /> <br /> 78. Nietzsche, <em>Will to Power</em>, op. cit., 552; also 70; Giorgio Locchi, <em>Ethologie et sciences sociales</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 33 (Verano 1979).<br /> <br /> 79. Mircea Eliade, <em>The Myth of the Eternal Return or, Cosmos and History</em>, tr. por W. Trask (Princeton: Princeton University Press, 1965), pp. 36, 85&ndash;86, 117; tambi&eacute;n Eliade, <em>The Sacred and the Profane</em>, op. cit., pp. 108.<br /> <br /> 80. Chassard,&nbsp; <em>La philosophie de l&#39;histoire dans la philosophie de Nietzsche</em>, op. cit., pp. 121&ndash;22.<br /> <br /> 81. Nietzsche,&nbsp; <em>The Gay Science</em>, op. cit. 109.<br /> <br /> 82. Alain de Benoist, <em>Vu de droite: Anthologie critique des id&eacute;es contemporaires</em> (Paris: Copernic, 1979), pp. 298&ndash;99.<br /> <br /> 83. Nietzsche, <em>Thus Spoke Zarathustra, Of the Great Longing</em>,&nbsp; op. cit. [Traducci&oacute;n modificada]<br /> <br /> 84. Nietzsche, The Gay Science, op. cit., 233; Martin Heidegger, <em>Nietzsche: The Eternal Recurrence of the Same</em>, trans. D. F. Krell (San Francisco: Harper and Row, 1984), p. 245; Benoist, <em>Les id&eacute;es a la endroit</em>, op. cit.,pp. 38&ndash;40.<br /> <br /> 85. Alain de Benoist,<em> Fondements nominalistes d&#39;une attitude devant la vie</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 33 (Junio 1979);&nbsp; <em>Itineraire</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 24 (Invierno1973&ndash;1974). <br /> <br /> 86. Nietzsche, <em>Thus Spoke Zarathustra</em>, Of&nbsp; Redemption, op. cit.<br /> <br /> 87. Giorgio Locchi, <em>L&#39;histoire</em>, en <strong>Nouvelle Ecole </strong>27&ndash;28 (Enero 1976); y, del mismo autor, <em>Nietzsche, Wagner e il mito sovrumanista</em> (Roma: Akropolis, 1982). <br /> <br /> 88. Nietzsche, <em>Thus Spoke Zarathustra</em>, <em>The Convalescent</em>, op. cit.<br /> <br /> 89. Nietzsche,&nbsp; The Gay Science, op. cit., 34.<br /> <br /> 90. Granarolo, <em>L&#39;individu &eacute;ternal</em>, op. cit., pp. 133&ndash;44; <em>Itin&eacute;raire</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 15 (Marzo-Abril 1971). C&eacute;cile Guignard&ndash;Vanuxem captura mejor el significado civilizacional de esos diferentes conceptos del tiempo en <em>Vercingetorix, le d&eacute;fi des druides</em> (Paris: Eds. Cheminements, 1997).<br /> <br /> 91. <em>Lectures de Heidegger</em>, in <strong>Nouvelle Ecole </strong>37 (April 1982). Para aquellos inclinados a seguir la argumentaci&oacute;n fraudulenta de Victor Farias y la erronea noci&oacute;n de que Heideger era un pensador nazi, pueden consultar, Silvio Vietta, <em>Heidegger, critique du national&ndash;socialisme et du technique</em>, tr. por J. Ollivier (Paris: Pard&eacute;s, 1993); Jean&ndash;Pierre Blanchard, <em>Martin Heidegger, philosophe incorrect</em> (Paris: L&#39;Aencre, 1997); y Alexander Schwan, <em>Politische Philosophie im Denken Heideggers</em>, 2nd ed. (Opladen, 1989).<br /> <br /> 92. Martin Heidegger, <em>The Concept of Time</em>, tr. por W. McNeill (Oxford: Blackwell, 1992), p. 19.<br /> <br /> 93. Martin Heidegger, <em>Being and Time</em>, tr. por J. Macquarrie and E. Robinson (New York: Harper and Row, 1962),&nbsp; 79.<br /> <br /> 94. Heidegger, <em>Hegel&#39;s Phenomenology of Spirit</em>, op. cit., 13b.<br /> <br /> 95. Heidegger, <em>Being and Time</em>, op. cit., 79; Benoist, <em>Un mot en quatre lettres</em>, op. cit.<br /> <br /> 96. Heidegger, <em>Being and Time</em>, op. cit., 65.<br /> <br /> 97. Heidegger, <em>Being and Time</em>, op. cit., 69 and 72; Benoist, <em>Comment peut&ndash;on &eacute;tre pa&iuml;en?</em> op. cit., p. 26.<br /> <br /> 98. Martin Heidegger, <em>On Time and Being</em>, tr. por J. Stambaugh (New York: Harper and Row, 1972), pp. 11&ndash;15; Benoist,&nbsp; <em>La religion de l&#39;Europe</em>, op. cit.<br /> <br /> 99. Heidegger, <em>Introduction to Metaphysics</em>, op. cit., &nbsp; p. 44. <br /> <br /> 100. Heidegger, <em>Being and Time</em>, op. cit., 65.<br /> <br /> 101. Heidegger, <em>Being and Time</em>, op. cit., 72, 76, and 79. La distinci&oacute;n entre el caracter selectivo de la memoria, en su funci&oacute;n como el culto del recuerdo en el pueblo, y el caracter cientifico de la historia, que no hace ningun juicio moral o ideologico, es enfatizado en <em>Communisme et nazisme: 25 r&eacute;flexions sur le totalitarisme au XXe si&eacute;cle</em> de Alain de Benoist (Paris: Le Labyrinthe, 1998), pp. 9&ndash;13. Al se&ntilde;alar que la memoria demanda afiliaci&oacute;n y distancia de la historia, de Benoist se pone de parte de la historia en cada discusi&oacute;n sobre los "hechos" --- la verdad objetiva -- de un asunto. Esto, sin embargo, es un punto cuya relaci&oacute;n problematica con la filosofia identitaria los grecistas no han clarificado. Como Heidegger argumenta, la "verdad" objetiva del historiador profesional es usualmente una evasi&oacute;n de la comprensi&oacute;n historica en tanto que esta verdad que esta basada en metodos cientificos y reglas de procedimientos es principalmente una expresi&oacute;n de la logica calculadora de la modernidad: es decir, la explicaci&oacute;n factual de lo "que es" no es necesariamente lo mismo que entender --- o, dicho de forma diferente, lo que es cientificamente correcto no podria ser lo historica/ontologicamente cierto. Aunque la distinci&oacute;n de Heidegger entre correccion (en el sentido de correspondencia) y verdad (como un ser posesivo) no es ambivalente (ver <em>Contributions to Philosophy</em>, op. cit., 76), Benoist a menudo se&ntilde;ala los "hechos" como argumento contra la memoria selectiva de aquellos con los que &eacute;l polemiza, y asume que la memoria, porque se basa en la distorsion, ignorancia o la represi&oacute;n, es, <em>ipso facto</em>, diferente a la historia, y que los "hechos" y la historia deben ser entendidos en el sentido convencional, es decir, objetivista. Mientras que esto sugiere que la filosofia de la historia del GRECE no debe ser confundida con un solipsismo identitario, todavia deja sin respuesta la interrogante de como la "verdad" se relaciona con los hechos. Heidegger y la tradici&oacute;n filosofica antiempirista sostienen que la verdad, expresada como un ser que no es ni subjetivo ni objetivo sino un "sujeto desplegado", por si solo ordena el "hecho". De Benoist parece diferenciar su argumento aqui, al unir al hecho y a la verdad en formas que serian inaceptables para Heidegger. Esto es evidente en los numerosos articulos dedicados a&nbsp; <em>"M&eacute;moire et histoire"</em> en <em>L&#39;&eacute;cume et les galet: 10 ans d&#39;actualit&eacute; vue d&#39;ailleurs </em>(Paris: Le Labyrinthe, 2000).<br /> <br /> 102. Robert Steuckers, <em>Conception de l&#39;homme et R&eacute;volution conservatrice: Heidegger et son temps</em>, en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 37 (Abril 1982); Charles Champetier, <em>Homo Consumans: Arch&eacute;ologie du don et de la d&eacute;pense</em> (Paris: Le Labyrinthe, 1994) p. 98.<br /> <br /> 103. Martin Heidegger, <em>The Word of Nietzsche</em>, in <em>The Question Concerning Technology and Other Essays</em>, tr. by W. Lovitt (New York: Harper and Row, 1977). <br /> <br /> 104. Gianni Vattimo,<em> The End of Modernity</em>, tr. by J. R. Synder (Baltimore: John Hopkins University Press, 1985), pp. 51&ndash;64.<br /> <br /> 105. Heidegger, <em>Being and Time</em>, op. cit., 5; Miller, <em>The New Polytheism</em>, op. cit.,&nbsp; p. 48.<br /> <br /> 106. Heidegger, <em>The Concept of Time</em>, op. cit., pp. 12&ndash;13; Guillaume Faye and Patrick Rizzi,<em> Pour en finir avec le nihilisme</em>, en <em>Nouvelle Ecole </em>37 (Spring 1982).<br /> <br /> 107. R. G. Collingwood, <em>The Philosophy of History</em> (1930) en <em>Essays in the Philosophy of History</em>, ed. by William Debbins (New York: Garland, 1985), p. 138. Heidegger, va mas all&aacute; de Collinwood: cada generaci&oacute;n no solo debe confrontar la herencia de su pasado, sino apropiarse lo que encuentra esencial en &eacute;l para establecer la base desde la cual proyectara su ser. Ver Heidegger, <em>Being and Time</em>, op. cit., 65.<br /> <br /> 108. Heidegger, <em>Being and Time</em>, op. cit., 5.<br /> <br /> 109. Heidegger, <em>Being and Time</em>, op. cit., 29;<em> Contributions to Philosophy</em>, op. cit., 120 and 255. Ver al Dasein como pura existencia, separada de toda la seguridad, causa que muchos comentadores malinterpreten a Heidegger. Por ejemplo, Karl L&ouml;with, <em>The Political Implications of Heidegger&#39;s Existentialism</em> (1946), en <strong>New German Critique</strong> 45 (Oto&ntilde;o 1988).<br /> <br /> 110. Heidegger, <em>Being and Time</em>, op. cit., 65<br /> <br /> 111. Heidegger, <em>Contributions to Philosophy</em>, op. cit., 92.<br /> <br /> 112. Heidegger, <em>Being and Time</em>, op. cit., 6 and 79.<br /> <br /> 113. Heidegger,<em> Being and Time</em>, op. cit., 74; Itin&eacute;raire, en Nouvelle Ecole 17 (Marzo&ndash;Abril 1972).<br /> <br /> 114. Heidegger, <em>Being and Time</em>, op. cit., 75.<br /> <br /> 115. What is it is not current events and neither is it what is present right now. What is it is what approaches from what has&ndash;been and, as this, is what approaches.The inability to discern this difference between now and what is is linked to the present era&#39;s flight from history. See Martin Heidegger, <em>The Principle of Reason</em>, tr. by R. Lilly (Bloomington: Indiana University Press, 1991), pp. 80&ndash;81. The development of modern historical studies and what Nietzsche facetiously terms the historical sense has, relatedly, occurred in a period that has almost entirely divested the past of any real meaning and made a hedonistic cult out of the moment.<br /> <br /> 116. <em>Only a God Can Save Us: Der Spiegel Interview with Martin Heidegger</em> (1966), en <em>The Heidegger Controversy</em>, ed. por Richard Wolin (Cambridge: Cambridge University Press, 1993), p. 106; also Heidegger, Being and Time, op. cit., 74.<br /> <br /> 117. Martin Heidegger, <em>The Onto&ndash;theo&ndash;logical Nature of Metaphysics</em> (1957) en <em>Essays in Metaphysics</em>, tr. by K. F. Leidecker (New York: Philosophical Library, 1960), p. 44; <em>Contributions to Philosophy</em>, op. cit., 91.<br /> <br /> 118. Eliade, <em>Myth and Reality</em>, op. cit., p. 92.<br /> <br /> 119. Heidegger,&nbsp; <em>Being and Time</em>, op. cit., 76. <br /> <br /> 120. Heidegger, <em>Contributions to Philosophy</em>, op. cit., 3 and 20.<br /> <br /> 121. Martin Heidegger, <em>The Origin of the Work of Art</em>(1935), en <em>Basic Writings</em>, pp. 149 and 187; Molnar y de Benoist, Le &eacute;clipse du sacr&eacute;, op. cit.,p. 215.&nbsp; En la historia epica de Diwald de la naci&oacute;n alemana, la "narrativa" comienza con la conferencia de Yalta de 1945 y va hacia atras a la fundaci&oacute;n del primer Reich, en lo que es la ilustraci&oacute;n historiografica mas extraordinada de esta idea clave heideggeriana. Ver&nbsp; Helmut Diwald, <em>Geschichte der Deutschen </em>(Frankfurt/M: Ullstein, 1978).<br /> <br /> 122. Benoist, <em>le empire int&eacute;rieur</em>, op. cit.,&nbsp; p. 18.<br /> <br /> 123. Heidegger, <em>Being and Time</em>, op. cit., 65; Benoist, <em>Le empire int&eacute;rieur</em>, op. cit. p. 17.<br /> <br /> 124. Martin Heidegger, <em>The Anaximander Fragment </em>(1946), en <em>Early Greek Thinking</em>, tr. por D. F. Krell y F. A. Capuzzi (San Francisco: Harper Collins, 1984), p. 18.<br /> <br /> 125. Benoist,&nbsp; <em>La religion de l&#39;Europe</em>, op. cit.<br /> <br /> 126. Heidegger, <em>Introduction to Metaphysics</em>, op. cit., p. 39; Eliade, <em>The Sacred and the Profane</em>, op. cit., pp. 31 and 95; Benoist, La religion de l&#39;Europe, op. cit.<br /> <br /> 127. Heidegger, <em>Introduction to Metaphysics</em>, op. cit.,p. 6; <em>Contributions to Philosophy</em>, op. cit., 117 and 184.<br /> <br /> 128. Faye, <em>Les nouveaux enjeax id&eacute;ologiques</em>, op. cit.,pp. 68 and 78; Heidegger, B<em>eing and Time</em>, op. cit., 74.<br /> <br /> 129.&nbsp; Heidegger, <em>Being and Time</em>, op. cit., 74<br /> <br /> 130. Heidegger, <em>Contributions to Philosophy</em>, op. cit., 11.<br /> <br /> 131. Heidegger, <em>Introduction to Metaphysics</em>,&nbsp; op. cit.,&nbsp; p. 152.<br /> <br /> 132. Heidegger,&nbsp; <em>Being and Time</em>, op. cit., 74.<br /> <br /> 133. Heidegger, <em>Being and Time</em>, op. cit., 74; Benoist, <em>L&#39;empire int&eacute;rieur</em>, op. cit., pp. 23&ndash;26. Esa mezcla del destino individual y del destino colectivo, como es notado, no intenta la sublimacion del ego individual, sino mas bien su su arraigo y crecimiento.<br /> <br /> 134. "Arqueofuturismo" es un termino que los grecistas aun no han abrazado completamente. Ver Guillaume Faye, <em>L&#39;Arch&eacute;ofuturisme</em> (Paris: L&#39;Aencre, 1998), uno de los trabajos mas sobresalientes del nuevo nacionalismo europeo. <br /> <br /> 135. Nietzsche, <em>Thus Spoke Zarathustra</em>, op. cit., Prologue, 5; cf. Francis Fukuyama, <em>The End of History</em>, <strong>National Interest</strong> 16 (Verano de 1989). <br /> <br /> 136. Claude L&eacute;vi&ndash;Strauss, <em>Anthrologie structurale</em> (Paris: Plon, 1973), ch. 2. Cf. Giorgio Locchi, <em>Histoire et soci&eacute;t&eacute;: critique de L&eacute;vi&ndash;Strauss</em> en <strong>Nouvelle Ecole</strong> 17 (Marzo1972). Benoist ha llamado a America una sociedad fria, congelada en un eterno presente, sin un pasado o futuro. Ver Herte y Nigra, <em>Il a &eacute;tait un fois l&#39;Amerique</em>, op. cit.,p. 92<br /> <br /> 137. Benoist, <em>Les id&eacute;es a l&#39;endroit</em>, op. cit., p. 41; Robert de Herte,<em> Le retour des dieux</em>, <strong>El&eacute;ments</strong> 27 (Oto&ntilde;o 1978). <br /> <br /> 138. Alain de Benoist, <em>Recours au paganisme</em>, en <em>Dieu est&ndash;il morte en Occident?</em>, ed. por Dani&eacute;le Masson (Paris: Eds. Guy Tr&eacute;daniel, 1998). Desde un punto de vista parecido, Michel Marmin dice que Yeats, Joyce, Synge y otras luminarias del Celtic Twilight --- quizas uno de los movimientos identitarios mas importantes -- no intentaron un retorno al Eden o un recurso al provincianismo. Joyce, por ejemplo, llenando las ra&iacute;ces irlandesas. . . busca nutrir los bosques espesos y prodigiosos en Irlanda que en sus sombras se expanderian al mundo entero. Ver <em>Les pi&eacute;ge des folklore</em>, en <em>La cause des peuples</em>, <em>op. cit.</em> Ver tambi&eacute;n Philip O&#39;Leary, <em>The Prose Literature of the Gaelic Revival, 1881&ndash;1921: Ideology and Innovation</em> (University Park: Pennsylvania State University Press, 1994).<br /> <br /> 139. Alain de Benoist,<em> Horizon 2000: Trois entretiens </em>(Paris: GRECE Pamphlet, 1996), p. 15; Heidegger, <em>Introduction to Metaphysics</em>, op. cit., p. 39; <em>Contributions to Philosophy</em>, op. cit., 5.<br /> <br /> 140.Quienquiera que quiera remontarse al pasado muy lejano. . . primero--debe pensar m&aacute;s all&aacute; y llevar a cabo un gran futuro. Heidegger, <em>Contributions to Philosophy</em>, op. cit., 23.<br /> <br /> 141. Martin Heidegger, <em>Basic Concepts</em>, tr. by G. E. Aylesworth (Bloomington: Indiana University Press, 1993), p. 17. Cf. tambi&eacute;n Russell Kirk, <em>The Question of Tradition</em> (1989), <em>The Paleoconservatives: New Voices of the Old Right</em>, ed. por Joseph Scotchie (New Brunswick: Transaction Publishers, 1999).<br /> <br /> 142. Maistra, <em>Renaissance de l&#39;Occident?</em> (Paris: Plon, 1979), p. 295. El reciente apoyo calificado de multiculturalista del GRECE (ver <strong>El&eacute;ments</strong> 91 [Marzo de 1998]) parecer&iacute;a dar un aspecto retorico a esta conclusi&oacute;n. Si los Gr&eacute;cistas han empezado a embeber el universalismo de la ideolog&iacute;a dominante y a obviar las implicaciones pol&iacute;ticas de su filosof&iacute;a, opuesta en principio a cualquier balkanizaci&oacute;n de las tierras de sus antepasados, el arqueofuturismo se volvera parte del arsenal intelectual de otros europe&iacute;stas m&aacute;s firmes. Guillaume Faye, contin&uacute;a enrriqueciendolo y en varios recientes libros lo ha aplicado a muchos de los problemas europeos m&aacute;s dolorosos, haciendolo en formas que lo han renovado y radicalizado.<br /> <br /> <strong>[Extra&iacute;do de Telos N&deg; 117 (Oto&ntilde;o de 1999), New York]</strong><br /> </p> geovisit();<img src="http://visit.geocities.com/visit.gif?&amp;r=http%3A//foster.20megsfree.com/index_es.htm&amp;b=Netscape%205.0%20%28Windows%3B%20es-ES%29&amp;s=1024x768&amp;o=Win32&amp;c=32&amp;j=true&amp;v=1.2" border="0" /> &lt;img src="http://visit.geocities.yahoo.com/visit.gif?es1162818420" alt="setstats" border="0" width="1" height="1"&gt; <img src="http://geo.yahoo.com/serv?s=382026077&amp;t=1162818420&amp;f=es-w77" border="0" alt="1" width="1" height="1" />]]></description><pubDate>Mon, 06 Nov 2006 14:07:00 +0000</pubDate></item><item><title>El Proyecto Aurora: una comunidad de reflexi&#xF3;n por una nueva visi&#xF3;n del mundo [Editores de la Revista Hesperides]</title><link>https://cmnd.blogia.com/2006/110604-el-proyecto-aurora-una-comunidad-de-reflexion-por-una-nueva-vision-del-mundo-editores-de-la-revista-hesperides-.php</link><guid isPermaLink="true">https://cmnd.blogia.com/2006/110604-el-proyecto-aurora-una-comunidad-de-reflexion-por-una-nueva-vision-del-mundo-editores-de-la-revista-hesperides-.php</guid><description><![CDATA[<p align="center">I. El Proyecto Aurora: una comunidad de reflexi&oacute;n por una nueva visi&oacute;n del mundo</p>  <p><strong>&nbsp;</strong></p>  <p><strong>1. &iquest;Qu&eacute; es el Proyecto Aurora?</strong></p>  <p>El Proyecto Aurora se constituy&oacute; el 2 de enero de 1993. Contra lo que es habitual en todas las asociaciones, nuestra preocupaci&oacute;n inicial no fue buscar una v&iacute;a de financiaci&oacute;n estable ni ganar inmediatamente una amplia masa de afiliados, sino que lo que nos preocupaba era, sobre todo, ser capaces de hacer algo interesante. Todos los que nos dimos cita aqu&iacute; ten&iacute;amos tras nosotros una larga experiencia de compromiso asociativo, tanto en el campo de la pol&iacute;tica como en el de las iniciativas culturales, pero esa experiencia no hab&iacute;a sido enteramente satisfactoria. Por otra parte, cada cual proced&iacute;a de un campo distinto, campos que en ocasiones se hab&iacute;an mostrado divergentes cuando no claramente antit&eacute;ticos. Esa divergencia, a priori, dificultaba las cosas. Y, sin embargo, a todos nos mov&iacute;a un impulso com&uacute;n: la severa cr&iacute;tica de la situaci&oacute;n presente de nuestra sociedad, la constataci&oacute;n de que los caminos que hab&iacute;amos transitado con anterioridad -incluso los aparentemente "instalados"- ya no llevaban a ninguna parte y, lejos de cualquier derrotismo, la decidida voluntad de dar nacimiento a una respuesta que realmente fuera capaz de oponerse al desorden establecido.</p>  <p>Ante todo, ten&iacute;amos que demostrarnos a nosotros mismos que era posible trabajar juntos a pesar de nuestras diferentes sensibilidades y nuestra distinta formaci&oacute;n personal. Era imprescindible comprobar que este tejido funcionaba de modo org&aacute;nico. Despu&eacute;s, el Proyecto Aurora redact&oacute; un Manifiesto: era su declaraci&oacute;n de intenciones, la denuncia de aquello que detestamos, el esbozo de lo que queremos y la designaci&oacute;n de la tarea que nos hab&iacute;amos atribuido. Posteriormente, el n&uacute;mero 1 de la revista "Hesp&eacute;rides" fijaba el marco hist&oacute;rico en que nos vamos a mover: ese fin de la Historia que los apologetas del sistema dominante interpretan como parus&iacute;a profana de la modernidad, pero que nosotros experimentamos como un fin de ciclo opresivo y oscuro. Hoy, el Proyecto Aurora ha demostrado que el proceder de &aacute;mbitos distintos no tiene por qu&eacute; ser un inconveniente, sino que puede resultar enriquecedor; del mismo modo, se ha avanzado en la definici&oacute;n de un cierto estilo de "contestaci&oacute;n" susceptible de ser compartido por todos aquellos que experimentan desasosiego frente a la brutalidad de nuestra civilizaci&oacute;n t&eacute;cnica; en fin, hemos llegado a la convicci&oacute;n de que el camino escogido no nos va a llevar a un nuevo fondo de saco y que el Proyecto es ya una plataforma &oacute;ptima para la participaci&oacute;n de todos aquellos que puedan y quieran comprometerse en la elaboraci&oacute;n de un espacio de resistencia frente al sistema.</p>  <p><br /> <strong>2. La jornada de Torrelodones</strong></p>  <p>Ese fue el sentido de la Primera Jornada del Proyecto Aurora, celebrada en la Casa de la Cultura de Torrelodones, en la sierra madrile&ntilde;a, el 27 de noviembre de 1993. Su objetivo era comunicar una v&iacute;a alternativa. Y su t&iacute;tulo, "Qu&eacute; hacer", no fue tampoco una elecci&oacute;n arbitraria, porque realmente era eso, "Qu&eacute; hacer", lo que se puso encima de la mesa de debate.</p>  <p>Para la vida del Proyecto, la jornada de Torrelodones tuvo un car&aacute;cter que podr&iacute;amos definir, sin exageraci&oacute;n, como "fundacional".. Fue all&iacute; donde se dio el salto desde el "sabemos lo que no queremos" hacia el "sabemos lo que queremos". Porque desde una perspectiva negativista es f&aacute;cil lograr acuerdo: son muchas las cosas que no gustan a mucha gente. Y adem&aacute;s son, con harta frecuencia, las mismas cosas: el horizonte chato de una vida dedicada al mero consumo, el aire irrespirable de una sociedad donde no se sabe por qu&eacute; estamos juntos, el sinsentido de un pueblo que ha renunciado a s&iacute; mismo, a su pasado y a su destino... Son problemas que nuestros contempor&aacute;neos viven con creciente intensidad, porque no se trata de et&eacute;reas discusiones de sal&oacute;n, sino que se traducen en verdaderos dramas personales. Cada vez est&aacute; m&aacute;s extendida la impresi&oacute;n de que el origen de la crisis actual se halla en la p&eacute;rdida absoluta de valores, porque la persona es incapaz de sobrevivir en un entorno sin valores, sin referencias claras que dicten normas de conducta.</p>  <p>&iquest;Cu&aacute;les son esos valores? B&aacute;sicamente, los que desde siempre han construido la idea de humanidad civilizada: la tradici&oacute;n que une y religa a los hombres, la familia que crea una instancia de permanencia y de solidez, etc&eacute;tera. Por el contrario, nuestro tiempo es el fruto de un largo per&iacute;odo durante el que esos valores han sido sistem&aacute;ticamente cuestionados y devorados por una cr&iacute;tica de corte nihilista que es consustancial al proceso ideol&oacute;gico de la modernidad. Ese hombre sin valores, sin referentes propios, sin tradici&oacute;n, sin cultura y sin historia, vaga por nuestras sociedades como el hombre sin atributos del que hablara Musil y proyecta su mal sobre los diferentes niveles de su entorno: la familia, la sociedad, la pol&iacute;tica, la econom&iacute;a... La inestabilidad emocional y los conflictos generacionales han destruido ese v&iacute;nculo de arraigo que era la familia. El atroz individualismo de nuestro "way of life" ha reducido la sociedad a un mero "sistema de ego&iacute;smos" que genera convulsiones de todo tipo. En el plano pol&iacute;tico, esa p&eacute;rdida de referentes ha dado lugar a unos apara tos estatales sin alma, regidos por una oligarqu&iacute;a tecnoecon&oacute;mica y por la burocracia de los partidos, que gestionan la presunta libertad del hombre-masa. Al no haber una apuesta de destino colectivo, las estructuras pol&iacute;ticas quedan sometidas a meras relaciones de beneficio entre grupos de presi&oacute;n y la econom&iacute;a se convierte en &uacute;nico horizonte del hombre y del mundo. Ese supuesto "nuevo orden del mundo", hoy en avanzada construcci&oacute;n, no pretende sino extender esta visi&oacute;n a todos los rincones del planeta para conseguir la edificaci&oacute;n de un gigantesco mercado mundial. Para ello debe destruir todo lo que diferencia y pluraliza la vida: naciones, estados, pueblos, culturas, religiones.., en aras de un sincretismo mundial claramente totalitario.</p>  <p>Muchos coinciden en esta cr&iacute;tica al sistema presente, cuyos perfiles adquieren claridad d&iacute;a a d&iacute;a. Es f&aacute;cil, en efecto, discernir qu&eacute; es lo que no nos gusta. Sin embargo, es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil lograr un acuerdo desde un punto de vista positivo: qu&eacute; es lo que nos gusta; qu&eacute; es lo que queremos; c&oacute;mo hacerlo. En la Jornada de Torrelodones, el Proyecto Aurora ha tratado de esbozar una v&iacute;a de respuesta a estas preguntas atacando el problema de frente. &iquest;Cu&aacute;l es el objetivo? &iquest;Cu&aacute;l es el enemigo? &iquest;En qu&eacute; realidad nos movemos? &iquest;Qu&eacute; es lo que no hay que hacer? &iquest;Cu&aacute;l es el mejor camino? &iquest;C&oacute;mo vamos a actuar? Lo que este informe pretende es comunicar nuestras primeras tentativas de respuesta.</p>  <p><br /> <strong>3. El objetivo</strong></p>  <p>&iquest;Cu&aacute;l ha de ser el objetivo? En una primera aproximaci&oacute;n, digamos que nuestro objetivo es tomar el relevo de las ideolog&iacute;as dominantes. Si este mundo es as&iacute; no es por azar o por alguna extra&ntilde;a conjunci&oacute;n astral -o, al menos, no s&oacute;lo por eso-, sino, fundamentalmente, porque &eacute;ste es el mundo deseado por las ideolog&iacute;as modernas, el mundo que muchos siglos de utop&iacute;a hab&iacute;an designado como objetivo que hab&iacute;a que alcanzar. Estamos viviendo el fruto de un programa: el programa de la modernidad. La disoluci&oacute;n de las familias, la disoluci&oacute;n de los pueblos, la disoluci&oacute;n de lo sagrado y la disoluci&oacute;n de las culturas no son accidentes, sino consecuencias de una determinada visi&oacute;n del mundo que consideraba que el clan, la etnia, la cultura y el esp&iacute;ritu eran obst&aacute;culos para que una noci&oacute;n divinizada del individuo emprendiera su libre vuelo emancipador. Por el contrario, la visi&oacute;n del mundo en que nosotros nos reconocemos considera que esos presuntos obst&aacute;culos no son en realidad tales, sino todo lo contrario: la familia, el pueblo, la cultura o la religi&oacute;n son instrumentos que permiten al hombre encontrar un sentido a la vida; en definitiva, son valores sin los que el hombre termina perdiendo su humanidad, l&eacute;ase su imagen divina. El sinsentido de nuestra civilizaci&oacute;n nos autoriza a pensar que ha sido el desde&ntilde;ar tales valores lo que nos ha hundido en el marasmo presente. En consecuencia, nosotros, que defendemos una idea superior del hombre, hemos de procurar restaurar esos valores b&aacute;sicos asesinados por las ideolog&iacute;as de la modernidad. Por eso podemos decir que nuestro objetivo es tomar el relevo de las ideolog&iacute;as dominantes.</p>  <p><br /> <strong>4. El enemigo</strong></p>  <p>&iquest;Contra qui&eacute;n hay que luchar? &iquest;Qui&eacute;n es el enemigo en esta guerra de almas? Durante mucho tiempo, Occidente pens&oacute; que el enemigo era el comunismo; pero la sociedad que el occidente moderno ha creado resulta igualmente inhumana, y el hundimiento del comunismo nos ha permitido percibir esto con mayor claridad. Hay que tirar por elevaci&oacute;n. Tampoco podemos contentarnos con visiones conspirativas de la Historia, como si el actual estado de sumisi&oacute;n de nuestros pueblos fuera producto tan s&oacute;lo de alguna colusi&oacute;n de mentes torvas; porque ning&uacute;n poder dura si los s&uacute;bditos de ese poder no quieren que dure. Del mismo modo, carecer&iacute;a de sentido adoptar el perfil psicol&oacute;gico de la vieja derecha, que culpa de todos nuestros males al Gobierno del PSOE; en &uacute;ltima instancia, no olvidemos que "nuestros males" no son s&oacute;lo "nuestros", esto es, espa&ntilde;oles, sino que son compartidos por toda Europa, y en cuanto al PSOE, recordemos que durante diez a&ntilde;os ha sido elegido una y otra vez por muchos millones de espa&ntilde;oles, y que la propia derecha pol&iacute;tica estima que imitar al PSOE es el mejor modo de llegar al poder. No: si las cosas son como son, es porque la mayor&iacute;a de la sociedad est&aacute; de acuerdo en que sean as&iacute;. Ciertamente, es un acuerdo pasivo, t&aacute;cito, descomprometido, conformista, quiz&aacute;s irreflexivo. Pero el consentimiento existe. Y existe porque, m&aacute;s all&aacute; de las eventuales cuestiones de la pol&iacute;tica cotidiana, hay un amplio consenso sobre la ideolog&iacute;a que predomina en la sociedad. Por consiguiente, el verdadero enemigo en nuestra guerra es la ideolog&iacute;a dominante, ese consenso mudo que es la forma actual del poder.</p>  <p>&iquest;C&oacute;mo definir esa ideolog&iacute;a? La cr&iacute;tica de la ideolog&iacute;a dominante es una de las tareas fundamentales de nuestra reflexi&oacute;n, y su configuraci&oacute;n es tan compleja que permite ser enfocada desde muchas perspectivas diferentes. Digamos, en todo caso, que podemos describir el discurso dominante como la conjunci&oacute;n del individualismo, el igualitarismo y el universalismo moderno. El individualismo ha hecho creer al hombre que los pueblos y las comunidades no tienen sentido; el igualitarismo ha hecho creer a las sociedades que toda especificidad cultural, hist&oacute;rica o de otra naturaleza son amenazas para el orden del mundo; el universalismo moderno, en fin, ya bajo forma de expansionismo econ&oacute;mico, ya bajo forma de cosmopolitismo cultural o ya bajo forma de mundialismo pol&iacute;tico, ha hecho creer a hombres y pueblos que la homogeneizaci&oacute;n del planeta entero es la mayor aspiraci&oacute;n de la humanidad. El resultado de la conjunci&oacute;n de esta galaxia ideol&oacute;gica es un mundo gris, donde todos somos &aacute;tomos iguales pero ego&iacute;stas, que flotan a la deriva en un mar sin esp&iacute;ritu y sin olas, en una existencia, en definitiva, sin sentido.</p>  <p>&iquest;C&oacute;mo puede sobrevivir esa galaxia de ideas si por todas partes es evidente la crisis y el colapso que nos rodea? &iquest;Es que la gente no se da cuenta? S&iacute;, la gente lo percibe, pero s&oacute;lo percibe los efectos, no las causas. Tomemos el ejemplo de las drogas: todo el mundo clama contra ese nuevo jinete del Apocalipsis que cabalga por v&iacute;a intravenosa, e incluso es frecuente escuchar que la culpa la tiene el ambiente hostil de nuestras ciudades o la frustraci&oacute;n de los j&oacute;venes, pero ay de aqu&eacute;l que ose decir que el ambiente hostil de nuestras ciudades es producto de una forma de vida rota y fragmentada, donde las familias han quedado reducidas a mero albergue del adolescente y donde se ha perdido el sentido de la comunidad, y que la culpa de eso la tiene el individualismo de las sociedades modernas; o ay de aqu&eacute;l que diga que la frustraci&oacute;n de los j&oacute;venes obedece a la desespiritualizaci&oacute;n de nuestras vidas, a lo poco estimulante que resulta un futuro consagrado al dios del consumo, y que la responsabilidad hay que buscarla en una ideolog&iacute;a social donde los dioses ya no existen. Quiz&aacute; muchos asentir&aacute;n, y de hecho no es dif&iacute;cil encontrar cr&iacute;ticas en este sentido, pero los vigilantes del orden, la polic&iacute;a de los medios de comunicaci&oacute;n, hablar&aacute;n r&aacute;pidamente de "coerci&oacute;n de la libertad del individuo". Otro ejemplo: los sangrientos choques multirraciales de Los &Aacute;ngeles han hecho correr mucha tinta, e incluso hay quien ha aventurado -as&iacute; el psic&oacute;logo Rojas Marcos- que esa violencia atestigua la dificultad de constituir una verdadera sociedad multirracial, de donde podr&iacute;a concluirse la necesidad de respetar las especificidades &eacute;tnicas; sin embargo, la mayor parte de los analistas oficia les insisten en reducir la cuesti&oacute;n a un mero problema de marginaci&oacute;n econ&oacute;mica. Y quien ose insinuar que estos sucesos desmienten el dogma del universalismo igualitario impuesto en Occidente, ser&aacute; r&aacute;pidamente relegado al purgatorio de la reacci&oacute;n.</p>  <p>Hemos llegado al n&uacute;cleo de la cuesti&oacute;n. En la cr&iacute;tica de la sociedad contempor&aacute;nea encontramos siempre un muro infranqueable: el de los valores dominantes. Unos valores que van m&aacute;s all&aacute; de las propias ideolog&iacute;as y que son, en definitiva, los que permiten que sigan sobreviviendo unas ideolog&iacute;as agonizantes.</p>  <p><br /> <strong>5. El universo de los valores</strong></p>  <p>Descrito el paisaje, el Proyecto Aurora extrae de aqu&iacute; una conclusi&oacute;n trascendental: hemos de tratar de contestar la tiran&iacute;a de los valores dominantes. No obstante, conviene detenerse en esta cuesti&oacute;n, porque la conexi&oacute;n entre las circunstancias pol&iacute;ticas y sociales y las ideolog&iacute;as y valores no es obvia para todo el mundo.</p>  <p>Apresur&eacute;monos a decir que este salto desde la ideolog&iacute;a hacia los valores no es nada nuevo. Desde el neomarxjsmo hasta la Teor&iacute;a de Sistemas, pasando por Vilfredo Pareto, los an&aacute;lisis contempor&aacute;neos de la estructura social vienen a decir que los valores son el verdadero motor de todas las sociedades. Vilfredo Pareto dec&iacute;a que, m&aacute;s all&aacute; de las ideolog&iacute;as, hay unos "n&uacute;cleos" en la mentalidad individual y colectiva que determinan las actitudes ante la vida, y que son esos "n&uacute;cleos", racionalizados, los que dan lugar a las ideolog&iacute;as. No es dif&iacute;cil reconocer en esos "n&uacute;cleos" una formulaci&oacute;n positivista de lo que entendemos como valores.</p>  <p>Otro italiano, el comunista Gramsci, pensaba algo muy parecido. Como es sabido, Gramsci dio un giro considerable al an&aacute;lisis marxista cl&aacute;sico. Seg&uacute;n Marx, la base de la sociedad (la infraestructura) estaba constituida por la econom&iacute;a y las relaciones de producci&oacute;n; esa infraestructura determinaba cu&aacute;l iba a ser la estructura pol&iacute;tica, pero adem&aacute;s exig&iacute;a una visi&oacute;n del mundo que legitimara ese estado de cosas, y eso era la ideolog&iacute;a, que ocupaba el lugar de superestructura al servicio de la infraestructura econ&oacute;mica. Gramsci, por el contrario, se dio cuenta de que la realidad era inversa, a saber: eran los cambios en la superestructura los que pod&iacute;an determinar los cambios en la infraestructura, porque la ideolog&iacute;a social no era un relato elaborado a posteriori para justificar tal o cual sistema, sino que era un discurso fundador que sentaba las reglas del sistema de convivencia. Por eso Gramsci sosten&iacute;a que la vanguardia de la acci&oacute;n pol&iacute;tica deb&iacute;a ser una &eacute;lite de "intelectuales org&aacute;nicos" que fabricara un nuevo discurso fundador.</p>  <p>La diferencia entre los dos sistemas se nos hace hoy patente: en la vieja URSS, apegada al an&aacute;lisis marxista cl&aacute;sico, el cambio radical de la infraestructura econ&oacute;mica y setenta a&ntilde;os de opresi&oacute;n espantosa no han conseguido erradicar la religiosidad (de hecho, tanto Stalin como, sobre todo, Breznev, tuvieron que recurrir a la cultura popular tradicional para cimentar un poder que se debilitaba); por el contrario, los partidos comunistas de Occidente, m&aacute;s inclinados hacia el an&aacute;lisis gramsciano, han conseguido en relativamente poco tiempo que la mayor&iacute;a de los intelectuales, artistas, cineastas, profesores, periodistas y, en suma, todo lo que constituye la &eacute;lite cultural, abanderen ideas de izquierda, incluso cuando el comunismo ya no es m&aacute;s que una reliquia. Se ha conseguido algo formidable: que un mundo econ&oacute;micamente capitalista adopte una mentalidad socializante, y que esa mentalidad se extienda a todos los h&aacute;bitos de nuestra vida comunitaria, desde la educaci&oacute;n hasta las propias parroquias de barrio. Y eso ha sido as&iacute; porque los valores, en efecto, son la base de la sociedad, y quien conquista los primeros termina dominando la segunda.</p>  <p>Hacia los a&ntilde;os cincuenta y sesenta, el soci&oacute;logo norteamericano Talcott Parsons elaboraba en este sentido su teor&iacute;a social a partir de la Teor&iacute;a General de Sistemas: toda sociedad est&aacute; compuesta por una agregaci&oacute;n jerarquizada de niveles donde el nivel m&aacute;s alto en la jerarqu&iacute;a lo ocupa el sistema vital; &eacute;ste engloba al sistema cultural, o sea, los valores, que engloban a su vez al sistema social -el tipo de sociedad que una comunidad construye-, y que engloba nuevamente al sistema pol&iacute;tico y al sistema econ&oacute;mico. M&aacute;s que sus partidos o sus relaciones de producci&oacute;n, lo que de verdad determina el car&aacute;cter de una sociedad es su visi&oacute;n del mundo.</p>  <p>En otro orden de cosas, es preciso llamar la atenci&oacute;n sobre un punto, y es que esta visi&oacute;n de la sociedad da la raz&oacute;n a quienes pensamos que el hombre no puede definirse como mero individuo consumidor (el horno &oelig;conomicus de las teor&iacute;as liberales) o como "Yo" absoluto desligado de todo v&iacute;nculo cultural y &eacute;tnico, sino que la posici&oacute;n del hombre viene definida por los valores de la comunidad hist&oacute;rica y cultural a la que pertenece. En definitiva, los an&aacute;lisis completos de la realidad social dan la raz&oacute;n a quienes mantenemos que el individualismo, el igualitarismo y el universalismo moderno parten de un a priori err&oacute;neo, a saber: una idea equivocada, so&ntilde;ada, de la naturaleza humana.</p>  <p><br /> <strong>6. Lo que no hay que hacer</strong></p>  <p>Ya sabemos cu&aacute;l es nuestro objetivo, cu&aacute;l es nuestro enemigo y c&oacute;mo es el campo de batalla. Y bien: &iquest;qu&eacute; hacer? Tambi&eacute;n en este aspecto es conveniente descartar de antemano determinadas opciones. Hay, por ejemplo, quien insiste en cultivar viejas banderas pensando que la certidumbre de su fe se impondr&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a sobre la perfidia del paisaje contempor&aacute;neo. Pero nunca en la Historia ha sucedido que un pueblo vuelva masivamente los ojos a etapas pasadas de su trayectoria con el &aacute;nimo de resucitar estandartes que llevan largo tiempo criando moho, sobre todo cuando el enemigo -otra vez la guerra cultural- ha echado tanto esti&eacute;rcol sobre ellos. Otros conf&iacute;an en el advenimiento de un jefe providencial dispuesto a barrer a sangre y fuego este mundo de perdici&oacute;n. Pero tal tesitura nos obliga a estar con los brazos cruzados, dolientes y maledicentes, hasta que llegue este nuevo Santiago en su caballo blanco, y por otra parte, nada se dice acerca de qu&eacute; aportar&iacute;a este futuro redentor pol&iacute;tico a una sociedad que ya no se puede gobernar desde determinadas ideas.</p>  <p>Hay una tercera posici&oacute;n: la de quienes creen que es posible practicar el "entrismo" en los partidos convencionales, sobre todo en los de la derecha, o incluso en la izquierda comunista -hoy reducida a la triste condici&oacute;n de personaje en busca de autor- para "contaminar" ideol&oacute;gicamente sus aparatos y cobrarse el poder. Pero, que se sepa, nadie ha conseguido jam&aacute;s llevar a buen puerto tales intentos, que adem&aacute;s pasan por alto algo fundamental, a saber: que el aparato en cuesti&oacute;n est&eacute; dispuesto a dejarse conquistar. Por otra parte, basta observar el funcionamiento interno de los partidos convencionales para constatar que sus posiciones rara vez proceden de presupuestos ideol&oacute;gicos, sino que suelen ser el resultado del juego de intereses de los grupos de presi&oacute;n.</p>  <p>Otros, por &uacute;ltimo, creen posible lanzar un movimiento pol&iacute;tico que se haga eco de las convulsiones que sacuden el panorama pol&iacute;tico europeo y que levante una bandera nueva. Ahora bien: ese proyecto, si se limita al mero campo de la competencia electoral, est&aacute; de antemano condenado al fracaso. &iquest;Por qu&eacute;? Porque se olvida que toda acci&oacute;n realmente regeneradora ha de tener vocaci&oacute;n mayoritaria, y una acci&oacute;n pol&iacute;tica "alternativa", en las actuales circunstancias, se encuentra abocada inevitablemente a la marginalidad. Y eso sin entrar en otra cuesti&oacute;n, a saber: la trascendencia que para la guerra de valores pueda tener que un grupo parlamentario vote s&iacute; o no a tal o cual art&iacute;culo de la Ley de Costas, por ejemplo.</p>  <p>En general, todas estas opciones tienen un defecto que para nuestro an&aacute;lisis se convierte en un obst&aacute;culo insuperable: una visi&oacute;n deformada del mundo y un an&aacute;lisis incompleto -o, a veces, simplemente delirante- de la realidad. Porque lo que la realidad nos dice es que resulta imposible practicar un cambio social si antes no se ha cambia do la visi&oacute;n del mundo de esa sociedad.</p>  <p>Aqu&iacute;, en Espa&ntilde;a, tenemos un ejemplo muy cercano: el del franquismo. Francisco Franco dispuso en Espa&ntilde;a de un poder casi absoluto, quiz&aacute; la mayor concentraci&oacute;n de poder en unas solas manos desde Felipe II. Durante treinta y seis a&ntilde;os, todo el aparato del Estado, todos los peri&oacute;dicos, todas las c&aacute;tedras, todas las &eacute;lites sociales, todos los recursos de una naci&oacute;n estuvieron bajo el control de su r&eacute;gimen, y ello sin que se pudiera hablar de una oposici&oacute;n organizada y eficaz. Pues bien: a finales de los a&ntilde;os cincuenta, la Universidad empezaba a ser ya de izquierdas; en los a&ntilde;os sesenta, la prensa y hasta la propia Iglesia empezaban a rebelarse; a finales de los sesenta y primeros setenta, circulaban libremente por Madrid y Barcelona los libros de Marcuse, Althusser, Sartre y Wilhelm Reich, santones de las revoluciones estudiantiles en Berkeley y Par&iacute;s, mientras Nietzsche segu&iacute;a proscrito por el miope veto eclesial. En 1975, todo el pa&iacute;s era "progresista"; la misma &eacute;lite pol&iacute;tica que condujo los &uacute;ltimos a&ntilde;os del franquismo pasaba a dirigir los primeros a&ntilde;os de la democracia. Hoy, seg&uacute;n dicen las encuestas, Franco es odiado por m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola. La &eacute;lite intelectual de la hora presente trata de legitimar nuestro sistema precisamente por referencia a un "odioso pasado fascista" que fue el franquismo.</p>  <p>Y es que Franco gan&oacute; la guerra civil y gan&oacute; despu&eacute;s la guerra de la econom&iacute;a, pero no supo ganar la batalla de las ideas. A pesar de casi cuarenta a&ntilde;os de poder, nadie supo evitar que la sociedad espa&ntilde;ola se convirtiera en lo que es hoy. Franco nos dio coches, lavadoras, viviendas, carreteras, pantanos y paz social, pero no nos dio ideas, no supo legitimar su r&eacute;gimen con un discurso fundador, y por eso acab&oacute; pasando por la Historia como un par&eacute;ntesis de prosperidad econ&oacute;mica... y nada m&aacute;s. Abortada la experiencia falangista y desarticulado el tradicionalismo por su incapacidad para hacer frente a los problemas sociales, el r&eacute;gimen de Franco qued&oacute; sin una visi&oacute;n del mundo. A la misma hora en que la izquierda tomaba oficialmente el poder cultural en Europa (un poder que ya hab&iacute;a ganado muchos a&ntilde;os antes), los gobiernos de Franco abrazaron como &uacute;nica ideolog&iacute;a la tecnocracia, que se convert&iacute;a en &uacute;nico destino de nuestro pueblo; pero la tecnocracia, que no es m&aacute;s que gesti&oacute;n, no se siente en la necesidad de determinar ni definir los objetivos sociales. El resultado ha sido el fracaso a largo plazo. El franquismo se apoder&oacute; del sistema social, del sistema pol&iacute;tico y del sistema econ&oacute;mico, pero no supo gobernar el sistema cultural; Franco transform&oacute; las condiciones sociales y econ&oacute;micas de Espa&ntilde;a, y nadie podr&aacute; negarle su gran aportaci&oacute;n en ese terreno, pero no fue capaz de desarrollar paralelamente una doctrina social que vertebrara todo aquello; como mucho, se adopt&oacute; la doctrina social de la Iglesia, pero tal cosa se hizo en un momento en que la propia Iglesia se las ten&iacute;a que arreglar con los cambios que le impon&iacute;a la transformaci&oacute;n del mundo. Detr&aacute;s de los logros t&eacute;cnicos del Estado franquista no hab&iacute;a m&aacute;s que aquel inconmovible "macizo de la raza" del que hablaba Dionisio Ridruejo: una masa de ciudadanos neutros y conformistas. El franquismo, en definitiva, no fue capaz de producir una visi&oacute;n de la nueva sociedad que &eacute;l mismo hab&iacute;a creado ni, a fortiori, una visi&oacute;n del mundo. Todos sabemos lo que ha pasado despu&eacute;s.</p>  <p>No deber&iacute;amos olvidar nunca esa experiencia cuando escuchamos a quienes creen que basta con construir una alternativa pol&iacute;tica para llegar al poder y modificar el estado actual de las cosas. Incluso si esa "alternativa" se construye con una ideolog&iacute;a coherente y compacta, faltar&aacute; lo fundamental, a saber: que sintonice con la masa social; y esa sinton&iacute;a jam&aacute;s se producir&aacute; si antes no se han modificado los valores dominantes. Todo lo m&aacute;s, esa plataforma pol&iacute;tica quedar&aacute; atrapada por la siguiente disyuntiva: o bien alejarse del discurso dominante, y entonces aceptar una existencia minoritaria, marginal, o bien permanecer dentro del discurso dominante y ganar votos -pero entonces su capacidad alternativa se diluir&aacute; como un azucarillo-. La consecuencia es obvia: si alguien pretende hoy realmente regenerar nuestra sociedad, lo primero que debe hacer es transformar sus valores; y para transformar esos valores, el camino no es el de la liza pol&iacute;tica a corto plazo, sino el de una guerra cultural a largo plazo y sin cuartel, un combate que podr&iacute;amos denominar con la f&oacute;rmula de Nietzsche: Gran Pol&iacute;tica, o tambi&eacute;n con esa otra palabra que ha conocido un notable &eacute;xito en los &uacute;ltimos a&ntilde;os: Metapol&iacute;tica.</p>  <p><br /> <strong>7. La ense&ntilde;anza de la Historia: la mec&aacute;nica del poder cultural</strong></p>  <p>Por otra parte, &eacute;sta ha sido la ense&ntilde;anza de la Historia: no hay conquista posible del poder pol&iacute;tico si no hay conquista previa del poder cultural. Podemos evocar numerosos ejemplos de c&oacute;mo se ha cumplido siempre este axioma. La Revoluci&oacute;n Francesa jam&aacute;s hubiera sido posible si antes las "Soci&eacute;t&eacute;s de pens&eacute;e" no hubieran operado una revoluci&oacute;n en las conciencias: de ser un simple grupo de fil&oacute;sofos a principios del siglo XVIII, estas sociedades terminaron constituyendo una red que abarcaba desde los acad&eacute;micos hasta el &uacute;ltimo maestro rural, y que por todas partes ex tend&iacute;a un mismo mensaje, un mismo objetivo: el ideario de las Luces.</p>  <p>Hay otros ejemplos igualmente evidentes. Fij&eacute;monos en los grandes l&iacute;deres nacionalistas rom&aacute;nticos del siglo XIX: el italiano Mazzini, el alem&aacute;n Jahn, el h&uacute;ngaro Petofi, el dan&eacute;s Grundtvig, el polaco Mickiewiez, el irland&eacute;s Pearse... Todos ellos, sin excepci&oacute;n, empezaron su tarea por el mismo camino: los libros, los peri&oacute;dicos, las aulas de cultura popular, las asociaciones festivas tradicionales, las ligas de estudiantes, etc. Hablemos tambi&eacute;n de la Escuela de Frankfurt, &uacute;ltimo avatar de la izquierda occidental: autores como Adorno, Horkheimer y Habermas son pr&aacute;cticamente desconocidos por el gran p&uacute;blico, pero la gran mayor&iacute;a de los profesores universitarios de toda Europa -y muy especialmente los de "Letras"- se han formado en las teor&iacute;as de estos autores, con frecuencia deformando sus tesis m&aacute;s o menos seg&uacute;n conviniera; as&iacute; la Universidad sigue estando en manos de la m&aacute;s rancia izquierda.</p>  <p>En definitiva, estamos ante la necesidad de comprender el mecanismo del poder cultural y aprender a manejarlo. Si de verdad queremos regenerar nuestra comunidad y transmitirle unos ciertos valores, hemos de estudiar el terreno, evaluar nuestras posibilidades y lanzarnos a ese campo. Podr&iacute;amos proponer cinco v&iacute;as de acci&oacute;n.</p>  <p>o Primera: hemos de tomar conciencia de en qu&eacute; momento hist&oacute;rico estamos y qu&eacute; posici&oacute;n queremos tomar respecto a las fuerzas, en presencia.</p>  <p>o Segunda: hemos de ser capaces de crear un discurso de ruptura y emitirlo en diferentes tonalidades, para que pueda ser utilizado bajo diferentes formas tanto en una universidad de verano como en un comentario period&iacute;stico, tanto en un poema como en un culebr&oacute;n, tanto en un ensayo filos&oacute;fico como en un libro de divulgaci&oacute;n cient&iacute;fica.</p>  <p>o Tercera: hemos de llegar a otorgar una nueva dimensi&oacute;n m&iacute;tica a nuestras ideas, una dimensi&oacute;n po&eacute;tica, para despertar la sensibilidad popular.</p>  <p>o Cuarta: hemos de suscitar compromiso intelectual, que los intelectuales lo sean org&aacute;nicamente, que vivan inmersos en una comunidad de acci&oacute;n y que permanezcan entregados a la teor&iacute;a sin olvidar que entre la teor&iacute;a y la acci&oacute;n existe una relaci&oacute;n vivificante.</p>  <p>Cubiertas esas etapas, podremos empezar a pensar que estamos librando la batalla en los t&eacute;rminos que nuestra situaci&oacute;n hist&oacute;rica exige.</p>  <p><strong>8. Articular el movimiento</strong></p>  <p>&iquest;C&oacute;mo hacer todo eso? El objetivo es ambicioso. Pero hemos de saber c&oacute;mo estructuramos, qu&eacute; forma org&aacute;nica adoptar y qu&eacute; dimensi&oacute;n darle, para que el Proyecto no se disuelva en una mera acumulaci&oacute;n de iniciativas individuales y para que pueda realmente estar presente en la sociedad. &iquest;C&oacute;mo organizar la resistencia?</p>  <p>No se trata de crear un partido pol&iacute;tico, porque un partido se ci&ntilde;e a la vida pol&iacute;tica primaria, mientras que nuestro horizonte es m&aacute;s ambicioso que el de ganar unas elecciones. Pretendernos una acci&oacute;n global, una Gran Pol&iacute;tica que reconstruya los referentes perdidos de nuestra cultura. No creemos que la soluci&oacute;n est&eacute; en uno de esos grupos hoy abundantes, que nacen de un desvar&iacute;o moment&aacute;neo y obedecen a la fragmentaci&oacute;n de este occidente convulso. Aspirarnos a algo m&aacute;s amplio, algo arraigado en fuerzas profundas, anclado en la lucha existencial por una visi&oacute;n del mundo. Por eso elegimos el t&eacute;rmino "movimiento". Nos proponemos crear un movimiento renovador de la sociedad. Un movimiento comunitario capaz de suscitar una acci&oacute;n social, exterior, y al mismo tiempo una construcci&oacute;n personal, interior.</p>  <p>Un movimiento es algo capaz de poner en marcha sensibilidades muy distintas, vocaciones dispares, aspiraciones plurales y planteamientos de vida diferentes. El movimiento es de car&aacute;cter universal, hist&oacute;rico y aglutinante. Su motor son las ideas, es decir, un conjunto de valores, de principios firmes, una visi&oacute;n del mundo y una manera de vivir y de trabajar. Pero no se trata de una realidad est&aacute;tica: por el contrario, ha de ser m&oacute;vil y capaz de evolucionar en funci&oacute;n de las condiciones objetivas de la sociedad que nos rodea.</p>  <p>Teniendo en cuenta tanto la situaci&oacute;n actual de nuestras posibilidades como la propia estrategia que extraemos de nuestra visi&oacute;n del mundo, nos proponemos articular la construcci&oacute;n del movimiento en dos fases sucesivas. La primera ser&aacute; la de la lucha cultural: crear un foro cultural e intelectual, una plataforma de exposici&oacute;n y debate de ideas que puede aglutinarse en torno a una revista, un c&iacute;rculo o un aula cultural y unas actividades paralelas que cimenten la cohesi&oacute;n interna. Ese es el estado actual del Proyecto Aurora: somos un Foro de Discusi&oacute;n. Se trata de constituirnos como corriente de opini&oacute;n dentro de la sociedad. En su seno pueden darse cita orientaciones dispares: lo importante no es la coincidencia doctrinal, sino el inter&eacute;s por la labor que se est&aacute; desarrollando. Pero a esa dimensi&oacute;n externa hay que a&ntilde;adir una dimensi&oacute;n interna: la creaci&oacute;n de una comunidad que sea el motor (interior) del movimiento (exterior). Ser&iacute;a absurdo abrir un bander&iacute;n de enganche para desocupados: los miembros del Proyecto Aurora han de coincidir en la cr&iacute;tica al sistema desde la perspectiva enunciada anteriormente, as&iacute; como ser fieles a un cierto estilo de conducta y convivencia. Todo el mundo puede participar en las actividades externas del Proyecto Aurora; pero s&oacute;lo los que compartan una cierta visi&oacute;n del mundo y un cierto estilo aceptar&aacute;n ser miembros del Proyecto Aurora. Por eso, junto a la acci&oacute;n exterior desde el foro cultural, es preciso potenciar la formaci&oacute;n interna, comunitaria: la coherencia en lo ideol&oacute;gico debe compatibilizarse con la coherencia en el modo de vida. Esa es tambi&eacute;n la raz&oacute;n por la que no puede definirse nuestro Proyecto como una "asociaci&oacute;n de intelectuales": el objetivo es defender unos valores, y es obvio que, en esta primera fase, son los intelectuales los m&aacute;s capacitados t&eacute;cnicamente para cumplir esa funci&oacute;n "exterior", pero el combate va mucho m&aacute;s all&aacute;, hasta la creaci&oacute;n de un cierto tipo de vida, y en esa labor pueden -deben- participar todos los que lo deseen.</p>  <p>Definidos los principios -tanto en la visi&oacute;n del mundo y en el discurso p&uacute;blico como en la cualidad interior de los miembros de la comunidad-, puede darse el salto hacia la segunda fase del movimiento, que es la de la acci&oacute;n social ya no como simple foro de ideas, sino como movimiento renovador abiertamente declarado. Tras la fase cultural, podr&iacute;amos definir esta segunda fase como "revolucionaria". Su meta es construir un mundo nuevo. Para ello es preciso una unidad de acci&oacute;n y una unidad de principios. Se trata de llevar a la sociedad un cuerpo b&aacute;sico de principios en el que todos, sea cual fuere su formaci&oacute;n, puedan reconocerse. Ese cuerpo doctrinal tiene que ser capaz de suscitar adhesi&oacute;n en amplias capas de la poblaci&oacute;n y apoyar una labor formativa y educadora ligada a la vida cotidiana; tiene que ofrecer una alternativa global al sistema para que cada individuo sea un baluarte existencial de esos principios. El movimiento, en definitiva, ha de ser capaz de crear por s&iacute; mismo una sociedad dentro de la sociedad, un mundo libre y nuevo dentro del mundo viejo y esclavo contra el que se levanta.</p>  <p>En ambas fases hay un elemento permanente: esa comunidad de combate por una visi&oacute;n del mundo que pretende ser el Proyecto Aurora. Por eso es necesario asumir desde el principio la militancia como una entrega personal y decidida al objetivo. Al mismo tiempo, es preciso desarrollar un estilo de vida que permita a todos sentirse parte org&aacute;nica del conjunto. La solidaridad, la responsabilidad, el rigor, la seriedad, el respeto, la confianza, la libertad, la dignidad, la honradez, la fidelidad... Cada uno ha de encarnar los valores que la comunidad defiende. No se renovar&aacute; la vida social si antes no somos capaces de transportar dentro de nosotros mismos los valores que defendemos. La acci&oacute;n exterior siempre ser&aacute; reflejo de la cualidad interior. En la medida en que se logre la cohesi&oacute;n y la solidez de la comunidad, ser&aacute; m&aacute;s o menos f&aacute;cil alcanzar los objetivos propuestos.</p>  <p><strong>9. La liberaci&oacute;n</strong></p>  <p>&iquest;Qu&eacute; queremos? Que nuestro mundo recobre la humanidad de lo org&aacute;nico y que resuciten los valores que permit&iacute;an al hombre encontrar un sentido en la vida. &iquest;Cu&aacute;l es el mejor camino para acometer esa tarea? Actuar sobre los propios valores, sobre la cultura de nuestra sociedad. &iquest;,C&oacute;mo podemos hacer eso? Apostando decididamente por la batalla de las ideas y construyendo un movimiento capaz de llevar a cabo la tarea. Eso fue lo que se concluy&oacute; en la Jornada de Torrelodones.<br /> </p>  <p>El manifiesto del Proyecto Aurora dice: "Las fronteras est&aacute;n en las almas, porque son las almas las que experimentan la carencia de sentido de esta civilizaci&oacute;n. La contestaci&oacute;n, por tanto, ha de venir de las almas: son el pensamiento y el sentimiento los que deben levantar acta de la situaci&oacute;n presente y proponer caminos nuevos".<br /> </p>  <p>P&aacute;ginas atr&aacute;s hemos citado a Friedrich Jahn, el l&iacute;der del movimiento Joven Alemania. Retrocedamos casi dos siglos y situ&eacute;monos en el momento en que Jahn lanza su llamada contra las tropas napole&oacute;nicas: "En principio -dec&iacute;a Jahn- no somos m&aacute;s que gentes de buena voluntad. Nuestra tarea es poner en marcha el movimiento de liberaci&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo? No lo s&eacute;. Pero s&iacute; s&eacute; que el primer combate que hemos de librar est&aacute; en las almas. &iquest;Por qu&eacute; nuestro pueblo es pasivo? Porque su alma est&aacute; enferma. Por eso ha perdido la esperanza y la confianza. Pero nosotros podremos devolv&eacute;rselas por la palabra, explic&aacute;ndole que ning&uacute;n poder es invencible ni eterno. Hay muchos ejemplos de poderes que se desmoronan. Seamos, cada uno de nosotros, un modelo de comportamiento para nuestro pueblo; ense&ntilde;&eacute;mosle el orgullo, cada uno en su &aacute;mbito, pero, sobre todo, en los centros de educaci&oacute;n".<br /> <br /> No se puede resumir mejor el combate del Proyecto Aurora.</p>  <p>&nbsp;</p>  <p>II. Pistas para un discurso de contestaci&oacute;n: las ideas del Proyecto Aurora</p>  <p><strong>1. La hora de las grandes afirmaciones</strong></p>  <p>En tiempos de crisis, es f&aacute;cil que cunda el des&aacute;nimo. Ha ca&iacute;do la noche y el horizonte se ha cerrado; en esas condiciones, &iquest;qui&eacute;n no siente la tentaci&oacute;n de echarse a dormir? Sin embargo, ninguna noche es eterna. Por el contrario, la oscuridad anuncia siempre el retorno del alba, la Aurora. La crisis que hoy vivimos no es el &uacute;ltimo acto de la existencia humana sobre la tierra: basta mirar la Historia de nuestros pueblos para darse cuenta de ello. Vendr&aacute;n nuevos tiempos y -seguramente- nuevas crisis. Pero tampoco estamos ante un episodio circunstancial, una enfermedad pasajera de ese "mejor mundo posible" que cantan los exegetas de la modernidad occidental. La crisis presente ha agudizado las contradicciones del sistema dominante y de la ideolog&iacute;a que lo sustenta hasta unos l&iacute;mites inauditos: quienes aguardaban un mundo de felicidad edificado sobre el patr&oacute;n del mercado han de asistir, impotentes, a la quiebra de su modelo econ&oacute;mico, el des cr&eacute;dito de sus sistemas pol&iacute;ticos y la disoluci&oacute;n de sus culturas desarraigadas. Podemos decir, sin temor a errar, que estamos en una fase decisiva de nuestra historia. As&iacute; las cosas, s&oacute;lo hay dos opciones: o aceptamos la invitaci&oacute;n del sue&ntilde;o, y entonces nos resignamos a llevar la existencia pasiva que el sistema dominante espera de nosotros, o escogemos guardar vela hasta que amanezca, y entonces estamos obligados despertar a los dem&aacute;s. Si el Proyecto Aurora ha nacido es precisamente para eso: para despertar conciencias.</p>  <p>Para nosotros ha llegado la hora de las grandes afirmaciones. Durante siglos, la ideolog&iacute;a del mundo moderno se ha empe&ntilde;ado en manipular la realidad para encajarla en sus moldes ideales, un mundo de fantas&iacute;a creado por un racionalismo sin alma. Algunos llaman a eso Utop&iacute;a. Tambi&eacute;n podr&iacute;amos llamarlo Desastre. Hoy ese mundo de mentira hace agua por todas partes. Y no pod&iacute;a ser de otro modo, porque la realidad siempre termina veng&aacute;ndose de quien la ha querido negar. En esa tesitura, en una &eacute;poca de incertidumbres donde la verdad se ventila en el mercado de la opini&oacute;n, nosotros reclamamos aquello que el Zaratustra de Nietzsche llamaba "la habilidad del persa", a saber: decir la verdad y disparar bien las flechas.</p>  <p>Pretendemos una reconciliaci&oacute;n con el mundo. Una reconciliaci&oacute;n con todo aquello que el descarnado racionalismo moderno ha negado y que, sin embargo, constituye la esencia de lo humano: la naturaleza org&aacute;nica de todo lo vivo, la diversidad de las culturas, la permanencia de lo sagrado, la cualidad comunitaria del hombre... Proponemos por tanto una visi&oacute;n del mundo completa. Nosotros amamos la realidad. Y tanto la tradici&oacute;n como la ciencia nos est&aacute;n diciendo que la realidad est&aacute; ah&iacute;, en esos elementos permanentes que el racionalismo moderno, un d&iacute;a, quiso negar. La realidad tiende, pues, un puente entre el viejo esp&iacute;ritu tradicional de nuestros pueblos y las conquistas del conocimiento contempor&aacute;neo.</p>  <p>Nuestra visi&oacute;n del mundo acepta la realidad sin violentarla. Todas las esferas de la vida quedan integradas as&iacute; en un orden jer&aacute;rquico y org&aacute;nico. La teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica, el pensamiento y la vida, el arte y el trabajo, el individuo y la comunidad, la religi&oacute;n y la ciencia, el placer y el deber... Todo se vincula con todo en una misma armon&iacute;a, ora pol&eacute;mica, ora pac&iacute;fica. Nuestro trabajo es sacar a la luz la interrelaci&oacute;n que existe entre todas las cosas y otorgarles un lugar. Podemos llamar a esa operaci&oacute;n "el reencuentro con el Ser".</p>  <p><strong><br /> 2. El hombre nuevo</strong></p>  <p>El entorno dominante mantiene una poderos&iacute;sima fuerza de seducci&oacute;n hacia su universo de valores. Nadie parece poder escapar a su influjo. Sin embargo, a&uacute;n somos capaces de reavivar en nosotros una llama de resistencia contra ese beso del sue&ntilde;o que es el poder de la modernidad.</p>  <p>Ante un mundo que se derrumba, afirmamos el necesario advenimiento de un tiempo nuevo. Pero todo movimiento humano se hace desde dentro hacia fuera. Por eso, del mismo modo, afirmamos tambi&eacute;n la llegada de un hombre nuevo. Tal hombre nuevo, evidentemente, no es ese ser ficticio concebido por el mesianismo comunista, ni ese otro Narciso hedonista y sin memoria que nos propone el llamado "nuevo orden del mundo", sino que es el hombre de verdad, el hombre &iacute;ntegro, el hombre que abraza el mundo con ese mismo esp&iacute;ritu tr&aacute;gico y heroico con que lo hicieron nuestros mejores antepasados. All&aacute; donde haya un baluarte contra la descarnada civilizaci&oacute;n de la t&eacute;cnica y sus servidumbres, all&aacute; se est&aacute;n forjando los valores y los s&iacute;mbolos de una &eacute;poca nueva.</p>  <p>Nuestra misi&oacute;n m&aacute;s importante es edificar poco a poco, en nosotros mismos, los cimientos de ese hombre nuevo, ese hombre eterno ligado a la vida y que vuelca en la vida su cualidad interior. De nada sirve una concepci&oacute;n del mundo si est&aacute; escindida de la vida. Lo que se tiene o lo que se hace s&oacute;lo tiene valor por lo que se es. Por eso es crucial Ia formaci&oacute;n en acci&oacute;n de la persona.</p>  <p>Fijamos la vista en el hombre de la antigua tradici&oacute;n europea, hoy interrumpida por un quebranto de siglos de decadencia. Es el nuestro un hombre arraigado en el pasado, en los dioses, los h&eacute;roes y los mitos de una cosmovisi&oacute;n no del todo perdida. Pero lo hace con la mirada abierta hacia el futuro, porque &eacute;l es nuevo y viejo a la vez. En definitiva, es el hombre que regresa a casa tras muchos a&ntilde;os de exilio.</p>  <p><br /> <strong>3. La dimensi&oacute;n espiritual</strong></p>  <p>No es verdad que los dioses nos hayan abandonado. M&aacute;s bien, somos nosotros quienes les hemos abandonado a ellos. El debate central de nuestro tiempo es el que opone lo sagrado y su negaci&oacute;n. Nosotros no vamos a entrar en &eacute;l para alumbrar una nueva religi&oacute;n -una de las tentaciones m&aacute;s caracter&iacute;sticas de este fin de ciclo-, sino para elaborar una concepci&oacute;n real del hombre y para revitalizar la idea de lo sagrado que existi&oacute; en nuestra tradici&oacute;n heredada.</p>  <p>Dentro de una nueva Antropolog&iacute;a realista, es preciso constatar la primac&iacute;a de la dimensi&oacute;n espiritual del hombre, soslayada por las ideolog&iacute;as de la modernidad. Hay que subrayar que el abandono de la espiritualidad es un fen&oacute;meno &uacute;nico y exclusivo de esta &eacute;poca y de la civilizaci&oacute;n t&eacute;cnica de Occidente, con graves consecuencias en todas las esferas de la vida.</p>  <p>Por otra parte, como hombres vinculados a nuestro pasado sabemos que no somos libres ni de romper con &eacute;l ni de adoptar una visi&oacute;n limitada del mismo, seleccionando s&oacute;lo aquello que nos resulte m&aacute;s c&oacute;modo. El Proyecto Aurora mantiene una actitud de absoluta tole rancia para con las diversas v&iacute;as espirituales que han alimentado la vi da religiosa de todos los pueblos. Al mismo tiempo, consideramos especialmente importante elucidar y rescatar la idea de lo sagrado que descansa en la cultura europea para reencontrar as&iacute; nuestra identidad.</p>  <p>Creemos que es necesario profundizar de manera cient&iacute;fica -es decir: objetiva, realista, tratando de ver las cosas como son- en la herencia recibida, para retomar el contacto con nuestra tradici&oacute;n y, simult&aacute;neamente, transmitir la necesidad de reespiritualizar nuestra &eacute;poca y devolver a lo sagrado sus atributos.</p>  <p><strong>4. La idea comunitaria</strong></p>  <p>El hombre es un ser social por naturaleza y por cultura. El hombre es tal en la medida en que crea comunidades. El atroz individualismo implantado por la visi&oacute;n economicista del mundo ha convertido la sociedad en un agregado sin forma constituido por la suma arbitraria de unos individuos an&oacute;nimos, sin ra&iacute;ces y sin pasado. Pero tal sociedad es una ficci&oacute;n que crea des&oacute;rdenes y desequilibrios de todo g&eacute;nero, porque ignora deliberadamente aquello que es espec&iacute;ficamente huma no. Nosotros, por nuestra herencia, pertenecemos a una determinada comunidad humana que se aprehend&iacute;a a s&iacute; misma como comunidad hist&oacute;rica. Esa comunidad viene definida por multitud de par&aacute;metros culturales, ling&uuml;&iacute;sticos, &eacute;tnicos, etc&eacute;tera. Hoy el sistema trata de eliminar sus &uacute;ltimos restos so pretexto de "cosmopolitismo". Pero ning&uacute;n pretexto puede ocultar la verdadera naturaleza de esa operaci&oacute;n: el exterminio. Nuestra obligaci&oacute;n es enfrentarnos a ese exterminio y pugnar por la revitalizaci&oacute;n de la idea comunitaria.</p>  <p>Esta idea comunitaria lleva impl&iacute;cita la propuesta de un determinado orden social. Se trata de un orden que echa sus ra&iacute;ces en dos polos complementarios: la persona y la comunidad, y ello a trav&eacute;s de sus c&eacute;lulas tradicionales: familia, cuerpos intermedios, estamentos, corporaciones, empresas, ayuntamientos... Si queremos superar las tendencias disgregadoras de nuestro tiempo -individualismo, desarraigo, p&eacute;rdida de la identidad cultural, lucha de clases, separatismos, etc&eacute;tera- es preciso revitalizar el papel de las instancias m&aacute;s pr&oacute;ximas a la persona. Uno de los instrumentos necesarios para llevar a cabo este cambio en profundidad ha de ser el replanteamiento de la funci&oacute;n del Estado: la misi&oacute;n del Estado es la de ser un instrumento al servicio de la comunidad popular, y no, como ocurre actualmente, un mero aparato t&eacute;cnico de opresi&oacute;n social a trav&eacute;s de un obsesivo control burocr&aacute;tico de todos y cada uno de los ciudadanos. Todos los problemas de legitimidad del Estado contempor&aacute;neo provienen, en buena medida, del hecho de que el Estado se haya desligado de las caracter&iacute;sticas culturales e hist&oacute;ricas de la comunidad. Apostamos por la soberan&iacute;a del Estado que sirve al pueblo, en todas sus dimensiones, frente a la tiran&iacute;a de los grupos de presi&oacute;n y las componendas econ&oacute;micas internacionales. Proponemos insuflar en el Estado una dimensi&oacute;n humana y comunitaria.</p>  <p><br /> <strong>5. Una nueva econom&iacute;a org&aacute;nica</strong></p>  <p>De nuestra visi&oacute;n comunitaria de la sociedad se deriva naturalmente un replanteamiento general no s&oacute;lo de las ideas econ&oacute;micas vigentes, sino del mismo fundamento de la econom&iacute;a. Nadie parece plantearse hoy cu&aacute;l es el objetivo, el fin &uacute;ltimo de una pol&iacute;tica econ&oacute;mica. El desorden provocado por los actuales ciclos econ&oacute;micos, sometidos al caprichoso movimiento del dinero es de tal magnitud que se hace necesario echar nuevos cimientos. Porque el objetivo de la actividad econ&oacute;mica no es la propia econom&iacute;a: no es s&oacute;lo luchar contra la inflaci&oacute;n, o mantener un &iacute;ndice de crecimiento elevado o -mucho menos- que el dinero fluya "libremente", sino que el objetivo &uacute;ltimo ha de ser el servicio a la comunidad. Y esta afirmaci&oacute;n, que a primera vista parece una obviedad, supone por el contrario un cambio cualitativo de gran importancia respecto a las ideas vigentes, que han convertido la econom&iacute;a en una disciplina sin m&aacute;s rumbo que ella misma.</p>  <p>Desde nuestro punto de vista, la actividad econ&oacute;mica debe tender a su subordinaci&oacute;n a los fines sociales y a los objetivos pol&iacute;ticos. El lugar de lo econ&oacute;mico no puede separarse de lo pol&iacute;tico y de lo social, sino que ha de estar integrado con ellos en armon&iacute;a org&aacute;nica. La empresa constituye el mejor ejemplo de esta operaci&oacute;n: hoy la empresa no es m&aacute;s que una m&aacute;quina, pero, por su esencia, cabr&iacute;a concebirla como el lugar donde lo humano y lo econ&oacute;mico se funden. Esa es nuestra idea de la econom&iacute;a: una idea, insistimos, arm&oacute;nica. Para conseguir tal armon&iacute;a es preciso desembarazarse de las doctrinas actuales del economicismo, el consumismo y el librecambismo mundial. Lo econ&oacute;mico no puede estar sujeto a la tiran&iacute;a del dinero, sino que ha de supeditarse a las realidades y a los fines de rango superior, estrictamente comunitarios. Para ello hay que reivindicar la protecci&oacute;n y potenciaci&oacute;n de la propiedad personal y corporativa, frente a la expropiaci&oacute;n de hecho que est&aacute; ejecutando el capitalismo internacional. Por la misma raz&oacute;n, es capital recuperar el control pol&iacute;tico de los bancos centrales y la capacidad del Estado para emitir su moneda, as&iacute; como la lucha contra la usura y contra esa nueva esclavitud nacida del pr&eacute;stamo a desmesurado inter&eacute;s.</p>  <p><br /> <strong>6. Naturaleza y comunidad</strong></p>  <p>La tecnificaci&oacute;n progresiva de los entornos humanos ha tra&iacute;do una destrucci&oacute;n de la naturaleza, destrucci&oacute;n enmascarada bajo el nombre del progreso. Actualmente, la propia ciencia ha puesto de relieve las graves repercusiones que para la vida humana -y para el planeta entero- acarrea la llamada "explotaci&oacute;n de los recursos naturales". Del mismo modo, la reclusi&oacute;n de grandes masas de la poblaci&oacute;n en enjambres inhumanos constituye una traducci&oacute;n a la vida diaria de la ruptura entre el hombre y la naturaleza.</p>  <p>Pero esto no siempre fue as&iacute;, ni lo es actualmente en extensas &aacute;reas del planeta. Es verdad que la transformaci&oacute;n del entorno es una de las formas humanas de estar en el mundo, pero s&oacute;lo hoy tal transformaci&oacute;n ha llevado a una situaci&oacute;n tan cr&iacute;tica. Los or&iacute;genes de esta patolog&iacute;a hay que rastrearlos en la visi&oacute;n del mundo propia del hombre moderno. La desespiritualizaci&oacute;n del mundo, la desacralizaci&oacute;n de la naturaleza y la desinstalaci&oacute;n del hombre en su entorno natural ha terminado convirtiendo la naturaleza en mercanc&iacute;a.</p>  <p>Por el contrario, nuestra visi&oacute;n del mundo busca armonizar lo humano y lo natural. Del mismo modo que defendemos la idea org&aacute;nica como base de nuestro orden social, as&iacute; concebimos la naturaleza como miembro de pleno derecho dentro de nuestra comunidad. La nuestra es una actitud aut&eacute;nticamente ecol&oacute;gica ante la vida- promover la defensa de la naturaleza, proteger el medio ambiente, organizar sin traumas la humanizaci&oacute;n del entorno y plantear una forma de vida natural, austera, sencilla y alejada de la excesiva artificializaci&oacute;n de la gran urbe.</p>  <p>Uno de los pilares de este combate ecol&oacute;gico bien entendido es la defensa de la cultura agraria. Frente a la forma de vida industrial y urbana, que genera masas uniformes y grises, el campesinado representa la uni&oacute;n directa a la tierra y el esfuerzo org&aacute;nico de una sociedad con ra&iacute;ces.</p>  <p><br /> <strong>7. Por la libertad de los pueblos, contra el nuevo desorden mundial</strong></p>  <p>Hace tan s&oacute;lo unos pocos a&ntilde;os que los voceros del sistema vienen pregonando el advenimiento de un Nuevo Orden Mundial que solucionar&aacute; las violentas convulsiones de nuestro siglo. La idea ha sido discutida por pocos, y de estos pocos, menos a&uacute;n han sabido oponer una resistencia fundamentada a la irrupci&oacute;n de esta pretensi&oacute;n chulesca.</p>  <p>E! Nuevo Orden Mundial nace como consecuencia de la quiebra, por agotamiento, del poder sovi&eacute;tico. Sin embargo, ser&iacute;a equivocado pensar que supone una victoria de un hipot&eacute;tico "mundo libre". M&aacute;s bien, de lo que se trata es de la victoria definitiva de la visi&oacute;n moderna del mundo. Es preciso mirar los acontecimientos desde la perspectiva hist&oacute;rica. Desde el siglo XVIII, la ideolog&iacute;a moderna siempre ha manifestado su ambici&oacute;n -as&iacute; en Kant- de extenderse a escala planetaria. Para alcanzar ese objetivo hab&iacute;a que vencer un obst&aacute;culo: los poderes tradicionales, simbolizados en la alianza entre el trono y el altar. La historia del siglo XIX y de parte del siglo XX es la historia de la guerra entre el mundo antiguo y el mundo moderno. La victoria final de este &uacute;ltimo, empero, no signific&oacute; la pacificaci&oacute;n final, sino que dio paso a una guerra civil entre dos concepciones distintas de la modernidad: el liberalismo y el marxismo, una guerra denominada "fr&iacute;a" que ha ocupado casi toda la segunda mitad de nuestro siglo. La ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n y la disoluci&oacute;n de la URSS, v&iacute;ctima de sus propios errores, ha cerrado esta etapa de guerra civil y ha supuesto el triunfo de la versi&oacute;n liberal de la modernidad. Con todo, la pretendida paz final no ha llegado todav&iacute;a, sino que la modernidad entra ahora en la &uacute;ltima fase de su proyecto de dominio: la guerra contra todos aquellos pueblos y culturas que pretenden seguir su propia v&iacute;a tradicional, y no la v&iacute;a impuesta por el Occidente moderno. A esa operaci&oacute;n de asalto final se le ha denominado "nuevo orden del mundo".</p>  <p>El Nuevo Orden Mundial no se impone como un dominio militar o pol&iacute;tico, sino que su objetivo es dominar las conciencias y los comportamientos mediante la instauraci&oacute;n de unas aspiraciones sociales e individuales susceptibles de lograr la aprobaci&oacute;n de todos y cada uno. Esas aspiraciones pueden definirse de forma muy simple: el bienestar econ&oacute;mico individual y la sumisi&oacute;n colectiva a las reglas del mercado mundial. El individualismo y el economicismo son los dos ejes del orden social y pol&iacute;tico que corresponde a esta nueva fase de la modernidad. Tal para&iacute;so de contables -ya presente en Marx, por otro lado- es expuesto por los aparatos ideol&oacute;gicos del sistema -medios de comunicaci&oacute;n, clase intelectual oficial, etc.- como aspiraci&oacute;n leg&iacute;tima e irrenunciable de todo hombre y toda sociedad. Identificado con la libertad universal, el individualismo economicista se convierte en el &uacute;nico punto de referencia v&aacute;lido para toda reflexi&oacute;n. Todo lo dem&aacute;s queda condenado como "regresivo" o como "peligroso". Milan Kundera defini&oacute; este anhelo moderno de unificaci&oacute;n universal con una aguda frase: "La unidad de la humanidad significa que nadie pueda escapar a ninguna parte". Nace as&iacute; una nueva dictadura de proporciones inimaginables.</p>  <p>Desde nuestro punto de vista, sin embargo, este "nuevo orden del mundo" no va a ser capaz de desarrollar la &uacute;ltima fase de su operaci&oacute;n de dominio, en la medida en que el sistema sociopol&iacute;tico que lo sustenta ha dejado ver ya sus muchos puntos d&eacute;biles y, especialmente su incapacidad para entender la verdadera dimensi&oacute;n del hecho humano, en la medida en que las especificidades culturales, hist&oacute;ricas o &eacute;tnicas, negadas por el Nuevo Orden Mundial y condenadas con los ep&iacute;tetos de "fascismo", "fanatismo", "integrismo" o "nacionalismo", resurgen sin embargo por todas partes en el mismo momento en que se cre&iacute;a haberlas aniquilado. Y es que el Nuevo Orden Mundial adolece de la misma insuficiencia antropol&oacute;gica que ha caracterizado a las ideolog&iacute;as de la modernidad: una visi&oacute;n falsa, inadecuada e imaginaria de la naturaleza humana. Nosotros, por el contrario, partimos del realismo antropol&oacute;gico y, gracias a las ciencias contempor&aacute;neas, hemos aprendido que el hombre es inseparable de su herencia cultural e hist&oacute;rica. Por eso creemos descubrir en el Nuevo Orden Mundial un nuevo intento de tiranizar la naturaleza humana, comparable por sus dimensiones y por sus consecuencias al del comunismo sovi&eacute;tico.</p>  <p>A nuestros ojos, en efecto, el Nuevo Orden Mundial no es m&aacute;s que una inmensa masacre de pueblos, de culturas y de tradiciones, sacrificadas en el altar de una hipot&eacute;tica sociedad de consumo planetaria. En ese sentido, nuestro trabajo seguir&aacute; dos v&iacute;as: por un lado, la denuncia implacable de ese nuevo totalitarismo moderno y de aquellos poderes que bajo apariencia de paz, democracia, cosmopolitismo y progreso alimentan semejante operaci&oacute;n de dominio; por otro, la defensa activa de todo cuanto hace de los pueblos y de los hombres entidades &uacute;nicas, diferentes e irrepetibles: culturas, razas, religiones, tradiciones... No es cierto que la alteridad, la diferencia, suponga una amenaza para la paz en el mundo, porque el mundo se ha caracterizado siempre, precisamente, por albergar pueblos y hombres distintos, y eso es lo que constituye su riqueza. Es m&aacute;s bien al contrario: es el Nuevo Orden Mundial y su tir&aacute;nico mercado mundial quienes representan una grave amenaza para las diferentes formas humanas de estar en el mundo. Frente al torvo proyecto de crear un mundo triste y gris, habitado por hom&uacute;nculos fabricados en serie, reivindicamos el derecho a la diferencia y a la identidad de todos los pueblos y razas del planeta.</p>  <p>En coherencia con esta idea, consideramos urgente que los pueblos de Europa vuelvan a tomar conciencia de su verdadera identidad hist&oacute;rica. Desde nuestro punto de vista, los pueblos europeos han sido la primera v&iacute;ctima de la rapacidad ideol&oacute;gico-pol&iacute;tica del sistema. Este mundo de t&eacute;cnica ciega y de economicismo mundialista no es la &uacute;nica cara de Europa, y diremos m&aacute;s: tal horror se ha construido precisamente contra Europa, contra sus tradiciones y sus culturas, contra su verdadera identidad. Este Occidente moderno, motor del Nuevo Orden Mundial y sometido a los Estados Unidos, no es del mismo linaje que aquel otro viejo occidente europeo de reyes, sabios y emperadores. Por tanto, el Proyecto Aurora se manifiesta abiertamente hostil al occidentalismo de nuestros d&iacute;as, mera m&aacute;scara ret&oacute;rica de intereses econ&oacute;micos transnacionales.</p>  <p><br /> <strong>8. La "vuelta a casa"</strong></p>  <p>La sensibilidad que nosotros proponemos no puede aceptar la con signa del discurso actualmente dominante, seg&uacute;n el cual toda vinculaci&oacute;n hist&oacute;rica es un estorbo para el individuo. Por el contrario, el tipo de hombre en que nos reconocemos abraza con gusto sus ra&iacute;ces, por que posee conciencia de su dimensi&oacute;n hist&oacute;rica, de hallarse ligado a un pasado y a una comunidad que proyecta en &eacute;l su supervivencia. Nosotros consideramos que, por ser lo que somos, es nuestra obligaci&oacute;n garantizar la continuidad y el crecimiento de la herencia que hemos recibido. Esa toma de conciencia es lo que entendemos por "vuelta a casa".</p>  <p><br /> <strong>8.1. El Proyecto Espa&ntilde;a</strong></p>  <p>Nuestra comunidad hist&oacute;rica se llama Espa&ntilde;a. Nos reconocemos en la historia rica, dif&iacute;cil, tr&aacute;gica y tantas veces gloriosa de nuestro pa&iacute;s. Pero en tanto que espa&ntilde;oles, y precisamente por serlo, reconocemos tambi&eacute;n proyecciones distintas, "por arriba" y "por abajo", de nuestra comunidad.</p>  <p>"Por abajo": la realidad espa&ntilde;ola no es homog&eacute;nea, sino que alberga en su seno peculiaridades regionales m&aacute;s acentuadas que en otros pa&iacute;ses europeos. Nosotros, que tenemos una visi&oacute;n del mundo organicista, pluralista y diferencialista, no encontramos oposici&oacute;n entre la identidad vasca o catalana, por ejemplo, y la espa&ntilde;ola. Todas esas oposiciones son producto de la visi&oacute;n moderna del mundo, que tiende por naturaleza a homogeneizar todo cuanto toca. Para nosotros, por el contrario, Espa&ntilde;a s&oacute;lo existir&aacute; como comunidad si es plural y si transporta con respeto la identidad de sus pueblos, del mismo modo que esos pueblos s&oacute;lo tendr&aacute;n un destino si se proyectan en Espa&ntilde;a.</p>  <p>Y "por arriba": el papel de Espa&ntilde;a a lo largo de la historia no es el de una isla encerrada en s&iacute; misma, sino que ha sido el de motor de la historia universal. Espa&ntilde;a s&oacute;lo ha alcanzado plenitud como naci&oacute;n precisamente cuando se ha volcado hacia fuera y ha acometido empresas que iban mucho m&aacute;s all&aacute; de nuestro inter&eacute;s particular. La Espa&ntilde;a aislada del mundo, encerrada en su propia existencia, no ha existido m&aacute;s que en contados episodios de nuestra historia, y no han sido, ciertamente, los episodios m&aacute;s brillantes. Basta examinar la historia para percibir que nuestro destino no est&aacute; en el cultivo absorto de un maltrecho ego nacional, maldiciendo con envidia la sombra de nuestros antepasados, sino en la decidida inmersi&oacute;n en el mundo, proyectando lo que somos m&aacute;s all&aacute; de nosotros mismos.</p>  <p>La formulaci&oacute;n de esos tres niveles: regional, nacional y supranacional, define nuestra circunstancia, as&iacute; como la de otros pueblos. Los problemas vienen cuando se alteran las relaciones entre estos tres niveles, generalmente por hipertrofia de la funci&oacute;n de alguno de ellos, lo cual produce tensiones y des&oacute;rdenes de dif&iacute;cil soluci&oacute;n. Hoy asistimos a manifestaciones de esos des&oacute;rdenes que bajo la forma de hipernacionalismos, separatismos o mundialismo puro y duro, est&aacute;n desestabilizando el equilibrio de Espa&ntilde;a.</p>  <p>A este respecto, es oportuno hacer algunas precisiones. El Proyecto Aurora contempla con ojos sumamente cr&iacute;ticos el concepto moderno de naci&oacute;n y, en especial, la carga afectiva que hoy posee, causante de numerosos equ&iacute;vocos. Creemos que hay que superar el nacionalismo como idea ilustrada y redefinir el concepto de naci&oacute;n, en la medida en que el primero ha demostrado, al cabo, unos efectos devastadores incluso sobre la propia identidad de las naciones que se han acogido a &eacute;l. Nosotros preferimos entender la Naci&oacute;n como una identidad puesta en marcha a trav&eacute;s de la historia, una comunidad de destino en el sentido de Frobenius. Y sobre los dos polos de esa definici&oacute;n: la identidad-comunidad y la historia-destino, articulamos nuestra visi&oacute;n del presente problema nacional de Espa&ntilde;a.</p>  <p>Por nuestra parte, nos declaramos vinculados de manera irrenunciable a la idea de Espa&ntilde;a, del mismo modo que lo estamos a la sustancia de todos y cada uno de los pueblos que la componen. La herencia que recibimos es &eacute;sa: una y al mismo tiempo plural, y nuestro objetivo es encontrar las f&oacute;rmulas que detengan la fragmentaci&oacute;n de nuestra tierra.</p>  <p>Por una iron&iacute;a del destino, a las puertas del siglo XX1 se hace realidad para nosotros el viejo mito godo de la "Espa&ntilde;a perdida". En ese sentido, el Proyecto Aurora quiere expresar su intenci&oacute;n de recuperar el alma de Espa&ntilde;a. Es preciso recuperar Espa&ntilde;a, regenerarla. &iquest;C&oacute;mo? Es ya casi un lugar com&uacute;n la constataci&oacute;n de que las grandes naciones se crean y fortalecen como tareas colectivas, como empresas que aglutinan a hombres y pueblos dispares pero que guardan semejanzas esenciales. Espa&ntilde;a se muere porque se muere su raz&oacute;n de ser, su proyecto, y a nuestra generaci&oacute;n le corresponde la tarea de fijar un proyecto hist&oacute;rico que signifique su vuelta a la vida. Ese proyecto, en la &eacute;poca de la economizaci&oacute;n de la vida, ha de pasar por la resurrecci&oacute;n de lo pol&iacute;tico como puesta en marcha de fuerzas vitales ajenas al c&aacute;lculo econ&oacute;mico. En este caso, "lo pol&iacute;tico" significa ser capaces de marcarnos un destino colectivo. Y sobre este punto el Proyecto Aurora no tiene empacho en se&ntilde;alar su aspiraci&oacute;n &uacute;ltima: la resurrecci&oacute;n de Europa. Como hemos se&ntilde;alado p&aacute;ginas atr&aacute;s, el efecto narcotizante del Nuevo Orden Mundial y de la civilizaci&oacute;n t&eacute;cnica de masas ha arrancado de los pueblos europeos cualquier proyecto propio y, m&aacute;s grave aun, no ha cesado en su empe&ntilde;o de arrancarles tambi&eacute;n su identidad, su alma. Si esta "muerte tibia" amenaza al planeta entero es precisamente porque los pueblos europeos ya no son capaces de oponer un n&uacute;cleo de poder alternativo. As&iacute; las cosas, el proyecto de Espa&ntilde;a bien podr&iacute;a consistir en iniciar la resurrecci&oacute;n de Europa. Espa&ntilde;a puede ser la cuna del renacer europeo y encontrar en ello el medio para salir de su propia crisis. &iquest;Por qu&eacute; no? S&oacute;lo seremos capaces de salir de nuestro marasmo cuando ya nadie se atreva a decir "eso no es posible".</p>  <p><br /> <strong>8.2. El Proyecto Europa</strong></p>  <p>En nuestra &eacute;poca el concepto de Europa se ha convertido en mito. Pero, parad&oacute;jicamente, se trata de un concepto de Europa que refleja probablemente lo peor de nuestra historia, en la medida en que esa Europa no es m&aacute;s que un mercado tranquilo y obediente al servicio de los poderes econ&oacute;micos internacionales. La Europa que hasta hace poco se nos vend&iacute;a como remedio a todos nuestros males es una Europa muerta. No es extra&ntilde;o, por tanto, que el europeismo apenas tenga arraigo popular en Espa&ntilde;a -ni, por otra parte, en otros muchos pa&iacute;ses europeos-. Entre la vieja Europa emprendedoras madre de genios inmortales y due&ntilde;a de un pasado grandioso, y esta otra Europa gris de Bruselas, llena de bur&oacute;cratas y concebida como simple zona de regulaci&oacute;n econ&oacute;mica, media un abismo. Esta Europa que ha renunciado a lo pol&iacute;tico y que se ha instalado c&oacute;modamente en las "delicias" del mercado, corno una furcia cansada, languidece y muere d&iacute;a a d&iacute;a por haber renunciado a su esencia m&aacute;s profunda.</p>  <p>Los europeos que aun guardan conciencia de su pasado no pueden seguir reconoci&eacute;ndose en este vulgar mercado. Un mercado que, por otra parte, ha demostrado su incapacidad para resolver problemas europeos tan graves como la guerra civil yugoslava. Por eso creemos que debe plantearse de nuevo la cuesti&oacute;n europea como un proyecto sugestivo de naturaleza metapol&iacute;t&iacute;ca y metahist&oacute;rica, que no ahorre los lazos con otras civilizaciones igualmente amenazadas por el Nuevo Orden Mundial: entre los pueblos de Europa y los pueblos del Tercer Mundo puede haber un objetivo com&uacute;n. Europa debe volver a ser libre, soberana, due&ntilde;a de su destino. Y para ello debe volver a ser europea. Pensamos que esta idea encaja perfectamente con el destino que queremos para Espa&ntilde;a: una Espa&ntilde;a que sea la primera piedra de la necesaria construcci&oacute;n de una Europa distinta. El destino que queremos para nuestro pa&iacute;s es un destino europeo irrenunciable. S&oacute;lo la tensi&oacute;n espiritual de una empresa que vaya m&aacute;s all&aacute; de las generaciones presentes puede revertir la tendencia hacia la muerte que hoy nos domina.</p>  <p><br /> <strong>8.3. La v&iacute;a Hispanoamericana</strong></p>  <p>Pero Espa&ntilde;a posee tambi&eacute;n una segunda proyecci&oacute;n supranacional, adem&aacute;s de la europea: la hispanoamericana. Espa&ntilde;a no puede renunciar al importante papel que juega respecto a Hispanoam&eacute;rica, porque ese papel es la herencia de una de las p&aacute;ginas m&aacute;s trascendentales de la historia universal. La dimensi&oacute;n de la obra espa&ntilde;ola en Am&eacute;rica fue de tal magnitud que ha marcado para siempre nuestro destino.</p>  <p>Sin embargo, es preciso constatar que tanto la interpretaci&oacute;n tradicional como la interpretaci&oacute;n socialdem&oacute;crata de nuestra proyecci&oacute;n hispanoamericana han dejado de tener validez. La primera consist&iacute;a en pensar que el papel de Espa&ntilde;a era el de "faro misionero" en Am&eacute;rica, madre amorosa de unos pueblos menores de edad que hab&iacute;an de despertar para el Occidente moderno; eso era la llamada "Hispanidad", que ha definido las relaciones entre Espa&ntilde;a e Hispanoam&eacute;rica hasta bien entrados los a&ntilde;os setenta. Con todo, la segunda v&iacute;a, la socialdem&oacute;crata, manifestada con ocasi&oacute;n del Quinto Centenario del Descubrimiento, ha consistido en algo m&aacute;s grotesco, a saber: pedir perd&oacute;n a los pa&iacute;ses iberoamericanos por haber conquistado a "sus antepasados", reparar los da&ntilde;os a base de cr&eacute;ditos millonarios y, al cabo, facilitar la penetraci&oacute;n del Nuevo Orden Mundial en Hispanoam&eacute;rica por la v&iacute;a de la Cooperaci&oacute;n internacional.</p>  <p>Desde nuestro punto de vista, Espa&ntilde;a no puede seguir pensando que Hispanoam&eacute;rica es una gran guarder&iacute;a catecumenal, ni que nuestra funci&oacute;n consiste en regalar cr&eacute;ditos "por lo malos que hemos sido en nuestro pasado". Nosotros proponemos reorientar completamente la cuesti&oacute;n hispanoamericana, y hacerlo desde una perspectiva realista.</p>  <p>En primer lugar, queremos reconocer en la obra de conquista del continente americano uno de los episodios m&aacute;s trascendentales de la historia universal y de nuestra propia historia, que abri&oacute; para la civilizaci&oacute;n europea la mitad del mundo y que fund&oacute; pueblos y naciones. Ante la prodigiosa vitalidad de aquella Espa&ntilde;a pasada, capaz de emprender semejantes empresas, no sentimos culpa, sino orgullo.</p>  <p>En segundo lugar, consideramos que la realidad de Hispanoam&eacute;rica debe ser entendida en toda su complejidad: los pueblos hispanoamericanos no son ni los hijos peque&ntilde;os de Espa&ntilde;a ni simples "pobres" sobre los que ejercer la caridad y calmar as&iacute; nuestra mala conciencia, sino un mosaico de pueblos y naciones donde conviven comunidades de diverso origen &eacute;tnico, de diversas aspiraciones y de diversa visi&oacute;n del mundo, que van construyendo su identidad poco a poco y cuya natural tendencia a la soberan&iacute;a efectiva ha de ser interpretada como manifestaci&oacute;n de vitalidad.</p>  <p>En tercer lugar, hemos de tornar conciencia de la situaci&oacute;n hist&oacute;rica: las pretensiones tir&aacute;nicas del occidente moderno. As&iacute;, los pueblos de Hispanoam&eacute;rica se enfrentan al mismo problema que nosotros: la extensi&oacute;n imparable del Nuevo Orden del Mundo, que trata de someterlos a los imperativos del mercado mundial bajo la m&aacute;scara del progreso y del desarrollo.</p>  <p>Por &uacute;ltimo, hemos de levantar acta del peso real de Espa&ntilde;a en Hispanoam&eacute;rica: una comunidad efectiva de lengua hacia la cual los pueblos hispanoamericanos experimentan sentimientos encontrados, pero que puede permitir a Espa&ntilde;a, en determinadas condiciones, una cierta capacidad de liderazgo.</p>  <p>&iquest;Cu&aacute;les son esas condiciones que nos permitir&aacute;n volcar otra vez hacia Hispanoam&eacute;rica parte de nuestro impulso? Fundamentalmente, la comunidad de objetivos. Y es evidente que una Espa&ntilde;a empe&ntilde;ada en defender su identidad y en encabezar la resurrecci&oacute;n de Europa, puede tender puentes muy s&oacute;lidos hacia una Am&eacute;rica cuyo proyecto es el mismo: la resistencia frente al Nuevo Orden Mundial en nombre de la libertad de los pueblos y de su derecho a la diferencia. Una Europa liberada y una Am&eacute;rica liberada habr&aacute;n de encontrar un v&iacute;nculo natural; ese v&iacute;nculo es Espa&ntilde;a. Consideramos, por tanto, que es viable proponer nuestro destino americano como un liderazgo efectivo en defensa de unos pueblos que se encuentran hoy sometidos a una amenaza neo colonial evidente: la amenaza del capitalismo internacional. Ante esa amenaza, los destinos de Espa&ntilde;a, Europa e Hispanoam&eacute;rica pueden volver a cruzarse, y a nosotros nos estimula pensar que &eacute;sa puede ser nuestra misi&oacute;n.</p>]]></description><pubDate>Mon, 06 Nov 2006 14:06:00 +0000</pubDate></item><item><title>Manifiesto del Proyecto Aurora  [Editores de la Revista Hesperides]</title><link>https://cmnd.blogia.com/2006/110603-manifiesto-del-proyecto-aurora-editores-de-la-revista-hesperides-.php</link><guid isPermaLink="true">https://cmnd.blogia.com/2006/110603-manifiesto-del-proyecto-aurora-editores-de-la-revista-hesperides-.php</guid><description><![CDATA[<div>      <blockquote>       <blockquote>        <p><strong><em>Manifiesto del Proyecto Cultura          Aurora</em></strong></p>       </blockquote>      </blockquote>     </div>            <blockquote>        <p align="center">&nbsp;</p>       <p align="center"><strong><em>1<br />        Vivimos en un mundo fatigado.</em></strong> Los dioses se han marchado, los h&eacute;roes         han muerto, los fil&oacute;sofos enmudecen, los poetas abandonan su labor.         S&oacute;lo se oye el ruido rutinario de una gran m&aacute;quina que gira         sola y que en cualquier momento puede prescindir <br />        de todos nosotros. Esa m&aacute;quina es el sistema: el orden ideol&oacute;gico,         <br />        econ&oacute;mico y pol&iacute;tico que domina el mundo. Pero ni siquiera         <br />        la m&aacute;quina funciona bien. </p>       <p align="center"><br />        <strong><em>2<br />        Miramos el mundo y el mundo se nos cierra.</em></strong> No sabemos lo que va         a pasar ma&ntilde;ana. Eso ha ocurrido ya en otras &eacute;pocas de la         modernidad. Pero hoy es diferente: hoy nuestro mundo ha renunciado incluso         a la acci&oacute;n. El mundo no va hacia adelante ni hacia atr&aacute;s:         s&oacute;lo gira, y ese torbellino circular, vac&iacute;o y carente de         toda fuerza creadora, se nos quiere presentar como el espect&aacute;culo         de una civilizaci&oacute;n en marcha... sobre s&iacute; misma. No sabemos         lo que pasar&aacute; ma&ntilde;ana, cierto, pero el problema no es ese:         el problema es que a todo el mundo le da igual. Las sociedades desarrolladas         se instalan en el nihilismo pasivo del bienestar material.</p>       <p align="center"><em><strong><br />        3<br />        Hay quien ve aqu&iacute; el Fin de la Historia,</strong></em> el triunfo absoluto         de la modernidad, la meta del camino. Este mundo cansado, cerrado y maquinal         ser&iacute;a entonces la m&aacute;xima aspiraci&oacute;n posible de los         hombres sobre la tierra. Pero esa paradoja, feliz para algunos, no puede         satisfacer a las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes del mundo moderno,         que se encuentran arrojadas ante una vida sin finalidad. La angustia se         intensifica.<strong><br />        </strong></p>       <p align="center">&nbsp;</p>       <p align="center"><strong><em>4<br />        Es preciso abrir los ojos.</em></strong> El sistema trata de persuadirnos de         que vivirnos en el mejor de los mundos posibles y nos invita a dejar las         cosas como est&aacute;n, pero ese sarcasmo cruel ya no convence a nadie.         En el momento de su m&aacute;ximo apogeo, la gran m&aacute;quina empieza         a renquear y deja ver con claridad sus l&iacute;mites. Hoy podemos constatar         que el sistema se ha quedado sin respuestas y ya no sirve:</p>      </blockquote>      <p>&nbsp;</p>      <ul><li> <strong>El sistema ya no sirve desde el punto         de vista espiritual</strong>, porque se ha mostrado incapaz de satisfacer las         aspiraciones interiores del hombre.</li><li> <strong>El sistema ya no sirve desde el punto         de vista ecol&oacute;gico</strong>, porque cada nuevo movimiento suyo no significa         seno una nueva perturbaci&oacute;n de         la relaci&oacute;n entre el hombre         y el mundo.</li><li> <strong>El sistema ya no sirve desde el punto         de vista econ&oacute;mico</strong>, porque ha instalado un gigantesco aparato         burocr&aacute;tico de ambici&oacute;n planetaria que ha reducido a la mitad         del mundo a la condici&oacute;n esclava de reserva neo-colonial y ha sometido         a la otra mitad a la amenaza permanente de un colapso financiero.</li><li> <strong>El sistema ya no sirve desde el punto         de vista pol&iacute;tico</strong>, porque el individuo ya no se siente parte         de &eacute;l, ha dejado de ser ciudadano, se siente desamparado y busca         nuevas v&iacute;as (el nacionalismo, el regionalismo, las asociaciones         civiles, etc.) que el sistema identifica como enemigas, pero cuyo ascenso         no puede frenar.</li></ul>              <p align="center"><br />        <strong><em>5<br />        Estamos en un momento crucial.</em></strong> El sistema ha dejado de ser omnipotente         y empieza a mostrar su crisis y sus contradicciones, que toman dimensiones         inesperadas. Ahora bien: dado que este sistema es de naturaleza total,         su crisis afecta a todo y a todos. Es vitalmente necesario mirar desde         fuera el sistema para cobrar conciencia de sus l&iacute;mites y diagnosticar         lo que est&aacute; pasando. Es preciso asignarse una tarea.</p>       <p align="center"><br />        <strong><em>6<br />        Hay que liberar espacios de resistencia.</em></strong> Estos l&iacute;mites del         sistema no son s&oacute;lo las fronteras de un orden tecno-econ&oacute;mico         que quiso dominar el planeta, sino que podr&iacute;an ser, sobre todo,         manifestaciones de la agon&iacute;a de una determinada concepci&oacute;n         del mundo. La vieja m&aacute;quina, en su inercia, fagocita todo, devora         incluso aquello que se opone y luego lo vende como moda o como pecado.         Es preciso hurtarse a esa din&aacute;mica y dejar que el disidente tome         la palabra. Si queremos ir m&aacute;s all&aacute; del sistema, si queremos         encontrar un sentido a nuestra vida y a nuestro mundo, es necesario poner         en cuesti&oacute;n los fundamentos del desorden establecido.</p>       <p align="center"><br />        <strong><em>7<br />        Agitaci&oacute;n cultural: esa es la f&oacute;rmula de la acci&oacute;n.         </em></strong>Las fronteras del mundo contempor&aacute;neo no est&aacute;n en         las aduanas ni en los frentes de guerra; tampoco en la arena pol&iacute;tica,         porque los problemas reales de nuestras sociedades desbordan el estrecho         margen de una legislatura y de las propias instituciones. Las fronteras         est&aacute;n en las almas, porque son las almas las que experimentan la         carencia de sentido de esta civilizaci&oacute;n. La contestaci&oacute;n,         por tanto, ha de venir de las almas: son el pensamiento y el sentimiento         los que deben levantar acta de la situaci&oacute;n presente y proponer         caminos nuevos.</p>       <p align="center"><br />        <strong><em>8</em></strong><br />        <em><strong>Queremos abrir el mundo. </strong></em>El viejo mundo moderno y el sistema         que lo vertebra est&aacute;n agotados, son incapaces de satisfacer ese         ansia de novedad permanente que ellos mismos ha despertado. A cambio, lo         que se nos ofrece es una especie de gran Disneylandia banal, cerrada, inm&oacute;vil,         aparentemente protegida, pero perpetuamente amenazada por colapsos globales         y crisis de todo g&eacute;nero. <br />        Y ese no es el mundo que queremos.</p>       <p align="center"><strong><em>Es hora de pensar</em></strong><em>.</em>         Conscientes de que toda nueva b&uacute;squeda ha de pasar por el conocimiento,         nos proponemos emprender un amplio trabajo de reflexi&oacute;n capaz de         desentra&ntilde;ar los fundamentos de la crisis contempor&aacute;nea, rastrear         sus or&iacute;genes y plantear alternativas. Nuestra cultura naci&oacute;         cuando los primeros griegos se enamoraron del pensamiento, pero el mundo         actual ha olvidado ese amor. Se trata de reinventarlo y, as&iacute;, indagar         en una posible nueva Aurora de nuestra cultura. El destino est&aacute;         abierto.</p>]]></description><pubDate>Mon, 06 Nov 2006 14:05:00 +0000</pubDate></item><item><title>Manifiesto: la Nueva Derecha del a&#xF1;o 2000</title><link>https://cmnd.blogia.com/2006/110602-manifiesto-la-nueva-derecha-del-ano-2000.php</link><guid isPermaLink="true">https://cmnd.blogia.com/2006/110602-manifiesto-la-nueva-derecha-del-ano-2000.php</guid><description><![CDATA[<p align="justify">Alain de Benoist y Charles Champetier <br /></p><p align="justify"><strong>Introducci&oacute;n</strong></p>  <p align="justify">La Nueva Derecha naci&oacute; en 1968. No es un movimiento pol&iacute;tico, sino una escuela de pensamiento. Sus actividades desde hace m&aacute;s de treinta a&ntilde;os (publicaci&oacute;n de libros y revistas, celebraci&oacute;n de coloquios y conferencias, organizaci&oacute;n de seminarios y universidades de verano, etc.) se sit&uacute;an en una perspectiva eminentemente <em>metapol&iacute;tica</em>.</p>  <p align="justify">La metapol&iacute;tica no es otra manera de hacer pol&iacute;tica. No es en absoluto una "estrategia" que tratara de imponer una hegemon&iacute;a intelectual; tampoco pretende descalificar a otras posiciones o actitudes posibles. Sencillamente, la metapol&iacute;tica reposa sobre la constataci&oacute;n de que las ideas juegan un papel fundamental en las conciencias colectivas y, de forma m&aacute;s general, en toda la historia humana. <strong>Her&aacute;clito</strong>, <strong>Arist&oacute;teles</strong>, <strong>Agust&iacute;n</strong>, <strong>Tom&aacute;s de Aquino</strong>, <strong>Ren&eacute; Descartes</strong>, <strong>Immanuel Kant</strong>, <strong>Adam Smith</strong> o <strong>Karl Marx</strong> provocaron en su d&iacute;a, con sus obras, revoluciones decisivas cuyo efecto a&uacute;n se percibe. Es verdad que la historia es resultado de la voluntad y de la acci&oacute;n de los hombres, pero tal voluntad y tal acci&oacute;n se ejercitan siempre en el marco de un cierto n&uacute;mero de convicciones, creencias y representaciones que les confieren un sentido y las orientan. La ambici&oacute;n de la Nueva Derecha es contribuir a la renovaci&oacute;n de esas representaciones sociales-hist&oacute;ricas.</p>  <p align="justify">Por otra parte, el acierto de esta perspectiva metapol&iacute;tica viene avalado por la reflexi&oacute;n sobre la evoluci&oacute;n de las sociedades occidentales al alba del siglo XXI. En efecto, hoy constatamos, por un lado, la creciente impotencia de los partidos, los sindicatos, los gobiernos y el conjunto de las formas cl&aacute;sicas de conquista y ejercicio del poder, y por otro, la acelerada obsolescencia de todas las viejas fronteras y divisiones que hab&iacute;an venido caracterizando a la modernidad, empezando por la tradicional d&iacute;ada derecha/izquierda. Simult&aacute;neamente estamos asistiendo a una explosi&oacute;n sin precedentes de los conocimientos, que se multiplican sin que sus consecuencias lleguen a ser siempre totalmente percibidas. En un mundo donde los conjuntos cerrados han dejado paso a las redes interconectadas, donde los puntos de referencia resultan cada vez m&aacute;s confusos, la acci&oacute;n metapol&iacute;tica consiste en intentar volver a dar un sentido a las cosas, al m&aacute;s alto nivel, a trav&eacute;s de nuevas s&iacute;ntesis; en desarrollar, al margen de la insignificancia de la pol&iacute;tica, un modo de pensamiento resueltamente transversal; en definitiva, en estudiar todos los campos del saber con el fin de proponer una visi&oacute;n coherente del mundo. </p>  <p align="justify">Tal es nuestro objetivo desde hace treinta a&ntilde;os, y el presente Manifiesto as&iacute; lo muestra. Su primera parte, "Situaciones", ofrece un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de nuestra &eacute;poca. La segunda, "Fundamentos", expone la base de nuestra visi&oacute;n del hombre y del mundo. Una y otra est&aacute;n inspiradas por una posici&oacute;n pluridisciplinar que supera la mayor parte de las fronteras intelectuales hoy reconocidas. Tribalismo y mundialismo, nacionalismo e internacionalismo, liberalismo y marxismo, individualismo y colectivismo, progresismo y conservadurismo se oponen, en efecto, dentro de la misma l&oacute;gica complaciente del tercio excluso. Pero desde hace un siglo estas oposiciones f&aacute;cticas enmascaran lo esencial: la amplitud de una crisis que impone una radical renovaci&oacute;n de nuestros modos de pensamiento, de decisi&oacute;n y de acci&oacute;n. En vano, pues, se buscar&aacute; en estas p&aacute;ginas el rastro de unos precursores de quienes nosotros no ser&iacute;amos m&aacute;s que los herederos: la Nueva Derecha ha sabido beber en las m&aacute;s diversas aportaciones te&oacute;ricas que la han precedido. Practicando una lectura extensiva de la historia de las ideas, la ND no duda en recuperar aquellas que le parecen acertadas en cualquier corriente de pensamiento. Bien es cierto, por otro lado, que tal posici&oacute;n transversal provoca regularmente la c&oacute;lera de los cancerberos del pensamiento, que se afanan en congelar las ortodoxias ideol&oacute;gicas con el fin de paralizar cualquier nueva s&iacute;ntesis que pudiera amenazar su confort intelectual.</p>  <p align="justify">Una &uacute;ltima cuesti&oacute;n: desde sus or&iacute;genes, la ND agrupa a hombres y mujeres que viven en su Ciudad y que desean participar de manera efectiva en su florecimiento. Tanto en Francia como en otros pa&iacute;ses, constituye una comunidad de trabajo y de reflexi&oacute;n cuyos miembros no son necesariamente intelectuales, pero s&iacute; que se interesan todos, de uno u otro modo, por el combate de las ideas. En esa perspectiva, la tercera parte de este manifiesto, "Orientaciones", expone nuestra posici&oacute;n sobre los grandes debates de la actualidad y nuestro punto de vista sobre el futuro de nuestros pueblos y de nuestra civilizaci&oacute;n.</p>  <strong><p align="justify">I. Situaciones</p></strong>  <p align="justify">Todo pensamiento cr&iacute;tico es, de entrada, una puesta en perspectiva de la propia &eacute;poca. Hoy estamos en un periodo de transici&oacute;n, un cruce de caminos en forma de "interregno" que se inscribe en el marco de una crisis mayor: el fin de la modernidad.</p>  <strong><p align="justify">I.1. &iquest; Qu&eacute; es la modernidad?</p></strong>  <p align="justify">La modernidad designa el movimiento pol&iacute;tico y filos&oacute;fico de los tres &uacute;ltimos siglos de la historia occidental. Se caracteriza principalmente por cinco procesos convergentes: la individualizaci&oacute;n, por la destrucci&oacute;n de las antiguas comunidades de pertenencia; la masificaci&oacute;n, por la adopci&oacute;n de comportamientos y modos de vida estandarizados; la desacralizaci&oacute;n, por el reflujo de los grandes relatos religiosos en provecho de una interpretaci&oacute;n cient&iacute;fica del mundo; la racionalizaci&oacute;n, por el imperio de la raz&oacute;n instrumental a trav&eacute;s del intercambio mercantil y de la eficacia t&eacute;cnica; la universalizaci&oacute;n, por la difusi&oacute;n planetaria de un modelo de sociedad impl&iacute;citamente presentado como el &uacute;nico racionalmente posible y, por tanto, como un modelo superior.</p>  <p align="justify">Este movimiento tiene ra&iacute;ces antiguas. En muchos aspectos, representa una secularizaci&oacute;n de nociones y perspectivas tomadas de la metaf&iacute;sica cristiana, que han sido reconducidas hacia la vida profana tras haberlas vaciado de toda dimensi&oacute;n trascendente. En efecto, en el cristianismo se hallan en germen las grandes mutaciones donde han bebido las ideolog&iacute;as laicas de la era post-revolucionaria. El individualismo estaba ya presente en la noci&oacute;n de salvaci&oacute;n individual y en la relaci&oacute;n &iacute;ntima privilegiada que el creyente mantiene con Dios, que prevalece sobre cualquier arraigo terrenal. El igualitarismo encuentra su fuente en la idea de que todos los hombres est&aacute;n llamados por igual a la redenci&oacute;n, pues todos est&aacute;n igualmente dotados de un alma individual cuyo valor absoluto toda la humanidad comparte. El progresismo nace de la idea de que la historia posee un principio absoluto y un fin necesario, de modo que su desarrollo queda globalmente asociado al plan divino. El universalismo, finalmente, es la expresi&oacute;n natural de una religi&oacute;n que afirma poseer una verdad revelada, v&aacute;lida para todos los hombres, lo cual justifica el que se exija su conversi&oacute;n. La misma vida pol&iacute;tica se basa sobre conceptos teol&oacute;gicos secularizados. El cristianismo, actualmente reducido al estatuto de una opini&oacute;n m&aacute;s entre otras posibles, ha sido v&iacute;ctima de este movimiento, que &eacute;l puso en marcha a su propio pesar: en la historia de Occidente, el cristianismo habr&aacute; sido la religi&oacute;n de la salida de la religi&oacute;n.</p>  <p align="justify">Las diferentes escuelas filos&oacute;ficas de la modernidad, concurrentes entre s&iacute; y ocasionalmente contradictorias en sus fundamentos, coinciden sin embargo en lo esencial: la idea de que existe una soluci&oacute;n &uacute;nica y universalizable para todos los fen&oacute;menos sociales, morales y pol&iacute;ticos. La humanidad es percibida como una suma de individuos racionales que por inter&eacute;s, por convicci&oacute;n moral, por simpat&iacute;a o por miedo, est&aacute; llamada a materializar su unidad en la historia. En esta perspectiva la diversidad del mundo se convierte en un obst&aacute;culo, y todo lo que diferencia a los hombres empieza a verse como accesorio o contingente, atrasado o peligroso. En la medida en que no ha sido s&oacute;lamente un corpus doctrinal, sino tambi&eacute;n un modo de acci&oacute;n, la modernidad ha intentado por todos los medios arrancar a los hombres de sus v&iacute;nculos singulares y espec&iacute;ficos para someterlos a un modelo universal de asociaci&oacute;n. El m&aacute;s eficaz ha demostrado ser el mercado.</p>  <strong><p align="justify">I.2. La crisis de la modernidad</p></strong>  <p align="justify">El imaginario de la modernidad estuvo dominado por los deseos de libertad e igualdad. Estos dos valores cardinales han sido traicionados. Apartados de las comunidades que les proteg&iacute;an y que daban sentido y forma a su existencia, los individuos han de someterse hoy a la f&eacute;rula de inmensos mecanismos de dominaci&oacute;n y de decisi&oacute;n frente a los que toda libertad resulta puramente formal; han de obedecer al poder mundializado del mercado, de la tecnociencia o de la comunicaci&oacute;n sin poder decidir en ning&uacute;n caso sobre sus objetivos. La promesa de igualdad tambi&eacute;n ha fracasado, y doblemente: el comunismo la traicion&oacute; instaurando los reg&iacute;menes totalitarios m&aacute;s sangrientos de la historia; el capitalismo se burl&oacute; de ella al legitimar mediante una igualdad de principio las m&aacute;s odiosas desigualdades econ&oacute;micas y sociales. La modernidad proclam&oacute; "derechos", pero sin proporcionar los medios para ejercerlos. Ha exacerbado todas las necesidades y crea necesidades nuevas sin cesar, pero s&oacute;lo una peque&ntilde;a minor&iacute;a puede satisfacerlas, lo cual alimenta la frustraci&oacute;n y la c&oacute;lera del resto. En cuanto a la ideolog&iacute;a del progreso, que hab&iacute;a dado una respuesta a la esperanza humana con su promesa de un mundo cada vez mejor, hoy conoce una crisis radical: el futuro, que se advierte imprevisible, ya no porta en s&iacute; esperanza alguna, sino que a la gran mayor&iacute;a s&oacute;lo le inspira miedo. Hoy cada generaci&oacute;n ha de afrontar un mundo diferente del de sus padres: esta perpetua novedad, construida sobre el menosprecio de la filiaci&oacute;n y de las antiguas experiencias, junto a la transformaci&oacute;n uniformemente acelerada de los modos de vida y de los entornos de existencia, no produce la felicidad, sino la angustia.</p>  <p align="justify">El "fin de las ideolog&iacute;as" designa el agotamiento hist&oacute;rico de los grandes relatos movilizadores que sucesivamente se encarnaron en el liberalismo, el socialismo, el comunismo, el nacionalismo, el fascismo e incluso el nazismo. El siglo XX ha hecho doblar las campanas por la mayor parte de estas doctrinas, cuyos efectos concretos han sido los genocidios, los etnocidios y las matanzas en masa, las guerras totales entre las naciones y la competencia permanente entre los individuos, los desastres ecol&oacute;gicos, el caos social, la p&eacute;rdida de todas las referencias significativas. El crecimiento y el desarrollo materiales, al haber destruido el mundo vivo en provecho de la raz&oacute;n instrumental, han tra&iacute;do consigo un empobrecimiento sin precedentes del esp&iacute;ritu y han generalizado la angustia, la inquietud de vivir en un presente siempre incierto, en un mundo privado tanto de pasado como de futuro. As&iacute; la modernidad ha alumbrado la civilizaci&oacute;n m&aacute;s vac&iacute;a que la humanidad haya conocido jam&aacute;s: el lenguaje publicitario se ha convertido en paradigma de todos los lenguajes sociales, el reino del dinero impone la omnipresencia de la mercanc&iacute;a, el hombre se transforma en objeto de cambio en una atm&oacute;sfera de pobre hedonismo, la t&eacute;cnica encierra el mundo vivo en la red pacificada y racionalizada de un narcisista "para s&iacute;"; la delincuencia, la violencia y el incivismo se propagan en una guerra de todos contra todos y de cada cual contra s&iacute; mismo; un individuo inseguro flota por entre los mundos irreales de la droga, lo virtual y lo medi&aacute;tico; el campo queda abandonado en beneficio de suburbios inhabitables y megal&oacute;polis monstruosas; el individuo solitario se funde en una masa an&oacute;nima y hostil, mientras las antiguas mediaciones sociales, pol&iacute;ticas, culturales o religiosas se hacen cada vez m&aacute;s inciertas e indiferenciadas.</p>  <p align="justify">Esta difusa crisis que hoy atravesamos se&ntilde;ala que la modernidad toca a su fin, en el mismo momento en que la utop&iacute;a universalista que la fund&oacute; est&aacute; a un paso de convertirse en realidad bajo la &eacute;gida de la mundializaci&oacute;n liberal. El fin del siglo XX marca, al mismo tiempo que el fin de los tiempos modernos, la entrada en una posmodernidad caracterizada por una serie de nuevas tem&aacute;ticas: la aparici&oacute;n de la preocupaci&oacute;n ecol&oacute;gica, la b&uacute;squeda de la calidad de vida, el papel de las "tribus" y las "redes", la renovada importancia de las comunidades, la pol&iacute;tica de reconocimiento de los grupos, la multiplicaci&oacute;n de los conflictos infra o supraestatales, el retorno de la violencia social, el declive de las religiones institucionales, la creciente oposici&oacute;n de los pueblos hacia sus elites, etc. Los paladines de la ideolog&iacute;a dominante, que ya no tienen nada que decir, pero que constatan el creciente malestar de las sociedades contempor&aacute;neas, se encierran en un discurso m&aacute;gico machaconamente repetido por los media en un universo que corre peligro de implosi&oacute;n. Implosi&oacute;n, ya no explosi&oacute;n: la superaci&oacute;n de la modernidad no adoptar&aacute; la forma de un "gran crep&uacute;sculo" (versi&oacute;n profana de la parus&iacute;a), sino que se manifestar&aacute; mediante la aparici&oacute;n de millares de auroras, es decir, por la eclosi&oacute;n de espacios soberanos liberados de la dominaci&oacute;n moderna. La modernidad no ser&aacute; superada por una vuelta atr&aacute;s, sino mediante el retorno de determinados valores premodernos dentro de una &oacute;ptica resueltamente posmoderna. Conjurar la anomia social y el nihilismo contempor&aacute;neos exige pagar el precio de esa radical refundaci&oacute;n.</p>  <p align="justify"><strong>I.3. El liberalismo, enemigo principal</strong></p>  <p align="justify">El liberalismo encarna la ideolog&iacute;a dominante de la modernidad; fue la primera en aparecer y ser&aacute; tambi&eacute;n la &uacute;ltima en extinguirse. En un primer momento, el pensamiento liberal permiti&oacute; que lo econ&oacute;mico cobrara autonom&iacute;a frente a la moral, la pol&iacute;tica y la sociedad, en las que antes estaba inserto. En una segunda fase, el liberalismo har&aacute; del valor mercantil la instancia soberana de cualquier vida en com&uacute;n. El advenimiento del "reino de la cantidad" define ese trayecto que nos ha llevado desde las econom&iacute;as de mercado hasta las sociedades de mercado, es decir, la extensi&oacute;n a todos los terrenos de las leyes del intercambio mercantil, coronado por la "mano invisible". El liberalismo, por otra parte, ha engendrado el individualismo moderno a partir de una antropolog&iacute;a que es falsa tanto desde el punto de vista descriptivo como desde el normativo, basada en un individuo unidimensional que extrae sus "derechos imprescriptibles" de una "naturaleza" fundamentalmente no social, y al que se supone consagrado a maximizar permanentemente su mejor inter&eacute;s eliminando toda consideraci&oacute;n no cuantificable y todo valor ajeno al c&aacute;lculo racional.</p>  <p align="justify">Esta doble pulsi&oacute;n individualista y economicista viene acompa&ntilde;ada por una visi&oacute;n "darwinista" de la vida social, donde esta &uacute;ltima queda reducida, en &uacute;ltima instancia, a la competencia generalizada, nueva versi&oacute;n de la "guerra de todos contra todos", con el fin de seleccionar a los "mejores". Pero la competencia "pura y perfecta" es un mito, pues las relaciones de fuerza ya existen antes de que la competici&oacute;n aparezca y, adem&aacute;s, la selecci&oacute;n competitiva no nos dice absolutamente nada sobre el valor de lo seleccionado: tan posible es que seleccione lo mejor como lo peor. La evoluci&oacute;n selecciona a los m&aacute;s aptos para sobrevivir, pero precisamente el hombre no se contenta con sobrevivir, sino que ordena su vida en funci&oacute;n de unas jerarqu&iacute;as de valores &mdash;y justamente aqu&iacute;, en estas jerarqu&iacute;as de valores, el liberalismo pretende permanecer neutro.</p>  <p align="justify">El car&aacute;cter inicuo de la dominaci&oacute;n liberal engendr&oacute;, en el siglo XIX, una leg&iacute;tima reacci&oacute;n con la aparici&oacute;n del movimiento socialista. Pero &eacute;ste se desvi&oacute; de su camino bajo la influencia de las teor&iacute;as marxistas. Y pese a todo lo que les opone, liberalismo y marxismo pertenecen fundamentalmente al mismo universo, heredado del pensamiento de las Luces: el mismo individualismo de fondo, el mismo universalismo igualitario, el mismo racionalismo, la misma primac&iacute;a del factor econ&oacute;mico, la misma insistencia en el valor emancipador del trabajo, la misma fe en el progreso, la misma aspiraci&oacute;n al fin de la historia. En muchos aspectos, el liberalismo ha realizado con mayor eficacia ciertos objetivos que compart&iacute;a con el marxismo: erradicaci&oacute;n de las identidades colectivas y de las culturas tradicionales, desencantamiento del mundo, universalizaci&oacute;n del sistema productivo&hellip;</p>  <p align="justify">Del mismo modo, los desmanes del mercado han producido la aparici&oacute;n y el reforzamiento del Estado-Providencia. En el curso de la historia, el mercado y el Estado aparecieron al mismo tiempo. El Estado buscaba someter a servidumbres fiscales los intercambios intracomunitarios no mercantiles, antes inasibles, y convertir ese espacio econ&oacute;mico homog&eacute;neo en un instrumento de su poder. La disoluci&oacute;n de los lazos comunitarios, provocada por la mercantilizaci&oacute;n de la vida social, hizo necesario el progresivo reforzamiento de un Estado-Providencia que paliara la desaparici&oacute;n de las solidaridades tradicionales mediante el recurso a la redistribuci&oacute;n. Lejos de obstaculizar la marcha del liberalismo, estas intervenciones estatales le permitieron prosperar, pues evitaron la explosi&oacute;n social y, en consecuencia, garantizaron la seguridad y la estabilidad indispensables para el librecambio. Pero el Estado-Providencia, que no es m&aacute;s que una estructura redistributiva abstracta, an&oacute;nima y opaca, ha generalizado la irresponsabilidad, transformando a los miembros de la sociedad en simples asistidos que hoy ya no reclaman tanto la rectificaci&oacute;n del sistema liberal como la ampliaci&oacute;n indefinida y sin contrapartidas de sus derechos.</p>  <p align="justify">Finalmente, el liberalismo implica la negaci&oacute;n de la especificidad de lo pol&iacute;tico, pues &eacute;ste siempre entra&ntilde;a arbitrariedad en la decisi&oacute;n y pluralidad en las finalidades. Desde este punto de vista, hablar de "pol&iacute;tica liberal" es una contradicci&oacute;n de t&eacute;rminos. El liberalismo, que aspira a construir el entramado social a partir de una teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional que subordina la ciudadan&iacute;a a la utilidad, se reduce a un ideal de gesti&oacute;n "cient&iacute;fica" de la sociedad global, situ&aacute;ndose bajo el limitado horizonte de la pericia t&eacute;cnica. Paralelamente, el Estado de derecho liberal, muy com&uacute;nmente sin&oacute;nimo de rep&uacute;blica de los jueces, cree poder abstenerse de proponer un modelo de <em>vida buena</em> y aspira a neutralizar los conflictos inherentes a la diversidad de lo social echando mano de procedimientos puramente jur&iacute;dicos destinados a determinar no qu&eacute; es el bien, sino qu&eacute; es lo justo. El espacio p&uacute;blico se disuelve en el espacio privado, mientras la democracia representativa se reduce a un mercado donde se dan cita una oferta cada vez m&aacute;s restringida (giro al centro de los programas y convergencia de las pol&iacute;ticas) y una demanda cada vez menos motivada (abstenci&oacute;n).</p>  <p align="justify">En la hora de la mundializaci&oacute;n, el liberalismo ya no se presenta como una ideolog&iacute;a, sino como un sistema mundial de producci&oacute;n y reproducci&oacute;n de hombres y mercanc&iacute;as, presidido por el hipermoralismo de los derechos humanos. Bajo sus formas econ&oacute;mica, pol&iacute;tica y moral, el liberalismo representa el bloque ideol&oacute;gico central de una modernidad que se acaba. Es, pues, el adversario principal de todos aquellos que trabajan por la superaci&oacute;n del marco moderno.</p>  <strong><p align="justify">II. Fundamentos</p> </strong> <p align="justify">"Con&oacute;cete a ti mismo", dec&iacute;a la divisa d&eacute;lfica. La clave de toda representaci&oacute;n del mundo, de todo compromiso pol&iacute;tico, moral o filos&oacute;fico, reside en primer lugar en una antropolog&iacute;a. Por otro lado, nuestras acciones se materializan en diferentes &oacute;rdenes de la praxis, &oacute;rdenes que representan otras tantas <em>esencias</em> de las relaciones de los hombres entre s&iacute; y con el mundo: lo pol&iacute;tico, la econom&iacute;a, la t&eacute;cnica y la &eacute;tica.</p>  <strong><p align="justify">II.1. El hombre: un instante de la existencia</p>  </strong><p align="justify">La modernidad ha negado la existencia de una naturaleza humana (teor&iacute;a de la tabla rasa) o la ha remitido a predicados abstractos desconectados del mundo real y de la existencia viva. De esta ruptura radical emergi&oacute; el ideal moderno de un "hombre nuevo", maleable hasta el infinito por la transformaci&oacute;n progresiva o brutal de su entorno. Esta utop&iacute;a desemboc&oacute; en las experiencias totalitarias y en los sistemas concentracionarios del siglo XX. En el mundo liberal, el ideal del hombre nuevo se tradujo en la creencia supersticiosa en la omnipotencia del medio, idea que no ha generado menos decepciones, particularmente en el terreno educativo: en efecto, en una sociedad estructurada por el uso de la raz&oacute;n abstracta, son las capacidades cognitivas las que constituyen el principal determinante del status social.</p>  <p align="justify">El hombre es ante todo un animal, y como tal se inscribe en el orden de lo vivo, cuya edad se mide en cientos de millones de a&ntilde;os. Si comparamos la historia de la vida org&aacute;nica con una jornada de 24 horas, la aparici&oacute;n de nuestra especie no ha sobrevenido hasta los &uacute;ltimos treinta segundos. El propio proceso de hominizaci&oacute;n hubo de emplear varias decenas de miles de generaciones para desarrollarse. En la medida en que la vida se propaga principalmente por la transmisi&oacute;n de informaci&oacute;n contenida en el material gen&eacute;tico, el hombre no nace como una p&aacute;gina en blanco: cada uno de nosotros es ya portador de las caracter&iacute;sticas generales de nuestra especie, a las que se a&ntilde;aden predisposiciones hereditarias hacia determinadas aptitudes particulares y determinados comportamientos. El individuo no decide esta herencia, que limita su autonom&iacute;a y su plasticidad, pero que tambi&eacute;n le permite ofrecer resistencia a los condicionamientos pol&iacute;ticos y sociales.</p>  <p align="justify">Pero el hombre no es solamente un animal: cuanto en &eacute;l hay de espec&iacute;ficamente humano &mdash;conciencia de su propia conciencia, pensamiento abstracto, lenguaje sint&aacute;ctico, capacidad simb&oacute;lica, aptitud para la constataci&oacute;n objetiva y el juicio de valor&mdash; no contradice su naturaleza, sino que la prolonga, confiri&eacute;ndole una dimensi&oacute;n suplementaria y &uacute;nica. Por eso negar las determinaciones biol&oacute;gicas del hombre es tan absurdo como reducir sus rasgos espec&iacute;ficos a la zoolog&iacute;a. La parte hereditaria de nuestra humanidad no es m&aacute;s que el z&oacute;calo sobre el cual crece nuestra vida social e hist&oacute;rica: el objeto de los instintos humanos no est&aacute; programado, de manera que el hombre posee siempre una parte de libertad (debe tomar decisiones tanto morales como pol&iacute;ticas) cuyo &uacute;nico y verdadero l&iacute;mite natural es la muerte. El hombre es primeramente un heredero, pero puede disponer de su herencia. Hist&oacute;rica y culturalmente nos construimos sobre la base dada de nuestra constituci&oacute;n biol&oacute;gica, que es el l&iacute;mite de nuestra humanidad. El m&aacute;s all&aacute; de este l&iacute;mite puede ser denominado Dios, cosmos, nada o Ser: la cuesti&oacute;n del "por qu&eacute;" no tiene aqu&iacute; sentido, pues lo que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites humanos es por definici&oacute;n impensable.</p>  <p align="justify">La ND propone, pues, una visi&oacute;n equilibrada del hombre, que tiene en cuenta a la vez lo innato, las capacidades personales y el medio social. Recusamos las ideolog&iacute;as que acent&uacute;an abusivamente uno s&oacute;lo de estos factores de determinaci&oacute;n, ya sea el biol&oacute;gico, el econ&oacute;mico o el mec&aacute;nico.</p>  <strong><p align="justify">II.2. El hombre: un ser arraigado, peligroso y abierto</p> </strong> <p align="justify">El hombre no es ni bueno ni malo por naturaleza, pero es capaz de ser una cosa u otra. En esto es un ser abierto y "peligroso", siempre susceptible de superarse a s&iacute; mismo o de degradarse. Las reglas sociales y morales, como las instituciones o las tradiciones, permiten conjurar esta permanente amenaza alentando al hombre a construirse en el marco de unas normas que fundamentan, orientan y dan sentido a su existencia.</p>  <p align="justify">El t&eacute;rmino "humanidad", definido como el conjunto indistinto de los individuos que la componen, designa ya sea una categor&iacute;a biol&oacute;gica (la especie), ya una categor&iacute;a filos&oacute;fica nacida del pensamiento occidental. Desde el punto de vista social-hist&oacute;rico, el hombre <em>en s&iacute; </em>no existe, pues la pertenencia a la humanidad est&aacute; siempre mediatizada por una pertenencia cultural particular. Esta constataci&oacute;n no implica relativismo alguno: todos los hombres tienen en com&uacute;n su naturaleza humana, sin la cual no podr&iacute;an entenderse, pero su com&uacute;n pertenencia a la especie se expresa siempre a partir de un contexto singular. Los hombres comparten las mismas aspiraciones esenciales, pero &eacute;stas cristalizan bajo formas siempre diferentes seg&uacute;n las &eacute;pocas y los lugares. La humanidad, en este sentido, es irreductiblemente plural: la diversidad forma parte de su misma esencia. La vida humana se inscribe necesariamente dentro de un contexto que precede al juicio, aun cr&iacute;tico, que los individuos y los grupos formulan sobre el mundo, y ese contexto modela tanto las aspiraciones como las finalidades que les son propias: en el mundo real s&oacute;lo hay personas concretamente situadas. Las diferencias biol&oacute;gicas no son significativas en s&iacute; mismas, sino en referencia a unos rasgos culturales y sociales. En cuanto a las diferencias entre las culturas, no son ni el efecto de una ilusi&oacute;n, ni caracter&iacute;sticas transitorias, contingentes o secundarias. Todas las culturas tienen su "centro de gravedad" (<strong>Herder</strong>) propio: culturas diferentes dan respuestas diferentes a las cuestiones esenciales. Por eso toda tentativa de unificarlas significa destruirlas. El hombre se inscribe por naturaleza en el registro de la cultura: ser de singularidad, su sitio est&aacute; siempre en la intersecci&oacute;n de lo universal (su especie) y lo particular (cada cultura, cada &eacute;poca). As&iacute;, la idea de una ley absoluta, universal y eterna, llamada a determinar en &uacute;ltima instancia nuestros juicios morales, religiosos o pol&iacute;ticos, carece de fundamento. Y esa la idea que est&aacute; en la base de todos los totalitarismos.</p>  <p align="justify">Las sociedades humanas son a la vez conflictivas y cooperativas, sin que se pueda eliminar una de estas caracter&iacute;sticas en beneficio de la otra. La creencia ir&eacute;nica en la posibilidad de hacer desaparecer los antagonismos, en el seno de una sociedad reconciliada y transparente a s&iacute; misma, no es m&aacute;s v&aacute;lida que la visi&oacute;n hipercompetitiva (liberal, racista o nacionalista) que hace de la vida una guerra perpetua entre individuos o entre grupos. Es verdad que la agresividad forma parte de la actividad creadora y de la din&aacute;mica vital, pero tambi&eacute;n es cierto que la evoluci&oacute;n ha favorecido en el hombre la aparici&oacute;n de comportamientos cooperativos (altruistas) que no se limitan a la esfera del parentesco gen&eacute;tico. Por otra parte, las grandes construcciones hist&oacute;ricas s&oacute;lo han podido durar largo tiempo en la medida en que han sido capaces de establecer una armon&iacute;a fundada en el reconocimiento del bien com&uacute;n, la reciprocidad de derechos y deberes, la ayuda y el reparto mutuos. Ni pac&iacute;fica ni belicosa, ni buena ni mala, ni hermosa ni fea, la existencia humana se desarrolla en tensi&oacute;n tr&aacute;gica entre estos polos atractivos y repulsivos.</p>  <strong><p align="justify">II.3. La sociedad: un conjunto de comunidades</p> </strong> <p align="justify">La existencia humana es inseparable de las comunidades y de los conjuntos sociales en los que se inscribe. La idea de un "estado de naturaleza" primitivo en el que habr&iacute;an coexistido individuos aut&oacute;nomos es pura ficci&oacute;n: la sociedad no es resultado de un contrato que los hombres suscriben con la finalidad de maximizar su mejor inter&eacute;s, sino de una asociaci&oacute;n espont&aacute;nea cuya forma m&aacute;s antigua es, sin duda alguna, el clan.</p>  <p align="justify">Las comunidades en las que se encarna lo social dibujan un complejo tejido de cuerpos intermedios situados entre el individuo, los grupos de individuos y la humanidad. Algunas de estas comunidades son heredadas (nativas), otras son escogidas (cooperativas). El lazo social, cuya autonom&iacute;a nunca ha sabido reconocer la vieja derecha, y que en modo alguno se puede confundir con la "sociedad civil", se define ante todo como un modelo para las acciones de los individuos, no como el efecto global de &eacute;stas. Y reposa precisamente sobre el consentimiento compartido a esa anterioridad: se reconoce que el modelo es anterior. La pertenencia colectiva no anula la identidad individual, sino que constituye su base: cuando se abandona la comunidad de origen, normalmente es para unirse a otra. Nativas o cooperativas, todas las comunidades tienen por fundamento la reciprocidad. Las comunidades se construyen y se mantienen sobre la certidumbre, compartida por cada uno de sus miembros, de que todo lo que se le exige a cada uno puede y debe ser exigido tambi&eacute;n a los otros. Reciprocidad vertical de derechos y deberes, de contribuci&oacute;n y redistribuci&oacute;n, de obediencia y asistencia; reciprocidad horizontal de don y contra-don, de fraternidad, de amistad, de amor. La riqueza de la vida social es proporcional a la diversidad de los v&iacute;nculos de pertenencia que propone; una diversidad que en todo momento se encuentra amenazada por defecto (uniformizaci&oacute;n, indiferenciaci&oacute;n) o por exceso (secesi&oacute;n, atomizaci&oacute;n).</p>  <p align="justify">La concepci&oacute;n holista, seg&uacute;n la cual el todo excede a la suma de sus partes y posee cualidades que le son propias, ha sido combatida por el individual-universalismo moderno, que ha identificado la idea de comunidad con la insoportable jerarqu&iacute;a, con el encierro en s&iacute; mismo o con el esp&iacute;ritu de campanario. Este individual-universalismo se ha desplegado bajo dos figuras: la figura pol&iacute;tica del contrato y la figura econ&oacute;mica del mercado. Pero, en realidad, la modernidad no ha liberado al hombre emancip&aacute;ndolo de sus antiguas pertenencias familiares, locales, tribales, corporativas o religiosas; lo que ha hecho ha sido someterlo a otras coacciones, m&aacute;s duras por ser m&aacute;s lejanas, m&aacute;s impersonales y m&aacute;s exigentes: una sujecci&oacute;n mec&aacute;nica, abstracta y homog&eacute;nea ha reemplazado a los viejos marcos org&aacute;nicos y multiformes. M&aacute;s solitario, el hombre tambi&eacute;n ha quedado m&aacute;s vulnerable y m&aacute;s indefenso. Ha perdido el contacto con el sentido porque ya no le es posible identificarse con un modelo, porque para &eacute;l ya no hay sentido en situarse en el punto de vista del todo social. El individualismo ha desembocado en la desafiliaci&oacute;n y el aislamiento, la desinstitucionalizaci&oacute;n (la familia, por ejemplo, ya no socializa) y el secuestro del lazo social por parte de las burocracias estatales. Al hacer balance, el gran proyecto de emancipaci&oacute;n moderna muestra m&aacute;s bien los perfiles de una alienaci&oacute;n a gran escala. Las sociedades modernas pretenden reunir a individuos que se ven unos a otros como extra&ntilde;os y que carecen de cualquier atisbo de mutua confianza; por eso estas sociedades no pueden concebir ninguna relaci&oacute;n social que no est&eacute; sometida a una instancia "neutra" de regulaci&oacute;n. Las formas puras de tal instancia neutra son el librecambio (sistema mercantil de la ley del m&aacute;s fuerte) y la sumisi&oacute;n (sistema totalitario de obediencia al omnipotente Estado central). Hoy padecemos una forma mixta: mientras proliferan normas jur&iacute;dicas abstractas que poco a poco van reglamentando cada palmo de la existencia, se desarrolla un control permanente de la relaci&oacute;n con el pr&oacute;jimo para conjurar la amenaza de implosi&oacute;n.</p>  <p align="justify">S&oacute;lamente el retorno a las comunidades y a las ciudades de dimensiones humanas permitir&aacute; poner remedio a la exclusi&oacute;n, a la disoluci&oacute;n del lazo social, a su reificaci&oacute;n o a su juridizaci&oacute;n.</p>  <strong><p align="justify">II.4. Lo pol&iacute;tico: una esencia y un arte</p> </strong> <p align="justify">Lo pol&iacute;tico descansa en el hecho de que las finalidades de la vida social son siempre m&uacute;ltiples. Lo pol&iacute;tico posee su esencia y sus propias leyes, que no son reductibles a la racionalidad econ&oacute;mica, a la &eacute;tica, a la est&eacute;tica, a la metaf&iacute;sica o a lo sagrado. Supone aceptar y distinguir nociones tales como lo p&uacute;blico y lo privado, el mando y la obediencia, la deliberaci&oacute;n y la decisi&oacute;n, el ciudadano y el extranjero, el amigo y el enemigo. En lo pol&iacute;tico cabe la moral &mdash;pues la autoridad aspira al bien com&uacute;n y se inspira en los valores y costumbres de la colectividad en cuyo seno se ejerce&mdash;, pero esto no significa que una moral individual sea pol&iacute;ticamente aplicable. Los reg&iacute;menes que rehusan reconocer la esencia de lo pol&iacute;tico, que niegan la pluralidad de las finalidades o que favorecen la despolitizaci&oacute;n, son por definici&oacute;n "impol&iacute;ticos".</p>  <p align="justify">El pensamiento moderno ha desarrollado la ilusoria idea de una "neutralidad" de la pol&iacute;tica, reduciendo el poder a la eficacia en la gesti&oacute;n, a la aplicaci&oacute;n mec&aacute;nica de normas jur&iacute;dicas, t&eacute;cnicas o econ&oacute;micas: el "gobierno de los hombres" deber&iacute;a calcarse sobre la "administraci&oacute;n de las cosas". Ahora bien, la esfera p&uacute;blica siempre es el lugar donde se afirma una visi&oacute;n particular de la "vida buena". De esta concepci&oacute;n del bien procede lo justo, y no a la inversa.</p>  <p align="justify">La primera finalidad de toda acci&oacute;n pol&iacute;tica es, en el interior, hacer reinar la paz civil, es decir, la seguridad y la armon&iacute;a entre los miembros de la sociedad, y en el exterior, protegerlos frente a las amenazas. En relaci&oacute;n con esta finalidad, la selecci&oacute;n entre los diversos valores concurrentes (m&aacute;s libertad, igualdad, unidad, diversidad, solidaridad, etc.) contiene necesariamente una parte arbitraria: no es demostrable, sino que se afirma y se juzga seg&uacute;n los resultados. La diversidad de visiones del mundo es una de las condiciones para el surgimiento de lo pol&iacute;tico. La democracia es un r&eacute;gimen eminentemente pol&iacute;tico porque reconoce la pluralidad de aspiraciones y proyectos, y porque se propone organizar la confrontaci&oacute;n pac&iacute;fica de tales aspiraciones y tales proyectos en todos los escalones de la vida p&uacute;blica. Por eso la democracia es preferible a las cl&aacute;sicas confiscaciones de la legitimidad por el dinero (plutocracia), la competencia (tecnocracia), la ley divina (teocracia) o la herencia (monarqu&iacute;a), y tambi&eacute;n a las m&aacute;s recientes formas de neutralizaci&oacute;n de lo pol&iacute;tico a trav&eacute;s de lo moral (ideolog&iacute;a de los derechos humanos), la econom&iacute;a (mundializaci&oacute;n mercantil), el derecho (gobierno de los jueces) o los media (sociedad del espect&aacute;culo). Si el individuo se hace persona en el seno de una comunidad, donde se hace ciudadano es dentro de la democracia, pues &eacute;ste es el &uacute;nico r&eacute;gimen que le ofrece participar en las discusiones y decisiones p&uacute;blicas, as&iacute; como la posibilidad de alcanzar la excelencia a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n y de la construcci&oacute;n de s&iacute; mismo.</p>  <p align="justify">La pol&iacute;tica no es una ciencia, reductible a la raz&oacute;n o a un simple m&eacute;todo, sino un arte que en primer lugar exige prudencia. La pol&iacute;tica implica siempre una incertidumbre, una pluralidad de alternativas, una decisi&oacute;n sobre las finalidades. El arte de gobernar confiere un poder de arbitraje entre las distintas posibilidades, poder que ha de ser paralelo a la capacidad para imponer, para obligar. El poder no es m&aacute;s que un medio, que no vale sino en funci&oacute;n de las finalidades a las que pretende servir.</p>  <p align="justify">Para <strong>Bodino</strong>, heredero de los legalistas, la fuente de la independencia y de la libertad reside en una soberan&iacute;a ilimitada del poder del pr&iacute;ncipe, concebido a partir del modelo del poder absolutista papal. Esta concepci&oacute;n es una "teolog&iacute;a pol&iacute;tica" fundada sobre la idea de un &oacute;rgano pol&iacute;tico supremo, un "Leviat&aacute;n" (<strong>Hobbes</strong>) al que se atribuye el control de cuerpos, esp&iacute;ritus y almas. Tal teolog&iacute;a pol&iacute;tica inspir&oacute; el modelo del Estado-naci&oacute;n absolutista, unificado, centralizado, que no tolera poderes locales ni acepta compartir derecho con los poderes territoriales vecinos, y que se construye mediante la unificaci&oacute;n administrativa y jur&iacute;dica, la eliminaci&oacute;n de los cuerpos intermedios (denunciados como "feudalidades") y la progresiva erradicaci&oacute;n de las culturas locales. Esta din&aacute;mica ha conducido sucesivamente al absolutismo mon&aacute;rquico, al jacobinismo revolucionario y despu&eacute;s a los totalitarismos modernos, pero tambi&eacute;n a la "Rep&uacute;blica sin ciudadanos", donde ya no hay instancia intermedia entre una sociedad civil atomizada y el Estado gestor. A este modelo de sociedad pol&iacute;tica, la ND opone otro modelo alternativo, heredado de <strong>Altusio</strong>, donde la fuente de la independencia y de la libertad reside en la autonom&iacute;a, y donde el Estado se define principalmente como una federaci&oacute;n de comunidades organizadas y v&iacute;nculos m&uacute;ltiples.</p>  <p align="justify">En esta segunda concepci&oacute;n, que ha inspirado las construcciones imperiales y federales, la existencia de una delegaci&oacute;n en el soberano nunca hace perder al pueblo la facultad de hacer o derogar las leyes. El pueblo, en sus diferentes colectividades organizadas (o "estados"), es en &uacute;ltima instancia el &uacute;nico poseedor de la soberan&iacute;a. Los gobernantes son superiores a todo ciudadano individualmente considerado, pero siempre inferiores a la voluntad general expresada por el cuerpo de los ciudadanos. El principio de subsidiariedad se aplica en todos los niveles. La libertad de una colectividad no es incompatible con una soberan&iacute;a compartida. Y el terreno de lo pol&iacute;tico no se reduce al Estado: la persona p&uacute;blica se define como un espacio lleno, un tejido continuo de grupos, familias, asociaciones, colectividades locales, regionales, nacionales o supranacionales. Lo pol&iacute;tico no consiste en negar esta continuidad org&aacute;nica, sino en apoyarse sobre ella. La unidad pol&iacute;tica procede de una diversidad reconocida, y por eso debe aceptar la "opacidad" de lo social: el mito de la perfecta "transparencia" de la sociedad es una utop&iacute;a que, lejos de estimular la comunicaci&oacute;n democr&aacute;tica, favorece la vigilancia totalitaria.</p>  <strong><p align="justify">II.4. Lo econ&oacute;mico: m&aacute;s all&aacute; del mercado</p> </strong> <p align="justify">Tan lejos como nos remontemos en la historia de las sociedades humanas, siempre hallaremos determinadas reglas que presiden la producci&oacute;n, la circulaci&oacute;n y el consumo de los bienes necesarios para la supervivencia de los individuos y los grupos. Pero, contrariamente a lo que el liberalismo y el marxismo presuponen, la econom&iacute;a nunca ha constituido la "infraestructura" de la sociedad: la sobredeterminaci&oacute;n econ&oacute;mica (el "economicismo") es la excepci&oacute;n, y no la regla. De otra parte, numerosos mitos asociados a la maldici&oacute;n del trabajo (Prometeo, la violaci&oacute;n de la Madre Tierra), del dinero (Creso, Gullveig, Tarpeia) o de la abundancia (Pandora), ponen de relieve que la econom&iacute;a fue muy pronto percibida como la "parte maldita" de toda sociedad, la actividad que amenaza con romper su armon&iacute;a. La econom&iacute;a estaba entonces desvalorizada, y no porque no fuera &uacute;til, sino, precisamente, porque no era m&aacute;s que eso. Del mismo modo, se era rico porque se era poderoso, y no a la inversa &mdash;y en un contexto donde el poder estaba asociado a un deber de reparto y de protecci&oacute;n de los subordinados. El "fetichismo de la mercanc&iacute;a" no es s&oacute;lo un avatar del capitalismo moderno, sino que nos remite a una constante antropol&oacute;gica: la producci&oacute;n en abundancia de bienes diferenciados suscita la envidia, el deseo mim&eacute;tico, que a su vez produce el desorden y la violencia.</p>  <p align="justify">En todas las sociedades premodernas lo econ&oacute;mico est&aacute; encajado, contextualizado en los otros &oacute;rdenes de la actividad humana. La idea de que el intercambio econ&oacute;mico, desde el trueque hasta el mercado moderno, ha estado siempre regulado por la confrontaci&oacute;n entre la oferta y la demanda, con la consecuente aparici&oacute;n de un equivalente abstracto (dinero) y de valores objetivos (valores de uso, de cambio, de utilidad, etc.), es una f&aacute;bula inventada por el liberalismo. El mercado no es un modelo ideal, universalizable por su naturaleza abstracta. Antes que un mecanismo, es una instituci&oacute;n, y como tal instituci&oacute;n no puede ser abstra&iacute;da de su historia ni de las culturas que la han engendrado. Las tres grandes formas de circulaci&oacute;n de bienes son la reciprocidad (don asociado al contra-don, reparto paritario o igualitario), la redistribuci&oacute;n (centralizaci&oacute;n y reparto de la producci&oacute;n por una autoridad &uacute;nica) y el intercambio. Estas formas no representan sucesivos "estadios de desarrollo", sino que siempre han coexistido m&aacute;s o menos a la vez. La sociedad moderna se caracteriza por la hipertrofia del intercambio mercantil: se ha pasado de la econom&iacute;a <em>con</em> mercado a la econom&iacute;a <em>de</em> mercado, y despu&eacute;s a la <em>sociedad</em> de mercado. La econom&iacute;a liberal ha traducido la ideolog&iacute;a del progreso en religi&oacute;n del crecimiento: cree que el "cada vez m&aacute;s" del consumo y la producci&oacute;n conducir&aacute; a los hombres a la felicidad. Y es innegable que el desarrollo econ&oacute;mico moderno ha satisfecho determinadas necesidades primarias que hasta ese momento eran inaccesibles para la gran mayor&iacute;a, pero no es menos cierto que el crecimiento artificial de las necesidades mediante las estrategias de seducci&oacute;n del sistema de objetos (publicidad) conduce necesariamente a un callej&oacute;n sin salida. En un mundo de recursos finitos y sometidos al principio de entrop&iacute;a, el horizonte inevitable de la humanidad es un cierto decrecimiento.</p>  <p align="justify">La mercantilizaci&oacute;n del mundo, entre los siglos XVI y XX, ha sido uno de los fen&oacute;menos m&aacute;s importantes que la humanidad ha conocido por la amplitud de las transformaciones que ha impuesto. Su desmercantilizaci&oacute;n ser&aacute; uno de los principales desaf&iacute;os del siglo XXI. Para ello es preciso volver al origen de la econom&iacute;a: "oikos-nomos", las leyes generales de nuestro h&aacute;bitat en el mundo, leyes que incluyen los equilibrios ecol&oacute;gicos, las pasiones humanas, el respeto a la armon&iacute;a y a la belleza natural y, de forma m&aacute;s general, todos los elementos no cuantificables que la ciencia econ&oacute;mica ha excluido arbitrariamente de sus c&aacute;lculos. Toda vida econ&oacute;mica implica la mediaci&oacute;n de un amplio abanico de instituciones culturales y de instrumentos jur&iacute;dicos. Hoy, la econom&iacute;a debe ser recontextualizada en el mundo vivo, en lo social, en la pol&iacute;tica y en la &eacute;tica.</p>  <strong><p align="justify">II.5. La &eacute;tica: construcci&oacute;n de s&iacute;</p> </strong> <p align="justify">Las categor&iacute;as fundamentales de la &eacute;tica son universales: en todas partes encontramos la distinci&oacute;n entre lo noble y lo innoble, el bien y el mal, lo bueno y lo malo, lo admirable y lo despreciable, lo justo y lo injusto. En cambio, la designaci&oacute;n de los actos que corresponden a cada una de estas categor&iacute;as var&iacute;a seg&uacute;n las &eacute;pocas y las sociedades. La ND rechaza toda concepci&oacute;n del mundo puramente moral, pero admite, por supuesto, que ninguna cultura puede prescindir de distinguir el valor &eacute;tico de las actitudes y los comportamientos. La moral es indispensable para ese ser abierto que es el hombre; es una consecuencia de su libertad. Adem&aacute;s de expresar normas generales que son en todas partes condici&oacute;n para la supervivencia de las sociedades, la moral guarda relaci&oacute;n tambi&eacute;n con las costumbres (<em>mores</em>) y no puede ser totalmente disociada de los contextos en los que act&uacute;a. Pero tampoco cabe contemplarla desde el simple horizonte de la subjetividad. Por ejemplo, el refr&aacute;n "<em>right or wrong my country</em>" no significa que mi pa&iacute;s tenga siempre raz&oacute;n, sino que sigue siendo mi pa&iacute;s aunque no la tenga. Lo cual implica el que yo eventualmente pueda contradecirlo, y en consecuencia, que yo dispongo de una norma que supera mi mera pertenencia a &eacute;l.</p>  <p align="justify">Desde los griegos, la &eacute;tica designa para los europeos aquellas virtudes cuyo ejercicio constituye la base de la "vida buena": la generosidad contra la avaricia, el honor contra la verg&uuml;enza, el coraje contra la cobard&iacute;a, la justicia contra la iniquidad, la templanza contra la desmesura, el sentido del deber contra la renuncia, la franqueza contra la doblez, el desinter&eacute;s contra la avidez, etc. El buen ciudadano es el que tiende siempre hacia la excelencia en cada una de estas virtudes (<strong>Arist&oacute;teles</strong>). Tal voluntad de excelencia no excluye en modo alguno el que haya diversos modos de vida (contemplativa, activa, lucrativa, etc.), cada uno de los cuales obedece a c&oacute;digos morales diferentes y que hallan su jerarqu&iacute;a en la ciudad: por ejemplo, la tradici&oacute;n europea, expresada en el antiguo modelo trifuncional, coloca a la sabidur&iacute;a por encima de la fuerza, y a &eacute;sta por encima de la riqueza.</p>  <p align="justify">La modernidad ha suplantado la &eacute;tica tradicional, a un tiempo aristocr&aacute;tica y popular, por dos tipos de morales burguesas: la moral utilitarista (<strong>Bentham</strong>), basada en el c&aacute;lculo materialista de placeres y penas (es bueno aquello que aumenta el placer de la mayor&iacute;a), y la moral deontol&oacute;gica (<strong>Kant</strong>), basada en una concepci&oacute;n unitaria de lo justo hacia la cual deber&iacute;an tender todos los individuos acatando una ley moral universal. Esta &uacute;ltima perspectiva subyace en la ideolog&iacute;a de los derechos humanos, ideolog&iacute;a que es al mismo tiempo una moral m&iacute;nima y un arma estrat&eacute;gica del etnocentrismo occidental. Pero la ideolog&iacute;a de los derechos humanos es contradictoria en sus propios t&eacute;rminos. Todos los hombres tienen derechos, pero nadie puede ser titular de un derecho si es un ser aislado: el derecho sanciona una relaci&oacute;n de equidad, y esto implica la preexistencia de lo social. As&iacute; pues, no cabe concebir ning&uacute;n derecho si no hay previamente un contexto espec&iacute;fico para definirlo, una sociedad para reconocerlo y para sentar su contrapartida en deberes, y unos medios de coacci&oacute;n suficientes para que tal derecho sea aplicado. En cuanto a las libertades fundamentales, &eacute;stas no se decretan, sino que exigen ser conquistadas y garantizadas. El hecho de que los europeos lo hayan logrado, imponiendo a base de luchas un derecho de gentes basado en la autonom&iacute;a, en modo alguno implica que todos los pueblos del planeta hayan de contemplar de la misma manera la garant&iacute;a de sus derechos.</p>  <p align="justify">En fin, contra el "orden moral", que confunde norma social y norma moral, hay que defender la pluralidad de las formas de la vida social, pensar simult&aacute;neamente el orden y su transgresi&oacute;n, Apolo y Dionisos. Para salir del relativismo y del nihilismo del "&uacute;ltimo hombre" (<strong>Nietzsche</strong>), que hoy se perfilan sobre un paisaje de materialismo pr&aacute;ctico, es preciso restituir el sentido, es decir, volver a los valores compartidos, portadores de certezas concretas experimentadas y defendidas por unas comunidades conscientes de s&iacute; mismas.</p>  <strong><p align="justify">II.6. La t&eacute;cnica: movilizaci&oacute;n del mundo</p> </strong><p align="justify">	</p> <p align="justify">La t&eacute;cnica acompa&ntilde;a al hombre desde sus or&iacute;genes: la carencia de defensas naturales espec&iacute;ficas, la desprogramaci&oacute;n de nuestros instintos y el desarrollo de nuestras capacidades cognitivas han ido a la par con una transformaci&oacute;n creciente de nuestro entorno. Pero durante mucho tiempo la t&eacute;cnica ha sido regulada por imperativos no t&eacute;cnicos: necesaria armon&iacute;a del hombre, la ciudad y el cosmos; respeto a la naturaleza como casa del Ser; sumisi&oacute;n del poder (prometeico) a la sabidur&iacute;a (ol&iacute;mpica); rechazo de la <em>hybris</em>, b&uacute;squeda de la calidad antes que de la productividad, etc.</p>  <p align="justify">La explosi&oacute;n t&eacute;cnica de la modernidad se explica por la desaparici&oacute;n de esos imperativos &eacute;ticos, simb&oacute;licos o religiosos. Sus ra&iacute;ces remotas est&aacute;n en el imperativo b&iacute;blico: "Llenad la tierra y dominadla" (<em>G&eacute;nesis</em>), que Descartes retomar&aacute; dos milenios m&aacute;s tarde invitando al hombre a hacerse "amo y se&ntilde;or de la naturaleza". La escisi&oacute;n dualista teoc&eacute;ntrica entre el ser increado y el mundo creado se transforma as&iacute; en escisi&oacute;n dualista antropoc&eacute;ntrica entre el sujeto y el objeto, donde el segundo queda entregado sin reservas a la dominaci&oacute;n del primero. La modernidad ha sometido igualmente la ciencia (contemplativa) a la t&eacute;cnica (operativa), dando nacimiento a la "tecnociencia" integrada, cuya &uacute;nica raz&oacute;n de ser es transformar el mundo de manera cada vez m&aacute;s acelerada. Nuestro modo de vida ha conocido m&aacute;s transtornos en el siglo XX que en los quince mil a&ntilde;os que le han precedido. Por vez primera en la historia humana, cada nueva generaci&oacute;n debe integrarse en un mundo que la generaci&oacute;n precedente no ha conocido.</p>  <p align="justify">La t&eacute;cnica se desarrolla por esencia como un sistema aut&oacute;nomo: todo nuevo descubrimiento es inmediatamente absorbido por el impulso global de operatividad, contribuyendo a reforzarlo y a hacerlo m&aacute;s complejo. El desarrollo reciente de las tecnolog&iacute;as de almacenamiento y circulaci&oacute;n de la informaci&oacute;n (cibern&eacute;tica, inform&aacute;tica) acelera a una velocidad prodigiosa esta integraci&oacute;n sist&eacute;mica, cuyo ejemplo m&aacute;s conocido es Internet: esta red no tiene centro de decisiones, ni control de entradas y salidas, pero mantiene y aumenta permanentemente la interacci&oacute;n de los millones de terminales conectadas a ella.</p>  <p align="justify">La t&eacute;cnica no es neutra, sino que obedece a un cierto n&uacute;mero de valores que gu&iacute;an su curso: operatividad, eficacia, competitividad. Su axioma es simple: todo lo que es posible puede ser y ser&aacute; efectivamente realizado, dando por supuesto que s&oacute;lo con m&aacute;s t&eacute;cnica pueden paliarse los defectos de las t&eacute;cnicas vigentes. La pol&iacute;tica, la moral o el derecho intervienen s&oacute;lamente <em>despu&eacute;s</em> para juzgar los efectos deseables o indeseables de cada innovaci&oacute;n. La naturaleza acumulativa del desarrollo tecnocient&iacute;fico &mdash;que conoce periodos de estancamiento, pero no de regresi&oacute;n&mdash; ha reforzado durante mucho tiempo a la ideolog&iacute;a del progreso al certificar el aumento del poder humano sobre la naturaleza y al reducir sus riesgos e incertidumbres. La t&eacute;cnica ha dado as&iacute; a la humanidad nuevos medios de existencia, pero al mismo tiempo le ha hecho perder sus razones para vivir, pues se dir&iacute;a que el futuro s&oacute;lo depende de la extensi&oacute;n indefinida del dominio racional del mundo. De ah&iacute; resulta un empobrecimiento que, cada vez con mayor nitidez, es percibido como la desaparici&oacute;n de una vida aut&eacute;nticamente humana sobre la Tierra. Tras haber explorado lo infinitamente peque&ntilde;o y lo infinitamente grande, la tecnociencia pretende ahora someter al hombre mismo, que es la mismo tiempo sujeto y objeto de sus propias manipulaciones (clonaci&oacute;n, procreaci&oacute;n artificial, mapas gen&eacute;ticos, etc.). El hombre se convierte en simple prolongaci&oacute;n de las herramientas que &eacute;l mismo ha creado, adoptando una mentalidad tecnomorfa que aumenta su vulnerabilidad.</p>  <p align="justify">Tecnofobia y tecnofilia son actitudes igualmente reprobables. El conocimiento y sus aplicaciones no son censurables en s&iacute; mismos, pero lo que da valor a la innovaci&oacute;n no es el simple hecho de su novedad. Contra el reduccionismo cientifista, el positivismo arrogante y el oscurantismo obtuso, lo importante es someter el desarrollo t&eacute;cnico a nuestras decisiones sociales, &eacute;ticas y pol&iacute;ticas, al mismo tiempo que a nuestra capacidad de anticipaci&oacute;n (principio de prudencia), y reinsertarlo dentro de una visi&oacute;n del mundo como <em>pluriverso</em> y como <em>continuum</em>.</p>  <strong><p align="justify">II.7. El mundo: un pluriverso</p> </strong> <p align="justify">La diversidad es inherente al movimiento mismo de la vida, que evoluciona bruscamente y se va haciendo cada vez m&aacute;s complejo. La pluralidad y variedad de razas, etnias, lenguas, costumbres o tambi&eacute;n religiones caracterizan al desarrollo humano desde sus or&iacute;genes. Ante este hecho, caben dos actitudes opuestas. Para unos, esta diversidad biocultural es una pesada losa y lo que hay que hacer siempre y en todo lugar es reducir a los hombres a lo que tienen en com&uacute;n, actitud que no deja de entra&ntilde;ar, por reacci&oacute;n, toda una serie de efectos perversos. Para otros &mdash;y aqu&iacute; nos contamos nosotros&mdash;, las diferencias son una riqueza que conviene preservar y cultivar. La ND manifiesta una profunda aversi&oacute;n hacia lo indiferenciado. Estimamos que un buen sistema es aquel que lega al menos tantas diferencias como ha recibido. La verdadera riqueza del mundo reside, ante todo, en la diversidad de las culturas y de los pueblos.</p>  <p align="justify">La conversi&oacute;n de Occidente al universalismo ha sido la causa principal de su voluntad de convertir a su vez al resto del mundo, anta&ntilde;o a su religi&oacute;n (cruzadas), ayer a sus principios pol&iacute;ticos (colonialismo), hoy a su modelo econ&oacute;mico y social (desarrollo) o a sus principios morales (derechos humanos). La occidentalizaci&oacute;n del planeta, emprendida bajo la &eacute;gida de los misioneros, los militares y los mercaderes, ha representado un movimiento imperialista alimentado por el deseo de borrar toda alteridad imponiendo al mundo un modelo de humanidad supuestamente superior, movimiento invariablemente presentado como "progreso". El universalismo homogeneizante no ha sido m&aacute;s que la proyecci&oacute;n y la m&aacute;scara de un etnocentrismo ampliado a dimensiones planetarias.</p>  <p align="justify">Esta occidentalizaci&oacute;n-mundializaci&oacute;n ha modificado la manera en que percibimos el mundo. Las tribus primitivas se denominaban a s&iacute; mismas como "los hombres", dejando entender que se consideraban como los &uacute;nicos representantes de su especie. Un romano y un chino, un ruso y un inca pod&iacute;an vivir en la misma &eacute;poca sin tener conciencia de su rec&iacute;proca existencia. Esos tiempos han pasado: por la desmesurada pretensi&oacute;n occidental de hacer el mundo totalmente presente a s&iacute; mismo, hoy vivimos una &eacute;poca nueva donde las diferencias &eacute;tnicas, hist&oacute;ricas, ling&uuml;&iacute;sticas o culturales coexisten en plena conciencia tanto de su identidad como de la alteridad que, frente a s&iacute;, las refleja. Por primera vez en la historia, el mundo es un pluriverso, un orden multipolar donde grandes conjuntos culturales se hallan confrontados entre s&iacute; en una temporalidad planetaria compartida, es decir, en tiempo cero. Sin embargo, la modernizaci&oacute;n se desconecta poco a poco de la occidentalizaci&oacute;n: nuevas civilizaciones acceden a los modernos medios de poder y de conocimiento, sin renegar por ello de sus herencias hist&oacute;ricas y culturales en provecho de los valores o las ideolog&iacute;as de Occidente.</p>  <p align="justify">Es falsa la idea de que hoy estamos llegando a un "fin de la historia" caracterizado por el triunfo planetario de la racionalidad mercantil, que generalizar&iacute;a el modo de vida y las formas pol&iacute;ticas del Occidente liberal. Al contrario, lo que estamos viviendo es la aparici&oacute;n de un nuevo "<em>nomos </em>de la Tierra", un nuevo ordenamiento de las relaciones internacionales. La Antig&uuml;edad y la Edad Media fueron testigos del desigual desarrollo de grandes civilizaciones aut&aacute;rquicas. El Renacimiento y la Edad Cl&aacute;sica estuvieron marcadas por el ascenso y consolidaci&oacute;n de los Estados-naci&oacute;n, que compitieron por el dominio de Europa, primero, y luego del mundo. El siglo XX ha visto c&oacute;mo se dibujaba un orden bipolar donde se enfrentaban el liberalismo y el marxismo, la potencia talasocr&aacute;tica americana y la potencia continental sovi&eacute;tica. El siglo XXI vendr&aacute; definido por el advenimiento de un mundo multipolar articulado en torno a civilizaciones emergentes: europea, norteamericana, iberoamericana, &aacute;rabe-musulmana, china, hind&uacute;, japonesa, etc. Estas civilizaciones no suprimir&aacute;n los ancestrales arraigos locales, tribales, provinciales o nacionales, pero s&iacute; se impondr&aacute;n como la forma colectiva &uacute;ltima con la que los individuos pueden todav&iacute;a identificarse m&aacute;s ac&aacute; de su humanidad com&uacute;n. Probablemente se ver&aacute;n llamadas a colaborar en determinados campos para defender los bienes comunes de la humanidad, sobre todo los ecol&oacute;gicos. En un mundo multipolar, el poder no se define como capacidad para imponer la propia voluntad, sino m&aacute;s bien como capacidad para resistir ante la influencia ajena. El principal enemigo de este pluriverso de grandes conjuntos autocentrados ser&aacute; toda civilizaci&oacute;n de pretensiones universales, que se crea investida de una misi&oacute;n redentora y quiera imponer su modelo a todas las dem&aacute;s civilizaciones.</p>  <strong><p align="justify">II.8. El cosmos: un continuum</p> </strong><p align="justify">	</p> <p align="justify">La ND profesa una concepci&oacute;n unitaria del mundo, donde materia y forma no son sino variaciones sobre un mismo tema. El mundo es al mismo tiempo uno y m&uacute;ltiple, integra diferentes niveles de lo visible y lo invisible, diferentes percepciones del tiempo y del espacio, diferentes leyes de organizaci&oacute;n de sus elementos constitutivos. Microcosmos y macrocosmos se interpenetran y se corresponden. En consecuencia, la ND rechaza la distinci&oacute;n absoluta entre el ser creado y el ser increado, as&iacute; como la idea de que nuestro mundo no sea m&aacute;s que el reflejo de un trasmundo ideal. El cosmos como realidad (<em>physis</em>) es el lugar donde se manifiesta el Ser, donde se revela la verdad (<em>aletheia</em>) de nuestra co-pertenencia a ese cosmos. "<em>Panta rhei</em>", dec&iacute;a <strong>Her&aacute;clito</strong>: todo est&aacute; abierto a todo.</p>  <p align="justify">El hombre no encuentra ni da sentido a su vida m&aacute;s que adhiri&eacute;ndose a lo que le excede, a lo que sobrepasa los l&iacute;mites de su constituci&oacute;n. La ND reconoce plenamente esta constante antropol&oacute;gica, que se manifiesta en todas las religiones. Consideramos que el retorno de lo sagrado se realizar&aacute; mediante el recurso a los mitos fundadores y a trav&eacute;s de la implosi&oacute;n de las falsas dicotom&iacute;as: sujeto y objeto, cuerpo y pensamiento, alma y esp&iacute;ritu, esencia y existencia, racionalidad y sensibilidad, dominio m&iacute;tico y dominio l&oacute;gico, lo natural y lo sobrenatural, etc.</p>  <p align="justify">El desencantamiento del mundo refleja la clausura del esp&iacute;ritu moderno, incapaz de proyectarse m&aacute;s all&aacute; de su materialismo y su antropocentrismo constitutivos. Nuestra &eacute;poca ha transferido al simple sujeto humano los antiguos atributos divinos (metaf&iacute;sica de la subjetividad), transformando as&iacute; el mundo en objeto, es decir, en un conjunto de recursos puestos a la ilimitada disposici&oacute;n de sus fines. Este ideal de racionalizaci&oacute;n utilitaria del mundo va de la mano con una concepci&oacute;n lineal de la historia, supuestamente dotada de un principio (estado de naturaleza, para&iacute;so terrenal, edad de oro, comunismo primitivo) y de un final (sociedad sin clases, reino de Dios, estadio &uacute;ltimo del progreso, entrada en la era de la pura racionalidad transparente e ir&eacute;nica), ambos igualmente necesarios.</p>  <p align="justify">Para la ND, pasado, presente y futuro no son momentos distintos de una historia orientada y vectorizada, sino dimensiones permanentes en todo instante vivido. Pasado y futuro se hallan presentes en toda actualidad. A esta <em>presencia</em> &mdash;categor&iacute;a fundamental del tiempo&mdash; se opone la <em>ausencia</em>: olvido del origen y oscurecimiento del horizonte. Esta concepci&oacute;n del mundo ya aparece expresada en la antig&uuml;edad europea: se encuentra tanto en los relatos cosmog&oacute;nicos como en el pensamiento presocr&aacute;tico. El paganismo de la ND no se refiere a otra cosa que a la simpat&iacute;a consciente hacia esta antigua concepci&oacute;n del mundo, siempre viva en los corazones y en los esp&iacute;ritus &mdash;precisamente porque no es de ayer, sino de siempre. Frente a los suced&aacute;neos sectarios de religiones ca&iacute;das, y frente a ciertas parodias neopaganas de estos tiempos de confusi&oacute;n, la posici&oacute;n de la ND se inscribe en la m&aacute;s larga memoria: el sentido de lo que viene surge siempre de la relaci&oacute;n con el origen.</p>  <strong><p align="justify">III. Orientaciones</p> </strong> <strong><p align="justify">III.1. Contra la indiferenciaci&oacute;n y el tribalismo, por unas identidades fuertes</p> </strong><p align="justify">	</p> <p align="justify">Hoy planea sobre el mundo una amenaza de homogeneizaci&oacute;n sin precedentes, que como efecto de retorno ha conducido a las crispaciones identitarias: irredentismos sangrientos, nacionalismos convulsivos y chauvinistas, tribalizaciones salvajes, etc. El primer responsable de estas condenables actitudes es la mundializaci&oacute;n (pol&iacute;tica, econ&oacute;mica, tecnol&oacute;gica, financiera) que las ha producido. Al negar a los individuos el derecho a inscribirse en identidades colectivas heredadas de la historia y al imponer un modo uniforme de representaci&oacute;n, el sistema occidental ha hecho nacer, parad&oacute;jicamente, formas delirantes de afirmaci&oacute;n de lo propio. El miedo al Otro ha dejado lugar al miedo a lo Mismo. Esta situaci&oacute;n se ve agravada en Francia por la crisis del Estado, que desde hace dos siglos ha querido ser el principal productor simb&oacute;lico de la sociedad y cuyo hundimiento provoca un vac&iacute;o m&aacute;s importante que en las otras naciones occidentales. La cuesti&oacute;n de la identidad est&aacute; llamada a cobrar una importancia cada vez mayor en los pr&oacute;ximos decenios. En efecto, la modernidad, al quebrar los sistemas sociales que atribu&iacute;an a los individuos un lugar en un orden reconocido, ha estimulado las preguntas sobre la identidad, despertando un deseo de comuni&oacute;n y de reconocimiento en la escena p&uacute;blica. Pero la modernidad no ha sabido ni querido satisfacer esas preguntas. Y el "turismo universal" no es m&aacute;s que una alternativa irrisoria al repliegue sobre s&iacute; mismo.</p>  <p align="justify">Frente a la utop&iacute;a universalista y a las crispaciones particularistas, la ND afirma la fuerza de las diferencias, que no son ni un estado transitorio hacia una unidad superior, ni un detalle accesorio de la vida privada, sino la sustancia misma de la existencia social. Estas diferencias son, por supuesto, nativas (&eacute;tnicas, ling&uuml;&iacute;sticas), pero tambi&eacute;n pol&iacute;ticas. La ciudadan&iacute;a designa al mismo tiempo la pertenencia, el compromiso y la participaci&oacute;n en una vida p&uacute;blica que se distribuye en diversos niveles: as&iacute;, es posible ser al mismo tiempo ciudadano del barrio, de la ciudad, de la regi&oacute;n, de la naci&oacute;n y de Europa, seg&uacute;n la naturaleza del poder delegado a cada una de estas escalas de soberan&iacute;a. Por el contrario, no es posible ser "ciudadano del mundo", pues el "mundo" no es una categor&iacute;a pol&iacute;tica. Querer ser ciudadano del mundo es remitir la ciudadan&iacute;a a una abstracci&oacute;n que procede del vocabulario de la Nueva Clase liberal.</p>  <p align="justify">La ND defiende la causa de los pueblos porque juzgamos que el derecho a la diferencia es un principio cuya validez reside en su generalidad: s&oacute;lo puede defender su diferencia quien tambi&eacute;n es capaz de defender la de los otros, lo cual significa que el derecho a la diferencia no puede ser instrumentalizado para excluir a los diferentes. La ND defiende igualmente a las etnias, las lenguas y las culturas regionales amenazadas de desaparici&oacute;n, as&iacute; como a las religiones nativas. La ND defiende a los pueblos que se hallan en lucha contra el imperialismo occidental.</p>  <strong><p align="justify">III.2. Contra el racismo, por el derecho a la diferencia</p> </strong><p align="justify">	</p> <p align="justify">El racismo no puede definirse como la preferencia por la endogamia, que es algo que procede de la libre elecci&oacute;n de los individuos y los pueblos (el pueblo jud&iacute;o, por ejemplo, debe su supervivencia al rechazo del matrimonio mixto). Ante la inflaci&oacute;n de discursos simplificadores, propagand&iacute;sticos y moralizantes, es preciso volver al verdadero sentido de las palabras: el racismo es una teor&iacute;a que postula ya sea que entre las razas existen desigualdades cualitativas tales que podr&iacute;a distinguirse entre razas globalmente "superiores" y razas globalmente "inferiores", ya sea que el valor de un individuo se deduce enteramente de su pertenencia a una raza, o ya sea que el hecho racial constituye el factor central que explica la historia humana. Estos tres postulados han podido ser defendidos conjuntamente o por separado. Los tres son falsos. Si es verdad que las razas existen y que divergen respecto a tal o cual criterio estad&iacute;sticamente aislado, no hay entre ellas diferencias cualitativas absolutas. Por otra parte, no existe ning&uacute;n paradigma que determine a la especie humana y que permitiera jerarquizarlas globalmente. Finalmente, es claro que el valor de un individuo reside ante todo en sus propias cualidades. El racismo no es una enfermedad del esp&iacute;ritu, engendrada por el prejuicio o por la superstici&oacute;n "premoderna", como nos dice esa f&aacute;bula liberal que remite a la irracionalidad la fuente de todo mal social; el racismo es una doctrina err&oacute;nea, hist&oacute;ricamente fechada, cuyo origen est&aacute; en el positivismo cient&iacute;fico, seg&uacute;n el cual es posible medir "cient&iacute;ficamente" el valor absoluto de las sociedades humanas, y en el evolucionismo social, que tiende a describir la historia de la humanidad como una historia unitaria dividida en diversos "estadios", cada uno de los cuales corresponde a las diferentes etapas del "progreso" (y donde determinados pueblos ser&iacute;an, provisional o definitivamente, m&aacute;s "avanzados" que otros).</p>  <p align="justify">Frente al racismo, hay un antirracismo universalista y un antirracismo diferencialista. El primero conduce indirectamente a los mismos resultados que el propio racismo que denuncia: al ser tan al&eacute;rgico como &eacute;ste a las diferencias, el antirracismo universalista no reconoce de los pueblos m&aacute;s que su com&uacute;n pertenencia a la especie, y tiende a considerar sus identidades espec&iacute;ficas como transitorias o secundarias. Al reducir lo Otro a lo Mismo, en una perspectiva estrictamente asimilacionista, resulta incapaz, por definici&oacute;n, de reconocer y respetar la alteridad por s&iacute; misma. Por el contrario, el antirracismo diferencialista, en el que se reconoce la ND, considera que la irreductible pluralidad de la especie humana constituye su riqueza. As&iacute; la ND se esfuerza en otorgar un sentido positivo a lo universal, no contra la diferencia, sino a partir de ella. Para la ND, la lucha contra el racismo no pasa por la negaci&oacute;n de las razas ni por la voluntad de fundirlas en un conjunto indiferenciado, sino por el doble rechazo simult&aacute;neo de la exclusi&oacute;n y de la asimilaci&oacute;n. Ni <em>apartheid</em>, ni <em>melting-pot</em>: aceptaci&oacute;n del otro en tanto que otro, en una perspectiva dial&oacute;gica de mutuo enriquecimiento.</p>  <strong><p align="justify">III.3. Contra la inmigraci&oacute;n, por la cooperaci&oacute;n</p> </strong><p align="justify">	</p> <p align="justify">Por su rapidez y por su car&aacute;cter masivo, la inmigraci&oacute;n de poblaciones, tal y como la conocemos hoy en Europa, constituye un fen&oacute;meno incontestablemente negativo. Esencialmente, la inmigraci&oacute;n representa una forma de desarraigo forzoso, cuyas motivaciones son al mismo tiempo de orden econ&oacute;mico &mdash;movimientos espont&aacute;neos u organizados desde pa&iacute;ses pobres y poblados hacia pa&iacute;ses ricos con menor vitalidad demogr&aacute;fica&mdash; y de orden simb&oacute;lico &mdash;atracci&oacute;n de la civilizaci&oacute;n occidental, que se impone mediante la desvalorizaci&oacute;n de las culturas aut&oacute;ctonas en provecho de un modo de vida consumista&mdash;. No cabe achacar la responsabilidad de la inmigraci&oacute;n a los inmigrantes, sino a los pa&iacute;ses industrializados, que, tras haber impuesto la divisi&oacute;n internacional del trabajo, han reducido al hombre a la condici&oacute;n de mercanc&iacute;a deslocalizable. La inmigraci&oacute;n no es deseable ni para los emigrantes, que se ven obligados a abandonar su pa&iacute;s natal por otro donde son acogidos como simples complementos de necesidades econ&oacute;micas, ni para las poblaciones de acogida, que sin haberlo deseado se ven enfrentadas a modificaciones frecuentemente brutales de su entorno humano y urbano. Es claro que los problemas de los pa&iacute;ses de origen no se van a resolver mediante transferencias generalizadas de poblaci&oacute;n. En consecuencia, la ND es favorable a una pol&iacute;tica restrictiva de la inmigraci&oacute;n, necesariamente combinada con un incremento sustancial de la cooperaci&oacute;n con los pa&iacute;ses del Tercer Mundo, donde las solidaridades org&aacute;nicas y las formas de vida tradicionales a&uacute;n est&aacute;n vivas, para superar los desequilibrios inducidos por la mundializaci&oacute;n liberal.</p>  <p align="justify">En lo que concierne a las poblaciones de origen inmigrado que residen actualmente en Europa, ser&iacute;a ilusorio esperar su marcha masiva, pero el Estado-naci&oacute;n jacobino no ha sabido proponer m&aacute;s que un modelo de asimilaci&oacute;n puramente individual en una ciudadan&iacute;a abstracta, que no quiere saber nada de las identidades colectivas y de las diferencias culturales. Y este modelo se ha hecho cada vez menos cre&iacute;ble a consecuencia del n&uacute;mero de emigrantes, de la distancia cultural que a veces les separa de la poblaci&oacute;n de acogida y, sobre todo, de la profunda crisis que afecta a todas las tradicionales instancias de integraci&oacute;n (partidos, sindicatos, religiones, escuela, ej&eacute;rcito, etc.). La ND estima que la identidad etnocultural de las diferentes comunidades que hoy viven en nuestro suelo no puede quedar reducida al simple &aacute;mbito privado, antes al contrario: ha de gozar de un verdadero reconocimiento en la esfera p&uacute;blica. Nos adherimos, pues, a un modelo de tipo comunitarista que permita a los individuos que lo deseen no romper con sus ra&iacute;ces, mantener vivas sus estructuras de vida colectiva y no tener que pagar el abusivo precio del abandono de su cultura a cambio del necesario respeto a una ley com&uacute;n. A medio plazo, esta pol&iacute;tica comunitarista podr&iacute;a traducirse en una disociaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a y la nacionalidad.</p> <p align="justify"> </p> <strong><p align="justify">III.4. Contra el sexismo, por el reconocimiento de los g&eacute;neros</p> </strong><p align="justify">	</p> <p align="justify">La diferencia entre los sexos es la primera y m&aacute;s fundamental de las diferencias naturales, pues nuestra humanidad no asegura su reproducci&oacute;n sino a trav&eacute;s de ella: la humanidad, sexuada desde su origen, no es una, sino doble. M&aacute;s all&aacute; de la biolog&iacute;a, esta diferencia se reinscribe en los g&eacute;neros masculino y femenino, que determinan en la vida social dos maneras de percibir al otro y al mundo, y constituyen para los individuos su modelo de destino sexuado. El hecho de que existan una naturaleza femenina y una naturaleza masculina no excluye el que los individuos de cada sexo puedan divergir respecto a ellas por mor de los azares gen&eacute;ticos o de las influencias socioculturales. Globalmente, sin embargo, numerosos valores y actitudes pueden atribuirse ya al g&eacute;nero femenino, ya al masculino, seg&uacute;n qu&eacute; sexo sea el m&aacute;s apto para materializarlos: cooperaci&oacute;n y competici&oacute;n, mediaci&oacute;n y represi&oacute;n, seducci&oacute;n y dominaci&oacute;n, empat&iacute;a y desapego, relacional y abstracto, afectivo y directivo, persuasi&oacute;n y agresi&oacute;n, intuici&oacute;n sint&eacute;tica e intelecci&oacute;n anal&iacute;tica, etc. La concepci&oacute;n moderna de unos individuos abstractos y liberados de su identidad sexual, que procede de una ideolog&iacute;a "indiferencialista" que neutraliza la diferencia entre sexos, no es menos perjudicial para la mujer que el sexismo tradicional, que durante siglos ha considerado a las mujeres como hombres incompletos. Estamos aqu&iacute; ante una variante de la dominaci&oacute;n masculina, cuyo efecto principal fue excluir a las mujeres del campo de la vida p&uacute;blica para, finalmente, acogerlas... a condici&oacute;n de que se despojen de su feminidad.</p>  <p align="justify">El feminismo universalista, al pretender que los g&eacute;neros masculino y femenino son simples construcciones sociales ("la mujer no nace, sino que se hace"), ha ca&iacute;do en una trampa androc&eacute;ntrica que consiste en la adhesi&oacute;n a unos valores "universales" abstractos que, en &uacute;ltimo an&aacute;lisis, no son sino valores masculinos. Por el contrario, el feminismo diferencialista, al que se adhiere la ND, no duda en proponer que la diferencia de los sexos se inscriba en la esfera p&uacute;blica y en afirmar derechos espec&iacute;ficamente femeninos (derecho a la virginidad, derecho a la maternidad, derecho al aborto), todo ello favoreciendo, contra el sexismo y contra la utop&iacute;a unisexual, la promoci&oacute;n tanto de los hombres como de las mujeres mediante la afirmaci&oacute;n y la constataci&oacute;n del igual valor de sus naturalezas propias.</p> <strong> <p align="justify">III.5. Contra la Nueva Clase, por la autonom&iacute;a a partir de la base</p> </strong><p align="justify">	</p> <p align="justify">La civilizaci&oacute;n occidental, al paso que se unifica, promueve hoy el ascenso planetario de una casta dirigente cuya &uacute;nica legitimidad reside en la manipulaci&oacute;n abstracta (l&oacute;gico-simb&oacute;lica) de los signos y valores del sistema establecido. Esta Nueva Clase, que aspira al crecimiento ininterrumpido del capital y al definitivo reinado de la ingenier&iacute;a social hoy triunfante, constituye el armaz&oacute;n de los medias, de las grandes empresas nacionales o multinacionales, de las organizaciones internacionales, de los principales organismos del Estado. En todas partes produce y reproduce el mismo tipo humano: fr&iacute;a competitividad, racionalidad desvinculada de lo real, individualismo abstracto, convicciones utilitaristas, humanitarismo superficial, indiferencia hacia la historia, notoria incultura, alejamiento del mundo vivo, sacrificio de lo real por lo virtual, propensi&oacute;n a la corrupci&oacute;n, al nepotismo y al clientelismo. Este proceso se inscribe en la l&oacute;gica de concentraci&oacute;n y homogeneizaci&oacute;n sobre la cual se basa la dominaci&oacute;n mundial: cuanto m&aacute;s se aleja el poder del ciudadano, menos siente aqu&eacute;l la necesidad de justificar sus decisiones y de legitimar su orden; cuanto m&aacute;s propone la sociedad tareas impersonales, menos se abre &eacute;sta a los hombres de calidad; cuanto m&aacute;s se somete lo p&uacute;blico a lo privado, menos reconocimiento general se otorga a los m&eacute;ritos individuales; cuanto m&aacute;s preciso se hace cumplir una <em>funci&oacute;n</em>, menos posible resulta jugar un <em>papel</em>. As&iacute; la Nueva Clase despersonaliza y des-responsabiliza la direcci&oacute;n efectiva de las sociedades occidentales.</p>  <p align="justify">Tras el fin de la guerra fr&iacute;a y el hundimiento del bloque sovi&eacute;tico, la Nueva Clase se halla de nuevo enfrentada a toda una serie de conflictos (entre el capital y el trabajo, entre la igualdad y la libertad, entre lo p&uacute;blico y lo privado) que durante el medio siglo anterior hab&iacute;a tratado de externalizar. Paralelamente, su ineficacia, sus despilfarros y su contraproductividad resultan cada vez m&aacute;s evidentes. El sistema tiende a cerrarse sobre s&iacute; mismo mediante la cooptaci&oacute;n de los servidores de la m&aacute;quina, como engranajes intercambiables entre s&iacute;, mientras los pueblos sienten indiferencia o c&oacute;lera hacia una elite gestora que ya no habla el mismo lenguaje que ellos. En todos los grandes temas sociales crece el abismo entre unos gobernantes que repiten el mismo discurso tecnocr&aacute;tico de mantenimiento del desorden establecido y unos gobernados que sufren sus consecuencias en su vida cotidiana, mientras el espect&aacute;culo medi&aacute;tico levanta una pantalla para desviar la atenci&oacute;n del mundo <em>presente</em> y lanzarla hacia el mundo <em>representado</em>. En la c&uacute;spide del sistema, la jerigonza tecnocr&aacute;tica, el parloteo moralizante y las rentas confortables; en la base, la &aacute;spera confrontaci&oacute;n con la realidad, la insistente pregunta por el sentido y el deseo de hallar valores compartidos.</p>  <p align="justify">El objetivo de satisfacer la aspiraci&oacute;n popular (o "populista"), que no siente m&aacute;s que desprecio hacia las "elites" e indiferencia ante unos clis&eacute;s pol&iacute;ticos tradicionales hoy obsoletos, pasa por hacer m&aacute;s aut&oacute;nomas las estructuras de base que se corresponden con los modos de vida (<em>nomoi</em>) reales y cotidianos. Para recrear de manera m&aacute;s convivencial unas condiciones de vida social que permitan al imaginario colectivo formar representaciones espec&iacute;ficas del mundo, lejos del anonimato de masa, de la mercantilizaci&oacute;n de los valores y de la reificaci&oacute;n de las relaciones sociales, las comunidades deben estar en condiciones de decidir por s&iacute; mismas en todos los campos que les conciernen, y sus miembros han de poder participar en todos los niveles de la deliberaci&oacute;n y la decisi&oacute;n democr&aacute;ticas. El proceso no debe consistir en que el Estado-Providencia, burocratizado y tecnocr&aacute;tico, se descentralice en favor de las comunidades, sino en que sean las propias comunidades las que concedan al Estado el poder de intervenir &uacute;nica y exclusivamente en aquellos terrenos en que ellas no sean competentes.</p>  <strong><p align="justify">III.6. Contra el jacobinismo, por la Europa federal</p> </strong><p align="justify">	</p> <p align="justify">La primera guerra de los Treinta A&ntilde;os, cerrada con los tratados de Westfalia, signific&oacute; la consagraci&oacute;n del Estado-naci&oacute;n como modelo dominante de la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica. La segunda guerra de los Treinta A&ntilde;os (1914-45), por el contrario, ha se&ntilde;alado el comienzo de su disgregaci&oacute;n. El Estado-naci&oacute;n, engendrado por la monarqu&iacute;a absoluta y el jacobinismo revolucionario, es hoy demasiado grande para administrar los problemas peque&ntilde;os y demasiado peque&ntilde;o para afrontar los problemas grandes. En un planeta mundializado, el futuro pertenece a los grandes conjuntos de civilizaci&oacute;n capaces de organizarse en espacios autocentrados y de dotarse de la suficiente fuerza para resistir la influencia de los otros. As&iacute;, frente a los Estados Unidos y a las nuevas civilizaciones emergentes, Europa est&aacute; llamada a construirse sobre una base federal que reconozca la autonom&iacute;a de todos sus componentes y organice la cooperaci&oacute;n entre las regiones y las naciones que la constituyen. La civilizaci&oacute;n europea se construir&aacute; sobre la suma &mdash;que no sobre la negaci&oacute;n&mdash; de sus culturas hist&oacute;ricas, permitiendo as&iacute; a todos sus habitantes tomar plena conciencia de sus or&iacute;genes comunes. La clave de b&oacute;veda de esta Europa debe ser el principio de subsidiariedad: en todos los niveles, la autoridad inferior no delega su poder hacia la autoridad superior m&aacute;s que en los terrenos que escapan a su competencia.</p>  <p align="justify">Contra la tradici&oacute;n centralizadora, que confisca todos los poderes en un s&oacute;lo nivel; contra la Europa burocr&aacute;tica y tecnocr&aacute;tica, que consagra los abandonos de soberan&iacute;a sin remitirlos hacia un nivel superior; contra una Europa reducida a espacio unificado de libre cambio; contra la "Europa de las naciones", simple suma de ego&iacute;smos nacionales que no nos previene contra un retorno de las guerras; contra una "naci&oacute;n europea", que no ser&iacute;a m&aacute;s que una proyecci&oacute;n ampliada del Estado-naci&oacute;n jacobino, Europa (occidental, central y oriental) debe reorganizarse desde la base hasta la cima, y los Estados existentes han de ir federaliz&aacute;ndose hacia adentro para as&iacute; mejor federarse hacia afuera, en una pluralidad de estatutos particulares atemperada por un estatuto com&uacute;n. Cada nivel de asociaci&oacute;n debe tener su funci&oacute;n y su dignidad propias, no derivadas de la instancia superior, sino basadas en la voluntad y en el consentimiento de todos los que en &eacute;l participan. As&iacute;, a la c&uacute;spide del edificio s&oacute;lo han de llegar las decisiones relativas al conjunto de los pueblos y comunidades federados: diplomacia, ej&eacute;rcito, grandes decisiones econ&oacute;micas, puesta a punto de las normas jur&iacute;dicas fundamentales, protecci&oacute;n del medio ambiente, etc. La integraci&oacute;n europea es igualmente necesaria en determinados campos de la investigaci&oacute;n, la industria y las nuevas tecnolog&iacute;as de la comunicaci&oacute;n. Respecto a la moneda &uacute;nica, debe estar administrada por un Banco Central sometido al poder pol&iacute;tico europeo.</p>  <strong><p align="justify">III.7. Contra la despolitizaci&oacute;n, por el reforzamiento de la democracia</p> </strong> <p align="justify">La democracia no apareci&oacute; con la Revoluci&oacute;n de 1789, sino que constituye una tradici&oacute;n constante en Europa desde la ciudad griega y las antiguas "libertades" germ&aacute;nicas. La democracia no se reduce ni a las antiguas "democracias populares" de los pa&iacute;ses del Este, ni a la democracia parlamentaria liberal hoy dominante en los pa&iacute;ses occidentales. Por democracia no hay que entender el r&eacute;gimen de partidos, ni tampoco el corpus procedimental del Estado liberal de derecho, sino que democracia es, ante todo, el r&eacute;gimen donde el pueblo es soberano. No es la discusi&oacute;n perpetua, sino la decisi&oacute;n con la vista puesta en el bien com&uacute;n. El pueblo puede delegar su soberan&iacute;a en los dirigentes que designe, pero no abandonarla en provecho de &eacute;stos. La ley de la mayor&iacute;a, que se desprende del voto, no significa considerar que la verdad proceda del mayor n&uacute;mero: no es m&aacute;s que una t&eacute;cnica que permite asegurar al m&aacute;ximo la concordancia de objetivos entre el pueblo y sus dirigentes. La democracia es, finalmente, el r&eacute;gimen m&aacute;s capaz para tomar a su cargo el pluralismo de la sociedad: resoluci&oacute;n pac&iacute;fica de los conflictos de ideas y relaciones no coercitivas entre la mayor&iacute;a y la minor&iacute;a, donde la libertad de expresi&oacute;n de las minor&iacute;as se deduce de su posibilidad de ser la mayor&iacute;a de ma&ntilde;ana.</p>  <p align="justify">En la democracia, donde el pueblo es el sujeto del poder constituyente, el principio fundamental es el de la igualdad pol&iacute;tica. Este principio es distinto del de la igualdad en derecho de todos los hombres, que no puede dar origen a ninguna forma de gobierno (la igualdad com&uacute;n a todos los hombres es una igualdad apol&iacute;tica, pues carece del corolario de una desigualdad posible). La igualdad democr&aacute;tica no es un principio antropol&oacute;gico (no nos dice nada acerca de la naturaleza humana), no plantea que todos los hombres hayan de ser naturalmente iguales, sino solamente que todos los ciudadanos son pol&iacute;ticamente iguales, porque todos pertenecen por igual a la misma <em>polis</em>. Es, pues, una igualdad sustancial, fundada sobre la pertenencia. Como todo principio pol&iacute;tico, implica la posibilidad de una distinci&oacute;n; en este caso, entre ciudadanos y no-ciudadanos. La noci&oacute;n esencial de la democracia no es ni el individuo ni la humanidad, sino el conjunto de los ciudadanos pol&iacute;ticamente reunidos como pueblo. La democracia es el r&eacute;gimen que, situando en el pueblo la fuente de la legitimidad del poder, se esfuerza por llevar a cabo lo mejor posible la identidad de gobernantes y gobernados: la diferencia objetiva, existencial, entre unos y otros nunca puede ser una diferencia cualitativa. Esa identidad es la expresi&oacute;n pol&iacute;tica de la identidad del pueblo, que, mediante la elecci&oacute;n de sus gobernantes, adquiere la posibilidad de hacerse pol&iacute;ticamente presente a s&iacute; mismo. La democracia implica, pues, un pueblo capaz de actuar pol&iacute;ticamente en la esfera de la vida p&uacute;blica. El abstencionismo, el repliegue sobre la vida privada, le quitan todo su sentido.</p>  <p align="justify">La democracia est&aacute; hoy amenazada por toda una serie de desviaciones y de patolog&iacute;as: crisis de la representaci&oacute;n, intercambiabilidad de los programas pol&iacute;ticos, hurto de la consulta al pueblo para las grandes decisiones que afectan a su existencia, corrupci&oacute;n y tecnocratizaci&oacute;n, descalificaci&oacute;n de unos partidos convertidos en m&aacute;quinas para hacerse elegir y cuyos dirigentes s&oacute;lo son seleccionados por su capacidad para hacerse seleccionar, despolitizaci&oacute;n bajo el efecto de la doble polaridad moral-econom&iacute;a, preponderancia de <em>lobbies</em> que defienden sus intereses particulares contra el inter&eacute;s general, etc. A esto se a&ntilde;ade el hecho de que hoy hemos salido ya de la problem&aacute;tica pol&iacute;tica moderna: todos los partidos son m&aacute;s o menos reformistas, todos los gobiernos son m&aacute;s o menos impotentes. La "toma del poder" en el sentido leninista del t&eacute;rmino ya no conduce a nada. En el universo de las redes, la revuelta es posible, no la revoluci&oacute;n.</p>  <p align="justify">Volver al esp&iacute;ritu democr&aacute;tico implica no contentarse tan s&oacute;lo con la democracia representativa, sino intentar poner en pr&aacute;ctica en todos los niveles una verdadera democracia participativa ("lo que concierne a todos debe ser asunto de todos"). Para eso hay que desestatalizar la pol&iacute;tica, creando espacios ciudadanos desde la base: cada ciudadano debe ser actor del inter&eacute;s general, cada bien com&uacute;n debe ser se&ntilde;alado y defendido como tal dentro de la perspectiva de un orden pol&iacute;tico concreto. El cliente-consumidor, el espectador pasivo y el individuo reducido a mero poseedor de derechos privados son figuras que s&oacute;lo podr&aacute;n ser superadas a trav&eacute;s de una forma radicalmente descentralizada de democracia de base, que d&eacute; a cada cual un papel en la elecci&oacute;n y en el dominio de su destino. El procedimiento del refer&eacute;ndum podr&iacute;a ser igualmente reactivado por la iniciativa popular. Contra la omnipotencia del dinero, &uacute;nica autoridad suprema de la sociedad moderna, hay que imponer lo m&aacute;s posible la separaci&oacute;n de la riqueza y el poder pol&iacute;tico.</p> <strong> <p align="justify">III.8. Contra el productivismo, por el reparto del trabajo</p> </strong><p align="justify">	</p> <p align="justify">El trabajo (del lat&iacute;n <em>tripalium</em>, instrumento de tortura) nunca ocup&oacute; un lugar central en las sociedades arcaicas o tradicionales, incluidas aquellas que jam&aacute;s conocieron la esclavitud. En la medida en que es una respuesta a las coacciones de la necesidad, el trabajo no puede en modo alguno realizar nuestra libertad &mdash;al contrario de la <em>obra</em>, donde uno expresa la realizaci&oacute;n de s&iacute; mismo. Es la modernidad, con su l&oacute;gica productivista de movilizaci&oacute;n total de los recursos, la que ha hecho que el trabajo sea al mismo tiempo un valor en s&iacute;, la principal instancia de socializaci&oacute;n y una forma ilusoria de la emancipaci&oacute;n y la autonom&iacute;a de los individuos ("la libertad por el trabajo"). Funcional, racional y monetarizado, este trabajo "heter&oacute;nomo", que los individuos realizan m&aacute;s frecuentemente por obligaci&oacute;n que por devoci&oacute;n, s&oacute;lo tiene sentido bajo el punto de vista del intercambio mercantil y se inscribe siempre en un c&aacute;lculo contable. La producci&oacute;n sirve para alimentar un consumo que la ideolog&iacute;a de las necesidades ofrece, de hecho, como compensaci&oacute;n del tiempo que se ha perdido para producir. Las antiguas tareas de proximidad han sido as&iacute; progresivamente monetarizadas, empujando a los hombres a trabajar para otros con el fin de pagar a quienes trabajan para ellos. El sentido de la gratuidad y de la reciprocidad se ha ido borrando progresivamente en un mundo donde nada tiene ya valor, pero donde todo tiene un precio (es decir, donde lo que no puede ser cuantificado en t&eacute;rminos de dinero es considerado desde&ntilde;able o no existente). Y as&iacute; ocurre con demasiada frecuencia que en la sociedad salarial uno ha de perder su tiempo para ganarse la vida.</p>  <p align="justify">La novedad es que, gracias a las nuevas tecnolog&iacute;as, hoy producimos cada vez m&aacute;s bienes y servicios con cada vez menos hombres. Este incremento de productividad hace que el paro y la precariedad se conviertan hoy en fen&oacute;menos estructurales, y ya no coyunturales. Y por otro lado, favorece la l&oacute;gica del capital, que se sirve del paro y de la deslocalizaci&oacute;n para reducir la capacidad de negociaci&oacute;n de los asalariados. De ah&iacute; resulta que el hombre ya no s&oacute;lo es explotado, sino que adem&aacute;s se convierte en algo cada vez m&aacute;s in&uacute;til: la exclusi&oacute;n sustituye a la alienaci&oacute;n en un mundo globalmente cada vez m&aacute;s rico, pero donde cada vez hay m&aacute;s pobres (con la consiguiente muerte de la teor&iacute;a cl&aacute;sica seg&uacute;n la cual la riqueza particular beneficiaba a la generalidad). Como el retorno a una situaci&oacute;n de pleno empleo se ha hecho imposible, la v&iacute;a de soluci&oacute;n m&aacute;s adecuada habr&iacute;a de consistir en romper con la l&oacute;gica del productivismo y en empezar a pensar, desde ahora mismo, c&oacute;mo salir progresivamente de esta era en la que el trabajo asalariado se ha convertido en el modo fundamental de inserci&oacute;n en la vida social.</p>  <p align="justify">La disminuci&oacute;n del tiempo de trabajo es un dato que hace obsoleto el imperativo b&iacute;blico ("ganar&aacute;s el pan con el sudor de tu frente"). Hay que estimular el reparto y la reducci&oacute;n negociada del tiempo de trabajo, pensando f&oacute;rmulas &aacute;giles (anualizaci&oacute;n, descansos sab&aacute;ticos, estancias de formaci&oacute;n, etc.) para todas las tareas "heter&oacute;nomas": trabajar menos para trabajar mejor y liberar tiempo para vivir. Por otra parte, en una sociedad como la actual, donde la oferta mercantil se extiende sin cesar mientras aumenta el n&uacute;mero de quienes ven reducido o estancado su poder adquisistivo, se hace necesario disociar progresivamente trabajo y renta, estudiando la posibilidad de instaurar un salario general de existencia o una renta m&iacute;nima de ciudadan&iacute;a, dirigida sin contrapartidas a todos los ciudadanos desde su nacimiento hasta su muerte.</p>  <strong><p align="justify">III.9. Contra la huida adelante financiera, por una econom&iacute;a al servicio de lo vivo</p> </strong> <p align="justify">Arist&oacute;teles distingu&iacute;a entre la "oeconomia", que aspira a satisfacer las necesidades de los hombres, y la "cremat&iacute;stica", cuya &uacute;nica finalidad es la producci&oacute;n, la circulaci&oacute;n y la apropiaci&oacute;n del dinero. El capitalismo industrial se ha visto poco a poco dominado por un capitalismo financiero cuyo prop&oacute;sito es organizar la m&aacute;xima rentabilidad a corto plazo, en detrimento del estado real de las econom&iacute;as nacionales y del inter&eacute;s a largo plazo de los pueblos. Esta metamorfosis se ha traducido en la desmaterializaci&oacute;n de los balances empresariales, la titulaci&oacute;n del cr&eacute;dito, el desencadenamiento de la especulaci&oacute;n, la emisi&oacute;n an&aacute;rquica de obligaciones no fiables, el endeudamiento de los particulares, de las empresas y de las naciones, el papel de primer plano que juegan los inversores internacionales y los fondos de inversi&oacute;n especulativos, etc. La ubicuidad de los capitales permite a los mercados financieros imponer su ley a los pol&iacute;ticos. La econom&iacute;a real queda sometida a la incertidumbre y a la precariedad, mientras que las bolsas regionales de la inmensa burbuja financiera mundial estallan regularmente y ocasionan sacudidas que se propagan por todo el sistema.</p>  <p align="justify">Por otra parte, el pensamiento econ&oacute;mico se ha petrificado en dogmas alimentados por formalismos matem&aacute;ticos que aspiran al t&iacute;tulo de ciencia mediante la exclusi&oacute;n por principio de todo elemento no cuantificable. As&iacute;, los &iacute;ndices macroecon&oacute;micos (PIB, PNB, tasa de crecimiento, etc.) no indican nada sobre el estado real de una sociedad: las cat&aacute;strofes, los accidentes o las epidemias se consignan en la contabilidad como valor positivo, pues aumentan la actividad econ&oacute;mica.</p>  <p align="justify">Frente a una riqueza arrogante que no piensa m&aacute;s que en crecer especulando con las desigualdades y los sufrimientos que engendra, hay que volver a poner la econom&iacute;a al servicio del hombre dando prioridad a las necesidades reales de los individuos y su calidad de vida, instaurando a escala internacional una tasa sobre los movimientos de capital y anulando la deuda del Tercer Mundo al mismo tiempo que se revisa dr&aacute;sticamente el sistema del "desarrollo": prioridad para la autosuficiencia y para la satisfacci&oacute;n de los mercados interiores, ruptura con el sistema de la divisi&oacute;n internacional del trabajo, emancipaci&oacute;n de las econom&iacute;as locales frente a los dictados del Banco Mundial y del FMI, adopci&oacute;n de reglas sociales y ambientales que encuadren los intercambios internacionales. Finalmente, conviene salir progresivamente del doble callej&oacute;n sin salida que representan una econom&iacute;a dirigida ineficaz y una econom&iacute;a mercantil hipercompetitiva, reforzando al tercer sector (asociaciones, mutualidades, cooperativas) y a las organizaciones aut&oacute;nomas de ayuda m&uacute;tua (sistemas de intercambios locales), basados en la responsabilidad compartida, la libre adhesi&oacute;n y la ausencia de af&aacute;n de lucro.</p>  <strong><p align="justify">III.11. Contra el gigantismo, por las comunidades locales</p> </strong><p align="justify">	</p> <p align="justify">La tendencia al gigantismo y a la concentraci&oacute;n produce individuos aislados, y por ello vulnerables y desprotegidos. La exclusi&oacute;n generalizada y la inseguridad social son la consecuencia l&oacute;gica de este sistema, que ha arrasado todas las instancias de reciprocidad y de solidaridad. Frente a las antiguas pir&aacute;mides verticales de dominaci&oacute;n, que ya no inspiran confianza, y frente a las burocracias, que cada vez alcanzan m&aacute;s r&aacute;pidamente su nivel de incompetencia, hoy entramos en un mundo fluido de redes cooperativas. La antigua oposici&oacute;n entre una sociedad civil homog&eacute;nea y un Estado-Providencia monopol&iacute;stico est&aacute; siendo superada poco a poco por la aparici&oacute;n en escena de todo un tejido de organizaciones creadoras de derechos y de colectividades deliberativas y operativas. Estas comunidades est&aacute;n naciendo en todos los niveles de la vida social, desde la familia al barrio, desde la aldea hasta la ciudad, desde la profesi&oacute;n hasta el terreno del ocio, etc. Es s&oacute;lamente en esta escala local donde puede recrearse una existencia a la altura de los hombres, no parcelaria, liberada de los opresivos dictados de la rapidez, la movilidad y el rendimiento, apoyada en valores compartidos y fundamentalmente orientada hacia el bien com&uacute;n. La solidaridad no puede seguir siendo la consecuencia de una igualdad an&oacute;nima (mal) garantizada por el Estado-Providencia, sino que ha de ser el resultado de una reciprocidad llevada a cabo desde la base por colectividades org&aacute;nicas que tomen a su cargo las funciones de protecci&oacute;n, reparto y equidad. S&oacute;lo personas responsables en comunidades responsables pueden establecer una justicia social que no sea sin&oacute;nimo de una mentalidad de individuo asistido.</p>  <p align="justify">La vuelta a lo local, que eventualmente puede ser facilitada por el tele-trabajo en com&uacute;n, tiende por naturaleza a devolver a las familias su vocaci&oacute;n (tambi&eacute;n natural) de ser instancias de educaci&oacute;n, socializaci&oacute;n y ayuda mutua, permitiendo as&iacute; la interiorizaci&oacute;n de reglas sociales hoy impuestas exclusivamente desde el exterior. La revitalizaci&oacute;n de las comunidades locales debe tambi&eacute;n ir a la par con un renacimiento de las tradiciones populares, que la modernidad ha borrado o, a&uacute;n peor, mercantilizado. Las tradiciones, que cultivan la convivencialidad y el sentido de la fiesta, imprimen ritmos a la vida y proporcionan puntos de referencia; las tradiciones celebran las edades y las estaciones, los grandes momentos de la existencia y los periodos del a&ntilde;o, y con ello alimentan el imaginario simb&oacute;lico y refuerzan el lazo social. Nunca congeladas, viven en constante renovaci&oacute;n.</p>  <strong><p align="justify">III.12. Contra la ciudad-hormig&oacute;n, por unas ciudades de dimensi&oacute;n humana</p> </strong> <p align="justify">El urbanismo sufre desde hace cincuenta a&ntilde;os la dictadura de la fealdad, del sinsentido o del corto plazo: ciudades-dormitorio sin horizonte, zonas residenciales sin alma, suburbios grises que sirven como vertederos municipales, interminables centros comerciales que desfiguran la entrada de las ciudades, proliferaci&oacute;n de "no-lugares" an&oacute;nimos concebidos para usuarios con prisa, centros urbanos exclusivamente dedicados al comercio y a los que se ha despojado de su ambiente tradicional (caf&eacute;s, universidades, teatros, cines, plazas, etc.), yuxtaposici&oacute;n de inmuebles sin un estilo com&uacute;n, barrios deteriorados y entregados al abandono entre dos chapuzas o, al contrario, permanentemente vigilados por guardias y c&aacute;maras-esp&iacute;a, desertizaci&oacute;n rural y superpoblaci&oacute;n urbana...</p>  <p align="justify">Ya no se construyen h&aacute;bitats para vivir, sino para sobrevivir en un entorno urbano desfigurado por la ley de la rentabilidad m&aacute;xima y de la funcionalidad racional. Ahora bien, un h&aacute;bitat es ante todo una <em>habitaci&oacute;n</em>: trabajar, circular y habitar no son funciones que puedan ser aisladas, sino actos complejos que afectan a la totalidad de la vida social.</p>  <p align="justify">La ciudad debe ser repensada como el lugar de encuentro de todas nuestras potencialidades, el laberinto de nuestras pasiones y de nuestras acciones, antes que como la expresi&oacute;n geom&eacute;trica y fr&iacute;a de la racionalidad planificadora. Arquitectura y urbanismo se inscriben, por otra parte, en una historia y una geograf&iacute;a singulares, y deben ser su reflejo. Esto implica la revalorizaci&oacute;n de un urbanismo arraigado y armonioso, la rehabilitaci&oacute;n de los estilos regionales, el desarrollo de los pueblos y las peque&ntilde;as ciudades a modo de red en torno a las capitales regionales, la promoci&oacute;n de las zonas rurales, la destrucci&oacute;n progresiva de las ciudades-dormitorio y de las concentraciones estrictamente comerciales, la eliminaci&oacute;n de una publicidad omnipresente, as&iacute; como la diversificaci&oacute;n de los modos de transporte: abolici&oacute;n de la dictadura del autom&oacute;vil individual, transporte de mercanc&iacute;as por ferrocarril, revitalizaci&oacute;n del transporte colectivo, consideraci&oacute;n a los imperativos ecol&oacute;gicos...</p>  <strong><p align="justify">III.13. Contra el <em>daimon</em> de la t&eacute;cnica, por una ecolog&iacute;a integral</p> </strong><p align="justify">	</p> <p align="justify">En un mundo finito, no es posibe que todas las curvas sean perpetuamente ascendentes: tanto los recursos como el crecimiento encuentran necesariamente sus l&iacute;mites. La r&aacute;pida generalizaci&oacute;n a escala planetaria del nivel occidental de producci&oacute;n y consumo desembocar&aacute;, en pocos decenios, en el agotamiento de la casi totalidad de los recursos naturales disponibles y en una serie de transtornos clim&aacute;ticos y atmosf&eacute;ricos de imprevisibles consecuencias para la especie humana. La desfiguraci&oacute;n de la naturaleza, el empobrecimiento exponencial de la biodiversidad, la alienaci&oacute;n del hombre por la m&aacute;quina y la degradaci&oacute;n de nuestra alimentaci&oacute;n est&aacute;n demostrando que "cada vez m&aacute;s" no es sin&oacute;nimo de "cada vez mejor". Esta constataci&oacute;n, que rompe sin equ&iacute;vocos con la ideolog&iacute;a del progreso y con cualquier otra concepci&oacute;n monolineal de la historia, ha sido muy justamente formulada por los movimientos ecologistas. Y nos obliga a tomar conciencia de nuestras responsabilidades respecto a los mundos org&aacute;nico e inorg&aacute;nico en cuyo seno evolucionamos.</p>  <p align="justify">La "megam&aacute;quina" no conoce m&aacute;s principio que el de rentabilidad. Hay que oponerle el principio de responsabilidad, que ordena a las generaciones presentes actuar de tal manera que las generaciones futuras conozcan un mundo que no sea menos bello, menos rico y menos diverso que el que hemos conocido. Del mismo modo, hay que reafirmar la primac&iacute;a del ser sobre el tener. En un paso m&aacute;s all&aacute;, la ecolog&iacute;a integral llama a la superaci&oacute;n del antropocentrismo moderno y a tomar conciencia de que el hombre y el cosmos se co-pertenecen. Esta trascendencia inmanente hace de la naturaleza una compa&ntilde;era, y no un adversario; no borra la especificidad humana, pero le deniega el lugar exclusivo que le hab&iacute;an otorgado el cristianismo y el humanismo cl&aacute;sico. Frente a la <em>hybris</em> econ&oacute;mica y frente al prometeismo t&eacute;cnico, opone el sentido de la mesura y la b&uacute;squeda de la armon&iacute;a. Es necesaria una concertaci&oacute;n a escala mundial para establecer normas obligatorias en materia de preservaci&oacute;n de la biodiversidad &mdash;el hombre tiene deberes tambi&eacute;n hacia los animales y los vegetales&mdash; y de disminuci&oacute;n de las poluciones terrestres y atmosf&eacute;ricas. Las empresas o las colectividades contaminantes deben pagar tasas en proporci&oacute;n con su cantidad de emisiones negativas. Una cierta desindustrializaci&oacute;n del sector agro-alimentario deber&iacute;a favorecer la producci&oacute;n y el consumo locales, al mismo tiempo que facilitar&iacute;a la diversificaci&oacute;n de las fuentes de aprovisionamiento. Los sistemas que respetan la renovaci&oacute;n c&iacute;clica de los recursos naturales deben ser preservados en el Tercer Mundo y redesplegados prioritariamente en las sociedades "desarrolladas".</p>  <strong><p align="justify">III.14. Por la libertad de esp&iacute;ritu y el retorno al debate de ideas</p> </strong><p align="justify">	</p> <p align="justify">Incapaz de renovarse, impotente y desilusionado ante el fracaso de su proyecto, el declinante pensamiento moderno se est&aacute; metamorfoseando poco a poco en una verdadera polic&iacute;a intelectual, cuya funci&oacute;n es excomulgar a todos aquellos que se apartan de los dogmas de la ideolog&iacute;a dominante. Los antiguos revolucionarios "arrepentidos" se han adherido voluntariamente al sistema establecido, pero de sus antiguos amores conservan el gusto por las purgas y los anatemas. Esta nueva traici&oacute;n de los intelectuales se apoya en la dictadura de una opini&oacute;n p&uacute;blica modelada por los media sobre el patr&oacute;n de la histeria purificadora, de la sensibler&iacute;a consoladora o de la indignaci&oacute;n selectiva. En vez de intentar comprender el siglo que viene, se prefiere remover problem&aacute;ticas obsoletas y reciclar argumentos que no son m&aacute;s que medios para excluir o descalificar. Por otra parte, la reducci&oacute;n de lo pol&iacute;tico a mera gesti&oacute;n &oacute;ptima de un crecimiento cada vez m&aacute;s problem&aacute;tico excluye la opci&oacute;n de un cambio radical de sociedad e incluso, sencillamente, la posibilidad de una discusi&oacute;n abierta sobre las finalidades &uacute;ltimas de la acci&oacute;n colectiva.</p>  <p align="justify">El debate democr&aacute;tico se ve as&iacute; reducido a la nada: ya no se discute, se denuncia; no se argumenta, se acusa; no se demuestra, se impone. Todo pensamiento, toda obra sospechosa de "desviaci&oacute;n" o de "deriva" es acusada de simpat&iacute;a consciente o inconsciente hacia unas ideas presentadas como repelentes. Incapaces de desarrollar un pensamiento propio o de refutar el de los otros, los censores se aplican ahora tambi&eacute;n a los juicios de intenciones. Este empobrecimiento sin precedentes del esp&iacute;ritu cr&iacute;tico se ve a&uacute;n m&aacute;s agravado en Francia por el ombliguismo parisino, que reduce a algunos distritos de la capital el c&iacute;rculo de los medios frecuentables. Todo esto conduce a olvidar las reglas normales del debate. Se olvida que la libertad de opini&oacute;n, cuya desaparici&oacute;n se acepta hoy con indiferencia, no admite, por principio, excepci&oacute;n alguna. Por miedo a la decisi&oacute;n y por desprecio a las aspiraciones del pueblo, hoy se prefiere cultivar la ignorancia de masas.</p>  <p align="justify">Para acabar con esta manta de plomo, la ND preconiza un retorno al pensamiento cr&iacute;tico, al mismo tiempo que milita por una total libertad de expresi&oacute;n. Contra toda censura, contra el pensamiento-cl&iacute;nex y contra la futilidad de las modas, la ND afirma m&aacute;s que nunca la necesidad de un aut&eacute;ntico trabajo del pensamiento. Militamos por un retorno al debate de ideas, al margen de las viejas divisiones que obstaculizan las posiciones transversales y las nuevas s&iacute;ntesis. Y hacemos un llamamiento al frente com&uacute;n de los esp&iacute;ritus libres frente a los herederos de Trissotin, de Tartufo y de Torquemada.</p>  <p align="justify">[Este manifiesto ha sido recientemente publicado en Francia y difundido en otras lenguas europeas. La traducci&oacute;n que aqu&iacute; reproducimos es Jordi Garriga y ha sido publicada por <em>Hesp&eacute;rides</em>, n. 19, verano 1999]</p>]]></description><pubDate>Mon, 06 Nov 2006 14:04:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
